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| Los peores de la clase, portada |
Transcribo el Prólogo:
La pregunta "¿Quiénes eran los mejores de tu clase?", suele reanimar rancias envidias, generar un inconducente aburrimiento y, en el mejor de los casos, plantear la tragedia de las promesas incumplidas.Tantas veces he oído decir con fruición: "Era el mejor, pero no resultó gran cosa".
La pregunta "¿Quiénes eran los peores de tu clase?", en cambio, trae recuerdos más alegres y entretenidos, a veces hilarantes. En las gestas de los peores suele colarse cierto romanticismo y definitivamente mayor variedad. El título más honroso es una clásica jactancia: "Yo tenía buenas notas, pero una pésima conducta". Proclamar lo contrario: "Mis notas eran pésimas, pero mi conducta excelente", resulta inconcebible.
Nunca supe por qué nos separaban en secciones A, B, y C. Siendo yo del B, siempre sospeché que los del A eran mejores, pero los argumentos de nuestra superioridad con respecto al C no encontraban sustento. Sí recuerdo un año en que la separación fue descarada y anunciada con frialdad, y ya nadie pudo poner en duda quiénes eran los más malos. El resultado fue radioactivo, tanto consolidando fatuas vanidades y promoviendo una cruel reafirmación de las taras, como generando una pandilla de irremisibles que fue bautizada por los "Supercrema" como los "Sirvienteros". Al año siguiente, después de expulsiones masivas, se optó por una división más sutil, que aún guarda misterios incluso para sus creadores.
Desde este libro a quienes han facilitado este arduo tránsito entre la maldad y la bondad, la conducta y la inteligencia, que partió de las ambigüedades y recelos de pertenecer al B.
Al hermano Guesala, quien nos enseñó fructíferas tácticas de fútbol y, a mí, la distendida elegancia de permanecer siempre sentado en la banca.
Al Padre Giménez, quien me inició en el arte de recortar los ensayos y ampliar los asombros. La prueba térmica y astronómica que nos ofeció de la existencia de Dios aguantó por una larga docena de años.
Al Padre Francés, quien nos demostró la eterna e ineludible vigencia de la Inquisición.
Al Padre Baquedano. Mis únicas sesiones religiosas inequívocamente cristianas, consisten en darle un buen abrazo cuando nos vemos y recibir la bendición de una pregunta que me hace con genuina curiosidad: "¿Qué estás escribiendo?"
Al Padre Bidegain, quien salvó a Huizi de las garras del profesor Lemón.
A Marta, con quien me hubiera encantado compartir pupitre.
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| . 4° Grado C (1963-1964) La foto del grupo de mis compañeros, amigos y casi hermanos |
Mientras leo, aparecen nombres de profesores como Urmeneta (matemáticas -Vegas lo describe muy bien); Barrera (francés en los dos últimos años de bachillerato); P. Mendoza (biología) o al P. Moreta (Prefecto, era Capitán de la Guardia Nacional y llegó al rango de Coronel). En mi mente se me presentan, como si fuera hoy, los muchachos de la Sección C que vemos en la foto: Tinoco, Mendoza, Delgado, Medina, Azpúrua, Sucre, Olaizola, Reyna, Vegas, Manicito, Pipa, Novas, Aguila, Moreau, Capellín, Arza, Curiel, Heredia, Oteiza... algunos ya muertos, la mayoría vivos y con buena salud, gracias a Dios. A ellos mi fraternal afecto.
Excelsior!
AMDG
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| Federico Vegas Autor |
Federico Vegas es uno de los escritores venezolanos que permanecerán como una referencia en el tiempo futuro, para mí, sin duda, es el más completo de esta época. Entre otras muchas virtudes, en novelas tales como Falke, Historia de una segunda vez, y ??Prima lejana. Tuvo la valentía de escribir literatura venezolana sin complejos, como nosotros somos de verdad. Con su obra, reencontró el camino por largo tiempo perdido de nuestro quehacer literario y, por esa razón, marcó un rumbo para quienes le hemos seguido.
—Francisco Suniaga



