viernes, 21 de septiembre de 2012

Granjerías criollas

Granjerías criollas, en extinción

Ayer en la mañana, para pasar el tiempo, me di un paseo por el centro de Caracas. Ya de regreso de visitar la Iglesia de las Mercedes, la Catedral y el Museo Sacro, al pasar por la esquina de las Madrices me encontré con un carrito de granjerías criollas. Esta compra estaba pendiente desde hace varias semanas. Comparé la oferta con lo que se conseguía cuando yo era muchacho y me entró la nostalgia; faltaban ciertos dulces que antes eran frecuentes y eran la delicia de los muchachos de antaño. Extrañé la ausencia del pandehorno (aquí) y le pregunté al dulcero. Me dijo: "Esos ya no salen".

Recordé entonces a Carmen Clemente Travieso y un artículo que escribió en los años 50 sobre este tema. Para entonces ya habían comenzado a  ser sustituidos por chicles, galletas, chocolates y caramelos importados. Veamos qué nos dice doña Carmen:
Coquito y tres tipos de cocadas
Podría escribirse todo un tomo hablando de los dulces venezolanos y de las honorables familias que llevan los más altos trofeos en ese arte de aderezar un buen majarete o unas delicadas quesadillas, a unos golfiados suaves, o unos suspiros al temple... Porque todo el mundo no podría hacerse estos dulces. Era necesario ser artista para batir aquella melcocha y para dejar el rúcano en su temple; para levantar los piñonates o los mostachones y para envolver en caramelo los famosos coquitos que han pasado a la posteridad como algo delicioso.
Era esta una tradición que se conservó hasta hace pocos años en Caracas. Y más atrás aún, nuestros cronistas nos hablan de aquellas mujeres de paño y fustán almidonado que se sentaban en los alrededores del mercado de San Jacinto o a las puertas de los colegios y conventos con sus azafates de dulces cubiertos con su manto de tarlatán y con su farolillo de papel y vela de cebo cuando por las noches llevaban sus granjerías hasta la puerta del Teatro del Maderero.
Conservitas de batata, plátano, guayaba,
leche y piña, y leche y coco
Allí nos hablan de los melindres, de los besitos y cocadas, de las polvorosas, de "mírame y no me toques", de las quesadillas de granos de ajonjolí, de los merengues y suspiros, de los gofios y alfajores, de las nuecesitas polvoreadas de canela; de los trocitos de alcorza y de alfeñiques; de los meloncitos azucarados, de los bocadillos andinos, de las calabacitas acarameladas; de las melcochas y rúcanos, de los pandehornos... Y también de las pelotas de masa y los tequiches; del manjar blanco y el arroz con coco que gustaban tanto, no solamente a los niños, sino a los atildados estudiantes universitarios de comienzos de siglo.
Pero todo fue desapareciendo poco a poco. Apenas si se mira por los lados del mercado de San Jacinto una venta de jaleas y conservas de leche, bocadillos y conservas en pote hechas por algunas familias que guardan la tradición.
Si así era cuando aún existía el mercado de San Jacinto, sólo hay que imaginarse cómo será 60 años después. Antes de tener uso de razón, iba con mi madre a comprar dulces de frutas en almíbar que hacían unas señoritas de apellido Ernst (y nosotros que pronunciábamos érnest); era una experiencia inolvidable ver los frascos de duraznos, higos, lechosa, alineados sobre una mesa en la casa de esas amables damas. Entonces abundaban los carritos llenos de golosinas, con un repertorio menos amplio que el mencionado por Carmen Clemente, pero mucho más generoso y sabroso que lo que se consigue hoy.


Templón. Se elabora con la gelatina de la pata de res
Existen recetas (casi todas imprecisas) que permiten hacer estas delicias criollas en casa, pero para que valga la pena el esfuerzo no sólo se requiere experiencia y paciencia, sino también deben ser preparados en cantidad. También conspira contra ellos la falta de ciertos insumos tradicionales que han desaparecido del mercado. Así mismo, el encarecimiento del costo de vida y la carestía han incrementado el precio de estas golosinas artesanales.

Poco a poco iré dando algunas de estas recetas para probarlas en casa. Hoy daré dos muy completas y precisas, tomadas de Mi cocina a la manera de Caracas, de Armando Scannone:

PAPITAS DE LECHE
(40 a 45 unidades)
8 tazas de leche
1/2 Kg de azúcar
canela en polvo
clavos de especia
En uno olla pesada y grande para evitar que se derrame al hervir, se ponen la leche y el azúcar. Se lleva a un hervor y se cocina a fuego fuerte se cocina, revolviendo de vez en cuando con una cuchara de madera, por unos 30 minutos o hasta que la leche comienza a subir apreciablemente, que es cuando comienza a espesar. En ese momento se comienza a batir vigorosamente en forma circular y cuidando que no se pegue, se continúa cocinando hasta que adquiera una consistencia espesa y se despegue completamente del fondo y paredes de la olla, unos 10 minutos.
Se retira del fuego y se continúa batiendo por unos 8 a 10 minutos para que seque y azucare un poco.
Tan pronto se pueda trabajar con las manos y sin perder tiempo, se van tomando poquitos de esa masa y con las manos ligeramente enharinadas para que no se pegue, se van haciendo bolitas un poco achatadas que se pasan por la canela molida para colorearlas y se depositan luego en una bandeja, cada bolita se clava con un clavo de especia y se deja enfriar: las papitas deben quedar secas en su interior. Si quedan húmedas es porque no se ha batido suficientemente. Si quedan demasiado azucaradas es porque se ha batido demasiado.

Papita de leche y almidoncitos

ALMIDONCITOS
(25 a 30 unidades)
150 gr. de papelón rallado
270 gr. de almidón de maíz, para cocinar
1/2 cucharadita de canela molida
1/4 de cucharadita de clavo de especia molido
1/4 de cucharadita de anís molido
2 cucharadas de manteca de cochino, fría (que esté blanca y limpia)
6 cucharadas de agua
Nota: En caso de usar almidón de yuca, para la cocina, modifíquense las cantidades así: 165 gramos de papelón rallado; 300 gramos de almidón; 1/2 cucharadita de canela molida; 1/4 de cucharadita de clavo de especia molido; 1/4 de cucharadita de anís  molido; 2 1/2 cucharadas de manteca de cochino, fría; 4 a 5 cucharadas de agua.
Precaliéntese el horno a 350°F.
En un envase se ponen el papelón, el almidón, la canela, el clavo y el anís. se mezclan bien. se agrega la manteca y se mezcla bien. Por último se agrega el agua y se amasa muy bien hasta tener una masa compacta, consistente y bastante dura. Si es necesario, se puede agregar un poquito de almidón o de agua según el caso.
Con pequeñas porciones de la masa se hacen cordoncitos de unos 2 centímetros de diámetro. Con un cuchillo se parten diagonalmente pedazos de unos 5 centímetros de largo. A cada pedazo, se le hacen 2 o 3 cortes superficiales o hendiduras y se ponen en una bandeja de metal para hornear, separados 2 a 3 centímetros.
Se mete la bandeja al horno colocándola en el cuarto tramo de abajo a arriba, unos 22 centímetros del fondo, y se hornean por unos 20 minutos o hasta dorar.
Se saca la bandeja del horno. Con una espátula se despegan inmediatamente os almidoncitos de la bandeja y se ponen a enfriar sobre un papel absorbente.
NOTA:
Los almidoncitos quedan mejor su se hacen con almidón de yuca que con almidón de maíz o maicena. El resultado, en cuanto a consistencia y sabor, es el tradicional. Bien vale la pena hacer el esfuerzo de buscarlo.

Para las recetas de coquitos y conservas de coco, entrar por aquí.
Para la preparación del templón o gelatina de pata de res, entrar por aquí.

8 comentarios:

  1. Este artículo me encanta; me despertó recuerdos de la infancia! Los bocaditos de guayaba y los de plátano eran mis preferidos! Recuerdo haber hecho las papitas de leche y los coquitos bañados de caramelo cuando vivíamos en Los Chaguaramos...
    Había pensado hacer dulcitos para regalar a la familia esta navidad y creo que probaré la receta de las papitas de leche!
    Nuevamente... muchas gracias por estas publicaciones, que son verdaderos regalos para mí!
    Besos,
    Marga

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    1. Tan bella, prima. Pensé en tí mientras lo escribía. También me dan ganas de hacer alguna de estas granjerías. Seguiré poniendo recetas a ver si las haces por allá. Un besote.

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  2. De solo pensar en todos esos dulces se me hace agua a la boca, conoci algunos a manos de mi madre quien los preparaba para mi papa pues el es muy dulcero. Y yo aprendi a hacer los besitos de coco basandome en su descripcion, como el los veia preparar en el pueblo de Barlovento. Mi mama siempre recordaba a los aliados y me decia, es que desde hace mucho que no como uno autentico, el realizado con el tuetano de las patas de las vacas, y que yo por suerte probe una vez, pero eso ya es muy dificil de conseguir, al menos en Caracas... los bocadillos por suerte se siguen viendo, los almidoncitos aun existen pero realizados con almidon de maiz y no de yuca como se hacian antes. Hace algun tiempo sali de Venezuela, y recuerdo que cuando estaba alla ya era dificil el conseguir un buen dulcito de leche...y si es lamentable que hasta los ingredientes hoy dia sean dificiles de conseguir. Por suerte cada vez hay mas gente interesada en rescatar lo nuestro, y lo escrito ayudara a que no se pierda. Un cordial saludo desde La Casita de Maribri!

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    1. Así es. Tan sabrosos que son estas delicias criollas cuando están bien hechas. No soy dulcero, pero aprecio este tipo de confecciones. La decepción fue grande con la compra de las granjerías: Los almidoncitos no eran de almidón de yuca, sino de maicena y eran muy difíciles de comer; Las papitas estaban azucaradas en exceso, y los aliados sabían a sancocho de pata de res (menos mal que compré solo uno), los bocadillos salvaron la jornada. No hay otro remedio que rescatar en la medida de las posibilidades domésticas y de la desaparición de productos tradicionales del mercado venezolano. Un abrazo.

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  3. Hola, si no tengo clavo , ¿qué le puedo poner a las papitas de leche como sustituto?
    Muchas gracias por tu artículo, ¡me gustó mucho!
    :D

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    1. El clavo es adorno aromático. Tal vez una polvadita de canela le dé un toque diferente. :)

      Gracias por leer y comentar. Éxito con las papitas.

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    2. Tal vez cacao en polvo también te sirva.

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