jueves, 6 de diciembre de 2012

El último pandehornero

Roscas de pandehorno
Foto tomada de http://recetasvenezolanas.tv/postres/pan-de-horno/


Cuando publicamos en este Blog el artículo Ganjerías criollas, hicimos referencia a la desaparación del pandehorno de los carritos de dulces tradicionales que aún existen en Caracas y ciudades del interior. La desaparición ha sido paulatina hasta su total extinción porque, además de ser laboriosas en su preparación, ya casi no se cultiva la variedad del maíz que se requiere y lo poco que se produce termina convertido en fororo. En memoria de esta rosquilla, un poema de Aquiles Nazoa.

EL ÚLTIMO PANDEHORNERO
Va el pandehorno,
va el pandehorno,
va el pandehorno abicochao
el que comen lo muchacho
cuando están enamorao...!
Calle arriba y calle abajo,
diciendo el viejo pregón
por el que canta el recuerdo
de un tiempo que ya pasó;
calle abajo y calle arriba,
furtivo como un rumor,
con un cristal de nostalgia
quebrándosele en la voz
va el último pandehornero
por esas calles de Dios.
Las roscas en el canasto
-¡tan tostaditas que son!-
tienen la color morena
y hasta la misma calor
de la mano campesina
que en oro las modeló,
y del mantel que las cubre
-blanco mantel de algodón-
fluye un aroma casero
-leña, maíz, papelón-
con que olorosas las calles
va dejando el vendedor
a lejanísimos campos
con maizales bajo el sol.
Va el pandehorno,
va el pandehorno,
va el pandehorno abicochao
el que comen lo muchacho
cuando están enamorao...!
La ciudad vuelve a su infancia
cuando escucha su pregón
y las antiguas ventanas
tornan a abrirse en su honor
y en el ojal del pasado
revive la vieja flor,
en tanto que el pandehornero
va de portón en portón
como el último recuerdo
de un tiempo que ya pasó.
¡Viejo tiempo que en Caracas
vestida de tradición,
el Ávila se asomaba
como a un florido balcón
para escuchar las romanzas
que le cantaba el amor,
y los domingos se abrían
como abanicos de sol
para gentiles paseantes
con modales de salón
que con helados de fresa
se quitaban el calor
o asistían a las retretas
donde en la parte mejor
los niños en los tranvías
pasaban diciendo adiós,
en tanto que el pandehornero
desganaba su pregón:
Va el pandehorno,
va el pandehorno,
va el pandehorno abicochao
el que comen lo muchacho
cuando están enamorao...!
Calle arriba, calle abajo,
diciendo el viejo pregón
por el que canta el recuerdo
de un tiempo que ya pasó,
va el último pandehornero
por esas calles de Dios.


Aquiles Nazoa, autor del poema, nació en Caracas (barrio El Guarataro, Parroquia San Juan), el 17 de mayo de 1920. Fue telefonista, carpintero y empacador de periódicos. Desde muy joven se  le descubrió su talento como humorista y crítico social. Es uno de los más destacados escritores costumbristas del siglo XX venezolano. Murió en un accidente vial el 25 de abril de 1976. De su libro Caracas física y espiritual (Panapo, Caracas, 1987) extraje El último pandehornero.
Una nota sobre el pandehorno. En primer lugar, no se escribe ni se pronuncia como tres palabras sino una sola PANDEHORNO y, si vamos a pronunciarla como se debe, suena más o menos PANDIOLNO, pero sin la L tan marcada. Eso es para los afectados que pronuncian todas las eses sin hacer liaison porque se las dan de educados sin serlo.

Ahora la receta para ver si alguien consigue los ingredientes y hace las rosquitas (advierto que la harina precocida no nos dará ni el gusto ni la textura, tal vez con fororo...):

Ingredientes:
  • 2 y 1/2 kg de harina de maíz cariaco tostado
  • 1/4 Kg de sebo de res
  • 3/4 de taza de papelón blanco bien raspado + 2 cucharadas
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas de sebo de cochino
  • 1 cucharadita de bicarbonato de sodio
  • Un poquito de anís en polvo
  • Canela y pimienta guayabita al gusto.

Preparación:
  1. Se precalienta el horno a 400°F (200°C).
  2. Se revuelve todo y se amasa bien. Si acaso la mezcla queda muy seca o dura, se le añade agua de papelón. Se hacen las rosquitas, se colocan en un latón engrasado y se rizan los bordes. Se cocinan en el horno por 20 minutos aproximadamente o hasta que doren.
Ya que actualmente es difícil conseguir el sebo de res y el sebo de cochino, estos ingredientes se pueden sustituir con mantequilla o manteca vegetal.

Receta tomada del recetario de Graciela Schael, La cocina de Casilda (Libros El Nacional, Caracas, 2005). El sebo al que se refiere es el de riñonada (el que rodea los riñones)  No creo que la mantequilla dé el mismo resultado. Me pregunto si quedará memoria gastronómica de estas roscas para conocer si tienen el mismo sabor.

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