lunes, 7 de abril de 2014

Etimologicón


Jesús el Librero me recomendó hace ya algún tiempo un libro que "se parece a ti" (en ese caso a mi). Se trata del Etimologicón (Ariel, Barcelona, 2013), obra del filólogo español Javier del Hoyo. Bajo ese nombre griego  que asusta por lo árido, se esconde uno de los textos más gratos que he tenido el gusto de leer en los últimos meses. No es un diccionario, ni una lista de términos, sino más bien un paseo por palabras y expresiones de la lengua castellana, a través de treinta y tres artículos ricos, profusos y amenos.

En la contraportada leemos:
Etimologicón no es un diccionario, ni un tratado técnico, ni entra en disquisiciones lingüísticas o filológicas. En lugar de un listado frío de palabras, una detrás de otra, trata de explicar los orígenes y la evolución -muchas veces curiosa, inesperada o hasta divertida- de una serie de palabras del español, hiladas en torno a un tema determinado y con estilo narrativo.
Del cálamo al caramelo, de la bici a la enciclopedia, del cuaderno a la cuaresma. 33 capítulos dedicados a los recovecos del lenguaje, a caminos que se bifurcan dando sentidos opuestos a las palabras con un mismo origen, o a la influencia de la cultura y la religión en nuestro lenguaje cotidiano.
Un libro curioso, divertido y sorprendente que nos hará más sabios y nos permitirá conocer en profundidad nuestra lengua y la riqueza semántica que esconde.
Además, Etimologicón está muy bien presentado con ilustraciones a cargo de Luciano Lozano, y una diagramación grata a la vista. Un verdadero regalo para la biblioteca, pues.


Javier del Hoyo, doctor en Filología Clásica y profesor titular
de Filología Latina de la Universidad Autónoma de Madrid


viernes, 4 de abril de 2014

Oda a la libertad

La Libertad guiando al pueblo, por Eugéne Delacroix (1830)


ODA A LA LIBERTAD

No armada del puñal de la venganza,
ni teñida la veste en sangre impura,
tal como la forjó nuestra locura,
o torpe iniquidad;
plácida cual la luz de la esperanza,
con la paz y el perdón en la frente,
blanda la faz, benigno el continente:
¡tal es la libertad!
Hija de Dios, de su bondad esencia,
don el más alto de su amor divino,
acaso en el mundano torbellino
al hombre se ocultó;
negra ambición, estúpida demencia,
el temor de los buenos, la osadía
de un tirano, el furor de la anarquía
tal vez la encadenó…
Mas no puede morir: lozana, fuerte,
crece encorvada bajo el férreo yugo;
ni el hacha enrojecida del verdugo
enerva su virtud.
del seno tenebroso de la muerte,
insultada tal vez, jamás vencida,
cual su padre inmortal, torna a la vida
con nueva juventud.
Poco son a humillarla los tiranos,
que el mundo ve y conoce sus derechos;
la oprimen, ¡ay!, con sus bastardos hechos,
mil émulos y mil;
que so el disfraz de nobles ciudadanos
en su nombre inmortal alzan pendones
y hacen servir los pueblos y naciones
a su torpeza vil.
Vos sois, apóstoles fingidos,
vosotros embusteros renegados,
vosotros, sí, los pérfidos soldados
del crimen y el error.
No ha menester la libertad, bandidos,
del estruendo y el rencor del fiero Marte;
símbolo del perdón es su estandarte,
¡su blando imperio, amor!
Y lidia, sí, pero en leal palestra,
atacada, jamás provocadora,
siempre grande en la lid, nunca opresora,
que es numen celestial;
y nunca armó su prepotente diestra
el odio, ni el temor, ni la venganza;
 ¡jamás para vencer urdió acechanza
ni usó traidor puñal!
¡Pueblos! No es el rencor ni la codicia,
ni la torpe ambición ni la impía guerra,
los símbolos que anuncien a la tierra
que ya lució su edad;
si veis orden, y paz, amor, justicia,
aunados reinar en grata calma,
alzad entonces al Creador el alma.

¡Esa es la libertad!

José Heriberto García de Quevedo
1819-1871
Hace ya algún tiempo, publicamos en esta bitácora, junto con su poema A Caracas (leer por aquí),  una breve semblanza de este poeta español nacido en Coro. Tuvo, entre otros méritos el haber sido el primer poeta en comparar a  Caracas con una "virgen mulsulmana" que luego utilizará José Antonio Pérez Bonalde en su Vuelta a la Patria. 

De él nos dicen Ginés Albareda y Francisco Garfias, en su introducción al tomo correspondiente a Venezuela de la Antología de la poesía hispanoamericana (Biblioteca Nueva, Madrid, 1958):
...conoce y estudia las principales literaturas europeas, y por eso su obra está llena de románticas influencias encontradas. Unas veces es Manzoni, otras Byron y siempre Zorrilla los poetas que más presencia hacen en su obra. Con este últuimo colaboró en "María", "Ira de Dios" y "Un cuento de amores". Acometió poemas de gran aliento, quedando frustrado casi siempre su empeño. Teníauna gran cultura y un enorme repertorio melódico logrador de estimables aciertos, pero en general su desmedida aspiración creadora no guardaba relación proporcionada con la calidad expresiva.

jueves, 3 de abril de 2014

Como chino en tranvía...

Viejo tranvía eléctrico de Caracas. Colección Allen Morrison

Cuando trabajaba en Puerto Príncipe, hace ya más de 20 años, la recepcionista de la Embajada era una caraqueña sanjuanera que conservaba el habla tradicional de Caracas en la era anterior al 23 de enero de 1958. Entre las expresiones que usaba esta venezolana figuraban: "gozar como muchacho comiendo moco" y "gozar como chino en tranvía". Siempre comprendía en primer dicho; hay mucho muchacho "comemoco", pero el de los chinos era otra cosa. Nunca pudo explicarme cómo gozaban los chinos en un tranvía. Me gustó la expresión y a veces la uso.

Hace unos días, leyendo una de las sabrosas crónicas de Óscar Yanes (Así son las cosas. Editorial Planeta, Caracas,1996), encontré la respuesta:
LOS CHINOS GOZONES
"Estás gozando más que chino en tranvía", este refrán se hizo famoso en 1906, cuando los tranvías de caballito fueron reemplazados por los tranvías eléctricos. Bueno, eso fue un escándalo en Caracas. La gente tenía miedo de montarse en tranvía, porque decía que esa era cosa del enemigo malo, y cuando veían el tranvía se metían en los zaguanes, otros salían corriendo y los muchachitos se orinaban, aquello fue terrible. La empresa, para salvar al tranvía de la quiebra, porque la gente seguían montándose en los tranvías de caballito, optó por dar puerta franca, o sea entrada gratis al tranvía. Durante seis meses no se pagaba pasaje para subir, para que la gente pudiera acostumbrarse a viajar en él. Sin embargo, los caraqueños todavía tenían miedo al tranvía y más de uno inmediatamente se levantaba con una cara de gran circunstancia y le decía a su mujer:"Margot, hasta más tarde y cuídame a los muchachos por si pasa algo, que yo hoy me voy a montar en tranvía", inmediatamente, por supuesto, la mujer le prendía una velita a San Miguel Arcángel, o al Corazón de Jesús "Ay Ernesto, cuídate y ten cuidado, cómo se te ocurre esa locura de montarte en tranvía", eso parece exageración, pero es verdad.
Sin embargo, en aquella época uno personajes muy populares en la ciudad eran los chinos; aquellos chinos usaban todavía coleta, como en las películas de Fu Man Chu; tenían su coleta como los toreros pero más grande. Esos chinos eran famosos porque eran lavanderos y planchaban ropa. Las grandes lavanderías, en donde los chinos limpiaban la ropa a palo limpio, tenían unas paletas grandes, le echaban a las camisas y a los camisones jabón y comenzaban a darle palo y palo, y aquello quedaba perfecto. Una camisa planchada por un chino, era una camisa perfecta, eso sí, posiblemente al mes, la camisa ya estaba rota de tanto palo que había llevado. Pero los chinos eran famosos y muy estimados en la ciudad de Caracas; pero no se sabe por qué, cuando dieron tranvía gratis, quienes más se montaban eran los chinos. Los domingos los tranvías estaban llenos de chinos, que casi siempre estaban serios y eran tímidos, en aquella oportunidad montados en su tranvía siempre se iban riendo, gozando un puyero entre ellos, hablando su idioma y riéndose. Entonces el pueblo inventó aquello de que "éste goza más que un chino en tranvía".
Tranvía de caballito subiendo Bolsa a Padre Sierra

Marina, tal era el nombre de la recepcionista, había tenido una vida interesante. Fue pareja, y luego esposa, de un escultor italiano, Americo Montagutelli, que participó en los trabajos del Paseo Los Próceres; luego de la caída de la dictadura, Montagutelli fue invitado por el gobierno de Papa Doc Duvalier a abrir una academia de bellas artes en Haití. Allí conoció al amor de su vida, Gaston Hermantin, con quien se fugó. Gaston y Marina se autoexiliaron en Nueva York y regresaron a Haití a instancias del Cónsul General de ese país, que apreciaba el talento Gaston, quien llegó a ocupar un lugar destacado en el gobierno de Baby Doc Duvalier. ¿Qué habrá sido de Marina? ¿Sobrevivió el terremoto? Me dio muchas horas de grata conversación sobre la Caracas que ella había conocido desde su casa en Pepe Alemán, y sus recuerdos de una ciudad que ya había cambiado.

La ensalada de rúgula

Ensalada de rúgula con tomates cherry y bocconcini de búfala
La rúgula (rúcula o arúgula) es una hierba con un gusto entre amargo y picante que la hace apetecible para dar carácter a ensaladas y otras preparaciones. Hace unos 20 años era casi desconocida en Venezuela y sólo la consumían los italianos y sus descendientes, y eso si las cultivaban en casa. Hoy es más frecuente verlas en cualquier frutería y darse un buen gusto.

Recuerdo que, estando en Roma, veía en los supermercados unas bolsas grandes llenas de unas hierbas que llamaban "rughetta". Lejos estaba yo de saber que habías tres especies: Eruca sativa, Diplotaxis tenuifolia y Diplotaxis muralis. Le pregunté a mi amiga Eliana y ella me aclaró que la famosa rughetta era una rúgula y que los romanos la consumían en cantidad. Me dispuse a probarla y me hice adicto. Días antes de regresar a Caracas compré un sobre de semillas de esta planta que sembré en mi balcón. A las 24 horas estaban germinando, y a las 48 ya no existían, gracias a las palomas que les cayeron como una plaga de langosta.

ENSALADA DE RÚGULA, TOMATES CHERRY Y BOCCONCINI

Una de las formas más populares de consumir la rúgula en Roma es en una ensalada con tomates cherry (o mejor Pachino) y bocconcini de búfala. El sabor picantoso de la hierba contrasta y marida muy bien con el dulzor del tomate y la suave insipidez del queso mozzarella. Se consigue este plato como un antipasto en casi todos los restaurantes de Roma y es muy fácil de preparar:

Ingredientes:

  • 1 taza de tomates cherry, cortados por la mitad
  • 1 taza de bocconcini, cortados a la mitas
  • 2 tazas de rúgula, bien lavadas y secadas con papel absorbente
  • Aceite de oliva extra virgen, sal y pimienta al gusto.

Preparación:

  1. En una ensaladera, colocamos los tomates y el queso, ya cortados. Adobamos con sal y pimienta negra recién molida y una cantidad generosa de aceite de oliva. Se le deja reposar por unos minutos.
  2. Se agrega la rúgula y se mezcla bien para fatigar las hojas.
  3. Se sirve con un buen pan con costra.


Atún a la parrilla, sobre ensalada de rúgula y tomates cherry
ATÚN A LA PARRILLA, SOBRE UNA CAMA DE RÚGULA Y TOMATES CHERRY
Para una porción

A pocos metros del apartamento donde vivía en Roma (via Pietro Tacchini, Parioli) queda el restaurante L'Ambasciata d'Abruzzo, donde comía con frecuencia. Uno de mi platos favoritos era el atún a la plancha, que servían en su punto sobre una cama de rughetta y tomates cherry. Ese fue mi almuerzo de ayer.

Ingredientes (para el pescado)
  • 1 filete de atún rojo de unos 250 gr. y un espesor de 2,5 cm
  • 2 cucharadas de cebolla picadita
  • 1 diente de ajo machacado
  • Aceite de oliva, sal, pimienta y perejil

Preparación: 
  1. En un mortero, trabajamos los ingredientes del adobo (cebolla, ajo, perejil). Luego le agregamos sal, pimienta y aceite de oliva.
  2. Maceramos el pescado con esta mezcla y lo dejamos reposar por unos 15 minutos.
  3. Se cocina a la plancha o a la parrilla (sin el adobo), procurando que quede rojo por dentro. Esto es importante; el atún bien cocido es seco y desagradable.

Ingredientes (para la ensalada):
  • 6 tomates cherry cortados por la mitad
  • 1/2 taza de rúgula, bien lavada y seca
  • Sal, pimienta y aceite de oliva extra virgen

Preparación y presentación:
  1. Mientras se macera el pescado, preparamos los tomates, aderezándolos son sal, pimienta y aceite de oliva.
  2. Al momento de servir, mezclar los tomates con la rúgula y colocar esta ensalada en el centro del plato.
  3. Se coloca encima de la ensalada el atún y, si se desea, se espolvorea con sal y pimienta.

Se puede acompañar con papas al vapor, o un buen pan con costra. Marida muy bien con un vino blanco italiano, o una cerveza.

miércoles, 2 de abril de 2014

Lucrecia y Tarquino

Lucrecia y Tarquino, por Victor Meirelles (1832-1903)

Cuando publicamos en esta bitácora el artículo Los Idus de Marzo (aquí), presentamos un personaje que, por su relevancia, marcó la historia de la Roma republicana y no desapareció con el Imperio. Se trata de Junio Bruto, que echo del trono a los reyes de Roma, instauró la República, de la cual fue su primer cónsul, y un régimen de libertades que perduró en el tiempo y aún es ejemplo de virtudes republicanas. Hoy contaremos sus historia y la de la honorable matrona Lucrecia, ultrajada por uno de los Tarquinos y, además, escucharemos la cantata La Lucrezia (HWV 145) de Georg Frideric Handel, en la voz de Dame Janet Baker, acompañada de la English Chaber Orchestra, bajo la dirección de Raymond Leppard.

La historia de Roma, en particular en sus principios, está llena de historias moralizantes, en la que se desdibujan los personajes reales y adquieren virtudes o vicios de proporciones mitológicas. El fin de ello no era otro que formar ciudadanos virtuosos. Nos dice Tito Livio Patavino: ...Lo principal y más saludable en el conocimiento de la historia es poner ante la vista, en luminoso monumento, enseñanzas de todo género que parecen decirnos: "esto debes evitar porque es vergonzoso pensarlo, y mucho más vergonzoso el hacerlo". Seguiremos a Tito Livio en nuestra historia, tal y como la presenta en Las Décadas (Historiadores latinos. EDAF, Madrid, 1970). Comenzaremos por Junio Bruto, un personaje que, como Claudio, se hizo el tonto para sobrevivir en un ambiente de perfidia.

Tarquino el Soberbio, que tiranizaba a todo el mundo y era ya una carga pesada para el pueblo se da aq la conquista de tierras y a construir obras suntuarias que dejaron en mal estado el erario público. Como en muchas historias de Roma, ésta incluye un prodigio:
Junio Bruto, fundador de la República romana
... una serpiente saliendo de una columna de madera, sembró el espanto en todos los habitantes de palacio, obligándoles a huir. No demasiado asustado, Tarquino al principio, sin embargo, abrigó serias preocupaciones para el futuro. Era costumbre consultar a los adivinos etruscos acerca de los presagios cuando éstos se manifestaban en público; pero como éste precisamente parecía amenazar a su familia, el rey decidió consultar al oráculo de Delfos, que era el más célebre del mundo. Como no conocía cuál sería la respuesta del dios, no se atrevió a dejar el cuidado de ir a recibirla a personas extrañas, y, en su consecuencia, envió a Grecia a dos hijos suyos, atravesando comarcas desconocidas entonces, y mares todavía más desconocidos. Aruncio y Tito partieron acompañados del hijo de Tarquinia, hermana del rey, llamado Junio Bruto, cuyo carácter era muy diferente del que aparentaba mostrar en público. Conocedor por los principales del Estado de que su tío, entre otros, había sucumbido víctima de la crueldad de Tarquino, este joven decidió desde aquel momento no revelar en su carácter ni en su fortuna absolutamente nada que pudiera disgustar al tirano y excitar su avidez; en una palabra, que se propuso buscar en el desprecio una seguridad que no había podido encontrar en la justicia. Fingió estar loco, entregando su persona a los caprichos y risa del rey, abandonando en él todos los bienes y hasta aceptando el injurioso calificativo de Bruto. Amparado en este nombre esperaba el libertador de Roma la realización de sus proyectos.
Los jóvenes cumplen su cometido y se presentan en Delfos y Junio Bruto "ofrece al dios un báculo de oro encerrado dentro de otro de cuerno hueco, emblema misterioso de su carácter". Pero los primos, que eran ambiciosos no se contentaron con saber lo que auguraba el oráculo y quisieron saber otra cosa:
... quisieron saber a cuál de ellos vendría a parar el reino romano; y se cuenta que desde el fondo del santuario contestó una voz: "Obtendrá el supremo mando de Roma aquel de vosotros, oh jóvenes, que sea el primero en dar un beso a su madre". Los Tarquinos exigieron absoluto silencio en lo referente a la respuesta del oráculo, para que su hermano Sexto, que había quedado en Roma, no se enterase de ella, y su ignorancia le hiciese perder las esperanzas de reinar; y en cuanto a ellos, dejaron que la fortuna decidiese cuál de los dos besaría el primero a su madre cuando regresasen. Pero Bruto había interpretado de diferente manera la voz de la pitonisa, y fingiendo caer al suelo, besó la tierra, madre común de todos los hombres...
De regreso a Roma, Tarquino había declarado la guerra a las rútulos, cuya capital era Ardea. Buscaba el rey apoderarse de las riquezas de este pueblo y reponer así el exhausto erario romano y de paso hacer algo de política interna. Los ardeatinos no fueron la conquista fácil que esperaba el rey de Roma y hubo de recurrirse a un largo asedio. Es en este contexto, cuando se produce la tragedia de Lucrecia y el fin de la monarquía. En una noche de tragos (festines y orgías, dice Tito Livio, era en entretenimiento de los Tarquinos), se ponen a comparar esposas. La bebida es mala consejera:
Lucrecia, por Lucas Cranach el Viejo (1472-1553)
(...) Un día en que estaban cenando en casa de >sexto Tarquino con Colatino, hijo de Egerio, recayó la conversación sobre las esposas, elogiando cada cual la suya. La discusión se prolongó y llegó a hacerse bastante agria; Colatino manifestó que no eran necesarias tantas palabras y que en pocas horas podrían convencerse de la superioridad de su esposa Lucrecia sobre todas las demás. "Somo jóvenes y vigorosos -añadió- montemos a caballo y marchemos a cerciorarnos por nosotros mismos acerca de los méritos de nuestras respectivas esposas. Como no nos esperan, las juzgaremos por las ocupaciones en que las sorprendamos". El vino les tenía excitados los ánimos, y todos los jóvenes exclamaron: "Partamos". Y salieron corriendo hacia Roma, a donde  llegaron al oscurecer. De allí marcharon a Colacia, donde encontraron a las nueras del rey y a sus compañeras entregadas a las delicias de suntuosa cena; Lucrecia, por el contrario, se encontraba en lo más retirado del palacio hilando lana y velando con sus criadas hasta muy entrada la noche. Ésta, pues,, que obtuvo los honores de la disputa, recibió bondadosamente a los dos Tarquinos y a sus esposo, quien contento con su victoria, invitó a los príncipes a que permanecieran con él. Entonces Sexto Tarquino concibió el odioso deseo de poseer a Lucrecia, aunque tuviera que emplear el infame infame violencia para conseguirla, sintiendo excitada su vanidad, no solamente por la belleza de aquella mujer, sino también por su acrisolada virtud...
Pocos días después  volvía Sexto a Colasia, ocultándose de Colatino y acompañado de un hombre solo. Como nadie podía suponer sus propósitos, le recibieron con suma benevolencia, y le llevaron después para que cenase en su habitación. Allí, quemado por los deseos y juzgando por el silencio reinante que todos dormían dentro del palacio, empuñó la espada y marchó hasta el lecho de Lucrecia, que ya estaba dormida; apoyando una mano en el pecho de aquella mujer, le dijo: "Silencio, Lucrecia, soy Sexto; llevo en mi mano la espada; si gritas, te mato". Despertó Lucrecia sobresaltada y muda de espanto, y encontrándose indefensa, vio la muerte que la amenazaba; Tarquino le declaró su amor, insistía, amenazaba y rogaba a la vez , sin omitir detalle alguno de los que pueden quebrantar el corazón de una mujer. Pero encontrándola firme en su resistencia, y que no se dejaba doblegar ni por el temor de la muerte, intentó asustarla con la pérdida de su reputación, diciéndole que después de matarla colocaría a su lado el cuerpo de un esclavo degollado, para simular que había recibido la muerte en el momento de consumar el más repugnante de los adulterios. Vencida la inflexible castidad de Lucrecia ante aquel temor, cedió a la lujuria del joven, alejándose éste enseguida,orgulloso con su triunfo sobre el honor de aquella mujer. Oprimida Lucrecia por el dolor, envió mensajeros a Roma y Ardea, diciendo a su padre y a su marido que se apresurasen a venir, acompañado cada uno por un amigo fiel; porque un acontecimiento espantoso exigía su presencia.
Sp. Lucrecio llegó acompañado de P. Valerio, hijo de Voleso, y Colatino, acompañado por Bruto (...) hallador (a Lucrecia)  sentada en su habitación y sumida  en profundo dolor. Al ver a los suyos, rompió en llanto, y al preguntarle su esposio si todo estaba a salvo, contestó: "No: ¿Qué bien puede quedar a la mujer que ha perdido su castidad? Colatino: huellas de un varón extraño manchan todavía tu lecho. Pero solamente mi cuerpo ha sido deshonrado: mi alma permanece pura y mi muerte lo demostrará. Juradme que no ha de quedar impune el adúltero: es Sexto Tarquino, que ocultando un enemigo bajo su exterior de huésped, vino la última noche con las armas en la mano, para robar un placer que debe costarle tanto como a mí, si es que sois hombres." Los dos le prometieron lo que deseaba, y procuraron endulzar su dolor, achacando toda la culpa al autor de la violencia; la animaban diciendo que el cuerpo no es culpable cuando el alma queda inocente, y que no existe la falta donde no aparece la intención. Entonces ella les dijo: "Vosotros decidiréis sobre la suerte de Tarquino; por mi parte yo, si bien me considero libre de culpa, no me perdono la pena, para que en lo sucesivo ninguna mujer que sobreviva a su deshonra no pueda invocar el ejemplo de Lucrecia". Después que hubo pronunciado estas palabras, se clavó en el corazón un cuchillo que llevaba oculto bajo el manto, y cayó muerta en el acto. El padre y su esposo lanzaron gritos de espanto.
Mientras se entregaban al dolor, Bruto arrancó de la herida el cuchillo ensangrentado , y, levantándolo en alto, exclamó: "por esta sangre tan pura antes de recibir el ultraje del odioso hijo de los reyes, juro y os tomo por testigos a vosotros, ¡oh, dioses!, que perseguiré a Lucio Tarquino el Soberbio, a su malvada esposa y a todos sus hijos, por el hierro, por el fuego y por cuantos medios encuentre a mi alcance, y que no he de consentir que ni ellos ni otros reinen jamás en Roma". Enseguida entregó el cuchillo a Colatino, y después a Lucrecio y a Valerio, que estaban asombrados ante aquel prodigioso cambio en un hombre que consideraban insensato. Repitieron el juramento que les dictó, y pasando repentinamente del dolor al deseo de venganza, siguieron a Bruto, que les llamaba a la destrucción de la monarquía...
Lo demás es historia: se expulsaron a los Tarquinos y a "la malvada esposa", quien no era otra que la famosa Tulia, sobre quien escribiremos otro día. Se instauró la República y un régimen de libertades que se mantuvo por muchos años, a pesar de los altibajos de la historia romana. La cosa no fue fácil, pero se logró.

Juramento de Bruto, por Gavin Hamilton (1763)


LETRA

O numi eterni, O stelle
che fulminate empii tiranni
impugnate a miei voti orridi strali,
voi con fochi tonanti
incennerite il reo Tarquinio e Roma;
dalla superba chioma,
omai trabocchi il vacillante alloro
s'apra il suolo in voragini,
si celi con memorando essempio,
nelle viscera sue l'indegno e l'empio.

Aria
Già superbo del mio affanno,
traditor dell'onor mio parte l'empio lo sleal.
Tu punisci il fiero inganno del fellon,
del mostro rio, giusto ciel, parca fatal.
Già superbo del mio affanno…

Recitativo
Ma voi, forse nel cielo,
per castigo maggior del mio delitto,
state oziosi, o provocati Numi;...