jueves, 8 de diciembre de 2011

Don Ramón y su geografía gastronómica


Ramón David León
En diversas oportunidades, en la descripción de algunos platos venezolanos,  he citado a Ramón David León y a su libro Geografía Gastronómica de Venezuela. La obra es un clásico para los amantes de la cocina criolla a pesar de sus múltiples inexactitudes y su redacción extraña. Algunos recetarios han tratado de reproducir los platos descritos, como el caso del libro La Cocina Venezolana, de Juana Berroterán, o el que nos promete editar Rubén Osorio Canales.  A pesar de ser un clásico, ha sido editado muy pocas veces. La primera en vida del autor (1954), una segunda edición por la Tipografía Garrido en 1984, y la última en 2004 por la revista Exceso, Colección Cocina y Vino.

Geografía Gastronómica aparece al público en un momento en que Venezuela transitaba de la economía agropecuaria a la petrolera, con la consecuente incorporación de la mujer al mercado de trabajo y una vida más agitada. Desde finales de la década de los 40, consolidada la paz mundial, se produjo una avalancha de exportaciones estadounidenses, que penetró el mercado venezolano, gracias al poder adquisitivo originado por el negocio petrolero. Así, ingresan junto con los nuevos productos, los equipos electrodomésticos y el American way of life. Difícilmentre podrían sobrevivir los platos de la Venezuela rural.

Los artículos (o biografías como las llamaba León) que aparecen en el libro fueron primero publicados semanalmente en el diario La Esfera a partir de 1951. Dejemos que sean don Ramón quien nos hable:
En ellas se utilizan referencias históricas, y se traen a cita lugares nuestros, costumbres, tipicidades regionales que, conectados con la cocina criolla, constituyen detalles psicológicos y panoramas geográficos de Venezuela. Me empeñé en que fuesen eminentemente locales en el dato, e integral y genuinamente venezolanos en el conjunto, para que reprodujeran con lealtad ambientes populares nativos. Son una contribución sincera al folklore nacional. Algunos simpatizantes, acaso con exceso de indulgencia, opinaron que, por sobre cualquier otro mérito que pudiera descubrírseles, tenían el de la originalidad con que era presentado el tema gastronómico. Noventitrés notas integran la serie.
Carátula del recetario de Juana Berroterán
Ramón David León (1890-1980) fue un periodista, escritor y diplomático, nacido en Cumaná, estado Sucre.  Fundador de varios diarios regionales en su ciudad natal. Fue Jefe de Redacción de El Universal de Caracas. En 1927 figura entre los fundadores del diario La Esfera y fue su director hasta 1957. En 1951 obtiene el premio internacional de periodismo María Moors Cabot. Publicó varias obras de interés económico, político y social. Fue Embajador en Perú y Cuba. Políticamente era militante de la derecha nacionalista. Fue uno de los últimos positivistas venezolanos, y como tal, muy cercano a las dictaduras de Juan Vicente Gómez (1909-1935), la Junta Militar de Gobierno (1948-1952) y Marcos Pérez Jiménez (1952-1958).

Si no hubiera sido por este libro muchos venezolanos actuales no tendrían ni idea de lo que es la tortilla charera, el pisillo guariqueño, el pebre o las migas heróicas. Por eso debemos agradecer a don Ramón su esfuerzo y dedicación. Arriba mencioné a doña Juana Berroterán y su libro. Ella se ocupó de convertir las descripciones de Ramón D. León en recetas fáciles de hacer en casa. Ya tendremos oportunidad de probar alguno de esos platos tradicionales que han desaparecido de las mesas venezolanas. Eso se llama labor de Patria.

martes, 6 de diciembre de 2011

El Selce coriano y su origen

Hay algo en la mirada del cerdo que recuerda al ser humano. ¿Será su inteligencia? Tiene expresión, sin duda. En los últimos años ha habido un rechazo a su consumo y no por razones religiosas. El temor al "colesterol malo" tiene algo que ver en esto que yo llamo prejuicio. A este animalito se atribuyen muchos males y enfermedades que, criado correctamente, no transmite.

Sin embargo, hay zonas de Venezuela donde se consume con más frecuencia que en ciudades como Caracas o Valencia, donde la afición por adoptar como dogma de fe todo lo que dicen las revistas de salud y belleza, ha reducido a casi nada el menú cotidiano. Baste mencionar el lomo prensado de Carora, el cochino frito de los pueblos llaneros, o el sandwich de pernil (el mejor, al decir de los expertos, se sirve en los valles de Aragua), sin contar los chicharrones, morcillas, chorizos y chanfainas, para darnos una idea de su importancia en la cocina tradicional criolla.

Hoy nos referiremos a una preparación que ingresó a Venezuela por dos vías. Curazao y Trinidad. Ambos se elaboran de manera similar, pero llevan distinto nombre. Me refiero al Selce coriano y su hermano el Sauce de Paria. Fuera de esas dos zonas, el plato es desconocido en Venezuela.

La palabra Selce no es de origen español, sino una castellanización de un término extranjero. Algunos la deletrean Serce y otros Celse. En una página de internet, haciendo eco de lo que dice Rafael Cartay en su Diccionario de Cocina Venezolana, atribuyen un origen alemán. Cito a Cartay:

"Probablemente este plato es de origen alemán, y entró a Coro por la via de los Welser, que establecieron convenio con la Corona Española para el gobierno de la Provincia de Venezuela entre 1529 y 1557. O mucho después, por la vía de alemanes a Paria, donde existió en el siglo XX un consulado alemán." 

Simples suposiciones, digo yo. Los Welser (o Belzares como los apellidaron los castellanos) no aportaron gran cosa a Venezuela; de hecho no sólo no cumplieron lo pactado con Carlos V, sino que se dedicaron a robar y matar en la búsqueda de El Dorado. Se enemistaron con indios y españoles, quienes luego de mucho reclamar, lograron que les rescindieran el contrato o convenio. Es bueno aclarar que la gobernación de Venezuela acordada a los banqueros alemanes no incluía la península de Paria, sino que se extendía desde Maracapana (cerca de Cumaná) hasta el Cabo de la Vela (hoy en territorio colombiano). Difícilmente los españoles y los mestizos atesorarían una receta que les recordaba la opresión y el abuso de poder.

Iglesia de San Clemente, Coro.
El origen es otro. Así como la Iglesia de San Clemente (en la foto) y muchas otras edificaciones de Coro y la Península de Paraguaná tienen elementos que recuerdan el barroco holandés, este plato pudo haber llegado, junto con el queso Edam relleno, desde Curazao, posesión neerlandesa desde el siglo XVII. El selce, con otro nombre, también lo consumen los afrikáner o boers del África austral, lo que es un indicio de que su procedencia es los Países Bajos. Lo intuyo como una preparación para alimentar a las marinerías en los largos viajes trasatlánticos de la época de los exploradores.

Tampoco el Sauce de Paria tiene un origen alemán.; sino que fue adoptado de una variante trinitaria, que lleva además pepino en ruedas y se le llama "Souse". En Trinidad se prepara en grandes cantidades para festividades como el carnaval, el Parrang, o cuando no se desee cocinar, como un sábado por la noche. Acompaña bien a la cerveza y al ron.


Sigamos la descripción de este plato que nos da Ramón David León en su Geografía Gastronómica de Venezuela (respeto su redacción):

Selce coriano
Se le prepara con marrano, es decir, con las pezuñas, la trompa y la lengua, las orejas y parte del pellejo de la cabeza, en especial la papada. Se le quitan cuidadosamente los pelos que, por lo regular, les dejan en el matadero, y poniendo entusiasmo y energía se les frota con limón, hasta que los mencionados implementos queden deslumbrantes de blancura. Luego se seccionan en pedazos de tamaño más o menos igual. Después se ponen a hervir, en escasa cantidad de agua, junto con su punto de sal, orégano y comino, dejándolos cocer a fuego lento. Al terminar la cocción se les añade dos cebollas grandes blancas rebanadas por la mitad, talludo pimentón verde hendido de largo a largo, unos ramitos de perejil y cuatro o seis ajíes dulces, también cortados verticalmente. Una vez que esté todo bien blando y perfectamente cocido se retira del fogón y se coloca en una fuente, dejándole algo del caldo que hirvió. Entonces se le agregan, crudos, algunos menudos fragmentos de ajíes bravos, o una polvarada de pimienta, y una cebolla de la misma clase de las ya usadas, picada en ruedas. Se baña la mezcla con vinagre fino, y se le suma módica porción de aceite de olivas. Este plato es menester comerlo frío y mientras más días lleve de preparado es todavía mejor, porque así la saturación es completa.
Para quienes deseen una receta para seis porciones de este plato pueden entrar a la página Recetas Venezolanas, de donde se tomó la foto del plato ya preparado.
 http://recetasvenezolanas.tv/carnes/sauce-o-selce-coriano/

domingo, 4 de diciembre de 2011

¿Qué vaina es ésta? ¡Carajo!

Andrés Bello (1781-1865)


Se preguntarán por qué titulo con expresiones groseras un artículo donde aparece una imagen del ilustre don Andrés Bello (1781- 1865), patriarca de las letras americanas, caballero reconocido por su educación y comedimiento. Tal sería, digo, la reacción de don Andrés de verse en mi situación; quizá hasta hubiera lanzado el PC por la ventana y diría: "¿Qué vaina es ésta? No jo...!"

Me explico. Desde hace varios días he querido escribir sobre este gran venezolano que no fue profeta en su tierra sino en Chile, como un pequeño homenaje al cumplirse 230 años de su nacimiento (29 de noviembre). Pensé en publicar alguna de sus obras e ilustrarla con algo cónsono, o tal vez algún comentario ligero sobre su vida o sobre su familia. El personaje tuvo una vida tan activa y productiva que debería ser fácil escribir "algo". Cada vez que paso por a la Catedral de Caracas y veo el San José con el Niño que talló su abuelo Juan Pedro López, lo recuerdo, porque el modelo para el Niño Jesús no fue otro de Andrés de Jesús María y José Bello López, recién nacido para el momento. No faltan publicaciones de sus obras o análisis de éstas.  Al final me decidí a escribir sobre un coctel chileno que debe su nombre a Andrés Bello: la Vaina Chilena.

Sobre el origen del nombre del trago no hay problema; la anécdota es conocida tanto en Chile como en Venezuela. Antes de entrar en detalles sobre el particular, hay que precisar a quienes no conocen el habla del venezolano que la palabra VAINA, no es sólo la funda de una espada o el fruto de las leguminosas, sino que también es una muletilla sinónimo de COSA. Así decimos, por ejemplo: ¡Qué vaina más buena!, ¡No me digas esa vaina!, ¿Qué vaina es ésa? o Vaina más fea... La entonación dará el significado positivo o negativo de la expresión. Su uso es tan extenso que ya perdió la connotación vulgar. Pues bien don Andrés Bello, para distenderse en sus múltiples ocupaciones de académico, legislador, poeta y publicista de Derecho de Gentes,  acostumbraba asistir a un club en Santiago de Chile donde servían un aperitivo que era de su agrado, mas no conocía el nombre. Entonces decía al mesonero: "Tráeme una de esas vainas que preparan aquí". Y el nombre quedó.

Probé el trago en Santiago y me gustó, pero no conseguí quien me diera la receta, preferían hablarme del pisco sour y de los vinos chilenos. Para escribir estas líneas me propuse buscarla y aparecieron muchas, de las cuales transcribo tres. En una situación similar, Andrés Bello hubiera dicho para sí: "¿Qué vaina es ésta? ¡Carajo!" Porque don Andrés era un apasionado del orden y las cosas bien hechas. ¡Qué desorden! Espero que algún chileno me aclare lo de los ingredientes.

Vaina 1

50 cc Vino añejo
30 cc Cognac
30 cc Licor de cacao
2-3 Cucharaditas de azúcar impalpable
1 Yema de huevo
Canela en polvo (para adornar)


Vaina 2

2 Medidas de vino tinto
1 Medida de vermouth blanco
1 Medida de cacao en polvo
1 Yema de huevo


Vaina 3

20 ml de cognac
60 ml de Jerez
2 Yemas de huevo
2 Cucharaditas de azúcar impalpable o jarabe de goma

Lo que sí está claro es la manera de preparar el trago. En una coctelera con bastante hielo se baten bien todos los ingredientes y se sirve colado en una copa flauta bien fría. Se adorna con canela en polvo.

A su salud, don Andrés.








Alimento de campeones con George Foreman

George Foreman


¿Quién no conoce a George Foreman o Big George? Uno de los más destacados boxeadores del siglo XX: dos veces campeón mundial peso pesado, 81 peleas, 76 victorias, 68 por nocaut, 5 derrotas, 0 empates, campeón olímpico en México (1968). Todo un campeón. Ahora nuestro amigo es reverendo de su propia iglesia. Es, a todas luces, un boxeador atípico, la mayoría de su colegas se disuelven en fiestas, mujeres y alcohol, pero no Big George. Además de ser pastor evangélico, Foreman tiene una granja ganadera, produce una línea de parrillas eléctricas y publica libros de lean cuisine. Sí, un peso pesado que nos recomienda comer ligero y sabroso.

Tengo uno de sus libros, que compré en Namibia: Big Book of Grilling, Barbecue and Rotisserie. Lo adquirí para hacer braai. En el África austral braai (palabra afrikaans) significa no sólo carne a la parrilla, sino que es una forma de vida. De ese libro traduzco un receta con sabor haitiano:

Mero Ti-malice (por la famosa salsa Ti-malice)

2 cucharadas de aceite
1 cebolla dulce, cortada en ruedas finas
4 dientes de ajo, picaditos
1 ají habanero, despepitado y picadito
sal al gusto
1/2 taza de jugo de limón caribeño (lima)
1/2 kg. de filetes de mero
pimienta negra molida al momento.

En una sartén, se calienta el aceite a fuego suave y se saltean las ruedas de cebolla, tapadas, hasta que estén blandas y comiencen a dorar. Se destapa la sartén, se agrega el ajo y el ají y se continúa cocinando hasta que la cebolla está dorada y muy blanda. Se sazona con sal. Se agrega el jugo de limón y se cocina a fuego suave hasta que el líquido se reduzca un poco y la mezcla sea uniforme.

Se lavan y secan los filetes. Se aceítan usando los dedos y se sazonan ligeramente con sal y pimienta. Cocine el pescado en una parrilla (sobre la cocina, eléctrica, o de carbón en el patio), 5 a 6 minutos por cada lado. Si la parrilla es eléctrica y tiene tapa, a los 6 minutos el pescado estará opaco y listo. Se sirven los filetes de inmediato con la salsa por encima.


¡Muy rico! Gracias George.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un trago de ron con Père Labat




Jean-Baptiste Labat, mejor conocido como Père Labat, fue un fraile dominico nacido en 1663 cerca de París. Como los hombres cultos de su tiempo, se distinguió en diversas disciplinas además del ejercicio de su vocación religiosa; botánico, explorador, etnógrafo, ingeniero y propietario de plantaciones y esclavos.  A los 30 años de edad obtuvo permiso del general de la Orden de Predicadores (dominicos) para trasladarse a las posesiones francesas en el Caribe. A su llegada a Martinica le fue asignada una parroquia que atendió con celosa dedicación. En 1696 fue designado Procurador General de todos los conventos dominicos en  las Antillas francesas (Procureur Syndic des îles d'Amérique) y en 1704 Viceprefecto Apostólico.

Durante su permanencia en América, el gobierno francés aprovechó sus conocimientos de ingeniería, lo que le dió oportunidad de viajar por la región y conocer también las posesiones holandesas e inglesas, y observar de cerca las costumbres y condiciones de vida de la población local, flora, fauna y muchos aspectos del Caribe. Durante el ataque británico a Guadalupe en 1704 sirvió como artillero, accionando varias piezas de cañón contra el enemigo. Tenía también este fraile su lado oscuro. No era un Bartolomé de las Casas, ni un Pedro Claver: era un cruel esclavista. Como propietario de una plantación de caña, dejó aportes importantes para la modernización y desarrollo de la industria azucarera, sobre todo en el área de calderas y el estandar de destilación conocido como type Père Labat. La leyenda quiere que sea el inventor del ron, pero no es así. Labat lo que hizo fue mejorar la destilación de la taffia y producir un aguardiente de mejor calidad. En Martinica una marca de ron lleva su nombre.

En 1706 fue trasladado a la Curia Generalicia de la orden dominica en Roma, donde ocupó un alto cargo. La sede aún se ubica cerca del Panteón de Agripa, en Santa Maria sopra Minerva. Allí permaneció hasta 1716 cuando regresó a Francia. En 1722 se publica su obra Nouveau Voyage aux Isles Françoises de l'Amérique, en varios tomos con ilustraciones de su propia mano. Este libro es un tesoro de información sobre el Caribe insular de finales del siglo XVII y es de suma utilidad para quienes deseen conocer sobre el tema. Murió en París en 1738.


En memoria de este curioso fraile, les dejo una receta auténtica y simple para preparar un RUM PUNCH:

1 de ácido = Jugo de limón caribeño
2 de dulce = Jarabe de azúcar de caña como la que refinaban los esclavos de Pére Labat en Martinica
3 de fuerte = Ron, bebida espirituosa de las Indias Occidentales, delicia de piratas y bucaneros
4 de débil = Agua para aplacar el calor del trópico

Lo perfumamos con ralladura de nuez moscada y una sabia dosis de amargo Angostura. Se mezcla todo y se sirve sobre hielo. Con estas proporciones se puede preparar desde una copa hasta una barrica bordelesa.