miércoles, 16 de mayo de 2012

La desaparición de Nuestra Señora de la Corteza

Iglesia de San Miguel, Acarigua
En la plaza, el monumento a la Aparición
Debo confesar que escribir sobre Nuestra Señora de la Corteza, patrona de la diócesis de Acarigua-Araure (estado Portuguesa), me ha costado mucho. No tanto por falta de referencias históricas, sino por la ausencia total de una imagen devocional que nos ilustre sobre el aspecto exterior de la advocación (ni siquiera una estampita). Todo parece rodearse por un halo de silencio luego del robo sacrílego de que fuera objeto hace como 40 años. Si se busca por Internet, salen las fotos de la Iglesia de San Miguel en Acarigua, el monumento de "La Borriquita", la iglesia de Nuestra Señora del Pilar de Araure (allí fue bautizado el héroe José Antonio Páez), la iglesia parroquial de la Aparición de la Corteza... y para de contar. Ni siquiera una medalla.

Ayer me encontré con mi tía Imelda, que no representa sus 87 años muy bien llevados. Creo que en su larga vida ha visitado casi toda Venezuela y sus iglesias. Le pregunté si alguna vez había ido hasta Acarigua y visitado a la Corteza antes de ser robada. Me respondió que sí, que la había visto muy de cerca y que su aspecto le recordaba en algo a la Virgen de Coromoto y agregó: "Estaba expuesta como a un metro de distancia; el relicario estaba puesto sobre la baranda del comulgatorio... Era una invitación a robársela..." Ajá, esto nos explica en parte el silencio. Tal vez sea el sentimiento de culpa por el descuido que permitó a los ladrones hacerse con el relicario de plata sobredorada que guardaba la bendita y milagrosa astilla de tacamahaca. Recuerdo haber leído en la prensa que al poco tiempo la Policía Técnica Judicial logró recuperar la alhaja que encontraron vacía en un basurero. Desconozco si lograron atrapar al sacrílego. ¿Cuál sería el destino final de la reliquia? ¿Terminaría siendo objeto de brujerías? o ¿Sería la presión de la policía que hizo que los ladrones abandonaran la joya luego de haberla despojado del contenido? Espero que algún devoto portugueseño me aclare las interrogantes.
Iglesia Nuestra Señora del Pilar, Araure

Para la narración del portento de La Corteza seguiré a Alfredo Armas Alfonzo (quien a su vez sigue al Hermano Nectario María) y luego completaré con lo observado por el Obispo de Caracas y Venezuela, Mariano Martí, durante su visita pastoral en el último cuarto del siglo XVIII y un breve comentario del agente francés Francois Depons.

Nos dice Armas Alfonzo, en su particular estilo, que en 1702, la mulata Margarita La Perla:
...había ido a Guanare a pagar una promesa a la Virgen de Coromoto en acción de gracias por haberle devuelto la salud perdida al hijo que la acompañaba.
De regreso días más tarde, se detuvieron a la orilla de una quebrada, conocida después como Quebrada de la Virgen, a semejanza del sitio de Coromoto.  La mujer ató el macho a un árbol de tacamahaca y madre e hijo se pusieron a descansar. Colgaron una hamaca entre dos palos.
Al rato el muchacho advirtió que el macho se espantaba, y buscando el origen de la novedad, dio con una luz vivísima en el tronco del tacamahaco.
Se acercaron y notaron que en la corteza, perfectamente clara entre los resplandores, aparecía una imagen de la Virgen sosteniendo al Niño con sus manos. Margarita La Perla tajó la corteza con un cuchillo y la guardó bien envuelta en una tela. El día tenido como probable de la aparición es el 11 de febrero de 1702.
Iban a seguir su camino, cuando el macho se echó a correr, por lo que debieron de hacer a pie la larga distancia hasta Acarigua. La bestia corrió hasta la puerta misma de la iglesia de Acarigua, y el párroco, el capuchino Miguel de Placencia, extrañado de aquello, mandó a un muchacho de su servicio que averiguara a quién le pertenecía el animal. El mensajero halló a Margarita La Perla aposentada en la Casa Real. La mujer fue por su cabalgadura.
El macho entretanto se había echado a la puerta de la iglesia y Margarita no consiguió levantarlo por más varazos que le propinó. Fray Miguel tuvo curiosidad de saber qué contenía la pesada petaca que se suponía había derribado al animal. Margarita La Perla explicó que sólo cargaba su ropa y algunas cosas de viaje, además de una concha de tacamahaco muy extraña, y le contó al religioso cómo la había hallado en la quebrada.
Fray Miguel advirtió la figura de la Virgen y devolvió el pedazo de corteza a Margarita La Perla que la guardó de nuevo entre la ropa. El macho, que se había levantado, volvió a echarse apenas se le cargó la petaca, y de nada valieron nuevos golpes. Fray Miguel intuyó de aquello que la santa aparecida expresaba su voluntad de quedarse en la iglesia, pero Margarita La Perla no consintió desprenderse del pedazo de corteza. El capuchino entonces se la cambió por un rosario y dos estampas religiosas de la Virgen del Rosario y de la Inmaculada Concepción.
El capuchino colocó la imagen en el altar y empezó a propagarse el culto de Nuestra Señora de la Corteza, que tuvo la aprobación eclesiástica en 1757.
El rústico pedazo de madera medía cincuenta y dos milímetros de alto y cuarenta y tres de ancho; la figura de la Virgen dieciocho milímetros.
Relación de la Visita Pastoral
del Obispo Mariano Martí
Para conocer la Venezuela de finales del siglo XVIII nadie mejor que Don Mariano Martí (1720-1792), Obispo de Caracas y Venezuela, quien recorrió todo el país a pie, en mula y en lacha. Primero, como Obispo de Puerto Rico, cumplió con la visita pastoral a los Anexos Ultramarinos de su obispado que incluían la provincias de Trinidad, Margarita y Tierra Firme al oriente de la divisoria del río Unare (actuales estados Sucre, Anzoátegui, Monagas, Bolívar y Delta Amacuro); y luego como Obispo de Caracas y Venezuela (sede en Caracas, que incluía el resto del país a escepción de Barinas, Táchira y Apure, que correspondían al Arzobispado de Santa Fe de Bogotá. La relación de su visita fue editada por la Academia Venezolana de la Historia en 7 gruesos tomos: 2 del Libro Personal, 2 de Compendio y 3 de Inventarios. Las observaciones y comentarios de este diligente obispo son referencia obligada para conocer no sólo aspectos religiosos, sino que son una mina inagotable de información social y demográfica de la época. Esta colección es un verdadero tesoro. Veamos lo que nos dice el obispo, que no sólo fue a Acarigua, sino que también visitó el lugar de la aparición:

En octubre de 1778, luego de visitar Ospino, Mariano Martí y su comitiva se dirigen a un pueblo llamado Nuestra Señora de la Aparición de la Corteza, al que llegan el 3 de noviembre a las 7 pm. Allí visita la iglesia:
...baxo la invocación de Nuestra Señora de la Aparición de la Corteza, cuya fiesta principal se celebra el día de la Candelaria o de la Purificación de Nuestra Señora, y de aquí tal vez habrá nacido que la invocación de esta Iglesia es de Nuestra Señora de Candelaria. Esta iglesia es de tres naves, que dividen columnas de palo. Por ahora, a más del altar mayor, sólo hay dos altares con sus capillas hondas a las cabezeras de las naves...
En esta Iglesia se venera una imagen que no es la original, sino copia de Nuestra Señora de la Corteza, y la historia es como se sigue y me la ha referido el Vicario de Araure...
Aquí el obispo Martí nos da unos datos un tanto diferentes:
  1. Margarita (La Perla) era natural de San Carlos, hoy estado Cojedes. Lo pone entre paréntesis porque Margarita es Perla en latín;
  2. Había ido a visitar a Nuestra Señora del Real, en Barinas, pero no había logrado ver a la imagen, por lo que se volvió a su tierra;  
  3. Imagen de Nuestra Señora de la Corteza
    del Banco FoTográfico de la Pastora
    Cortesía del amigo Víctor Zambrano
  4. La peregrina y su hijo vieron "una cosa" en el árbol, "y repararon que era una imagen de la Divina Señora, como pintada en la corteza de aquel árbol.";
La copia que se venera en esta iglesia de la Corteza es semejante a una imagen de la Concepción. Será de largo como de una pulgada y media, en el pecho apenas se le conoce si tiene algún niño o si son las manos. En aquel entonces no havía acá pueblo. Después se hizo el pueblo y esta Iglesia, y de este milagro toma el nombre este pueblo, nombrándose Nuestra Señora de la Aparición de la Corteza.
Este es pueblo de indios y el Curato de Doctrina. Vinieron estos indios del pueblo de Sanare, jurisdicción del Tocuyo, de la encomienda de Colmenares...
 ...Todos los papeles que he hallado conspiran a que éste es pueblo de indios, (...) y que se fundó pocos años después de la aparición de la sagrada imagen de Nuestra Señora de la corteza de un árbol, que después lo arrancaron; y he mandado poner una cruz grande, que sin contar lo que va baxo de la (tierra), descubre sobre ella unos treinta palmos, que poco le falta no sea como la del Calvario del Tocuyo, que es de flor amarilla, y ésta de roble; y hoy, día 8 de noviembre, en que se celebra en este año la fiesta del Patrocinio de Nuestra Señora, se ha puesto esta Cruz a las cinco de la tarde en el mismo lugar donde estava el árbol en que apareció la imagen de Nuestra Señora de la Corteza, y con los compañeros he adorado esta nueva Cruz y cantado la salve a la Virgen...
El relicario donde está la sagrada imagen de Nuestra Señora de la Corteza, es a manera de una custodia, pequeña, y dentro del sol está pintado como una corteza de árbol y en medio la pequeña imagen, que sobre queda referida. Tendrá este relicario en todo un poco más de un palmo de alto y está colocado en un Sacrario pequeño, bajo del Sacrario ordinario donde está el pixis.
Sigue su marcha el buen obispo por tierras de Portuguesa y el 11 de noviembre sale de "Jujure, alias Turén", llegando a Acarigua a las 3 pm. Visita la iglesia de San Miguel y observa:
No está colocado su Divina Magestad sino en Quaresma. Es de tres naves que dividen columnas de palo; sus paredes de bajareque, cubierta toda de paja y palma. La Sacristía, tras el altar mayor. No hay cementerio. Está poco aseada. Hay pila bautismal. Esta Iglesia es muy pobre, y ahora ni tampoco le pagan los veinte y cinco pesos para pan, vino y cera, ni tampoco le dan cosa alguna de los dos reales anuales de la Caxa de Comunidad.
En esta Iglesia está y se venera el original de la imagen de Nuestra Señora de la Corteza (Véanse las notas en el pueblo de Nuestra Señora de la Corteza), que me parece que es más pequeña que la copia que vi en dicho pueblo de la  Corteza; y este original es más hermosa su imagen; parece que la corona de la Virgen es de oro o dorada, y también parece dorada la orla del manto; el relicario es a manera de una custodia, que tendrá de alto unos dos palmos y medio. No tienen abierto sello o estampa alguna de esta sagrada imagen, y puede ser que el padre Puigcerdá les abra algún sello o lámina de madera para hazer estampas.

Pareciera que 200 años no fueron suficientes para hacer estampas de la Corteza. Sín embargo, si se busca con detenimiento se consigue, ciomo lo muestra la imagen que me mostró el amigo Víctor Zambrano.

El monumento de La Borriquita fue hecho hace unos 30 años. Para entonces, la corteza de tacamajaca había sido robada. No juzgo sobre el valor artístico de la obra, pero hubiera preferido ver estampitas por algún lado.

Y ahora que sea Francisco Depons que nos de su opinión:
...y la trasladó a la iglesia parroquial de Araure (sic), donde ha hecho muchos milagros. Sin embargo, no es tan célebre, ni parece tan poderosa como Nuestra Señora de Coromoto.
Para ver la ubicación del pueblo de La Corteza entrar por aquí.


La Tacamahaca o tacamajaca es un "árbol americano de la familia de las burseráceas. De su corteza hacen canoas los indios. ·Resina de este árbol. ·* angélica. Resina muy opaca, de olor muy persistente y color que tira a rojizo por dentro y a gris por fuera. Fluye de distintas especies de burseráceas. ·* común. La que es transparente, insípida, de olor débil, color claro con puntos obscuros, y fluye de una especie de álamo". (tomado de www.acanomas.com).

En Venezuela hay una expresión: La Tacamajaca de Ño Leandro. Según el Diccionario de Venezolanismos, es usada para denotar una persona invencible o insuperable en alguna actividad o una persona de carácter agrio, intransigente y dominante. Se usa también como sinónimo de poderío, valor o fuerza.

General  Joaquín Crespo
1841-1898
Ño Leandro no es otro que Leandro Crespo, padre del General Joaquín Sinforiano de Jesús Crespo (1841-1898), dos veces Presidente de la República. Ño Leandro era un "curioso" o curandero que usaba el bálsamo de la tacamajaca para sus curaciones. Su hijo, como político, fue una verdadera "Tacamajaca de Ño Leandro". También era abstemio y casto. La tumba de Joaquín fue profanada en el Cementerio General del Sur, en Caracas, y se desapareció, entre otras cosas, su espada.

lunes, 14 de mayo de 2012

Nutritivas sopas venezolanas

Plato de mondongo de un restaurant caraqueño
Foto de la amiga Mary Heras
Nadie duda de que al venezolano le gusta  una buena sopa. A pesar de lo tórrido del clima, desde la costa hasta Guayana, pasando por los Llanos, una sopa caliente completa el menú diario, mientras más caliente, mejor...  Pareciera que damos más importancia a la sopa que al plato principal, que en algunas regiones  llaman “el seco”. Muchos consideran incompleto un almuerzo sin tener una sopa o crema que lo reconforte a pesar de la canícula tropical. Cada familia tiene su propio repertorio que no se limita al hervido y al mondongo. Mi abuela materna, ya muy vieja, murió con el deseo de tomarse un sancocho de rabadilla de carnero, plato típico de la península Goajira.

Recuerdo que en casa mamá tenía sus favoritas, como por ejemplo: la crema de remolacha introducida en el menú familiar por una peruana casada con un primo mi abuela; la de apio o arracacha, que por su color llamábamos “de oro”; la de papas con espinaca; la de pan (no me gustaba mucho, pero hoy la aprecio); la de ajo porro (puerros) con papas, que si está bien preparada y la pasamos por una licuadora,  agregándole crema de leche se convierte Vichyssoise. Estas sopas nos sacaban  de la monotonía que podría representar una sopa de pollo con fideos. Nunca  se usaron enlatados o  sopas instantáneas (de sobre), todo era fresco.

Hoy propongo tres recetas regionales que pueden fácilmente prepararse en casa: pisca andina, a la manera de Bailadores, estado Mérida; una fuerte sopa del repertorio zuliano,  y otra central, que es una variante de la sopa de apio.

PISCA ANDINA

La Pisca es una sopa ligera que generalmente se sirve en los estados andinos de Táchira y Mérida para el desayuno. Hay tantas versiones como hogares familias existen en la región, algunas de ellas llevan caldo de res o de pollo. Desde que la probé por primera vez quedé prendado de su sabor y sencillez campesina. Tomé esta receta del libro "A Degustar con Yiya, Recetario de oriunda cocina andina", de María Auxiliadora Morales, natural de Bailadores.

INGREDIENTES (para 4 porciones)

1 manojo de cilantro
4 cebollines
1 ají dulce
3 ramas de perejil
1 ajo porro
1 rama de celery o apio España
4 dientes de ajo machacados.
1 Kg de papas
1 taza de queso blanco blando (o fresco)
4 huevos
1 taza de leche


Primero preparamos un caldo base ligero. En una olla amplia, con 4 tazas de agua, se hierven suavemente la mitad del cilantro, cebollín, ají dulce, perejil, ajo porro, ajo y apio España. Se cocina tapado por 30 minutos.

Mientras  se hace el caldo, se preparan los otros ingredientes de la sopa. Las papas se lavan, pelan y cortan en cubitos. Cortamos el queso en dados.


Pisca andina para el desayuno

Cuando el caldo está listo, colamos y desechamos las hierbas aromáticas. Se ponen a cocinar las papas en este caldo, tapado, hasta que estén blandas, pero enteras. Entonces se procede a terminar la sopa.

Se ajusta la sazón y se agrega la leche y se lleva a punto de ebullición.  Luego agregamos los huevos, uno a uno, con la ayuda de una taza para que no se deshagan. Se apaga el fuego y se tapa. Esto permitirá que se cocinen los huevos hasta que estén cocidos, pero no duros.

Para servir, se pone en el fondo de cada plato un poco de queso picado. Se sirve la sopa sobre el queso y se le da una lluvia de cilantro picadito.

La tomamos al desayuno, acompañada de arepitas andinas (de trigo), queso blanco y aguacate.

SOPA DE COCO

Esta sopa es típica de la región zuliana, concretamente de Maracaibo. Ha desaparecido de muchas mesas, lamentablemente. Mi abuela preparó este plato cuando un mallorquín fue a pedir la mano de mi tía Beatriz. Tal vez esta sopa decidió a Juan a casarse con mi tía, quien más de 50 años después me explicó la receta. No doy proporciones porque se hace al gusto, como todas las recetas caseras. Se puede hacer con caldo de res, gallina o pollo. Esta versión es con caldo vegetal.

Primero preparamos los vegetales o "recado de olla", como se les llama en Maracaibo: auyama (calabaza caribeña), yuca, apio, ñame, plátano verde, jojoto (mazorca de maíz) y  zanahoria. No lleva ocumo ni mapuey, que no se consume en Maracaibo.. Los lavamos, pelamos y cortamos en trozos como para un hervido.




Sopa de coco, para un contundente almuerzo marabino
Para el caldo, se prepara un ramillete con cilantro, perejil, apio España, yerbabuena y cebollín; también se picarán ajíes dulces o "misteriosos" (en términos marabinos), ajo porro, ajo, cebolla y pimentón verde. Se pone todo esto dentro de una olla con abundante agua.

Se lleva a un hervor y se baja el fuego. Se continúa cocinando suavemente, tapado para que los aromas perfumen el caldo. Se le sacan los vegetales, ya inútiles, y se desechan.

Se regresa el caldo a un hervor y se le agregan primero las zanahorias, mazorcas y plátano verde. Cuando estos tres primeros ingredientes han comenzado a cocinarse, se agregan a la olla la batata y la yuca. Luego de unos 5 minutos, le tocará el turno al apio y al ñame. Al final se le adiciona la auyama.  Se hace cocinar todo a fuego suave, para que no se deshagan.

Cuando el sancocho está casi listo, se agrega leche de coco, al gusto, en una proporción de 1/3  de taza por ración, aproximadamente. Se cocina a fuego muy suave, sin llegar a hervir, sino sólo llegar al punto de ebullición. Es el momento de salar y pimentar.

Con la ayuda de una taza o plato, se agregan uno o dos huevos crudos por comensal. Con cuidado para que la clara y la yema se mantengan juntas. De inmediato se apaga el fuego y se tapa. Los huevos se cocinarán con el calor de la sopa. Es el momento de estar vigilantes y decidir cuánto tiempo se va a esperar. Depende de cómo se deseen los huevos. Me gusta dejarlos 3 o 4 minutos.

Se sirve y se pone a la disposición de los comensales un ajicero de leche.


SOPA DE APIO CON GALLINA

Esta es mi versión de la sopa de apio (arracacha) con gallina que ofrece, u ofrecía, un restaurant de comida criolla en Sabana Grande, Caracas. Ya el restaurant ha decaído en cocina, servicio y clientela, luego de haber sido por muchos años LA referencia gastronómica criolla.Tampoco doy proporciones y las dejo al gusto de quien la cocine.

Se comienza con la gallina, que despresamos, despellejada, limpia y lavada muy bien con limón. Se trata de eliminar lo máximo de grasa. Luego se pone a hervir la gallina a hervir en abundante agua, que la cubra. 


Mientras llega a un hervor, se preparan los vegetales aromáticos para el caldo: pimentón (sólo lo verde), cebolla, ajo porro, cebollín, zanahoria, ají dulce y ajo, en trozos grandes porque no deseamos un caldo turbio (va a sobrar para otras preparaciones).
Sopa de apio y gallina

Se espuma el agua donde hierve la gallina. Eso ayuda a que el caldo no se amargue y sea claro. Luego de espumar bien, se agregan los vegetales y dos hojas de laurel. Tapamos y dejamos cocinar a fuego suave hasta que la gallina esté tierna. Eso toma tiempo, dependiendo de la edad del ave. Si se desea abreviar, se puede usar una olla de presión, pero no es lo mismo.

Poco antes de bajar el caldo del fuego, se le agrega un ramillete de "compuesto" criollo: perejil, cilantro, yerbabuena, cebollín y apio España. Se deja cocinando unos 10 o 15 minutos para que el caldo se perfume.

Se eliminan los vegetales y las hierbas. Se reservan las presas de gallina.  Se cuela el caldo a través de una muselina humedecida, lo que dará un caldo limpio y con poca grasa.

Para hacer la sopa, se limpia y corta el apio en dados el apio. Se desmenuza o corta en trozos no muy grandes la carne de la gallina.

En una olla limpia se pone el apio con suficiente caldo como para que lo cubra. Se lleva a un hervor y se cocina tapado hasta que ablande.

Cuando se ha ablandado, se saca el apio del caldo y se majamos con un tenedor, o con un pasaverduras. No me gusta usar licuadora en esto.

Se regresa el puré de apio al caldo y agregamos los trozos de gallina. Se cocina a fuego suave, destapado, hasta que espese. Es importante revolver de vez en cuando para que no se pegue al fondo de la olla y se arrebate.

Para servirlo, se decora con hierbas (perejil, cilantro y yerbabuena) picaditas, o bien un sofrito caraqueño (tomate, cebolla, ajo, ají dulce, perejil, cebollín, ketchup y salsa inglesa).


domingo, 13 de mayo de 2012

Nuestra Señora de El Real, patrona de los barineses

Nuestra Señora del Rosario de El Real
en su custodia.
Nos dice Tulio Chiossone en su Diccionario Toponímico de Venezuela (Monte Avila, Caracas, 1992): que las primeras  referencias  cartográficas de la población de El Real fue como parroquia del cantón de Obispos de la provincia de Barinas en 1832 y así lo fue hasta la división político territorial 1873 en que pasa a ser distrito del departamento Obispos del estado Zamora y, acotando a Virgilio Tosta García, agrega: "Nuestra Señora del Rosario de El Real fue uno de la primeros pueblos fundados por los frailes de la Orden de Predicadores en la jurisdicción de Barinas. Fue establecido  en tierras del hato de Santo Domingo de las Palmas, en el mismo lugar donde apareció, en la segunda mitad del siglo XVII, la llamada Virgen de El Real, que le dio nombre al pueblo." y también que los orígenes de El Real están vinculados a las misiones de capuchinos en los llanos de Venezuela. En 1956 el pueblo fue trasladado a donde hoy se encuentra.

El hato de Santo Domingo de las Palmas, cercano a Barinas y Obispos, fue fundado en 1680 por don Domingo Bragado y luego cambió su nombre por El Real en razón del culto a Nuestra Señora del Rosario del Real.

Según la tradición, los indios que formaban parte de la peonada del hato eran tributarios en el sostenimiento anual del culto a Santo Domingo de Guzmán, monto que era recolectado por una anciana de nombre Ana. Uno de los peones, de nombre Francisco pagó su contribución con dos reales sencillos, siendo una de las monedas una "bamba" (llamada así por tener en una de sus caras la efigie del rey visigodo Wamba, pronunciado Bamba). Ana guardó las dos monedas en una cesta o petaca que colgaba de una horqueta o troja de su rancho. A la hora de pagar el misionero dominico la misa para Santo Domingo encontró que la cesta estaba vacía y lo atribuyó  a un abuso de su marido o de su hijo, Juan Gonzalo, y por supuesto, les reclamó.



Representación oficial de
Nuestra Señora del Rosario de El Real
Diócesis de Barinas

Posteriormente abrió su petaquita y halló el dinero. Notó que la Bamba tenía más relieve y que la figura que observaba se parecía más a San Antonio de Padua que a un rey visigodo, opinión que compartieron el marido y el hijo. Con los días Wamba ya no se asemejaba a San Antonio sino que se parecía cada vez más a María Santísima sedente con el rostro vuelto hacia el Niño que está en su regazo, sobre un fondo de rayos de luz en forma de hojas. Los dominicos pronto la identificaron con Nuestra Señora del Rosario, pero el pueblo la designó como "de El Real". La relación del portento se debe al padre Felipe de Tovar, quien investigó el caso hacia 1710 y sitúa los hechos entre los años 1680 y 1690. Posteriormente, el Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Fray Francisco del Rincón, dejó constancia ante la Santa Sede de los méritos de la Santa Madre de El Real y de la obra cumplida por los misioneros dominicos.

El primer portento ocurrió en el mismo rancho de Ana, donde la aplicación de la moneda curó inmediatamente a un peón que sufría de una seria afección bronquial. La fama de Nuestra Señora de El Real se extendió hasta el Nuevo Reino de Granada, a cuya jurisdicción eclesiástica pertenecía la provincia de Barinas (junto con Táchira, Mérida y Maracaibo). Pero otro suceso importante que consagró su fama fue lo que sucedió con la orqueta del rancho de Ana, que era de curadito o araguaney.



Curadito, curariguo, curarire, pui, curarí, curaride, coralibe,
puyo, acapro, chacaradanga, echa humo, flor amarilla, entre otros
nombres identifican al ARAGUANEY, árbol emblemático de Venezuela
Foto Jardín Botánico de Maracaibo
El tronco de curadito, que no se reproduce por estacas sino por semillas, ya estaba descortezado por los años de uso y sin embargo, en poco tiempo reverdeció, cargó hojas y luego las flores de oro de la primavera criolla. La tradición dice que la orqueta creció frondosa en forma de cruz y numerosos pájaros anidaron en su extendida copa. Sus hojas tenían propiedades medicinales sea en infusión o cataplasmas como lo aplicó Fray Ignacio Ordóñez para curar sus piernas llagadas.

Hay una versión que dice que el Catire José Antonio Páez, Centauro de los Llanos, se contaba entre sus devotos y se encomendaba tanto a ella como a la Virgen del Carmen y a la ánimas benditas.

viernes, 11 de mayo de 2012

Feliz día, Madre

El poeta venezolano Manuel María Ramos nació en 1834. De él nos dice José María de Rojas (Biblioteca de Escritores Venezolanos Contemporáneos, 1875): "Desempeñó varios destinos de honor y de confianza y prestó sus servicios  á la República, como oficial valiente y pundonoroso; pero la muerte vino a sorprenderlo, en la flor de la vida, el año 1865, cuando se había dedicado al cultivo del campo y solo se ocupaba de este y de las letras. Dejó varios escritos, de los cuales publicamos ahora algunos."

De los textos de Manuel M. Ramos escogí uno dedicado a la madre como homenaje a todas las madres y en recuerdo de la mía, que se parece mucho a la que describe el poeta. Como de costumbre, he respetado la acentuación y ortografía del original.



Á MI MADRE

Oigo el alma delirar,
Siento el corazón latir,
Por el deleite de amar
Por la quien yo he de vivir
Y que nunca he de olvidar.


Tú que despues del Criador me diste
La dichosa existencia que respiro
Y en tu seno amoroso recogiste
Mi lloro de inocencia y mi suspiro;
Tú que loca de amor me bendijiste
En la dulce quietud de tu retiro
Y velando amorosa con empeño
Fuiste el ángel custodio de mi sueño;

Tú la que á mi primero revelaste
De nuestra religión ese divino
Misterio que ella encierra, y me mostraste
De nuestra vida el áspero camino:
Tú también cariñosa me esplicaste
Que la muerte era al fin nuestro destino,
Que del mundo mentida era la gloria
Y mentida era su historia.

Á ti debo cantar, á quien no alcanza
El título mas noble á ponderarte;
Á ti, fuente de amor, luz de esperanza,
Á quien nada tributo en adorarte;
Porque fuistes el iris de bonanza
Que la senda del bien me iluminaste;
Porque tu amor es único en la tierra
Y tu nombre de madre todo encierra.

Mas en vano del arpa de los cielos
He implorado su grata melodía;
Mas en vano he implorado en mis desvelos
Que algun eco del coro de María
Me lo traigan las auras, que sus vuelos
Por la clara region alzan del dia,
Para cantarte, autora de mi vida,
El amor que por tí mi pecho anida.

Pero ya que los cielos han negado
Lo que tanto ha pedido y lo que siente
Por tí mi corazon entusiasmado
Y mi alma apasionada, reverente,
Aun te puedo ofrecer lo que me es dado:
El eco de mi plectro que no miente,
El lenguaje purísimo del alma
Que no del corazon turba la calma.

Á ti la imágen fiel que me destina
El cielo de su Reina bendecida.
Tú eres el aura celestial divina
Que el árbol mece de mi pobre vida,
Y el sol que si la alumbra no declina
Nunca su luz en magia convertida,
La fuente inagotable de riqueza
Que me brinda placer y no tristeza.

Tú eres como la aurora que alimenta
Con las perlas nevadas de su llanto
De las flores el cáliz que se ostenta
Bajo la noche de enlutado manto;
La estrella de los mares que se asienta
En el azul que veneramos tanto;
El dulcísimo acento de María
Que aduerme el corazon y lo extasía.

Y eres el ser divino que asemeja
Ese poder del cielo soberano,
Que la virtud y la bondad refleja
De ese Dios liberal nunca tirano.
Tú eres el ser que del pesar aleja,
Interponiendo tu potente mano,
Al hijo reverente que te admira
Porque es tuya la vida que respira.



jueves, 10 de mayo de 2012

La Soledad, Emperatriz de Caracas


Iglesia y Convento de San Francisco en Caracas
Mediados del siglo XIX antes del cambio de fachada
La Iglesia de San Francisco en Caracas conserva muy bien su aspecto colonial. En ella se le confirió a Simón Bolívar el título de Libertador en 1813 y se le rindieron honras fúnebres en 1842. Si cualquier Capitán General o el Libertador resucitaran la reconocerían de inmediato, a excepción de la fachada y el piso, que ahora es de mármol. Este templo tuvo sus tesoros e importantes reliquias, entre ellas una de la Vera Cruz (que ya no existe). Las retablos están bien mantenidos y las imágenes también aunque algunas se han mudado de nicho. La Soledad, el Niño de Belén y San Onofre son las estrellas de ese cielo caraqueño. Hoy hablaremos de la Virgen de la Soledad, que es copia de la que se veneraba en el Convento de la Victoria en la Corte y Villa de Madrid.

Según la página de la Real Hermandad de Santa María de la Victoria, la imagen de la Soledad que existió en Madrid, sin ser la titular del convento, gozó de gran devoción entre los madrileños. Fue una donación de la reina Isabel de Valois, quien había encargado la imagen a Gaspar Becerra, y ella misma fundó la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y de las Angustias el 21 de mayo de 1567 (dos meses antes de fundarse Caracas). Sus hijos el príncipe Carlos y el infante Felipe, futuro rey de España, eran miembros de dicha hermandad, que celebró su primera procesión el 16 de abril del año siguiente. La cofradía se extinguió en 1653. A partir de entonces, la imagen salía en procesión con la Cofradía de los Siete Dolores, de Santo Tomás. Tras la desamortización del convento, la imagen es trasladada a la Colegiata de San Isidro, donde permanecerá hasta 1938, año en que fue incendiada la iglesia resultando destruída la imagen (en plena guerra civil española).

La Virgen de la Soledad
Venerada en la Iglesia de San Francisco
Caracas
La Soledad de Nuestra Señora, en Caracas, tiene una interesante historia. Que sea Fray Juan Antonio Navarrete, sabio franciscano venezolano de finales del siglo XVIII, quien nos cuente en su Arca de Letras y Teatro Universal los particulares de esta imagen:
El Señor Doctor Juan del Corro, y la Señora Doña Felipa de Ponte su legítima mujer, ambos de común acuerdo encargaron a un Capitán de Registro que marchaba para España, les hiciese copiar la imagen de Nuestra Señora de Soledad que se venera en el Convento de la Victoria de la Corte de Madrid. Dió cumplimiento al encargo el mencionado Capitán y acabada la imagen la encajonó junto con unas piezas de galón de oro y plata. En un contratiempo en el Mar, entre otros cajones que echaron al agua para quitarle al barco la carga que la hacía peligrar, echaron, por inadvertencia, la de dicha Imagen. Vino este cajón por disposición divina en el mismo día y hora a parar a las playas del mar frente a Naiguatá, hallándose a la sazón allí en su hacienda el dicho Don Juan del Corro.
Aparecióse allí el cajón en aquellas playas el mismo día y hora en que fue echado al mar. Los Criados de dicho caballero luego que vieron aquel cajón en la playa, avisaron a su amo que lo llevó a su casa: la vistió y con gran silencio se partió para el Puerto de la Guaira a recibir al Capitán a quien después de haber cortejado  luego que llegó se lo trajo a Naiguatá a su hacienda sin decirle, ni manifestarle cosa alguna. Vino el Capitán y trabando allí la conversación sobre la pérdida del cajón en el mar, le dijo Don Juan que él había conseguido una y con gran disimulo sin manifestarle de donde era, se la descubrió para que la viera. Mas luego que la vió el Capitán, dijo que si no estuviera tan cierto de haber arrojado al mar la que él traía, dijera que era la misma según en todo se parecía. Aún Don Juan no acababa de manifestarle el caso y tomándolo por la mano, lo llevó al aposento donde estaban las piezas de galón a cuya vista conociendo el Capitán ser las mismas que él había encajonado con la Imagen, le hizo confesar a Don Juan la verdad; y refiriéndole éste todo el suceso, alabaron uno y otro, las admirables Disposiciones y portentos de la Divina Providencia de Dios y de su Madre Santísima.
El año 1654, día 7 de marzo otorgó Don Juan la escritura con su mujer de común acuerdo, en donde hacían la entrega al Convento de dicha Imagen, reservando el dominio para sí. Todo consta en el (Libro) Becerro de este convento de Caracas al folio 67, donde también se vé esta serie de condiciones que pusieron los dichos Don Juan y Doña Felipa del tenor siguiente:
  1. Que la Imagen fuese siempre suya y de sus herederos y la Capilla para sus entierros.
  2. Que dicha Imagen tenga siempre tres velos.
  3. Que no se pueda descubrir sin 4 velas por lo menos y sin que esté presente la mayor parte de la comunidad y un Sacerdote revestido. Nuestro Padre Provincial Torre lo mandó observar.
  4. Que siempre que se haya de poner a la Imagen alguna prenda, sea por el Prelado del Convento con asistencia de sus Patronos y 4 Religiosos con velas encendidas, sin que se consienta otra persona allí, ni secular ni religiosa.
  5. Que nunca salga la Imagen de su altar, si no pedida por alguno de los Cabildos por grave necesidad: y que entonces sea con escritura pública de volverla a su altar y que entonces sea llevada por toda la comunidad con 24 hachas encendidas.
  6. Que el Viernes Santo se lleve por toda la comunidad a la Catedral y que su vuelta sea el Sábado Santo al amanecer con ocho Religiosos solamente.
 Ya las condiciones impuestas por la familia Del Corro no se pueden cumplir: la familia ya no existe y las órdenes religiosas masculinas fueron extinguidas en 1824. Todos los años, el Viernes Santo, sale en procesión acompañando al Santo Sepulcro en su urna de plata y carey que fue de las monjas concepciones. Se mantiene la Cofradía y la devoción del caraqueño por la Soledad se mantiene como en el pasado. El 24 de abril de 1988 el Cardenal José Alí Lebrún Moratinos, Arzobispo de Caracas la coronó como Emperatriz de Caracas.


El padre Navarrete es todo un personaje de su época; volveremos a él.