sábado, 5 de octubre de 2013

Mitrídates, rey de Ponto

Estatera de Mitrídates VI

Cuando en la escuela enseñaban historia universal, saltaba un personaje curioso. Era un rey del Asia Menor que acostumbraba consumir veneno para inmunizarse. Se llamaba Mitrídates VI (132 -63 a C), el Grande, y su reino el Ponto. Su hijo, Farnaces II, fue vencido por Julio César en la batalla de Zela en el 47 a C, quien al dirigirse al senado informó su victoria con la expresión: Veni, vidi vici (vine, vi y vencí), significando lo rápido del éxito.

Mitrídates era grande en verdad. Según Plinio el Viejo,  "...fue rey de veintidós naciones, administró sus leyes en todos sus idiomas, y podía hablar cada uno de ellos sin emplear intérprete". Pero más importante aún su enfrentamiento al expansionismo romano, lo que lo llevó a enfrentarse a Sila, Lúculo y Pompeyo. Su última campaña ocurrió en 75 - 65 a C, cuando los romanos buscaban apoderarse de Bitinia. Al final fue derrotado por Gneo Pompeyo Magno, trata de formar un nuevo ejército, mas no lo logra y al final huye a Panticapaeum, donde su hijo Farnaces lo obliga a suicidarse.

Mitrídates VI, Eupator Dionysius

Este es el tema de la primera ópera de W. A. Mozart, quien contaba 14 años cuando la compuso. Mi primer encuentro con esta pieza mozartiana fue a través de un LDP con el montaje y dirección de Ponnelle y Harnoncourt, con trajes de la época. Me impresionó el personaje de la griega Aspasia, prometida de Mitrídates, al cuidado de sus hijos Sifares y Farnaces. Para su representación de requiere una soprano de coloratura.

En el argumento, Aspasia ruega a Sifares que la ayude a resistir los avances de Farnaces. Aquel acepta sus súpolicas y confiesa su amor a ella. Aspasia le ama en secreto. Esta es la primera aria que escucharemos, Al destin che la minaccia, interpretada por Yvonne Kenny, música del Concentus Musicus Wien, bajo la dirección de la Nikolaus Harnoncourt. Dirección fílmica de Jean-Pierre Ponnelle:



La otra aria, también de Aspasia es Nel sen mi palpita dolente il core, interpretada por Arleen Auger. Mozarteum-Ochester Salzburg, bajo la dirección de Leopold Hager. Aspasia declara su amor a Sifares, pero ambos acuerdan separarse para salvar su honor. Escuchémosla en su lucha interna entre el amor y el deber.



viernes, 4 de octubre de 2013

Sexo, pasión y muerte en Miraflores IV

La antigua Plaza de la Concordia, construida bajo la administración del General Eleazar López Contreras en el sitio que ocupó la infame cárcel de La Rotunda, luego de su demolición en 1936.. La plaza fue destruida en los años 70  para hacer unos estacionamientos subterráneos. Al fondo, la capilla neogótica de las Siervas del Santísimo (Hospital a Glorieta), obra de Erasmo Calvani. Hoy es un lugar peligroso del centro de Caracas, pero en la época de Juanchito tenía vida nocturna. Muy cerca de allí estaba el Teatro Olimpia (Glorieta a Pilita), donde asistió a una presentación de la opereta vienesa "El último vals", de Strauss, pocas horas antes de morir apuñalado.
Imagen tomada de http://mariafsigillo.blogspot.com/

CONTINUACIÓN (tercera parte, aquí)

Como ofrecí, hoy concluiremos el drama de Juancho, Dionisia, Barrientos y Vicentico. En verdad, debería serlo de Juan Vicente, ya que sin ser culpable, era el responsable de todo lo que sucedía: nepotismo, corrupción, abuso de poder, torturas, manipulación constitucional... El Benemérito, al igual que Monagas y todos los déspotas, era de la opinión que "la constitución es un librito amarillo que se reforma todos los años y se viola todos los días". Siempre la víctima será Venezuela. No hubo familia venezolana que no sufriera bajo esta oprobiosa tiranía. Volvamos a nuestra historia:
Foto clandestina de uno de los presos de La Rotunda,
 involucrados en la insurrección militar de 1928. Algún día
hablaremos del Capitán Rafael Alvarado Franco
Barrientos, sobre el cual recaen las máximas sospechas, se acantona en el silencio. Lo tortura el propio Gobernador Julio Hidalgo que ha remplazado a Juancho. No sé nada, contesta el hombre. Soy inocente. La culata cae sobre sus lomos. Le aplican unas drogas norteamericanas que el propio gobernador Hidalgo ha conseguido con médicos amigos. Nada obtienen las pesquisas. Se apela al cepo de campaña. Los dedos de Barrientos ya estallan. Pero la garganta sigue silenciosa. Se le cuelga de una cuerda. No hay palabra. La homosexualidad celosa y la gloria de la venganza cierran aquellos labios. La valentía es siempre reflejo de una gran pasión, la calidad del motivo no tiene relevancia. Poco importa la causa para la psicología de la tortura. Se resiste por un amor desviado o por un ideal. El que atormenta sólo obtiene en los casos una viruta de silencio. Barrientos no habla. Sólo un día dice a Hidalgo. Al general Gómez diré la verdad.
La petición llega a los oídos del general. Pero Gómez conoce una investigación hecha en la Auditoría del Ejército por Ovidio Pérez Ágreda que revela la homosexualidad de Juancho. Y un profundo miedo embarga al dictador. Es la verdad del hermano marico que, como un bofetón, le arrojaría Barrientos a la cara. Ninguna humillación habría sido más grande para el tirano. Destruyan el expediente, ha dicho Gómez a Pérez Ágreda. Que nadie sino vos, Ovidio, conozca esta verdad.
Pérez Ágreda ama a Gómez como si fuera su padre, con auténtica vocación filial. Y sus manos destruyen el expediente. A Barrientos, sentencia Gómez, ni lo dejan en La Rotunda, ni lo llevan a otra cárcel. Es la orden de liquidarlo. Y aquel homosexual celoso muere a manos de los sicarios con un secreto que es para él compromiso y pasión más allá de la sangre y de los nervios.
Ramón Urdaneta
(1932-)
Completaremos ahora la historia narrada por Domingo Alberto Rangel con datos complementarios tomados del libro 20 crímenes inolvidables (Panapo, Caracas, 1988), del escritor y abogado Ramón Urdaneta, que da muchos detalles adicionales sobre los hechos y los protagonistas. Seamos breves y comencemos por los otros detenidos, a quienes se les suministró escopolamina y apomorfina. Primero Mujica, quien suministro el guarapo de papelón caliente adobado con somníferos:
  • Encarnación Mujica: A Encarnación Mujica- primo del capitán Barrientos- lo traicionó el subconsciente, por el aspecto miedoso y las pulsaciones, que le llegaron a 130 por minuto al ser detenido, y desde allí comenzó a formarse el ovillo, que se tejió durante un mes, con sus noches;
  • Rafael Andara: Y el duro coriano, sargento de guardia Rafael Andara, a quien nada intimida, ni siquiera los hipnóticos "sueros de la verdad" que aplican a los detenidos, resiste los dolores y la desesperación con una voluntad de hierro que le abraza. Sobre Andara insisten u na y otra vez, sin resultados, porque la ropa, aquella que usó durante la noche del crimen, tenía dos manchas "cerca de la rodilla del pantalón", que en la experticia resultaron ser de sangre;
¿Y los otros personajes? ¿Quién era el zagaletón que se levantó primero a Barrientos y luego a Juancho? El nombre no aparece por ningún lado. Es como un fantasma. Fedosy Santaella, en su novela lo apellida Saldivia, pero eso es sólo licencia literaria. Don Ramón Urdaneta, cuando lo menciona,  tampoco lo nombra y pone un signo de interrogación. Tal vez no sabía de dónde su fuente había tomado el dato:
... mientras el asesino con saña castiga en el compromiso para vengar la muerte de Margarita, para eliminar el obstáculo creado al vicentismo y, por encima de ello, coincidencialmente, para cobrar la afrenta celosa debida al rapto de aquel "zagaletón" -puertorriqueño (?)-, "era la pasión de Barrientos"- que sin mediar causales le había sido arrebatado por don Juancho...
Las negritas son mías. ¿Puertorriqueño? ¿De dónde sale? ¿Logró escapar? ¿Será que Vicentico y Dionisia contactaron con exiliados en Puerto Rico el envío de un catamita? Hay una nota procedente de algún agente de Gómez en Nueva York, tal vez el cónsul, sobre el tema; la incluye Francisco Salazar Martínez en su libro Tiempo de compadres (Librería Piñango, Caracas, 1972) La carta está fechada 20 de septiembre de 1923:
Ayer le puse un cable en clave en el cual le participaba lo que había descubierto con la agencia de detectives, la mejor que hay en el mundo, sobre el asesinato; hoy quiero ampliarle los detalles que tengo sobre el particular (...) El plan de asesinato del general Juancho Gómez es obra de los revolucionarios y fue tratado en  Puerto Rico en un lugar llamado Sabana Seca, entre dos generales, probablemente Castro y Leopoldo Baptista...
Estaba equivocado el corresponsal, o actuaba en lo que creía era su conveniencia. Tal vez los detectives estaban cobrando por inventar historias. Para esa fecha el Benemérito ya tenía todo bien claro. Cuando llegue noviembre Barrientos, Mujica y Andara son ya cadáveres ambulantes. Volvamos a los personajes que faltan para concluir.
  • Dionisia Bello: Desparecido el juanchismo, Dionisia Bello -nos dice Urdaneta-, mordiéndose los labios salió desterrada hacia Francia, para morir allá. 
Ramón J. Velásquez, en su obra Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez (Ediciones Centauro, Caracas, 1989)  pone en boca del benemérito:
    16, Rue Copernic, Paris. Sede de la Embajada de Venezuela en Francia.
    La propiedad fue adquirida para que Dionisia viviera su exilio dorado.
    Se comenta, aunque no me consta, que su alma culpable pena en el local.
    No es la única embajada de Venezuela donde salen muertos.
Y tuve que decirle a Dionisia que se fuera para Europa y le compré un castillo en Francia. Y entonces reduje las Vicepresidencias a una sola y dejé a José Vicente, pero el 28, la señora de José Vicente no se aguantaba y en su casa se hablaba mal de mi, que si yo era viejo, que si era anticuado, que si eran otros los tiempos, y ya José tenía su corte y sus contraseñas; yo les dije a mis edecanes antes de febrero del año 28 que con los edecanes de José no debían tener ninguna confianza y ello creyendo que yo estaba perdiendo el cerebro, pero era que yo sabía y además había alguien que se lo contaba al compadre Pimentel y el compadre Pimentel me lo contaba a mí. Y vino lo que vino y tuve que llamar a José y decirle que se quitara el uniforme y que se fuera para Europa y que yo había acabado con la Vicepresidencia y con la Inspectoría del Ejército y así se lo comuniqué al Congreso para que reformara la Constitución y acabara con la Vicepresidencia, y Rafael María acompañó a La Guaira a José y José quiso volver pero yo no lo creí conveniente, pues José Ignacio Cárdenas me informaba de sus andanzas y se complicó y murió en Suiza. Trajimos el cadáver y yo fui a la iglesia y antes de que cerraran la urna le di mi bendición. Al fin y al cabo era mi hijo, él no tuvo la culpa sino de su debilidad con su señora...
¿Qué pasó luego con la bella y viuda Josefina Revenga? Una vez en Venezuela el amor y la plata llamaron a su puerta. Luego de que el patriarca la autorizara, casó con Pedro Tinoco Smith, padre de Pedro Tinoco hijo, el banquero desarrollista. Ajá!

Falta uno más. El general y dentista Julio Hidalgo, el Gobernador que torturaba a diestra y siniestra y apretaba, pero no ahogaba, tuvo un fin feo. "Este tenebroso personaje -nos dice Ramón Urdaneta-, fue asesinado a tiros en 1932, en Caracas, entre San Francisco y Sociedad, por el coronel Arístides Galavís, a quien Hidalgo había torturado salvajemente a raíz del crimen de don Juancho".

Para quien desee leer un buen libro sobre Juan Vicente Gómez, el más recomendable, a mi juicio, es Gómez, el tirano liberal (Anatomía del poder), de Manuel Caballero (Alfadil Ediciones, Caracas, 2003). Se le consigue aún con facilidad en las librerías. Buen provecho.

El Presidente Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina en un acto público.
Al final Eleazar se convirtió en el heredero del coroto y supo encauzar a Venezuela hacia un régimen de libertades
y progreso. Cosas del destino; del fondo de los males, salen los bienes

jueves, 3 de octubre de 2013

Sexo, pasión y muerte en Miraflores III

Domingo Alberto Rangel Burgoin , político, profesor universitario e intelectual venezolano (c. 1981), autor
de Gómez, el amo del poder, uno de los mejores textos sobre el Gomezato, según opinión de Arturo Uslar Pietri.
(1923-2012)
CONTINUACIÓN (segunda parte aquí)

Seguimos con esta historia de poder totalitario, corrupto y nepótico con una familia disfuncional. Debería servir de lección para los políticos de siempre. La cosas, que ya están feas por la rivalidad entre los juanchistas y los vicentistas, se ponen color de hormiga a medida que avanza 1923. Que nos siga contando Domingo Alberto Rangel, quien nos da una buena versión de los hechos, en particular el fatal conflicto entre Dionisia y Juancho:

"En uno de sus fundos en Maracay, Gómez recibe el saludo de un diplomático, en presencia del Jefe de
sus Edecanes, de Santos Matute Gómez, Itriago Chacín, Eleazar López Contreras y Efraín González, los tres
últimos miembros del Gabinete Ejecutivo".  (Luis Cordero Velásquez. Gómez y las fuerzas vivas)

Santos Matute Gómez -detrás del Benemérito-, unos años antes de esta foto, había pretendido
la mano de Margarita Torres, hija de Dionisia Bello. Las consecuencias de la ruptura del
noviazgo fueron fatales.
Dionisia Bello tiene una hija de su matrimonio en el Táchira llamada Margarita Torres. Es bella la mujer.  De sus encantos se ha prendado Santos Matute Gómez, miembro del viejo clan que ha venido del Táchira. Margarita ha visitado a Santos cuando éste desempeñaba la Presidencia del Estado Zulia. Hay promesas de matrimonio. Santos consulta a Juancho. Vos si serás pingo, le contesta el primo. ¿No ves que Margarita es una perdida? El otro palidece. Aquello constituye una afrenta a su honor. Tener relaciones y desposar a una perdida es el colmo de la necedad para hombres cuyo machismo es el primer atributo del señorío. ¿Cómo lo probás? Yo me he acostado con ella. El matrimonio queda desbaratado. Pero días después, Dionisia Bello irrumpe en Miraflores. calumniador, miserable, las palabras salen lentas pero cargadas de cólera como lava de estornudo volcánico Me las vas a pagar, termina la mujer, con la amenaza vengativa que ya no es palabra sino fulgor de ojos y espuma de labios enfriados por el goce de su determinación.
Margarita Torres cae de un balazo. El espejo que tenía en la mano rueda hacia el suelo. Y un hilo de sangre le mancha las sienes. Estaba acicalándose en su cuarto cuya ventana se abre hacia la calle. Nadie sabe de dónde vino la bala. Dionisia Bello cree que su hija se ha suicidado porque es la versión que acalla el escándalo. Y aquello acrecienta su odio hacia Juancho Gómez. La muchacha se ha matado porque Juancho la privó de su honor. Entre tanto, Juan C. Gómez, se ha prendado de un zagaletón que era la pasión de Barrientos, también aficionado a la homosexualidad. Dionisia Bello conoce la fiera cólera de celos que aborrasca el pecho de Barrientos. ¿Y por qué no valernos de este carajo para liquidar a Juancho? Barrientos acepta. Pero mucho cuidado. No vas a hablar. Dionisia llama al hijo que es Inspector General del Ejército. Mamá, cómo vas a hacer eso. Tonto, si desaparece Juancho vos serás Presidente. Y el hijo se deja traicionar por sus propias ambiciones. Dionisia vuelve a Miraflores. Pacto de sangré, sabés, Barrientos. No hablás. Pacto de sangre. Dionisia y Barrientos van a vengar sus agravios. Y José Vicente encontrará el camino de su ascenso definitivo en aquel crimen.
Las cosas se complican. ¡Qué gente más torcida!  Margarita estaba ya, según el criterio de la época, "quedada" o solterona... Se le iba el último tren en la persona de un viejo solterón también. El primo Santos no era un muchacho, pero comía casquillo con facilidad. Por algún lado leí que, luego de la conversación con Juancho, Santos se largó a Los Teques hecho una furia e insultó a las dos damas llamándolas de muérganas para abajo. Me imagino que el poco caballeroso comentario de Juancho tiene que ver con el equilibrio de poder en el clan; se siente la mano de Eustoquio en el asunto. Si Santos casaba con Margarita, entraba a fortalecer al grupo vicentista. ¿Una perdida? Lo dudo. Lleguemos a los hechos:
Juan Vicente Gómez en el fundo Tocorón.
Detrás a su derecha, el siempre fiel Coronel Tarazona.
Juancho ha ido la noche del 9 de junio de 1923 al teatro Olimpia donde hay una revista. Allí se exhibe con Vito Modesto Franklin quien luce corbata floreada, pantalón azul, chaqueta roja y zapatos de dos tonos. Es el figurín de la ciudad y Juancho ama aparecer junto a él para darse aires de tolerantes con las extravagancias. Vito Modesto, como árbitro de la moda, es personaje que baña de popularidad a quienes se le acerquen. A medianoche Juancho regresa a Miraflores. Encarnación Mujica le suministra un soporífero en el guarapo que don Juancho, fiel a las costumbres andinas, bebe antes de dormir. Después vienen las veintisiete puñaladas que le infiere Isaías Barrientos. Dionisia Bello, vestida de hombre, vigila de cerca los pasos de su cómplice. Y Juancho pasa a la eternidad.
El crimen es descubierto por una doméstica. Llaman a Tarazona que prepara en ese momento frente a Miraflores, un jugo de naranja para Juan Vicente. El indio regresa atónito. Don Juancho, lo mataron. Juan Vicente va a Miraflores. Ve al hermano inmóvil. Detengan a toda la guardia de palacio. Barrientos, Mujica y Andara, los ejecutores materiales pasan a La Rotunda y con ellos inocentes oficiales de la guarnición de Miraflores. José Vicente se ha paseado la noche del crimen por lugares notorios de Caracas. Es la coartada. Pero tiene que liquidar a un oficial de Los Teques que se asusta una vez perpetrado el homicidio. Era el oficial que había acompañado hasta Caracas a Dionisia Bello disfrazada de hombre.
Unas pocas palabras antes de terminar el capítulo de hoy. Indudablemente doña Dionisia tenía tabaco en la vejiga. Ella vivía en el sector El Llano de Los Teques. Eso de trasladarse de madrugada (a las 3 a.m. se consumó el hecho) hasta Caracas para asegurarse de que se cumpla la venganza dice mucho de ella, su fiereza y su rencor. Hay también otros detalles que Rangel no menciona, pero que son esclarecedores y abren otras interrogantes. Muchas cosas pasaron después con los presos y los esbirros; la valentía y silencio de Isidro Barrientos ante la crueldad de sus verdugos; la caída en desgracia y exilio dorado de Dionisia, etc. De eso hablaremos mañana.

CONTINUARÁ (por aquí)


miércoles, 2 de octubre de 2013

Sexo, pasión y muerte en Miraflores II

Juan Vicente Gómez. Detrás de él a su derecha, José Vicente Gómez (Vicentico).
Foto tomada de Gómez y las fuerzas vivas, de Luis Cordero Velásquez.
CONTINUACIÓN (primera parte, aquí):

Seguimos con nuestra historia, que empieza a tener tonos de novela folletinesca. Nos toca ahora conocer a otros dos personajes de la tragedia de Miraflores. En primer lugar a José Vicente (Vicentico) Gómez Bello, Segundo Vicepresidente de la República e Instructor General del Ejército, cabeza del grupo de los "muchachos" con aspiraciones dinásticas, y a su madre, Dionisia Bello, reina destronada por una muchacha de buena familia de tan sólo de 16 años de edad. Comencemos por Vicentico, quien tiene detrás los motores desenfrenados de su madre y su esposa. Según D. A. Rangel:
En la foto superior, Vicentico con su uniforme de
general, cargado de medallas.
Abajo, José Vicente con su esposa, la bella Josefina
Revenga Sosa, hipnotizado, babeando de amor.
A José Vicente, más dúctil que su tío, la sociedad le rompe los acantilados del ancestro campesino. Ha casado con una hermosa mujer de Caracas, Josefina Revenga, hija del Dr. (Rafael) Revenga y enlazada con abolengos que remontan al Libertador. La dama es bella y además lleva en su personalidad las ambiciones de cuna y las complejidades de una pasión por la política. Josefina Revenga descorre para José Vicente Gómez los velos de la fineza y las tentaciones de un mundo que aguanta sus manejos. Es un poco París en el perfume y las lecturas. La vieja historia de los bárbaros domados por las gracias de unas manos de marfil o un cuello que pide el talento del escultor para perpetuarse, viene a repetirse con el hijo de Juan Vicente Gómez y la heredera de un mayorazgo social que nació junto a Simón Bolívar. Josefina tiene libros hermosos y habla de países donde las gentes hacen de la cultura una como tersa manera de abordar las cosas. Con qué exquisitez toma Josefina Revenga los cubiertos o habla, frente a la pared, del cuadro que consagró París.
Entre Juancho y José Vicente interpondrá Caracas, con Josefina Revenga y el murmullo de sus fiestas, el barranco de una rivalidad que el general Gómez desde Maracay teme y vigila...
Aquí tenemos un caso clásico de una damisela rica y educada que se casa con un tártaro y, para colmo, bastardo-adulterino. Me pregunto si la bella Josefina se hubiera siquiera fijado en la presencia de algún muchacho bien educado y con abolengo, pero sin plata ni poder. En una verdadera aristocracia los matrimonios son endogámicos y no aceptan elementos externos a menos que éstos prueben su nobleza. La burguesía criolla no tiene remilgos a la hora de juntarse con el poder y los reales. Un dato más, su padre, el Dr. Rafael Revenga, fue uno de los médicos que atendíeron a Cipriano Castro durante su enfermedad y quien propuso su traslado a Alemania para ser tratado. Antes de cruzar el Atlántico, ya Cipriano estaba destronado y Juan Vicente se apoderaba de todo. ¿Qué tal? Así funcionan las cosas. Volvamos a Vicentico:
José Vicente Gómez en la Inspectoría del Ejército es la culminación para Juan Vicente de un problema sucesoral que se enreda en los pliegues de su psicología. (...) La subjetividad del campesino simplifica, hasta el extremo, el cuadro de sus vivencias. Prever, defenderse, ser exacto en las obligaciones, sintetizan el mundo psíquico de quien haya cruzado cruzado por la vida en el marco inmóvil de una aldea. La sucesión es entre los campesinos un problema de crear las circunstancias que permitan la repetición, más allá de la muerte, de aquel mundo.
José Vicente era el hijo mayor del tirano. Había nacido en 1888, cuando Juan Vicente alcanzaba ya la reputación de hacendado próspero. Los años de la infancia consciente y de la adolescencia transcurren para este primer vástago en la Caracas donde el padre es Vice-Presidente y figura muy destacada entre los dominadores del país...
José Vicente tiene, junto a sus andanzas (de muchacho), el privilegio de ser hijo de un personaje  de la política. Desde su llegada a Caracas disfruta de coches. Para concluir los estudios que pide la tradición campesina asiste a los colegios más exclusivos de la ciudad. Y como hay una cohorte de compañeros obsequiosos y de esbirros que lo acatan, el muchacho ejercita la fruición del mando a la edad del tránsito entre la infancia y la adolescencia. Es un Gómez, apellido que ya tiene significación desde aquella noche en la Casa Amarilla, cuando a puertas cerradas deciden Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez el rumbo del país que han conquistado. Y un Gómez constituye, a partir de 1899, cascada de oportunidades gratas y pista de expansiones en un medio que propicia los pasos de los vencedores, porque la Caracas conquistada siempre tuvo sonrisas y blanduras.
El muchacho tiene que ser como yo. Era la reflexión de Juan Vicente cuando José Vicente ingresó a las tentaciones y a los problemas de la edad viril. Gómez quería repetirse porque así lo dictaban las tradiciones del clan. (...) La perpetuación de los oficios, defensa de los campesinos frente al medio, no será posible con José Vicente Gómez. No se conquista un país impunemente. La carga de la victoria  es la esclavitud hacia los deberes.
Entonces el Benemérito envía a su hijo a la milicia y años después lo nombra General e Inspector General del Ejército.  Vicentico no está exento de ambiciones, que se acrecientan con el disfrute de los atributos de poder, los aplausos y la adulación. Nominalmente tendría bajo su mando todas las tropas; pero en realidad debía compartir con el primo Eustoquio en Táchira y el tío Juancho en el Distrito Federal, a quienes la tropa obedecía fielmente. La otra guarnición importante, Maracay, estaba al servicio directo del papá. "¿Qué carajo tengo yo? Esa pregunta muy íntima es gota sobre una roca de recelos", nos dice Rangel.
Con José Vicente en la Inspectoría General, ya consolidada una tiranía que no tendrá enemigos peligrosos en el futuro, la capa joven del clan asciende al Poder. Los hijos de Juan Vicente dejan de ser muchachos, como genéricamente designan los campesinos a la gente moza, para convertirse en socios de la compañía llamada Venezuela (...).
Insensiblemente, sin que ninguno de ellos tuviese tiempo o la determinación para advertirlo, el clan Gómez va agrietándose desde que José Vicente entra a ejercer la Inspectoría General del Ejército. Los jóvenes se agrupan en torno al Inspector General del Ejército. Allí están José Vicente, Alí, Gonzalo y sus hermanas, hijos todos de Juan Vicente Gómez y de Dionisia Bello, la hermosa mujer del cabello tentador en unas ferias. Los viejos van apiñándose alrededor de Juancho y de Eustoquio, que entre los hermanos y primos del general han alcanzado las más altas posiciones en el gobierno. Entre la Inspectoría General donde oficia José Vicente y la gobernación de Caracas o la Presidencia del Estado Táchira, que son los cargos de Juancho y de Eustoquio desde 1914, una grieta tácita se abre distancias.
Al agravarse los males del dictador, afloran todas las ambiciones y rencores "... mientras Gómez llega casi al coma urémico, el régimen se divide en dos bandos de buitres con garra levantada ya sobre la carroña del jefe", pero esto ya lo sabemos de hace tiempo. Sólo nos falta presentar a otro personaje importante: Dionisia Bello. Fedosy Santaella la describe muy bien en su novela. Es toda una fiera resentida, peligrosa como una mapanare y más brava que tigra con cría. Veamos qué nos dice de ella Luis Cordero Velásquez en su obra Gómez y las fuerzas vivas (Editorial Lumbego, Caracas, 1971), libro de donde tomé las fotos para este capítulo:
En sus viajes al pueblo (se refiere a Juan Vicente Gómez y al pueblo de Capacho) se enamora de Dionisia Bello de Torres, y ella se va con él a "La Mulera. Su pasión por la dama le hará romper su juramento; aun cuando se asegura que convivieron en habitaciones separadas para evitar reclamos de la mujer, ya que él continuó viviendo como soltero. (...) Dionisia, con dos hijas de su matrimonio, le dio cuatro retoños mientras estuvo en "La Mulera": Josefa María, nacida en 1886; José Vicente, el 88; Flor de María, el 90, Alí el 92 y tres más: Graciela, Servilia y Gonzalo, nacidos en territorio colombiano a partir de 1892.
Nada de particular aquí, excepto que las condiciones de doña Dionisia cambiaron luego del triunfo de la Revolución Restauradora. Juan Vicente la deja por otra y ella pasa a un exilio dorado en Los Teques, estado Miranda. La rival es Dolores Amelia Núñez de Cáceres (en Oficio de difuntos, el padre Solana la apoda "la Sulamita"), con quien Juan Vicente tuvo también una familia reconocida. Justo es decirlo, el Bagre no era un mal padre y atendía a los setentitantos hijos que tenía de diversas mujeres. Llevaba la cuenta, pero los más cercanos a sus afectos eran los Gómez Bello y los Gómez Núñez. Estos últimos mejor criados y de mejor carácter que el resto de la familia.

Pronto habrá otra afrenta sobre Dionisia, más grave, que la hará estallar en furia asesina. El hecho involucra a su hija Margarita Torres Bello, que, mancillada, se suicida. Ese será el tema del último capítulo que publicaremos mañana.

CONTINUARÁ (por aquí)

martes, 1 de octubre de 2013

Sexo, pasión y muerte en Miraflores I

Funerales del Vicepresidente Juan Crisóstomo (Juancho) Gómez
Catedral de Caracas, 1923

Esa foto oscura que vemos nos muestra a la Catedral de Caracas antes de que se efectuaran los trabajos de "modernización" de Gustavo Wallis en los años 30. Se aprecian los pisos escaqueados de mármol blanco y negro, columnas muy gruesas,  lámparas de cristal y la techumbre mudéjar de madera de cedro. La imagen, foto muy conocida, es todo un documento y representa un momento en los funerales por el eterno descanso del General Juan Crisóstomo (Juancho) Gómez, Primer Vicepresidente de los Estados Unidos de Venezuela y Gobernador del Distrito Federal. Don Juancho, o Juanchito para los íntimos, era hermano del General Juan Vicente (El Bagre) Gómez, asesinado a puñaladas en el Palacio de Miraflores, donde vivía con su hermana Regina, sin pareja conocida. No dejó descendencia.

El 30 de junio de este año se cumplienon 90 años de este asesinato que mezcla el sexo, la política y mil pasiones bajas. Hay cierto prurito al tocar el tema porque no sólo está involucrada la horda cháchara, sino tal vez porque salpica también a algunas familias "bien" (o más bien con buena ubicación social). Lo menciono porque cuando le conté la historia a mi amigo Juan José Obando, éste quedó impresionado por la trama que parece salida de guiones de Hollywood: amores despechados, aspiraciones políticas, odios inveterados, suicidios de damiselas, cárceles, torturas, muertes y desapariciones.

Al amigo Juan José dedico este artículo, a ver si se anima y elucubra algo sobre el tema.  También a Jesús, el librero, a su esposa Penélope y a Naiffer que mostraron interés cuando les conté el caso y desean conocer un poco más.

El Duque de Rocanegras en una caricatura
de la revista Fantoches
Cuando uno lee con detenimiento la  historia y la literatura de Venezuela, este caso surge aquí y allá, siempre cubierto por un aura de misterio. Por ejemplo, la bien ambientada novela Rocanegras -aquí- (Ediciones B, Caracas, 2007) de Fedosy Santaella, se desarrolla en esos días, siendo la pieza clave Vito Modestro Franklin, Duque de Rocanegras y Príncipe de Austrasia, la última persona con quien se vio en público en Vicepresidente en el Teatro Olimpia (para ver el blog del Duque que mantiene Fedosy, ingresar por aquí). También Arturo Uslar Pietri, en Oficio de Difuntos (aquí) -con las debidas licencias literarias-, dedica un capítulo a este hecho....  Pero la realidad supera a la ficción.

Seguiremos la narración que hace Domingo Alberto Rangel (de feliz memoria), en su obra Gómez, el amo del poder (Vadell Hermanos, Valencia, 1975 -ha sido reeditado recientemente por Editorial Libros Marcados), y completaremos con otros textos. El caso lo merece y, como el cuento es largo, lo haré en varias entregas.

Primero presentaremos a la víctima y a los parientes que lo acompañaban en la lucha dinástica en palabras del Dr. Rangel, pero antes debemos ubicarnos en el tiempo. Los hechos comienzan a desarrollarse un par de años antes, en 1921,durante una grave enfermedad de Juan Vicente Gómez, a raíz de la cual surgen las aspiraciones sucesorales de dos ramas de la familia "reinante". Por un lado la vieja guardia familiar integrada por los hermanos y primos del tirano, y por el otro "los muchachos", cuya cabeza era José Vicente Gómez Bello (Vicentico, para los íntimos), hijo de Dionisia Bello, Segundo Vicepresidente de la República e Inspector del Ejército. El problema dinástico ocupará casi toda la década de los 20, desde la enfermedad del Bagre, hasta la caída en desgracia de Vicentico, presionado por los apetitos políticos de su mujer, Josefina Revenga Sosa. Veamos:
Juan Crisóstomo (Juancho) Gómez
1860-1923
Juancho es un hombre inofensivo. Segundón acostumbrado a obedecer a sus hermano mayor y a temer al primo Eustoquio, su personalidad cobra dimensiones ambientales. Entre los Gómez, Juancho hace lo que el clan decida. Pero no es un sujeto absolutamente despojado de ambiciones. El mando que ejerce en Caracas desde 1914, lo ha  habituado a aspirar. La ciudad es frívola y como Juan Vicente no reside en ella es al gobernador a quien se le deparan los halagos, las adulaciones y las complacencias. La sociedad tradicional de Caracas, con recuerdos de la Independencia hacinados en el baúl de la familia, abre para Juancho sus puertas y descorre sus amabilidades. Juancho es el hombre para los banquetes y los agasajos. Él si se sienta a la mesa de los linajes más opulentos de la ciudad. Boulton, Blohm, Llamozas, Tovar, apellidos que dominan desde la época de Bolívar o han incorporados sus fortunas al caudal de los años posteriores, rodean con sus finuras a este hijo del Táchira, un poco más maleable que el híspido Juan Vicente acantonado en esa caliente aldea que es Maracay...
(...) La personalidad de Juancho resuelve en Caracas sus ambivalencias. Tenía el hermano de Juan Vicente una homosexualidad que necesitaba, habiendo nacido en medio campesino, de las compensaciones que proporcionan los valores viriles. La familia en que nació y las tareas y exigencias de aquel mundo de La Mulera le impusieron el cultivo del machismo (...) era un contexto social y personal que contrarrestaba la tendencia a la homosexualidad empotrándola en la pared forzosa del culto a la virilidad. Juancho tuvo que recargar su personalidad de una aspereza agresiva porque sólo así sobrevivía en las condiciones de su medio y de su gente.
Pues bien, Juancho descubrió su yo más íntimo, salió del closet, y se soltó el moño en Caracas; un poco viejo para la gracia, creo, porque ya sobrepasaba la cincuentena cuando fue nombrado Gobernador del Distrito Federal y 60 cuando lo asesinaron ...pero no se convirtió en loca peluquera:
(...) La Caracas de las tentaciones y de las ambigüedades fue derribando la pared. Y el homosexual pudo aparecer en él sin estorbar al bronco machetero. En sujetos de tendencias contenidas hacia la homosexualidad, los rasgos viriles no se extinguen ni aun cuando la condición más íntima brota a la superficie. (...) Juancho desató su pasión por los varones en la Caracas donde más de un muchacho podía complacer a quien siendo Gobernador y símbolo del Poder en la ciudad ofrecía jugosa compensación. Quien satisfacía la pasión oculta de don Juancho, suministrándole sagaletones bien escogidos, era Isaías Barrientos, ecónomo de Miraflores, residencia del Gobernador.
 

Ahora debemos recordar un nuevo nombre clave. El capitán Isaías Barrientos es uno de los protagonistas de la noche fatal. Era gay, sí, pero marica de pelo en pecho, a mucha honra. Su reciedumbre la demostró en su hora menguada. Ya llegaremos a él.

El primo Eustoquio
1868-1935
Otro personaje importante en esta trama. Se trata de Eustoquio Gómez, personaje temible por su ferocidad.; primo del Benemérito Juan Vicente y de Juancho. Nos dice Domingo Alberto:
Eustoquio es mirado por Juan Vicente con fascinación y miedo al mismo tiempo. Desde La Mulera admiraba la valentía y audacia del primo. Pero recelaba su afán de independencia dentro del clan. En Gómez mediaba hacia el pariente una mezcla de atracción y repulsa que colocaba las relaciones en un lado ambiguo. (...)
Ahora Eustoquio tiene una satrapía personal exclusiva en el Estado Táchira. Desde 1914 es el Presidente de ese Estado. Gómez lo envía a la región natal precisamente impulsado por la admiración y el temor. (...) Se requiere un hombre implacable como es Eustoquio. Pero el primo podría crearse un feudo propio allí, cimentado en la autoridad absolutista. Nadie sabe a dónde llegará Eustoquio cuando la "ventolera" de las ambiciones gane su cabeza. Entre el temor y la necesidad Juan Vicente Gómez opta por la última...
Atropellos sin par cometió esta fiera en San Cristóbal, de las que no se libró ni Gonzalo Gómez, hijo del Bagre. Según el Dr. Rangel:
(...) Quince mil tachirenses abandonan su suelo nativo, echados por los genízaros que derriban puertas, apresan, arrasan sementeras y sepultan en las mazmorras a los sospechosos. El Táchira queda limpio de enemigos en aquel genocidio. El terror paraliza los ánimos. Nadie puede moverse porque el puño de plomo de Eustoquio caerá sobre el desdichado hasta estampillarlo en el suelo. La arbitrariedad viene como salsa sobre el reinado genocida...
Pero aquella arbitrariedad de feudo conquistado pone en Eustoquio los afanes de una autonomía peligrosa. Como en el Táchira no hay voluntad que discrepe de la suya, ni poder que lo desafíe, ni peligro que lo circunde, el primo cultiva la pasión del albaceazgo sin restricciones....
Se preguntarán qué tiene que ver esta fiera con Juancho, que era un personaje sociable e inofensivo. Volvamos a la enfermedad de Juan Vicente en 1921 y terminemos el capítulo de hoy:
Victorino Márquez Bustillos
(1858-1941)
Presidente de las EE UU de Venezuela
entre 1914 y 1922
La crisis de la enfermedad de Juan Vicente coloca a Estoquio al lado de Juancho. Ni de vaina, anuncia Eustoquio por el telégrafo en mensaje dirigido a Juancho, con los muchachos no sabemos qué ocurrirá. Lo mejor es andar sobre seguro. Si el general muere vos lo remplazás y yo desde aquí te apoyo.Como el Alcántara te respalda en Caracas y vos tenés gente en la plaza de Maracay nadie nos puede latir en la cueva. ¿Entendés Juancho? Y seguro de la lealtad momentánea del primo que ladra desde su cueva del Táchira, Juan C. Gómez, hermano del dictador, mira con serenidad el desarrollo del mal que cierra la uretra de Juan Vicente Gómez. En 1922, cuando la Constitución que había fabricado Victorino Márquez Bustillos para adornar la dictadura aconseja designar dos Vice-presidentes, el primero será Juancho. Eustoquio es quien induce a Juan Vicente a darle esa opción al hermano. Su hijo José Vicente será Segundo Vice-Presidente en el período 1922-1929, como dicen los ilusos que hablan de constitucionalidad en aquellos tiempos.
Pues bien, a pesar de sus apetencias de poder, Eustoquio prefería a Juanchito sentado en la silla presidencial, que ver a "los muchachos" mandando. Tal vez le convenía un presidente dócil y con debilidades como Juachito ¿Quién sabe? Cosas curiosas del destino: durante el gobierno de Cipriano Castro, en 1907, Eustoquio mató a Luis Mata Illas, margariteño, Gobernador del Distrito Federal en un lugar nocturno de Caracas. Su primo Juancho fue asesinado siendo Primer Vicepresidente de la República y Gobernador del DF, y él mismo fue asesinado en la Gobernación el 21 de diciembre de 1935, en medio de los desórdenes que surgieron a la muerte Juan Vicente en 17 del mismo mes y año.

CONTINUARÁ (por aquí)


"El General Gómez, visiblemente afectado, presencia en el Cementerio General del Sur los funerales de su hermano Juancho, acompañado de sus hijos José Vicente, Gonzalo y Florencio Gómez. Lo rodean además, Tomás Bueno, Caracciolo Parra Picón, Francisco Baptista Galindo, Enrique Urdaneta Maya, Efraín Gómez, Antonio Martínez Machado, Antonio Pimentel, Adolfo Bueno, Anito Gutiérrez, Pérez Luna, un señor de apellido Pérez y el cura, como solía identificar Gómez a este último". (Luis Cordero Velásquez. Gómez y las fuerzas vivas)