martes, 12 de agosto de 2014

Sopa de plátano verde

Sopa de plátano verde a la zuliana

Mi madre, maracucha de pura cepa, preparaba en ocasiones esta sopa con propiedades terapéuticas. Se trata de la sopa de plátano verde (plátano macho inmaduro, para quienes no son venezolanos), que tiene propiedades antidiarréicas. Me contaba que cuando ella se casó no sabía preparar ni arroz y contrataron una empleada doméstica. Para hacer esta sopa -me decía-, se perdía mucho plátano pues no había licuadoras ni procesadores de alimentos y la empleada tenía que usar un pilón y trabajar rápido para hacer el puré que luego disolvería en un caldo gustoso.

Lola, por supuesto, evitaba preparar esta rica sopa hasta que se compró su primera licuadora en el año cataplún. A partir de entonces la sopa de plátano verde era más frecuente en la mesa de Víctor y Lola y llegó a ser una de mis favoritas junto con la crema de apio (o sopa de oro), la de remolacha y el mondongo dominical que hacía mi viejo. No era yo un niño que aborreciera las sopas.

Su preparación con licuadora es fácil, y lo explicaré de inmediato. Las medidas van en zuliano clásico en el que el cucharón de sopa se denominaba "coco".


SOPA DE PLÁTANO VERDE (a la manera zuliana)
Para 1 porción

Ingredientes:
  • 5 "cocos" de caldo de res gustoso
  • 1/2 plátano verde
  • Sofrito de cebolla, ajo, ajíes misteriosos (ají dulce), tomate, y si se desea un punto de picante, salsa inglesa y ketsup.


Preparación:
  1. Se hierve el plátano verde hasta que esté cocido. Eso se sabe al pincharlo con un cuchillo y no hace mucha resistencia.
  2. Se calienta el caldo de res.
  3. Una vez que el plátano esté cocido, se pasa por la licuadora con caldo de res que lo cubra. Se licua bien.
  4. Se regresa a la olla con el resto del caldo (se verá una mezcla como un atol ligero), y se lleva a un hervor. De inmediato empezará a espesar y es recomendable revolver para evitar que se peque a la olla. 
  5. Mientras tanto, preparamos en unas 2 cucharadas de aceite el sofrito, marchitando primero el ajo y la cebolla, luego el ají misterioso y por último el tomate, todo picado menudito. Se agrega la salsa inglesa, el picante el ketsup. Hay que tener en cuenta que el plátano verde es insípido y por lo tanto el sobfrito debe estar cargado de sabor.
  6. Finalmente, se vierte el sofrito sobre la sopa. Se revuelve bien y se le lleva delicadamente a un hervor. Listo para servir.


A la manera tachirense

Los andinos preparan también una sopa de plátano verde muy diferente a los zulianos. Conseguí la receta en el libro A degustar con Yiya, recetario de oriunda cocina andina (El perro y la Rana, Caracas, 2007) por María Auxiliafora Morales. Este recetario me confirmó lo que me había dicho un amigo capachero cuando probó la versión zuliana: la conozco diferente. Ahora la receta de Yiya.

SOPA DE PLÁTANO VERDE
4 porciones

Ingredientes:
  • 2 plátanos verdes
  • 2 cebollas medianas
  • 3 dientes de ajo
  • 1 ají dulce
  • 1 rama de céleri
  • 1 ajoporro (sólo sus ramas)
  • 1/2 pimentón
  • cilantro y perejil


Preparación:
  1. Se hace un caldo con ajoporro, céleri, cilantro, perejil, cebolla, ajo, pimentón y ají dulce; y se cuela.
  2. Aparte se hacen unos tostones de plátano verde a la criolla, una vez machacados se agregan al caldo y se deja hervir hasta que espese.
  3. Se le agrega sal, pimienta y cilantro al gusto.
  4. Al servir se le agrega queso picado en trocitos.
  5. Se puede utilizar cambur verde.



viernes, 8 de agosto de 2014

El café de Nereo

Nereo Pacheco

El cabo de presos Nereo Pacheco, sin ser político, ni general, ni artista (aunque era arpista), pasó a la historia de Venezuela acompañado de una fama atroz. Era esbirro y sapo, aunque esas no eran su verdadera profesión. Se distinguía por realizar ciertas tareas de confianza en la ergástula de La Rotunda, tales como envenenar con arsénico o aderezar sopas con vidrio molido para consumo de curas y poetas presos. Mientras estos morían entre dolores y retortijones, el buen Nereo amenizaba a los acordes del arpa criolla. Las historias abundan.

Oscar Yanes en su colección Así son las cosas (Planeta, Caracas, 1996) nos narra uno de esos eventos y lo titula El café de Nereo:
Uno de los episodios del  inmediato pasado venezolano que todavía ha quedado en el misterio, es el complot de Eliceo (sic) López -un poeta zuliano, quien está injustamente olvidado- para matar al general Juan Vicente Gómez, en el Cementerio General del Sur en 1917, durante el entierro de su mamá. Nunca se supo quien o quienes habían delatado a Eliceo López, pues este fue detenido horas antes del funeral de la madre del general Gómez. Algunos dicen que el poeta iba a lanzar una bomba en pleno sepelio, cuando Gómez llegara al cementerio, otros afirman que el poeta dispararía contra el Benemérito y luego se suicidaría.
José Rafael Pocaterra, el gran escritor, contaba en aquella época que cuando se descubrió el atentado contra Gómez llamaron a declarar a varios venezolanos, entre ellos a Andrés Eloy de la Rosa, Diego Bautista Ferrer y Gregorio José Urriera, escritores casi todos. Nunca se supo quien delató al poeta, pero sí se descubrió lo que pasó el 5 de julio de 1918, en la cárcel de La Rotunda en el calabozo donde estaba secuestrado Eliceo López. La cárcel de La Rotunda -es bueno que ustedes sepan- se levantaba a unas tres cuadras de la Iglesia de Santa Teresa, en donde hoy está la plaza de la Concordia. Nereo Pacheco, el verdugo de La Rotunda, se acercó el 5 de julio de 1918 a Eliceo López en su calabozo y le dijo: "Buenos días poeta, por aquí le traigo una tacita de café, pa' que se caliente y le entre un calorcito. Hoy amanecí como una pascua, pues es el día de la independencia y tenemos que portarnos bien para que nos ayude don Simón; quien está allá arriba viendo todo, así que tómese poeta su cafecito tranquilo, que hoy no nos vamos a meter con usted".
El poeta estiró la mano temblorosa y agarró el pocillo, después se escuchó un grito horrible, Eliceo López habías sido envenenado con arsénico al igual que el presbítero doctor Régulo López Franklin. Hoy en día nadie recuerda al poeta zuliano Eliceo López, quien trató de liberar a Venezuela tratando de matar a Juan Vicente Gómez...
José Rafael Pocaterra en sus Memorias de un venezolano de la decadencia, nos amplía la lista de víctimas de Nereo. Es sumamente triste el fin de la viuda de Eliseo López:
La viuda de Eliseo López, embarazada de algunos meses, dio a luz poco después una niña. Años más tarde mendigaba por las calles de Caracas con la  huerfanita de la mano.
Otro día comentaremos el libro de José Rafael Pocaterra y, si lo conseguimos, algún poema de Eliseo López.

Desde la antigua esquina de Cárcel, hoy plaza de la Concordia

miércoles, 6 de agosto de 2014

Los hijos infinitos



LOS HIJOS INFINITOS


Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un niño, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche que lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ay es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro niño
que acompaña a la ciega
y a las Meninas y la misma enana
y al Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

Cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con las que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Font quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto los ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ay del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
o el modo de alumbrar de las estrellas.


Por Andrés Eloy Blanco

Fuente:
Cien + 20 poetas orientales. 
Fondo Editorial Caribe, Barcelona, 2010


Andrés Eloy Blanco con su esposa Lilina Iturbe y sus dos hijos,
Andrés Eloy y Luis Felipe.
Foto tomada de www.prodavinci.com

Tal día como hoy, en 1896, nace en Cumaná el gran poeta Andrés Eloy Blanco, cuya obra es quizá la más popular en los hogares venezolanos, haciendo de ella un legado inmortal. Para rendir este breve homenaje a Andrés Eloy, debo confesarlo, me costó escoger alguna pieza, pues su obra es ampliamente conocida. Me decidí al final por los Hijos infinitos, que tiene un buen mensaje que pervive en el tiempo y se mantiene vigente.


martes, 5 de agosto de 2014

La bruja taxista


Hay pocas mujeres taxistas en Caracas. Recuerdo una en especial que, toda enjoyada ella, conversaba conmigo mientras me hacía la carrera de Carmelitas hasta Colinas de Bello Monte y me tocaba el tópico de la Ilíada y la mitología griega. La señora se veía educada y hablaba con propiedad. Otra, en cambio, me confesaba que era analfabeta por desuso y agregaba que si bien entendía las palabras escritas, no podía leer un párrafo. Me dió lástima y le aconsejé que comenzara leyendo cosas ligeras hasta que se sintiese segura; que seguro le cogería el gusto.

La tercera fue una carrera que tomé el viernes en Chacao, bajo la canícula de las 13:00hrs caraqueñas. El sol esta que parte piedras y tomé el taxi sin reparar que la taxista era del sexo femenino. Pensando que era una persona sensata como los dos casos de párrafo anterior, le digo que tomando diuréticos y con ese calor con sol de playa tropical no provocaba caminar ni una cuadra. Con cortesía me preguntó cuál era mi mal y yo le respondí que retención de líquidos, pero que ya estaba mejor. Eso bastó para que la señora me dijera: "Seguro que le hicieron un daño ¿Ya fue a leerse el tabaco? En Los Teques hay alguien que sabe hacerlo y lo cura rapidito.... Mire que hay gente mala. A ese consultorio va mucho chino y los chinos saben.... También van ministros, militares y hasta curas..."

Luego de un minuto ya me tenía mal y a punto de bajarme y seguir a pie. Mas de solo pensar en el calor me limité a decir: "Yo creo en la Ciencia". Perno no le bastó. Volvió al ataque y agregó que ella creía en Dios y que José Gregorio Hernández la operó una vez detrás de la puerta de su cuarto y que una vez tenía una neuralgia tan intensa que quedó dormida en su cama y la picó un bicho que la curó para siempre. Allí no aguanté más y le repliqué que el Primer Mandamiento de la Ley de Dios prohíbe el trato con brujos y hechiceros, pues cuando esto sucedía le estábamos diciendo a Dios: Tú no puedes, el otro sí.

No bastó con mi respuesta y siguió con su perorata que pasó de la lectura del tabaco y la azotaina con ramas a su vida íntima: Que la habían casado a los 15 con un viejo de 60; que si el tipo la abandonó y cayó en las manos de una colombiana que le quitó todo (lo dejó pelao, fue la expresión); que todas las colombianas son unas dañeras, y que ellas acostumbran robarle a los hombres para dárselo todo a sus queridos... Y yo deseando llegar a casa.

Al final me cobra su cara tarifa y me pregunta:
-¿Usted juega lotería?
-No, porque el que juega por necesidad pierde por obligación...
-Pues yo si he ganado. Es que le vi un recibo allí (de una compra en una librería) y podría jugar los números.

Se lo regalé gustoso porque ya estaba en casa. ¿Será posible tamaña superchería?
DE QUE VUELAN, VUELAN.

Bruja de Los Caprichos por Francisco de Goya y Lucientes

lunes, 4 de agosto de 2014

La muerte de Honorio

Miguel Otero Silva
En estos días he estado releyendo La muerte de Honorio (Seix Barral, Barcelona, 1975) novela de Miguel Otero Silva ambientada en las cárceles de la Venezuela de los años 50, con la presencia ubicua de los famosos esbirros de la dictadura.

Esta novela es ya un clásico de la narrativa venezolana, que se hizo popular desde su primera edición en 1968. La contraportada nos indica algo de su contenido:
La muerte de Honorio es el relato de las torturas padecidas por cinco hombres -el Médico, el Barbero, el Periodista, el Tenedor de Libros y el Capitán - que representan, en la ficción, a muchos otros luchadores de Venezuela de los años inmediatamente anteriores a 1958, que padecieron igual suerte siniestra, como el propio autor señalas. La primera parte del libro o primer cuaderno -"Cinco que no hablaron"- narra, juntamente con los maltratos, los diversos puntos de vista ideológicos y humanos de los protagonistas, su pasado y su presente, su familia y sus historias amorosas, en un montaje casi cinematográfico, de gran agilidad y extraordinaria eficacia. El segundo cuaderno, en forma de diario, es la expresión a nivel humano y literario, de una solidaridad emocionante entre los cinco presos, en torno a la figura ausente de un niño, Honorio, que llega a convertirse en el hijo mítico de todos ellos.
Las turbas enardecidas toman la sede de la Seguridad Nacional.
23 de enero de 1958
La novela tiene el lenguaje característico, rico y sentido de Otero Silva, lo que hace de su lectura un deleite. Como indican los editores, esos personajes simbólicos representan a hechos y personas de la vida real, o como lo pone MOS: Los personajes y el argumento de este libro son imaginarios. En cuanto a los maltratos que en él se narran son auténticos y fueron padecidos por venezolanos de carne y hueso en los años inmediatamente anteriores a 1958.

En efecto, cada uno de ellos representa una ideología y una parcialidad política, siendo el Tenedor de Libros un militante y activista de Acción Democrática; el Periodista es también militante y activista, pero de Unión Republicana Democrática, cuya victoria electoral de 1952 fue escamoteada por los militares y sus dirigentes perseguidos y expulsados; el Médico es comunista y se le sometió a torturas para que revelara el escondite de Santos Yorme (nombre de guerra de Pompeyo Márquez); el Militar era un militar pundonoroso asqueado por la corrupción del régimen, y, por último, el Barbero desconocía la causa de su tortura y encierro, simplemente que los esbirros le tendieron un peine y querían que confesara algo que él, inocentemente ignoraba. El Barbero es el padre de Honorio. La torturas al Tenedor de Libros recuerdan a las que fue sometido Salonm Meza Espinoza, luchador socialista quien, luego de varios días de tortura, salió con el cabello completamente cano. Los esbirros son fácilmente reconocidos, pues sus apodos son los mismos de los personajes de la vida real.

Marcos Përez Jiménez (a) Tarugo
Mucha gente justifica y añora la dictadura festiva y pachanguera de Tarugo, olvidándose de su feo récord de violaciones a los derechos humanos. Muchos dice: ¡¡la Dictadura hacía y sólo perseguían a los políticos!! Pues bien, la persecución de políticos no es sólo un acto vil, sino que también agrede a la ciudadanos de a pie que los siguen y creen en ellos. Esta novela es, pues, algo que todos los ciudadanos deben leer. La última edición que conozco es la de Libros de El Nacional, publicada en la colección Biblioteca de Miguel Otero Silva. Vale la pena buscarla y leerla.

Carátula de la edición de La muerte de Honorio por Libros de El Nacional.