martes, 5 de marzo de 2013

Canaima

Kanaima, por Mario Alberto Lopes
Los colores son míos.

Cuando narramos dos leyendas diferentes sobre el origen de los caribes, quedó pendiente comentar sobre Kanaima o Canaima. La imagen que encabeza este artículo impresionó a nuestra amiga mexicana Mayra Xquenda, quien me pidió que escribiera algo sobre ella. En el desorden que impera en mi biblioteca desapareció, hasta hoy, el libro Kuai-Mare, Mitos aborígenes de Venezuela (Monte Ávila Editores, Caracas, 1993), de la antropóloga María Manuela de Cora. El libro es un tesoro de mitos y leyendas de las diversas etnias que poblaron, y pueblan, el territorio de Venezuela: guaraunos, tamanacos, chaimas, timotes, yaruros, caribes, guajiros. Hay para todos los gustos. De allí tomamos hoy la leyenda caribe de Kanaima o Canaima.

El gigantesco Roraima, como la proa de un barco que navega entre nubes
Tomada de www.discover-ourworld.wordpress.com
¿Quién es Kanaima?
Por toda la geografía de la tierra venezolana, extendidos desde Coquivacoa al Río Negro, entre el mar Caribe y la sierra Pacaraima, los espíritus de la fiebre, de las convulsiones y del dolor de cabeza, los que llegan con el agua de los inviernos o la sequía de los veranos, son invocados con sonoros lenguajes primarios con nombres diversos; son conjurados y temidos; se los exorciza y se los ve salir entre la espuma del Orinoco o reír con espantable risa que suena como los truenos por detrás del Auyan-tepui o del gigantesco Roraima.
Pero independiente de todos ellos, como una gran nube oscura, está Kanaima, el espíritu de la venganza, que no es la fiebre, pero que puede ocasionarla; que no es el dolor, pero que puede provocarlo; que es para los indios, en la montaña, en el llano o en el río, en cada tribu y según el momento, siempre distinto, aterrador y difuso, algo que amenaza a todas las gentes y a cada individuo, pues una tribu entera o cualquiera de sus miembros debe pagar la deuda de sangre contraída por sus antepasados.
Mapa de la distribución de los grupos indígenas de Venezuela
Kanaima se distorsiona, se agranda o se empequeñece, se limita a un árbol o a una piedra o se extiende a representar al espíritu ofendido de toda una raza vencida hace innumerables lunas, cuyos muertos, tendidos bajo el fango, piden venganza sobre los descendientes de sus matadores.
Y allá en lo más profundo de la selva, donde aún no ha llegado nadie, aislados seres que provienen de las razas derrotadas, acechan el momento del desquite, envidiosos de los conucos y de las flechas de los arekunas, de los kamarakotos, de los taurepanes, de los mariquitares, de todas las gentes de sangre caribe...
Por eso, cuando los indios se internan en la selva o se extravían por alguna trocha, cuando la oscuridad se va cerrando sobre el ramaje y los árboles parecen fantasmas del bosque, Kanaima está esperando oculto tras un tronco y coloca al paso del hombre perdido los bejucos enredados que lo hacen tropezar y caer.
Ya en el suelo siente el indio cómo Kanaima le golpea todo el cuerpo y le infunde luego su mágico soplido en la cabeza y en los pies para que se enferme, dejándolo aletargado y moribundo.
El que ha visto a Kanaima y ha escuchado su grito de sové, sové, va luego a morir a su chinchorro sin decir a su familia ni a las gentes de su tribu por quién ha sido atacado. Sólo cuenta que sufrió la acometida de un tigre en la selva, pues si dijese la verdad, la venganza de Kanaima podría ser aún más terrible.
¡Uuups! a este lo agarró Kanaima.
Este Kanaima, vengador de las tribus vencidas,  se transforma a veces en zorra, en tigre, en venado o en cualquier otro animal, en virtud de las plantas mágicas mu rán, y después va a matar a su víctima, enloquece y vaga por el bosque durante algún tiempo, como una especie de monstruo separado de las gentes y de las bestias.
En su locura, el animal Kanaima sigue el rastro del muerto y lo busca bajo las piedras, entre los viejos troncos, pues cree que el cadáver es su camasa de kachirí. 
Por eso, muchas veces las sepulturas de los indios son rondadas por las zorras y los tigres o por el espantoso aouineripué, de enormes ojos brillantes, que escarba con una varita los sepulcros y bebe el líquido de la muerte como si fuera el jugo fermentado del maíz.
Mientras tecleaba esta leyenda, recordé a un buen amigo que, en ruta entre Santa Elena de Uairén y El Dorado, mientras cruzábamos el Parque Nacional Canaima, nos la contó a sus compañeros de curso del IAEDEN. Por mala suerte, yo estaba prendido en fiebre (¿Será que el espíritu maligno de la selva me estaba atacando?... Tal vez no) y no le pude prestar toda la atención que la narración merecía. Óscar Márquez, tal es su nombre, recibió de inmediato el apodo de Cocodrilo (por el personaje australiano de una película). Es un gran amigo, persona culta y espíritu íntegro. Creo que podría atravesar él solito la selva sin temerle a Kanaima, pues tiene la conciencia tranquila, además de conocer las selvas venezolanas como la palma de su mano.

Para quien desee conocer cómo se hace el kachirí, que es una especie de chicha, entrar por aquí. 


7 comentarios:

  1. por favor hace tiempos lei un escrito que decia algo como " el les metia fuego por la boca ........se llamaba Kanaima y habia nacido entre los vencedores para vengar a los vencidos...."
    quisiera encontrarlo
    .

    gracias yoder suaza.

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    1. Déjame chequear en la biblioteca y luego te cuento. He escuchado variantes de la historia, que es común en la amazonia y la orinoquia; todas coinciden en que surgió para vengar a los vencidos.

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    2. No conseguí lo que tu dices, pero te transcribo un párrafo que me parece interesante:

      En cuanto queda encargado de ello (se refiere a vengar la muerte de un miembro de la tribu), sufre una extraña transformación. Es abandonado por su propia sombra y en su lugar encarna el espíritu del muerto. Poseído por él, siente el indio una fuerza desconocida que le enciende la mirada, le endurece los músculos y lo convierte, aún por encima de su deseo, en el mismo Kanaima, la venganza, haciéndole huir de las gentes de su tribu, a las cuales abandona para internarse en la selva como una fiera irritada cuya presencia todos deben evitar, pues quien lo viera podría convertirse también en Kanaima o ser alcanzado por la venganza del muerto, la cual se apodera de la mente y de los sentidos del vengador, dirigiendo sus pasos a través del bosque y haciéndolo penetrar incluso en las ciudades de los civilizados para hallar a su víctima. (...) Cuando descubre al deudor de sangre, lo ataca con armas envenenadas o se abalanza sobre él, destrozándolo y descuartizándolo aún vivo.

      El artículo es muy largo y de evidente interés. Ojalá consigas un ejemplar del libro, que no tiene desperdicio.

      Saludos

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  2. La piedra "Kueka"

    Hace cosa de un año o tal vez algo menos se habló por muy breve tiempo de la protesta de unos indígenas (no me pregunten la etnia, de paso esa palabrita me suena un tanto despectiva) porque en el segundo gobierno de Rafael Caldera, una roca considerada por ellos sagrada, símbolo de sus antepasados, fue donada por el Gobierno venezolano de entonces a un museo de Alemania
    Lo que no entiendo es porque los indígenas tardaron tanto tiempo en hacer el reclamo. El museo alemán se niega a devolverla, o se negaba porque parece que el asunto pasó a la historia, se negaba porque alegaba que era un obsequio del Gobierno de Venezuela.

    Pues yo a este "impasse" le veo una solución salomónica. Dado que para los nativos tiene un valor espiritual y para los alemanes tendrá un valor solo ornamental o tal vez geológico. Pues allí bien cerca de Alemania está el Escudo Escandinavo, tan antiguo como el de Guayana, entonces que se busquen por allá un interesante ejemplar de mineral y le devuelvan la "Kueka" a los indígenas (a lo mejor a los escandinavos no les gusta que les saquen la piedra, como que a los suecos no les gusta para nada que en su patria les hablen extranjero) pero eso es harina de otro costal

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    1. Recuerdo esa piedra y el lío del reclamo. Tal vez no era tan sagrada y no protestaron en su oportunidad, sino mucho después azuzados, tal vez, por quienes los designan "etnia". también me da dentera ese término que trata a seres humanos como si fueran animales de laboratorio. Más correcto era el término que usaban las autoridades coloniales: "nación". Cuando habían algún documento jurídico que involucraba a un indígena, se me mencionaba: Fulano de tal, indio, de nación cumanagota, chaima o lo que fuera. Ese término le garantizaba sus derechos ante el abuso de blancos y mestizos.

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  3. Hola Abraham!. Wow. Normalmente suelo tener palabras para todo y en muchos casos son tantas que me mandan a callar jajaja, sin embargo, después de esta lectura sólo tengo 3 palabras; con las que espero poder expresarme lo suficiente: GRACIAS POR ESTO.

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