viernes, 8 de junio de 2012

Un almuerzo maracucho


Casas en el centro de Maracaibo
En los años 60 fue demolida la zona y se preservó
muy poco. Una verdadera lástima
Existe un prejuicio en Venezuela con respecto a la cocina marabina, o maracaibera. La gente la asocia con excesos de grasa y mucha mayonesa. Por ejemplo, una vez le comenté a un ciberamigo sobre la macarronada marabina y me dijo: “Ah, eso debe tener mucha mayonesa”. Le mandé la receta, profusamente ilustrada y repuse: “Al contrario, todos los ingredientes son frescos y se mantienen unidos con mucho queso de año de buena calidad”.  Lo que sucede es que el "patacón" y el "tumbarrancho" es lo que prueban los turistas caraqueños –si acaso va alguno- al llegar a Maracaibo.  Eso sería equivalente a juzgar la gastronomía tradicional caraqueña por los choripanes y perros calientes de la Plaza Venezuela.

Vista noctuna del Puente sobre el Lago de Maracaibo,
General Rafael Urdaneta
El espíritu de la cocina zuliana viene dado por el respeto y el trato que dan las amas de casa a los óptimos ingredientes du terroir; carnes de Santa Bárbara, plátanos del sur del Lago, cocos de sus riberas, ganados caprinos y ovinos de la Goajira, o frutas típicas de la región como los hicacos o el limonzón, se unen a las recetas pasadas de generación en generación. Es una cocina doméstica, de carácter sobrio y preciso, las más de las veces pesado para el clima. Un elemento que ha ido desapareciendo de las cocinas zulianas es la carne de cacería. Hasta muy entrado el siglo XX se podían conseguir en el mercado ristras de palomitas, venado, báquiro y hasta conejo silvestre. Recuerdo haber comido en casa Arroz con palomitas, que había que comer con cuidado para no partirse un diente con un perdigón.

Mi familia llegó a Caracas en 1944 y, por supuesto, comíamos zuliano; poco a poco el repertorio se fue enriqueciendo con recetas caraqueñas y de otras regiones del país. Sin embargo, en la mesa diaria nunca faltaba el plátano horneado, en vez de pan, a la hora de almuerzo, que junto con el arroz o alguna ensalada de vegetales cocidos eran la guarnición básica. Al plátano se le puede hornear en cualquiera de sus tres estados de madurez: si está casi negro, en su piel, a la que se le habrán hecho algunas incisiones; pintón, sin piel, untado de aceite para que no se pegue a la parrilla del horno, o verde, horneado sin piel y untado de aceite, pero hay que comerlo a toda velocidad y con bastante mantequilla, pues cuando se enfría se transmuta en piedra.


Entre las ensaladas, la más emblemática es la Ensalada de ruedas. Acompaña platos como la macarronada, las carnes y pescados en coco y hasta el lomo negro.  No es un invento maracaibero, sino que es herencia directa de la cocina española. En algún recetario la he visto bajo el nombre de Ensalada andina.

Ensalada de ruedas

ENSALADA DE RUEDAS O PIRAGÜERA

Su preparación es fácil: ruedas de papa, remolacha, cebolla roja (cruda), zanahoria y huevos cocidos. Se arreglan en ese orden en la bandeja de servir y se le agrega una vinagreta clásica, o un aderezo con mayonesa. Mi truco es ir aderezando, por separado, los vegetales en ruedas mientras están calientes, así absorben mejor los sabores. Prefiero la vinagreta.


Conejo en coco, con arroz y tostones

CONEJO EN COCO

Son muchos los platos zulianos que se guisan en leche de coco. Recuerdo que mi tía preparaba de esta manera el chivo salpreso que compraba en la carretera Falcón-Zulia. El conejo en coco es también un plato emblemático del Zulia. Originalmente se hacía con conejo de monte, pero el conejo de granja puede dar un buen resultado.

Preparación:
  1. Tomamos un conejo beneficiado y los despresamos: quedarán una rabadilla, 2 perniles y 2 cuartos delanteros. Se desechan la cabeza, cola y patas.
  2. Se lavan bien las presas con vinagre y limón. Se enjuagan en agua abundante y se adoban con cebolla, ají dulce, ajo, orégano, sal y pimienta al gusto. Una cebolla grande basta para un conejo. Mitad de ella se puede rallar. Se le agrega un chorrito de aceite, se revuelve bien y se deja reposar por al menos 1/2 hora.
  3. Se sacan las presas de la marinada y se sofríen en aceite caliente (unas 4 cucharadas) hasta que empiecen a dorar. Debe evitarse sobrecargar la olla, para que tomen color.
  4. En la misma olla, se vierte la marinada y se desglasa el fondo con la ayuda de una espátula de madera.
  5. Cuando se ha secado, se le adiciona un pimentón picado en tiras. Se continúa sofriendo para que marchite. Se regresan las presas a la olla con todos sus jugos. Se revuelve bien.
  6. Se agrega leche de coco, que lo cubra. Se lleva a un hervor. A partir de este momento no se revuelve. Se tapa y se cocina a fuego suave para que las presas ablanden sin secarse.
  7. Luego se destapa y se hace reducir la salsa. Para evitar que se arrebate, nos podemos ayudar con una espátula de madera, moviendo las presas, sin revolver. Se corrige la sazón.

Se sirve. El acompañamiento clásico es plátano horneado, arroz blanco y ensalada de ruedas.

Quesillo marabino


QUESILLO MARACAIBERO


Este quesillo tiene como característica la incorporación de queso de año y bizcochos a la mezcla. Se ha preparado utilizando la receta de Rosita Regalado en su libro Delicias Zulianas.


Ingredientes:
  • 7 huevos grandes
  • 1 lata de leche condensada
  • 1 taza de bizcocho semidulce rallado o panelitas de San Joaquín
  • 1 taza de queso blanco de año –que no sea salobre- o cualquier otro queso madurado, como el llanero.
  • 1/2 taza de leche
  • 1/2 taza de azúcar
  • 1 cucharada de esencia de vainilla
  • 1 copita de brandy o ron añejo
  • 1 cucharadita de ralladura e limón.


Preparación:

  1. En una quesillera mediana, cocine el azúcar hasta obtener un caramelo de color de miel. Debe evitarse que se queme para que no amargue.
  2. Se rallan las panelitas de San Joaquín. Mejor si se consiguen los bizcochos maracuchos.
  3. En la batidora se baten los huevos con la leche. Luego se le agrega la leche condensada y se sigue batiendo. Seguimos con las panelitas ralladas y el queso. Se continúa batiendo a alta velocidad para que se incorpore bien. Como toque final se le adiciona la ralladura de limón, la vainilla y el licor. Se bate de nuevo hasta que homogeneíce.
  4. Se vierte la mezcla en la quesillera acaramelada.
  5. Se tapa y se cocina al baño de maría por 1 hora y 30 minutos. Mi abuela lo hacía en una lata de galletas y le ponía una piedra encima para que no flotara.
  6. Una vez que está cocido, se deja enfriar antes de desmoldarlo.


El sabor es acitronado, con un toque de queso y el fondo es un poco pastoso y agradable a la vez.

Atlantes de la Botica Nueva
Plaza Baralt de Maracaibo

NOTAS (para quienes no son venezolanos)

1) El gentilicio del natural de Maracaibo es marabino o maracaibero. Maracucho es un término despectivo que con el tiempo se asimiló al habla general y perdió su carácter negativo.

2) Los plátanos no son las bananas que, maduras, se comen como fruta, sino el que requiere cocción.

3) El ají dulce, que en Maracaibo se le llama "misterioso", es difícil de conseguir fuera de Venezuela. Misterioso es porque huele a ají picante, pero no pica sino que perfuma.

4) Quesillo es el término venezolano para flan. No es un queso. Una quesillera es una flanera.

5) Las panelitas de San Joaquín y los bizcochos, imposibles de conseguir fuera de Venezuela, pueden ser sustituidos por algún pan semidulce tostado y rallado. No es lo mismo, pero sirve. Tal vez se pueda remplazar por bizcochuelo desmigajado.

6) El queso de año es un queso blanco, madurado y seco, típico de la región zuliana. Hay de dos tipos: concha negra y concha roja, siendo el mejor el de la piel negra. Conviene degustarlo antes de comprarlo porque puede ser salobre. Para la preparación del flan se preferirá uno que no sea muy salado. Cualquier queso blanco madurado puede remplazarlo.

 


La caspa del diablo

Cocaína (Manual de usuario)
Carátula
Esta semana fui a visitar una de mis librerías favoritas. Habían recibido un cargamento de libros, cuyos títulos deseaba curiosear y tal vez adquirir alguno. Esa librería no es una venta de libros, sino una que tiene librero versado en el oficio, que se ocupa del cliente y llega a conocerlo. Siempre es grato visitarlo y conversar con él, y con algún otro bibliófilo de los que frecuentan el local. Si la lectura es adictiva, el librero es el "jíbaro", siempre le digo. Pero divago; me gustan las librerías que tengan Libreros (sí, con mayúsculas) y no vendedores de libros, que bien podrían vender, con la misma eficiencia, otra cosa como empanadas, zapatos o ropa interior femenina.

De mi excursión, salí con un buen cargamento de material de lectura, con títulos muy variados. Entre ellos se encuentra Cocaína (Manual de usuario) por Julián Herbert (Random House Mondadori, Barcelona, 2009), que le valió a su autor el V Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola.

Es un libro bien escrito y que, a pesar del tema, apasiona. Lo integran una serie de relatos tensos, casi vehementes, en los que el lector se siente inmerso en el submundo y la tragedia de la droga. Lamentablemente, lo que nos narra Julián Herbert no es simple fantasía del autor; tal vez hasta quedó corto. Se preguntarán por qué se ha de escribir o leer sobre un tema tan sórdido. Pues bien, es un hecho real y el escritor vive y participa en la sociedad, sin poder aislarse en una burbuja de cristal. Ese fue el tema de conversación con el taxista que me llevó de vuelta a casa (un joven muy leído que no gasta un centavo en libros porque se los regalan... ¡Qué suerte!). Divago de nuevo: leí el libro de Herbert de punta a punta, de una sola sentada. Me gustó, está bien escrito y me dejó el alma desolada al saber que eso, y más, pasa  en el mundo de psicotrópicos. Creo que el autor, por lo menos en mi caso, logró su cometido. Lo recomiendo, pero para gente poco impresionable.

Para leer una entrevista con el autor, ingresar por aquí.


Julián Herbert
Autor
Julián Herbert (Acapulco, Guerrero. 1971) es saltillense por elección personal. Ha publicado los libros de poemas El nombre de esta casa (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1999), La resistencia (filodecaballos, 2003), Autorretrato a los 27 (Eloía Cartonera, Buenos Aires Argentina, 2003) y Kubla Khan (Era, 2005), además de la novela Un mundo infiel (Joaquín Mortiz, 2004). Preparó, junto con Rocío Cerón y León Plascencia Ñol, el volumen El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente, 1965-1979 (Filodecaballos, 2005). Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2003 en la rama de poesía. Es vocalista del grupo de rock Madrastras. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

miércoles, 6 de junio de 2012

Una devoción se desvanece

Retablo del siglo XVIII con la imagen
de Nuestra Señora del Sagrado Corazón
Entre las advocaciones marianas que menciona el P. Pedro Pablo Barnola SJ, como veneradas en Caracas, está la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón que se encuentra en la Catedral metropolitana. Me sorprendí al leerlo porque nunca imaginé que esa imagen que me era tan familiar fuera objeto de devoción ferviente de los caraqueños. Muchas veces he pasado por Catedral y conozco muy bien dónde se encuentra. Lo que no veo es fieles orando, llevando flores a María, o encendiendo velas. ¡NADA!

La referencia que nos da Alfredo Armas Alfonzo es muy escueta:
El culto de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús en Venezuela se le debe al Pbro. Jesús María Hurtado, nacido y ordenado en Barquisimeto, trasladado a Caracas en tiempo del Arzobispo Críspulo Uzcátegui, quien le asignó el Curato del Sagrario, esto es la Parroquia de la Catedral. La primera imagen del Sagrado Corazón la trajo él de España, en 1896. Durante algún tiempo, la misa que se le rezaba los primeros jueves de cada mes, se aplicaba a las intenciones del hermano de la señorita Elisa Rodríguez España, sobrina en tercer grado del gran patricio D. José María España.
Nuestra Señora del Sagrado Corazón
Imagen tradicional
No nos dicen más Barnola, ni Armas. Cuando fui el domingo a misa en Catedral, la busqué. Está en un retablo rococó del siglo XVIII de madera de cedro dorado a la hojilla, en la capilla dedicada a San Pedro Apóstol, que corresponde a la Parroquia del Sagrario. Perteneció a la Cofradía de San José y las Ánimas Benditas, obra de Pedro Gutiérrez (1777), modificado. Albergó en sus mejores tiempos la imagen de San José con el Niño, obra de Juan Pedro López, abuelo de Andrés Bello. Está tras las rejas, protegida del polvo con un vidrio que, con el reflejo de las luces eléctricas, impide ver la imagen. Tampoco los fieles se pueden acercar; no hay flores, ni velas, ni muestra alguna de devoción. Para empeorar las cosas, un vulgar letrero de plástico azul con letras blancas, a los pies de la imagen, la identifica.

¿A qué se deberá esta decadencia? ¿Será porque es un culto importado? No. La imagen de Lourdes, en Maiquetía, traída de Francia en la misma época, mantiene un culto fervoroso e ininterrumpido, con una concurrida procesión-peregrinaje anual el 11 de febrero. ¿Será que ya los caraqueños no creen en la Virgen? Tampoco. La Soledad y Nuestra Señora de las Mercedes, mantienen fiestas concurridas y sus imágenes siempre tienen fieles en oración. Hay nuevas devociones marianas que han llegado a Venezuela en el último siglo, como por ejemplo María Auxiliadora, Fátima o Rosa Mística, que reciben muestras frecuentes de fervor popular. Como en otros aspectos, las costumbres y preferencias cambian.


A propósito de un cuadro

Toussaint L'ouverture a Fort Joux
Obra de Philippe Claude
Tomado de http://www.potomitan.info/ayiti/drapeau_octavien.php
Buscando en la red alguna obra pictórica para ilustrar un poema, me encontré con esta pintura naïf haitiana que representa al gran Toussaint L'ouverture preso en Fort Joux, Juras, por órdenes de Napoleón. La historia clásica haitiana dice que el Precursor "fue traicionado por sus hermanos". Estando en Haití compré la Histoire de l'Art Haïtien, de Thomas Madiou (creo que eran tres tomos) en el que mencionaban a un cuadro, ya desaparecido, en el cual estaba Toussaint en un calabozo similar al de Miranda en la Carraca, de Arturo Michelena. Especulaba Madiou que tal vez ambos pintores compartieron estudio y modelo para la obra. Por supuesto, este cuadro ingenuo no es la pintura citada por el historiador, pero su autor se basó, evidentemente en el cuadro de Michelena y se "fusiló" el calabozo, la cama, la banqueta y hasta la argolla en la pared...
Conocemos que el modelo para Miranda en la Carraca fue Eduardo Blanco, autor de Venezuela Heroica, pero no tenemos el cuadro haitiano, víctima tal vez de la convulsionada historia política de ese país, ni siquiera el nombre del artista. Lamento la pérdida del libro de Madiou, víctima también de las turbulencias de Puerto Príncipe y la torpeza de algún funcionario.
Miranda en la Carraca
Obra de Arturo Michelena
Colección Galería de Arte Nacional, Caracas
En memoria de ambos Precursores de la libertad americana, transcribo un poema de un autor de la escuela simbolista haitiana: H. Dorsinville, de quien ya publicamos un soneto a los mangos:

LA MORT DE TOUSSAINT

Près du cachot de Joux, un faible groupement.
Foule anxieuse et vive. On se parle à voix basse
On chuchote une certaine nouvelle. On passe.
Qu’a-t-il ? Dites, quel étrange événement

S’accomplit en l’heure âpre et pâle qui s’efface ?
Est-ce un doux Chérubin obsesseur et charmant,
Est-ce un grand personnage au geste plein et audace
Que vite on incarcère en l’infect bâtiment ?

Leçon bien dure, bien amère et peu banale.
Il faut interroger le maussade gardien.
Et lui de répliquer de façon machinale :

Bah !... Un vieux nègre mort de froid blême et de faim !
« Le dur climat vainquit sa robuste nature.
Son nom ? un problème, un symbole : L’OUVERTURE! »





martes, 5 de junio de 2012

Juana María



GALERÓN DE LA NEGRA JUANA MARÍA


La negra Juana María,
pimpollo de tentación,
señera como la palma,
caliente como el fogón,
camino de los cantares
se va por mi corazón.
Tallada la piel reluce,
oliendo a puro melón,
a soga sin estrenarse,
a mango medio pintón,
a palo recién floriao,
a lluvia sobre terrón,
a hierba que se remoza
y a vino de garrafón.
El ritmo viene con ella,
con ella va la canción,
los ojos relampagueando
ceniza, llama y carbón;
los mimos de caña dulce,
el cutis de papelón;
la lengua conversadora,
sonrisa como algodón,
y lunas del mismo río
los senos en eclosión,
alegres como perdices,
maracas del llano son,
saltando porque no llevan
sostenes con almidón...

Cintura de cuatro nuevo
sonando de son a son,
al pie del arpa sacude
la canta y el camisón;
anima el contrapunteo,
apura el trago de ron,
y todo el patio llanero
le suena bajo el talón,
igual a como se escucha
la pólvora en el cañón,
el látigo sobre el cuero,
el cedro en el ventarrón
y el dale-que-dale a pulso
la mano sobre el pilón.

La negra Juana María,
remanso y ensoñación,
dulcita como el guarapo,
tan agria como el limón,
va de joropo en joropo
va de peón en peón;
chaparro cuando ventea,
pisa el caballo andón,
desprecia los amoríos,
no pide ni da razón;
y cuando pasa bailando,
ceñida en el galerón,
su risa y el zapateo
me dan en el corazón.



Ernesto Luis Rodríguez
Autor
Ernesto Luís Rodríguez (1916-1999), nación en Zaraza, estado Guárico, y murió en Caracas, luego de una larga vida dedicada a la poesía y el periodismo. En la poesía de Ernesto Luis Rodríguez, los aspectos bucólicos se conjugan con los aspectos propios del modernismo, imprimiéndole a su obra características únicas; pocas veces vista en la poesía nativista venezolana. Su poesía influenció a nuevas generaciones de escritores de vanguardia.

Texto del Galerón tomado de Repertorio poético de Luis Edgardo Ramírez (Panapo, Caracas, 2006)