jueves, 31 de octubre de 2013

Los comediantes


Graham Greene
1904-1991
Hace ya más de veinte años que leí la novela Los comediantes (The comedians), del escritor británico Graham Greene. Para entonces yo era Primer Secretario en Haití y el Embajador me prestó un ejemplar en francés para que lo leyera durante una de las tantas crisis políticas que me tocó presenciar. Al instante quedé enganchado en su lectura. Es una obra bien estructurada que incluye intriga, romance, aventura y violencia, pero con calidad literaria.

Acabo de concluir su relectura, esta vez en una deficiente y lamentable traducción al castellano (Debolsillo, Buenos Aires, 2004). Al cerrar el libro en su página 438, los recuerdos se agolparon y revivieron como si fuera ayer, pues Greene supo captar la atrocidad del régimen macutista de Papa Doc. Los lugares donde se desarrolla la acción, los personajes, el ambiente, son fácilmente reconocibles.

Recuerdo haber conversado sobre esta novela con el Embajador y las secretarias de la Embajada, quienes me orientaron a conocer algunos aspectos, que es el objeto de este artículo. Carmen y Marina, las secretarias, me decían que el Hotel Trianon, donde se desarrolla parte de la acción, estaba inspirado en el Hotel Oloffson y que el personaje Petit Pierre, el periodista de sociales, era ciertamente Aubelin Jolicoeur (a quien llegué a conocer, era un personaje raro y pintoresco). El Embajador, quien sabía lo que yo leía, sea porque eran lecturas recomendadas por él, o porque le comentaba lo que había explorado en las librerías, me aconsejaba que leyera Los comediantes con detenimiento, que me ayudaría a comprender muchas cosas. El buen Embajador, a quien mucho le debo, sabía orientar a su personal.

Hotel Oloffson, Haití, por Hayy Holcroft
Imagen tomada de www.harryholcroft.com

Todas las solapas y contraportadas de la novela comienzan: Los comediantes es una historia de gentes comprometidas y no comprometidas, en el escenario del terror de Haití. La edición Debolsillo repite la misma frase y agrega:
Afiche de la edición en francés de la película
Les Comédiens (1967)
...Brown está de regreso en el hotel que no ha podido vender en los Estados Unidos (pues el régimen de Duvalier ha alejado a los turistas) y tiene una atormentada relación con la mujer de otro hombre. Jones ha buscado en Port-au-Prince un último refugio. Smith sueña con cambiar la dieta de los haitianos. Como El poder y la gloria o en El revés de la trama, Greene indaga apasionadamente en estas páginas el significado de la vida y los límites de la borrosa frontera que separa el bien del mal.
En efecto, hay personajes que muestran su compromiso, como el vegetariano Smith, el Dr. Magiot o el joven Philipot. Hay otros que, como comediantes, prefieren pasar con bajo perfil o mirando para otro lado. El autor, en carta a A. S. Frere, su editor por 30 años, dice:
(...) La pobre Haití y el personaje del doctor Duvalier no son inventos: ni siquiera he cargado las tintas de este último para lograr más efecto. es imposible pintar las cosas peor de lo que son. Entre los Tontons Macoutes abundan hombres todavía más perversos que Concasseur, el velatorio interrumpido es un hecho real; más de un Joseph cojea por las calles de Puerto Príncipe después de una pesadilla de torturas, y aunque nunca conocí al joven Philipot, he visto guerrilleros tan valientes y mal adiestrados como él en el antiguo manicomio que está cerca de Santo Domingo. Sólo que en Santo Domingo las cosas han cambiado desde que empecé el libro. Han cambiado... a peor.
Graham Green escribió el libro en 1967 y la acción se desarrolla en un período en el cual se afinca con furia el terror duvalierista, que se ve intemporal porque esa tiranía era interminable. Es decir, puede ser 1960 o 1967; da lo mismo. Al seguir los consejos del Embajador me encuentro, ciertamente, con personajes de la vida real si bien con otro nombre. Veamos:

Clément Jumelle
El Ministro de Sanidad, Dr. Philipot, caído en desgracia por haber hecho un comentario ocioso sobre Papa Doc, se esconde en el Hotel Trianon donde se suicida a la orilla de la piscina. El propietario, Monsieur Brown, acompañado del Dr. Magiot, saca el cadáver del lugar y lo abandona en las afueras de Pétionville, con la esperanza de que sea descubierto luego de varios días. Sin embargo, por una aventura sexual de un Tonton Macoute con una campesina, se descubre, pero el gobierno mantiene que el ministro está fuera de la ciudad. La viuda rescata el cuerpo, mas cuando lo lleva a enterrar, el féretro es secuestrado por una comisión de matones y desaparecido en el Palacio Nacional.

Este es el caso de Clément Jumelle, un hombre decente comprometido con su país. Tuvo cargos directivos en el Ministerio del Trabajo durante el gobierno de Dumasrais Estimé. El titular de la cartera para el momento era el Dr. Francois Duvalier. Luego participó también como Ministro del Trabajo (1951-1953) durante el gobierno del General Paul Magloire (tenía 35 años de edad, el miembro más joven del gabinete) y Ministro de Finanzas y Economía (1954-1956). Candidato a la presidencia de la República en las elecciones de 1957, de las que se retiró cuando vio las trampas organizadas por los militares para poner el candidato de su preferencia y acusó el fraude. Allí comenzó su desgracia. Papa Doc no aceptaba un NO y Jumelle, hombre íntegro, no pudo complacerlo. Persecuciones, expulsiones, cárceles... Sus hermanos, Ducasse y Charles, fueron asesinados en la madrugada del 29 de agosto  de 1958 por los Tonton Macoutes, entre quienes destacaba Clément Barbot (otro personaje que cita la novela). Clément Jumelle, el sobreviviente y causa de la desgracia familiar, herido, se refugia en las oficinas de la Embajada de Cuba (quedaba en el local de la carnicería El Oso Blanco, frente al Palacio Nacional) donde fallece. Cuando se le lleva a enterrar, el cadáver, en su urna, es secuestrado por una comisión de los Voluntarios de la Seguridad Nacional. La idea era robarle el cerebro para usarlo en ritos vudú, pero ya se le había hecho autopsia y los órganos removidos.

Los hermanos Clément (derecha) y Harry Barbot (izquierda)
en la cumbre de su saloperie (1960).
El caso de Clément Barbot, jefe de los Tonton Macoutes, es interesante, no sólo porque muestra la ambición y maldad desmedida de los macoutes, sino que tiene un final de realismo mágico. Este torvo personaje, muy cercano a Papa Doc, involucrado en el asesinato de los hermanos Jumelle (seguro seguía órdenes del Presidente; allí no se movía una hoja sin que éste lo autorizara), intentó un golpe de Estado en mayo de 1963, que comenzaría con el secuestro del heredero al trono, Jean Claude Duvalier. Fracasa el golpe y esto causa la caída de los hermanos Barbot. Clément tuvo un fin raro y confuso. Por algún lado leí que, descubierta la intentona, Barbot huye a las montañas, tal vez con dirección a la República Dominicana donde tenía buenos amigos. El viejo Duvalier lo manda a perseguir y al final lo cerca, en una cabaña. Allí hay un tiroteo, mas cuando los macoutes entran al refugio no encuentran restos. Se dijo que Barbot se había convertido en perro negro y desaparecido. Pues bien, Duvalier mandó a matar a todos los perros negros de Haití. Hay una leyenda urbana que escuché en Puerto Príncipe con respecto a este personaje, completamente falsa. Según la especie, los participantes del atentado contra Rómulo Betancourt en junio de 1960, habrían ingresado a Venezuela con pasaportes diplomáticos haitianos conseguidos a través de Clément Barbot -sin autorización de Papa Doc, según algunos. Este era otro comprometido, no con la libertad, la democracia o el progreso de su país, sino con la maldad pura y simple.

Aubelin Jolicoeur, inspiró el personaje
de Petit Pierre
Para concluir, quisiera presentar a otro comprometido: el gobierno venezolano. A lo largo de la novela Greene menciona 5 o 6 veces a la Embajada de Venezuela y siempre como lugar de asilo y refugio a los perseguidos (hasta la viuda y huérfano del ministro Philipot) En efecto, contra viento y marea el gobierno de Rómulo Betancourt defendió la causa de la libertad en Haití y asistió a la víctimas con coraje y determinación: mopistas, dejoistas, fignolistas y hasta duvalieristas caídos en desgracia recibieron protección venezolana. En la caja fuerte permanecía en mi época un viejo libro con mensajes cifrados de esa época hasta la ruptura de relaciones.

Cuando Graham Greene redactó su novela en 1966-67, la Embajada de Venezuela estaba cerrada desde hacía varios años y México representaba los intereses venezolanos. Greene seguro que quedó impresionado con lo que tal vez le habían contado. Vienen a mi mente dos funcionarios que arriesgaron su vida y seguridad en cumplimiento del deber; los embajadores Elías Pérez Sosa, quien estuvo al frente de la misión entre julio y diciembre de 1958 (murió en su oficina el 23 de diciembre frente a su secretaria Carmen Dalencourt... Se decía que Duvalier lo había mandado a envenenar); y su sucesor, el poeta Vicente Gerbasi, contra quien hubo una pertinaz campaña acusándolo de comunista (todo personaje incómodo era "kominis"). Eso se llama compromiso.

El Embajador Vicente Gerbasi saliendo de la Embajada de Venezuela en Haití (1960)
Foto tomada de www.vicentegerbasi.net

miércoles, 30 de octubre de 2013

Edipo en Maracaibo

Panteón de Jesús Enrique Lossada en el cementerio Cuadrado de Maracaibo.
Allí también yacen los restos de su idolatrada madre, María Luis Lossada
Foto tomada de www.equilibrioinformativo.com

Hace casi dos años se propuso el traslado de los restos del intelectual zuliano Jesús Enrique Lossada del Cementerio Cuadrado de Maracaibo, donde reposan, al Panteón Regional del Estado Zulia. Según me contó una viejita maracucha, los familiares de Lossada se habrían opuesto, por cuanto en las disposiciones testamentarias de Jesús Enrique hay una disposición en la que exige permanecer sepultado junto a su madre María Luisa. Si esa fue su última voluntad, ella se debe respetar, creo yo.

En estos días, conversando con Jesús el Librero sobre este caso, y lo que desde niño supe del Dr. Lossada, me pidió que escribiera algo sobre el tema. Me pone en un compromiso porque nuestra conversación incluyó una larga cita del libro El príncipe negro de Norberto José Olivar, que ya reseñamos hace un tiempo (aquí), novela que sigo recomendando ampliamente por la riqueza de su contenido. La cita fue la siguiente:
Ismael E. Urdaneta (1885-1928) con uniforme
de Legionario. Obtuvo varias condecoraciones:
Cordón de Honor al Mérito de la Legión Extranjera;
Medalla Interaliada;  Medalla de Verdún,
y Distintivo de Herida.
- La obligación del decadente es el suicidio -dijo el poeta Ismael Urdaneta a su hermano, Arístides, minutos antes de pegarse un tiro en la cabeza con su arma reglamentaria de la Legión Extranjera.
-¿De dónde sacas esa tontería, Ismael? -replicó el otro por el fatal anuncio.
Arístides  trató de reconfortar a su hermano, pero sabía que era inútil. Ismael estaba enloquecido por la sífilis. Por eso salió de la habitación con el peso del luto sobre sus hombros, seguro de que el revólver estaba a mano, dispuesto y la decisión tomada bajo la "guía espiritual" del poeta Anatole France, quien sirvió de "psicopompo", el rol que desempeña Ixtab para guiar a los suicidas al paraíso.
El poeta Ismael Urdaneta se mató el 29 de septiembre de 1928. Un mes antes, pero pasados veinte años, el poeta y rector de la Universidad del Zulia, Jesús Enrique Lossada, se suicidaba a la misma hora.
Jesús Enrique Lossada
(1892-1948)
Lossada tenía por poeta de cabecera al mismísimo France y era admirador de Urdaneta por haber muerto a mano propia. Al lado del cadáver de Lossada, ¿casualidad?, se encontró un ejemplar de Poemas áureos.
El poeta y rector había quedado aturdido con la muerte de su madre María Luisa. Siempre se ha dicho que padecía el complejo de Edipo. Y por razones que desconozco, suelo imaginar a Lossada vestido con las ropas de su madre fallecida mirándose, extraviado, en un espejo de cuerpo entero, tratando de invocar su espíritu.
Tras mis indagaciones y sospechas, pensando en la forma tan misteriosa y repentina en que enfermó -dizque por extenuación, cosa absurda considerando que la universidad de aquellos días era más pequeña que un liceo de los de ahora-, y el hermético cerco que sus discípulos desplegaron durante su agonía, tengo la certeza de que el poeta-rector decidió envenenarse al estilo de Madame Bovary. Pero no se piense que fue una decisión repentina. El atormentado poeta-rector venía acariciando la idea de la autoliquidación desde hacía tiempo y lo anunció en su poemario Madréporas:
Una vez que pasaste por mi ruta
a compás de tus prédicas macabras
me ofreciste la copa de cicuta.

Y yo la apuré toda, fui tu amigo,
y el alma me enfermé con tu palabras
de una letal dolencia que maldigo.
Llegado a este punto, voy a proponer la creación de una nueva categoría de autores, denominada "escritores psicopompos": aquellos que han trabajado la idea de la muerte, en todas sus formas, y servido de facilitadores a otros para morir a mano propia. Son una especie de palabreros funerarios, un servicio de eutanasia literaria de vieja data.
Licencias literarias aparte, a Jesús le gustó la cita y lo que me contaban mi abuela y tías sobre Jesús Enrique y doña María Luisa. Difícil debió ser la vida de esta pequeña familia en una sociedad conservadora como la marabina de finales del siglo XIX. El muchacho era hijo de María Luisa, joven de buena familia, y el presbítero José Tomás Urdaneta; amor prohibido y sin esperanzas.

Plaza Baralt y Botica Nueva, Maracaibo
Todo Maracaibo sabía la historia y las malas lenguas decían que la muchacha sonsacó al cura del confesionario (y otras agregaban que ella misma se dedicó a contarla) ¿Le habrá puesto una pistola en la cabeza?. El padre Urdaneta bien ha podido respetar sus votos de celibato. El niño Jesús Enrique seguro fue víctima de la crueldad de sus compañeros de escuela. Su madre lo llevaba a misa celebrada por su padre, y él se resistía al rito. Las adversidades de la vida y la dedicación de su madre lo llevaron a ser uno de los intelectuales mejor formados de Venezuela: académico, escritor, abogado, docente, parlamentario y en todas sus actividades mostraba firmes principios éticos y morales. A él se debe el renacer universitario del Zulia, al haber luchado por la reapertura de la LUZ, de la cual fue el primer rector.

Me contaba la abuela, haciéndose la señal de la Cruz, que, ya adulto, Jesús Enrique luego de la firma agregaba como un lema: "Enemigo personal de Jesucristo" -Ave María purísima-. ¿Será cierto?  Luego de 121 años las cosas se ven diferentes.

Dejo aquí un soneto escrito por Jesús Enrique Lossada en recuerdo de su madre difunta. Espero que sea del agrado.

MARIA LUISA LOSSADA


Traspusiste el umbral del reino obscuro,
Y es vano que hacia ti los brazos tienda…
¡Como expresar esta aflicción tremenda,
Oh madre mía del amor más puro!


Tal vez bordada en flores, tras el muro
Negro del Más Allá, se abre tu senda,
Y suave aurora su fanal encienda
Sobre el inmenso piélago inseguro…

Pero si todo es polvo, y humo, y viento,
Si te perdí cual lumbre fugitiva,
Dentro de mi dolor te hallo y te siento.

¡Que, de mi amor filial dulce cautiva,
Alumbras sin cesar mis pensamientos
Y estás en mi recuerdo rediviva.



Para leer un poema del bardo vanguardista Ismael Urdaneta ingresar por aquí.

Interior del Panteón Regional del Estado Zulia, Maracaibo

martes, 29 de octubre de 2013

La torre de la soledad

La torre de la soledad, carátula de la edición Debolsillo

Yo pensaba que a esta edad, y luego de leer muchos libros serios no iba a encontrar placer en leer una novelita de aventuras al estilo de Indiana Jones. Por un precio irrisorio conseguí un ejemplar de La torre de la Soledad (Alianza Editorial, Madrid, 2000), obra de Valerio Massimo Manfredi. Ya había leído de este autor la trilogía sobre Alejandro Magno (Alexander. Pan Books, Londres, 1998) y La tumba de Alejandro; el enigma (Grijalbo, Buenos Aires, 2011). Al leer la contraportada de la nueva adquisición, le comenté al librero que lo leería de un tirón y que luego lo regalaría a quien deseara leerlo.

En efecto, la novela es apta para menores, sin mucho valor literario, y tiene un encanto cinematográfico. Cualquiera puede disfrutarlo en horas de ocio. La trama se parece mucho a las películas de Indiana Jones, como ya lo indiqué: padre e hijo arqueólogos, búsqueda de ruinas en el desierto, incluyendo una escena en Petra, intriga internacional, sexo suave y hasta un beduino amigo de los protagonistas. Faltaban los nazis, se se completaba con la presencia de seres mitológicos (blemios), de la Legión Extranjera y una intriga vaticana. Creo que ya ha sido llevada al cine.

En la contraportada leemos:
Emblema del enigma sobre el que gira toda la novela, lugar apartado donde suceden desde tiempos ancestrales sucesos inexplicables, LA TORRE DE LA SOLEDAD da título a este absorbente  relato de VALERIO MANFREDI, que aúna en ella su talento de fabulador y su conocimiento del mundo antiguo. Situada en la agitada década de 1930, la trepidante aventura que acomete Philip Garret, joven arqueólogo norteamericano, al partir en busca de su padre, desaparecido en circunstancias misteriosas, es una de las mejores historias de acción y de amor escritas por el autor de "Talos de Esparta".
 Hasta allí llego con Manfredi. Me tomó bastantes horas leer estas aventuras, que he podido emplear en lecturas más profundas. "El tiempo perdido, los santos lo lloran"; decía mi abuela.

Blemio

lunes, 28 de octubre de 2013

Conejo con ciruelas pasas (Lapin aux pruneaux)

Lapin aux pruneaux, acompañadado de papas al vapor y una ensalada verde

Hace tiempo que no como conejo preparado en casa. Se me ocurre que un día de esta semana podría ir a Chacao o Quinta Crespo y comprar todos los ingredientes necesarios para hacerlo a mi gusto. Siempre quedará mejor que lo que preparan los restaurantes de Caracas (a veces esos salmorejos con papas chorreadas caen pesados). Lo más probable es que lo prepare con champiñones y ciruelas pasas, o Lapin aux pruneaux.

Este es un plato clásico de la cocina doméstica francesa y, por lo tanto, hay infinidad de recetas. Buscando en la red encontré una en la que se remojan las ciruelas pasas en vino; en otra se flameaba el conejo con Armagnac; éstos le ponían vino tinto, aquellos pieles de cítricos... Escogí esta receta que me parece muy hogareña y la adapté a lo que se consigue en el mercado venezolano. Ahora bien, los supermercados y carnicerías de mi vecindario dan lástima, por lo que me acercaré a uno de los mercados municipales.

LAPIN AUX PRUNEAUX


Ingredientes:
  • 1 conejo de 1 1/2 Kg cortado en presas (No puede dejar a cualquier carnicero cortar un conejo)
  • 250 gr. de ciruelas pasas
  • 200 gr. de "lardons alumette nature" (eso es tocino fresco cortado en dados rectangulares. Como la gente en Caracas le tiene horror al colesterol, es difícil de conseguir, excepto en Navidad. Hice mis "lardons" con tocineta ahumada)
  • 250 gr. de champiñones frescos
  • 3 cucharadas de mostaza fina fuerte
  • 1 cebolla picadita
  • 3 dientes de ajo picaditos
  • 2 cucharadas de harina de trigo cernida
  • Sal y pimienta
  • 10 bayas rosa (eso es lo que llaman " pimienta rosada")
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1/4 de litro de vino blanco seco

Preparación:
  • Comenzamos cortando la tocineta en "lardones". Después los lavamos y blanqueamos en agua hirviendo por 5 minutos. Eso le elimina buena parte del ahumado salobre que se hace desagradable.
  • Despresamos el conejo y salpimentamos ligeramente..
  • Cortamos la cebolla y el ajo. Limpiamos y tenemos listos los hongos; si son grandes se cortan en 2 o 3 pedazos, los pequeños se dejan enteros. No hay que lavarlos, sino pasarles un papel de cocina o un cepillo para quitarles cualquier impureza.
  • En una olla para guisar lo suficientemente amplia, doramos las piezas de conejo. Para eso derretimos la mantequilla en el aceite de oliva.  Es importante hacerlo por partes para que doren bien.
  • Una vez dorados los trozos, se retiran del fuego. A la misma grasa se agregan la cebolla y los hongos. Se remueve bien con una espátula de madera para desglasar el fondo. 
  • Regresamos el conejo a la olla y cocinamos a fuego suave por 5 min. Mejor taparlo. Transcurrido ese tiempo, agregamos nuestra tocineta blanqueada y el ajo picadito. Salpimentamos y seguimos cocinando a fuego suave.
  • Mientras tanto, se diluye en el vino la mostaza y la harina; que no queden grumos. Esto espesará la salsa. Agregamos esta mezcla a la olla. Para que sea más fácil se retiran las presas.
  • Se regresa el conejo a la olla y le agregamos las ciruelas pasas. Adicionamos un poco de agua hasta cubrir el conejo y le agregamos las bayas de pimienta rosa, machacadas suavemente en un mortero.
  • Tapamos y dejamos cocinar a fuego muy suave por 50 minutos a una hora. Se corrige la sazón y se sirve.

Se sirve con papas al vapor o arroz pilaf, una fresca ensalada verde y se acompaña con el mismo vino que se usó en la preparación. El de la foto es un Torrontés argentino.



Conejo cortado en presas
Foto tomada de www.marcdelage.unblog.fr
Despresar un conejo es muy fácil.
  • En primer lugar eliminamos las manitas, cola y cabeza.
  • Se extraen el corazón, hígado y riñones, que se reservarán para otro uso (como por ejemplo saltearlos con mantequilla, cebolla y hierbas de Provenza y comerlos como tapa, mientras se cocina el guiso).
  • Luego se voltea con el vientre hacia abajo. En las espalda se notarán unas líneas más claras que nos indican por donde cortar: dos ancas posteriores, la rabadilla y dos ancas anteriores con espalda. Las ancas posteriores se pueden cortar en dos por la coyuntura y la rabadilla en dos o tres trozos.
  • Con unas tijeras de cocina se elimina el costillar y las faldas (se pueden usar luego para enriquecer un caldo).



domingo, 27 de octubre de 2013

La despedida (de Canción de la tierra)

Gustav Mahler (1860-1911)

Gustav Mahler es uno de mis compositores favoritos. Lo conocí siendo aún un muchacho a través de su Sinfonía N° 1 que siempre me ha atraído por su riqueza cromática y su pasión post-romántica.  Más adelante en mi vida exploré su repertorio y fui formando una variada fonoteca que incluye todas sus sinfonías casi todos sus Lieder y la Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde). Esta última composición me gustó tanto que la coleccioné interpretada por varios artistas hasta tener unas nueve o diez grabaciones diferentes.
Hoy escucharemos a la prematuramente desaparecida Kathleen Ferrier, contralto británica, cantando Der Abschied (La despedida), último movimiento de Das Lied von der Erde, en una grabación de 1952. Bruno Walter dirige la Orquesta Filarmónica de Viena. Es hasta ahora una de las mejores interpretaciones de esta pieza mahleriana. 
La Ferrier ponía toda su alma a la hora de cantar con su voz aterciopelada e intuitiva. Poco tiempo después de esta grabación murió, en 1953, de un terrible cáncer que la consumió y dejó un vacío en el mundo musical que posteriormente llenó Dame Janet Baker. El libreto que incluye el Cd leemos que Bruno Walter admiraba el canto de Ferrier. En 1947, ...ella cantó por primera vez Das Lied von der Erde en el Festival de Edimburgo (con Peter Pears como tenor solista). Hacia el final estaba bañada en lágrimas y omitió el "ewig" final. Cuando ella se disculpó por su conducta poco profesional, él le dio una magnífica respuesta: Mi querida Mis Ferrier, si fuéramos artistas de su talla, todos nosotros habríamos llorado.
La letra de Das Lied von der Erde son cuatro poemas chinos. En Der Abschied la autoría corresponde a Mong Kao-Yeng y Wang Wei, con algún agregado de Mahler. 


 Der Abschied  (La despedida)

El sol se despide detrás de las montañas.
En todos los valles baja el atardecer
con sus sombras, llenas de frío.
¡Oh, mira! Como una barca argéntea,
cuelga la luna alta en el mar del cielo.
¡Noto cómo sopla un frágil viento
tras los oscuros abetos!
El riachuelo canta lleno de armonía a través de la oscuridad.
Las flores palidecen a la luz del crepúsculo.
La tierra respira llena de tranquilidad y de reposo.
¡Todo anhelo quiere ahora soñar,
los hombres cansados vuelven al hogar
para aprender nuevamente, en el descanso,
la felicidad y la juventud olvidadas!
Los pájaros se encogen tranquilos en sus ramas.
El mundo descansa...
El viento sopla frío por las sombras de mis abetos.
Yo estoy aquí, y espero a mi amigo,
espero su último adiós.
Oh, amigo, deseo fervientemente gozar
contigo de la belleza de este atardecer.
¿Dónde estás? ¡Me dejas demasiado tiempo solo!
Camino de un lado para otro con mi laúd
por campos cubiertos de hierba tierna.
¡Oh, belleza! ¡Oh, mundo ebrio de amor y de vida eternos!
Bajó del caballo, y le ofreció el brebaje
de la despedida. Le preguntó hacia dónde
se dirigía, y también por qué tenía que ser así.
Habló, y su voz estaba anegada en lágrimas:
¡Oh, amigo mío,
la fortuna no fue benevolente conmigo en este mundo!
¿Adónde voy? Voy a errar por las montañas.
Busco la tranquilidad para mi corazón solitario.
Hago camino hacia la patria, hacia mi hogar.
Ya nunca más vagaré en la lejanía.
Mi corazón está tranquilo y espera su hora.
¡La querida tierra florece por todas partes en primavera y se llena de verdor
nuevamente! ¡Por todas partes y eternamente resplandece de azul la lejanía!
Eternamente... eternamente...