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jueves, 17 de julio de 2014

Murió Ramón Melinkoff

Ramón V. Melinkoff hace dos semanas en casa de una exalumna.
Anoche, mi amiga Ofelia Medina publicó en su cuenta Facebook la mala noticia. Debo confesar que no me gustó ni un poquito. El Dr. Ramón V. Melinkoff fue un profesor universitario que, de paso, era amigo de sus alumnos ("de los inteligentes", diría él). El último semestre de Estudios Internacionales de la UCV, impartía una materia que se llamaba Administración Pública. En ella no se estudiaba derecho administrativo, sino que se analizaba el problema político de la Administración Pública. Ese había sido el tema de su tesis doctoral.

La orientación de la materia era marxista, como lo fue su tesis y un libro de su autoría titulado El problema político de la Administración Pública (Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1976). Lejos de ser dogmático, Ramón era alérgico a los estudiantes caletreros y acríticos y, de hecho, fomentaba la crítica y la discusión de la materia. Lo que exigía era un razonamiento bien estructurado. Cuando compré el texto le pedí su autógrafo y él, para mi sorpresa escribió: "para el amigo Quintero, joven promesa del pensar en Venezuela. Fraternalmente, Ramón Melinkoff / Caracas, 18/5/77". Guardé con orgullo ese libro que ha sobrevivido muchas limpiezas y purgas de la biblioteca; cada vez que lo veía recordaba con todo cariño al Negro Melinkoff, que tenía un corazón de oro.
Autógrafo del Dr. Melinkoff
Terminando la carrera, ya en parciales y finales caigo con hepatitis. Uno de los que metieron la mano por mi en el Consejo de Escuela fue Ramón y lo supe porque en el examen de Derecho Internacional Público (reparaciones internacionales) el Dr. Herrera Oropeza (Cheíto) me lo contó. Llevé todas las materias diferidas a reparación y pude graduarme.

Nunca le gustó la idea de que yo trabajara en los países del Caribe, que él consideraba un desierto cultural. Hoy estoy de duelo, pues hará cosa de un año hablamos por teléfono y fue como si no me hubiera visto por unas semanas. Con muy buena memoria y el cariño de siempre. Al final no concretamos un encuentro y es lo que más lamento.

Gracias, Ramón, por tu constante amistad.



lunes, 7 de julio de 2014

Una familia venezolana de origen azteca

Torturas del ultimo Gran Tlatoani Cuauhtémoc, por Diego Rivera
Poca gente en Venezuela conoce la historia de la familia Unda, y algunos casi podrían jurar que comenzó con el presbítero José Vicente Unda, uno de los firmantes del Acta de Independencia el 11 de julio de 1812. Por el contrario, la familia es muy antigua y, por sus orígenes, es tal vez uno de los más nobles de los apellidos criollos-

Hace unos días, mientras buscaba un dato en el libro Historia oculta de Venezuela (Fundur Editores, Caracas, 2007), del historiador Ramón Urdaneta, me encontré en la entrada relativa a 1724 la siguiente información:
En Guanare, el navarro José Francisco de Unda contrae nupcias con Ignacia Marías Navarro, nieta de Francisco de Montezuna o Moctezuma descendiente de Guatimozín, último emperador de los indios aztecas, quien por conspirar en su tierra fue enviado preso a España y luego le fue permitido residir en América, aunque fuera de la natal México, concediéndole el Rey como prebenda el título de Regidor Perpetuo de la ciudad donde se estableciera.
Así Montezuma fue Alférez y Regidor Perpetuo de Guanare, por Orden Real, y su nieta Ignacia María será esposa esposa de la ilustre familia Unda, de aquella ciudad.
Pues bien, entre los seis hijos de José Francisco e Ignacia estaba el padre de uno de los personajes civiles más importantes de la historia de Venezuela y sus hermanos José Antonio y José Ignacio, quienes desde el principio abrazaron la causa de la libertad de su patria, y sufrieron por tal ideal, sin esperar nada a cambio.

José Vicente de Unda y Gracía
(1777-1840)
El padre José Vicente de Unda y García era doctor en Teología por la Universidad de Caracas (hoy UCV). Como ya indiqué, se encuentra entre los firmantes del Acta de Independencia.Para aquel momento el clero criolla era independentista, mientras que frailes y sacerdotes peninsulares seguían siendo fieles a Fernando VII. José Vicente, por su carácter conciliador,  fue electo representante de la ciudad de Guanare ante el Supremo Congreso reunido desde marzo de 1811 y en tal condición fue firmó la primera Constitución Federal venezolana.

No siempre fue este buen sacerdote partidario de la independencia. Cuando se produce la invasión napoleónica a España, "se pronunció en un sermón advirtiendo a sus feligreses de la consecuencia de confundir el ideal de libertad con el concepto de libertinaje, puesto que los individuos debían obrar de acuerdo a lo estipulado en las leyes para conservar el orden. Por su temperamento obediente y respetuoso a las autoridades, reconoció al gobierno revolucionario de Caracas, exhortando a la población a que no se dejase seducir por el odio expresado desde los bandos en conflicto". (Memorias de la insurgencia. Fundación Centro Nacional de Historia/Archivo General de la Nación, Caracas, 2001).

Es famosa su exposición frente al Supremo Congreso al momento de declarar la independencia: No es mi ánimo entrar a demostrar la justicia, la necesidad y la oportunidad en que nos hallamos en declara la independencia. Dos cosas solo deseo: la primera, acreditar que mi estado eclesiástico ni me preocupa ciegamente a favor de los reyes, ni contra la felicidad de mi patria, y que no estoy inbuido de los prestigios ni antiguallas que se quieren oponer contra la justicia de nuestra resolución que conozco y declaro. La segunda es que Guanare, a la que represento, no se tenga por obstáculo para la independencia cuando sea necesaria...
5 de julio de 1811, por Juan Lovera

Luego, en su condición de sacerdote, sirvió de mediador entre los afectados por lo horrores de la guerra. En 1812 fue apresado, junto con su hermano José Antonio -también sacerdote- acusado de con infidencia, siendo liberado en 1813. Se salvaron de ser fusilados por Ñañá por la acción de una esclava. Sobrevivió las años de terror y llegó a ser Obispo de Mérida. Durante su apostolado sacerdotal en Guanare puso su empeño en promover la educación entre sus feligreses y fundó una escuela que aún subsiste y lleva su nombre. Su corazón reposa en el altar izquierdo de de la Basílica de Nuestra Señora de Coromoto en su ciudad natal.

Otro de sus hermanos, José Ignacio, también fue apresado. Estando en prisión, perdió a su señora e hijos pues nadie les tendió la mano por ser "traidores".

La familia aun existe. La esposa del Presidente Luis Herrera Campins, doña Betty Urdaneta Briceño, era vástago de esta ilustre familia por el lado de los Briceño. El apellido subsiste no sólo en Guanare sino que se ha extendido hacia el estado Trujillo.
Doña Betty de Herrera en algún acto como primera Dama y Presidente de la Fundación Festival del Niño
Detrás de ella, con bigote y barba está el amigo entrañable Alberto Veloz


lunes, 30 de junio de 2014

Un recuerdo para Ramón Jota

Ramón J. Velásquez (1916-2014), por Rayma

La Parca nos ha privado de Ramón J. Velásquez (1916-2014), abogado, periodista, historiador y político, testigo excepcional de la historia del siglo XX de Venezuela. Ciudadano integral, dedicado a la promoción de la democracia y a la investigación histórica, escribió hasta el último día de su vida.

Algunos de sus libros, como La caída del liberalismo amarillo; tiempo y drama de Antonio Paredes y Confidencias imaginarias con Juan Vicente Gómez, son ya clásicos en la historiografía venezolana. En su obra como historiador busca rescatar la historia política de Venezuela con numerosos títulos de diversos temas. Así mismo, desde el Archivo Histórico de Miraflores y la Biblioteca de autores y temas tachirenses, propició la edición de páginas desconocidas u olvidadas.

Llegó a ser Presidente interino de la República en 1993-1994, en una gestión que aún es controvertida. Él asumió la designación como un deber cívico para mantener la democracia en un momento en que la sociedad venezolana, como los lemmings se dedicaba a destruirla y a buscar un Mesías que les resolviera sis problemas. Buscando hoy entre mis libros, me topé con El Doctor Velásquez, una historia nunca contada (Proculta, San Cristóbal, 2012), por Luis Hernández Contreras. Allí encontré que Ramón Jota le había comentadio a un vecino:
Como Venezuela es un circo de atracción muy viejo, han escogido al más viejo de los maromeros para que camine en la cuerda floja, pero le han quitado el telón que impedirá que al caerse se mate. Pero a mi no me va a pasar nada.

PAZ A SU ALMA 

viernes, 16 de mayo de 2014

A Jacinto Convit



En estos días murió, a los 100 años de edad, uno de los venezolanos más insignes. El Dr. Jacinto Convit García (1913-2014) fue un científico brillante y dedicado a su trabajo, que lo llevó a descubrir las vacunas contra la lepra o mal de Hansen, y contra la Leishmaniasis. Además realizó importantes desarrollos en materia de oncocercosis y micosis profundas. Postulado al Premio Nobel de Medicina en 1988 Recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1987 y la Legión de Honor de la República Francesa en 2011.

En recuerdo a su larga lucha contra la lepra, transcribo a continuación un poema de Cruz Salmerón Acosta, poeta sucrense, víctima del Mal de Hansen.


Chocho, el perro de la noche estrellada, por Francisco Munguía,
basado en un cuadro de Vincent van Gogh


EL PERRO


A Dionisio López Orihuela


Cuando me vine para mi destierro
un can vino conmigo,
y siempre para mí fue un buen amigo
y un compañero fiel, el pobre perro.

Él, que calles alegres recorría
a mi lado, en mis días de ventura,
vino también a hacerme compañía
en la tan prolongada y tan sombría
calle de mi amargura.

Largas horas pasó junto a mi puerta
echado sobre el suelo
en perenne desvelo
y hasta al más leve ruido, siempre alerta.

Otras veces, después de vana espera
el perro se dormía
como si por instinto comprendiera
que ninguno vendría
a consolar mi vida prisionera.

Y en las noches tan claras como el día,
a la luna lanzaba sus aullidos,
mientras yo prorrumpía
en versos a sollozos parecidos.

Hoy lo he visto morir, y no he llorado
por su viaje sin vuelta, ni siquiera
una lágrima, y he sufrido
pensando cuánto no habría aullado,
por un viaje cualquiera
que yo hubiese emprendido.

Me parece mirarlo todavía
fijando en mí con gran melancolía,
cual queriendo decirme que sentía
más dejarme en este mundo,
que la vida azarosa que él perdía.

¡Ah! Yo habría querido
pobre y noble animal,
en mis brazos tomarte
y cerrarte los ojos tan humanos
y cavarte una fosa con mis manos
y yo mismo enterrarte.

Y enterrándote echar sobre tu frío
cuerpo, puñados de tierra, perro mío,
con besos y con lágrimas mojados,
cual solemos hacer con los despojos
de esos humanos seres adorados
que enterramos con llanto en nuestros ojos.

Mas, como nada de eso he logrado
hacerte, sobre el lecho donde herido
estoy, muy triste un rato me he quedado
viendo la playa donde te has hundido.

Duerme por siempre junto al mar sombrío
que para mí tanta poesía encierra,
en tu lecho de tierra
por el cual con placer cambiaría el mío.


Cruz Salmerón Acosta (1892-1929)


lunes, 5 de mayo de 2014

Entre la pluma y la espada


Rufino Blanco-Fombona, célebre escritor venezolano, despareció de mi vida luego de haber leído algo de sus escritos en bachillerato. Este personaje, que en vida fue importante en el universo de las letras hispanas, es casi un desconocido para los venezolanos. Hace unas semanas leí, no recuerdo en qué libro, que Rufino era de armas tomar, gran duelista y mejor escritor que hasta fue candidato al Premio Nobel de Literatura propuesto por intelectuales españoles y con el apoyo gobiernos latinoamericanos, mientras en su tierra su obra esa prohibida.

Hace unos días compré en una librería un ejemplar de Rufino Blanco-Fombona entre la pluma y la espada (Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2009), por Andrés Boersner. La biografía se lee como una novela apasionante, como fue la vida del biografiado. En la presentación leemos:
Macerada en barricas, esta biografía que nos entrega Andrés Boersner, elude la fascinación que produce el personaje (acaso el más singular de la venezolanidad) y se ciñe al estudio de su vida y obra. Tarea difícil para el biógrafo, ya que su interés por el escritor atrabiliario lo acompaña desde la adolescencia.
Solventemente documentado, crítico, sin concesiones, el estudio avanza desde la distancia hasta la intimidad. A veces el autor se refiere a su biografiado por sus dos apellidos y otras por su nombre. No elude señalamientos, como el confesado racismo positivista de Blanco-Fombona, pero también parte lanzas a su favor cuando cree que se comete una injusticia en su contra. El lector está invitado a una suerte de duelo entre biógrafo y biografiado, como seguramente le hubiese gustado a Don Rufino. Además, contempla desde las gradas otro duelo que entabla Boersner con los críticos que se han ocupado de su obra, sin que por ello deje de reconocer, con hidalguía, los aportes recientes de Rafael Ramón Castellanos y Rafael Ángel Rivas al estudio de la obra y peripecia del autor de "El Catire".
Pocas biografías más difíciles de encarar de esta de Blanco-Fombona, ya que el peso de la anécdota es tan grande que se corre el riesgo de olvidar que su obra fue fundamental. El biógrafo supera el desafío.
Mientras leía el texto, me puse a revisar la biblioteca para ver qué obras tengo de Blanco-Fombona; poco o casi nada: El Catire, Mocedades de Bolívar, El hombre de hierro, los comentario al Bolívar de Larrazábal, algunos poemas y tal vez algo más que se me escapa. Inmerecido abandono que me propongo subsanar. Creo que Andrés ha logrado el objetivo de "interesar a los lectores en la figura de Blanco-Fombona y en advertir las dificultades de tal acercamiento. Si después de leerlo recalan en las fuentes primarias me sentiré recompensado".

Andrés Boersner
(1960 - )
Andrés Boersner es licenciado en Comunicación Social, Universidad Central de Venezuela. Hizo su tesis sobre Rufino Blanco-Fombona, que es la base para la biografía que tratamos. Postgrado el Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar. Colaborador de El Nacional y su papel literario, revistas universitarias como Akademos (UCV), Zona Tórrida (UC), Folio, Plexus. Cofundador de las revistas Letras y La hoja Alternativa. Andrés tiene un largo currículo en la promoción del libro y la lectura. 
Los bibliófilos caraqueños lo conocemos a través de la librería Noctua (Centro Plaza, Los Palos Grandes), de la cual es propietario y librero. Da gusto conversar con él que lleva la cultura en el alma desde la cuna.

martes, 15 de abril de 2014

Un ejemplo para Silverio

El Diácono Silverio Osorio. Domingo de Ramos bajo el sol maracucho


Hace unos días, el amigo Silverio Osorio, seminarista de la Arquidiócesis de Maracaibo, fue ordenado diácono. Lamentablemente, no pude llegarme hasta allá para y darle mis parabienes. Silverio es un joven con una firme vocación y serias inquietudes culturales. Siempre le digo que la formación del Seminario no debe bastar, sino que debe enriquecerla cada día más; ese es un deber.

El Viernes de Concilio, el Seminario Santo Tomás de Aquino, de Maracaibo, le encomendó la prédica del día. No me extrañó pues Silverio es un hombre serio que no va a decir tonterías. Lo incité a que investigara un poco y se animara en preparar su prédica, que yo le pediría el Paráclito que lo iluminara. Le deseé que su actividad fuera tan brillante como las homilías de Mons. Olegario Villalobos, o como las famosas Siete Palabras que predicaba todos los Viernes Santos Mons. Jesús María Pellín. Él sabe a qué me refiero. Le ofrecí una sorpresa como regalo de ordenación y ahora le cumplo.

Comenzaremos con una breve semblanza que hizo en los años 50 el padre Juan Francisco Hernández en su libro Vida y Destino (Impresores Laca, Caracas, 1958):
Mons. Jesús María Pellín, en 1954
Una de las cosas que más llaman la atención en toda la actuación periodística de Monseñor Pellín es su profundo respeto por la persona humana, que de inmediato se desprende inclusive del hermoso lema que se destaca en el mismo cabezal de su periódico: "Amad a los hombres. Detestad los errores"...
Quizá eso de diferenciar entre el error y el errado, entre el pecado y el pecador, entre la ideología y el hombre..., le costó a Pellín más de una contrariedad. Es que no falta en esta viña del Señor quien piense que es necesario caerle a piedras a todo el que sea comunista y acabar a pescozadas las reuniones de los protestantes.
El otro día, por ejemplo, en un artículo contra los presuntos errores de cierto periodista, leía yo que este periodista, a quien se acusaba de heterodoxo, había escrito un libro perfectamente herético y anticatólico. El libro, que me obsequió su autor, lo leí y lo leyeron también en la insospechable revista "Sic" de los jesuitas, y nada de eso le dijeron en la nota bibliográfica. Posteriormente, yo mismo lo entrevisté en mi programa "Lo de Hoy Domingo", y tampoco salieron herejías al aire. Esto es lo que no hace Pellín: mentir para defender la religión, porque él sabe que Dios no necesita de nuestras mentiras (...)
Monseñor Pellín tiene dos vicios que le conocemos muy bien sus amigos íntimos: el teléfono y el tabaco. Y cuando combina los dos, algo se trama.
Hay que verlo, con un tabaco en la boca y uno o dos teléfonos pegados a las orejas, arguye, suplica o increpa. Yo creo que el teléfono le ha ganado a Monseñor Pellín más polémicas que todas sus notas editoriales... Él prefiere siempre polemizar por teléfono antes de llevar las controversias a las columnas de la prensa, desde las cuales no siempre el pueblo fiel saca la mejor parte de sus ganancias espirituales. Antes que la pueril vanidad aldeana del propio nombre y el propio prestigio personal, "está el bien de la Iglesia y de las almas", que es lo que busca siempre el Pellín periodista, inseparable del Pellín sacerdote.
En los cinco años que trabajé con él y a lo largo de todos estos años posteriores, nunca pude averiguar exactamente cuántos tabacos se fuma al día Monseñor Pellín. A lo mejor, tantos como mi primo político Miguel Octavio, el viejo. Sin embargo, como soy fumador, tengo mis dudas sobre si Monseñor Pellín fuma tabacos inhalándolos y saboreándolos o "quema" tabacos. Yo creo que se contenta con quemarlos para sedar un poco sus nervios. Yo, siendo tabaco, protestaría...
Un tabaco ofrecido a tiempo lima esperezas y abre caminos al apostolado. llega, a veces, a desarmar al adversario hostil. Eso lo sabe Monseñor Pellín.
Monseñor Pellín ha sido un abanderado de la convivencia, convivencia que no tiene que ser confundida -¡mucho ojo!- con la fuga ideológica o con la rendición o renuncia de los propios principios sustentados. Convivencia que no es liberalismo, sino amor y respeto a la santa libertad de los hijos de Dios; ni es tampoco medievalismo reaccionario, sino amor y respeto a nuestra vocación cristiana y a todas sus exigencias. Mucho de esto lo puede hacer Monseñor Pellín con el acierto y la elegancia que comunican a sus posturas esa gran autoridad moral de que goza en nuestro medio y ese prestigio personal suyo, que otros se afanan inútilmente en improvisar,
En los agitados años del 36 y del 37, a los hombres que combatió Pellín, ideológicamente, los hizo después sus mejores amigos.
Ese ha sido el gran secreto de Pellín: diferenciar el error -odiándolo- del hombre que lo sustenta y a quien hay que amar.
Pellín combatió a los marxistas terriblemente, demoledoramente y ¿por qué no? violentamente; lo cual no fue obstáculo para que el mismo Pellín acudiera el primero a la cárcel a llevarles la palabra generosa y confortadora y los tabacos, por supuesto, y se preocupara posteriormente por sus familias cuando salieron al destierro. Y todo esto sin gestos, sin esas odiosas actitudes de protección humillante de quien se hace sentir benefactor o de quien pretende comprar una ideología.
Nada de eso. Muy al contrario: todo sencillamente, cordialmente, cristianamente, sacerdotalmente. 

Nos falta aún referirnos a la Siete Palabras que predicaba Monseñor Pellín todos los Viernes Santos, por la radio y en los diversos templos de Caracas. Esta actividad, hasta 1969, año en que fallece, fue sinónimo de Semana Santa. Nos cuenta Óscar Yanes:
Él era el orador más brillante de la Semana Mayor, las mujeres y los hombres de todas las clases sociales venían hasta del interior del país a escuchar las siete palabras de Monseñor Pellín. (...) Las emisoras de radio se peleaban la transmisión de las siete palabras de Monseñor Pellín; lo asaltaban los concesionarios de las estaciones de radiodifusión. Era como una estrella a quien le pedían la exclusiva de sus siete palabras hasta que el propio padre fundó la emisora "La Voz de la Patria", que pasó a tener, entonces, la exclusiva...
El padre Pellín aprovechaba para hacer una radiografía, un examen de la situación venezolana, no se le salvaba nadie: ni los ricos, ni los borrachos, no se le salvaban  las mujeres que llamaban de vida alegre; el padre Pellín daba la impresión que durante todo el año iba anotando los pecados de los venezolanos para desnudarnos a todos en Semana Santa.
Pellín fue director del diario La Religión, por más de treinta años. Era periodista y sus siete palabras estaban llenas de noticias, todo era noticia; podemos decir que periodísticamente las siete palabras de Monseñor Pellín eran siete reportajes, cada palabra era un reportaje. Bueno, se hizo tan famoso que las congregaciones religiosas y las iglesias se disputaban como la gran atracción de la Semana Mayor; le llovían peticiones dos meses antes; entonces el padre Pellín contrató un chofer, alquiló un automóvil -que estacionaba a la puerta de la iglesia-; apenas Monseñor pronunciaba la última palabra, salía corriendo del templo, se montaba en el carro y volaba para otra iglesia. Monseñor Pellín llegó a tener un récord de pronunciar en un Viernes Santo, cuatro, cinco y hasta seis veces los discursos de las siete palabras. Cada uno tenía una característica distinta, por ejemplo, en el templo de El Valle, en la vieja iglesia, el padre Pekllín siempre hablaba de política.
En La Pastora o en Las Mercedes se refería al problema de las mujeres que no daban el ejemplo, lo que él llamaba "las chicas zafadas", que eran una tentación en la calle. Pero las personas cultas preferían al padre Pellín cuando hablaba en Santa Teresa, porque sus discursos en esta basílica eran unos sermones que parecían más bien análisis sociológicos de los venezolanos...
Lápida sepulcral de Mons. Jesús María Pellín, Obispo Titular de Aguas Tibilitanas y Auxiliar de Caracas
Catedral de Caracas

miércoles, 19 de febrero de 2014

Simón Díaz se nos fue

El Tío Simón
(1928-2014)
En medio de tantas cosas y tanta agitación, nos deja para siempre, luego de larga y penosa enfermedad, don Simón Díaz, uno de los grandes de la música venezolana.  En su memoria escuchemos algunos de sus éxitos.
Descansa en paz, Tío Simón
 El Alcaraván


Mercedes


El loco Juan Carabina


domingo, 24 de noviembre de 2013

65 años del derrocamiento de Rómulo Gallegos

Caricatura de Edo en la que se vemos al Presidente Rómulo Gallegos y a su Ministro de
Relaciones Exteriores, Andrés Eloy Blanco (parte superior), mientras Carlos Delgado Chalbaud
y Marcos Pérez Jiménez le serruchan el piso por abajo.

El 24 de noviembre de 1948, a los de pocos meses de haber iniciado su ejercicio constitucional, fue derrocado don Rómulo Gallegos, primer ciudadano venezolano electo a la presidencia de la República por el voto universal, directo y secreto de la soberanía popular. Esa es la efemérides de hoy.

Vinicio Romero Martínez, en su libro ¿Qué celebramos hoy? (Italgráfica, Caracas, 1996), se refiere a los hechos:
El 24 de noviembre de 1948 es derrocado el Gobierno constitucional de Rómulo Gallegos y una Junta Militar se encarga del Poder. A Gallegos se le había presentado un ultimatum (el día 19) que incluía en los puntos más importantes: expulsar del país a Rómulo Betancourt, prohibición de regreso del Teniente Coronel Mario Vargas y por último, desvinculación del Presidente con Partido Acción Democrática. Todos estos puntos fueron rechazados por Rómulo Gallegos. Nuevas conversaciones hubo, por mediación del Ministro de Defensa, Carlos Delgado Chalbaud, pero el Presidente mantuvo: "mis posiciones no son cuestiones personales sino mandato de las leyes que he jurado cumplir y hacer cumplir". Así, se dio el "golpe" y la junta quedó integrada por Carlos Delgado Chalbaud, Luis F. Llovera Páez u Marcos Pérez Jiménez. Posteriormente, con el asesinato de Delgado Chalbaud, pasó a presidir la junta el Dr. Germán Suárez Flamerich. Y más tarde, desde 1952, el verdadero beneficiario del golpe, Marcos Pérez Jiménez, pasó a mandar hasta enero de 1958.
Junta Militar 1948-1950
Delgado Chalbaud, Pérez Jiménez y Llovera Páez
Cuando publicamos en esta bitácora un artículo referido al General Isaías Medina Angarita (aquí), mencionamos a la Gloriosa Revolución de Octubre. El gobierno de Gallegos  fue producto de esa revolución, como lo fueron los hechos que se sucedieron hasta el 23 de enero de 1958.

Desde el momento mismo del golpe cívico-militar a Medina se venía fraguando la conjura. Si bien al principio los militares aceptaron compartir la incómoda alianza con los civiles, su fin último era hacerse con el poder; por eso dejan hacer para que, a causa de sus errores, se debilite el prestigio del Ejecutivo. Supieron esperar y el ultimátum fue presentado a sabiendas, tal vez, de que sería rechazado. Allí se quita la máscara definitivamente Carlos Delgado Chalbaud, que tiene el triste récord de haber jugado contra Medina y Gallegos (quien lo quería como a un hijo), traicionando la confianza de ambos, a pesar de haber ocupado cargos muy importantes durante todas las administraciones -incluida la Junta Cívico Militar presidida por el Br. Rómulo Betancourt Bello. Lo movía la ambición política.

Dos años después Delgado muere asesinado, pero conservando una buena fama que supo construirse como hombre decente y civilizado. Todos los personajes de la Revolución de Octubre, Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez, tienen dolientes y siempre habrá alguien dispuesto a salir en su defensa. ¿Hubiera llevado Carlos Delgado a un régimen de libertades democráticas en Venezuela? Quién sabe. Tal vez las balas asesinas de Rafael Simón Urbina ayudaron a crear una leyenda. Ya volveremos a estos personajes.

Dejo aquí un video sobre Rómulo Gallegos y su obra. Espero lo disfruten.


miércoles, 30 de octubre de 2013

Edipo en Maracaibo

Panteón de Jesús Enrique Lossada en el cementerio Cuadrado de Maracaibo.
Allí también yacen los restos de su idolatrada madre, María Luis Lossada
Foto tomada de www.equilibrioinformativo.com

Hace casi dos años se propuso el traslado de los restos del intelectual zuliano Jesús Enrique Lossada del Cementerio Cuadrado de Maracaibo, donde reposan, al Panteón Regional del Estado Zulia. Según me contó una viejita maracucha, los familiares de Lossada se habrían opuesto, por cuanto en las disposiciones testamentarias de Jesús Enrique hay una disposición en la que exige permanecer sepultado junto a su madre María Luisa. Si esa fue su última voluntad, ella se debe respetar, creo yo.

En estos días, conversando con Jesús el Librero sobre este caso, y lo que desde niño supe del Dr. Lossada, me pidió que escribiera algo sobre el tema. Me pone en un compromiso porque nuestra conversación incluyó una larga cita del libro El príncipe negro de Norberto José Olivar, que ya reseñamos hace un tiempo (aquí), novela que sigo recomendando ampliamente por la riqueza de su contenido. La cita fue la siguiente:
Ismael E. Urdaneta (1885-1928) con uniforme
de Legionario. Obtuvo varias condecoraciones:
Cordón de Honor al Mérito de la Legión Extranjera;
Medalla Interaliada;  Medalla de Verdún,
y Distintivo de Herida.
- La obligación del decadente es el suicidio -dijo el poeta Ismael Urdaneta a su hermano, Arístides, minutos antes de pegarse un tiro en la cabeza con su arma reglamentaria de la Legión Extranjera.
-¿De dónde sacas esa tontería, Ismael? -replicó el otro por el fatal anuncio.
Arístides  trató de reconfortar a su hermano, pero sabía que era inútil. Ismael estaba enloquecido por la sífilis. Por eso salió de la habitación con el peso del luto sobre sus hombros, seguro de que el revólver estaba a mano, dispuesto y la decisión tomada bajo la "guía espiritual" del poeta Anatole France, quien sirvió de "psicopompo", el rol que desempeña Ixtab para guiar a los suicidas al paraíso.
El poeta Ismael Urdaneta se mató el 29 de septiembre de 1928. Un mes antes, pero pasados veinte años, el poeta y rector de la Universidad del Zulia, Jesús Enrique Lossada, se suicidaba a la misma hora.
Jesús Enrique Lossada
(1892-1948)
Lossada tenía por poeta de cabecera al mismísimo France y era admirador de Urdaneta por haber muerto a mano propia. Al lado del cadáver de Lossada, ¿casualidad?, se encontró un ejemplar de Poemas áureos.
El poeta y rector había quedado aturdido con la muerte de su madre María Luisa. Siempre se ha dicho que padecía el complejo de Edipo. Y por razones que desconozco, suelo imaginar a Lossada vestido con las ropas de su madre fallecida mirándose, extraviado, en un espejo de cuerpo entero, tratando de invocar su espíritu.
Tras mis indagaciones y sospechas, pensando en la forma tan misteriosa y repentina en que enfermó -dizque por extenuación, cosa absurda considerando que la universidad de aquellos días era más pequeña que un liceo de los de ahora-, y el hermético cerco que sus discípulos desplegaron durante su agonía, tengo la certeza de que el poeta-rector decidió envenenarse al estilo de Madame Bovary. Pero no se piense que fue una decisión repentina. El atormentado poeta-rector venía acariciando la idea de la autoliquidación desde hacía tiempo y lo anunció en su poemario Madréporas:
Una vez que pasaste por mi ruta
a compás de tus prédicas macabras
me ofreciste la copa de cicuta.

Y yo la apuré toda, fui tu amigo,
y el alma me enfermé con tu palabras
de una letal dolencia que maldigo.
Llegado a este punto, voy a proponer la creación de una nueva categoría de autores, denominada "escritores psicopompos": aquellos que han trabajado la idea de la muerte, en todas sus formas, y servido de facilitadores a otros para morir a mano propia. Son una especie de palabreros funerarios, un servicio de eutanasia literaria de vieja data.
Licencias literarias aparte, a Jesús le gustó la cita y lo que me contaban mi abuela y tías sobre Jesús Enrique y doña María Luisa. Difícil debió ser la vida de esta pequeña familia en una sociedad conservadora como la marabina de finales del siglo XIX. El muchacho era hijo de María Luisa, joven de buena familia, y el presbítero José Tomás Urdaneta; amor prohibido y sin esperanzas.

Plaza Baralt y Botica Nueva, Maracaibo
Todo Maracaibo sabía la historia y las malas lenguas decían que la muchacha sonsacó al cura del confesionario (y otras agregaban que ella misma se dedicó a contarla) ¿Le habrá puesto una pistola en la cabeza?. El padre Urdaneta bien ha podido respetar sus votos de celibato. El niño Jesús Enrique seguro fue víctima de la crueldad de sus compañeros de escuela. Su madre lo llevaba a misa celebrada por su padre, y él se resistía al rito. Las adversidades de la vida y la dedicación de su madre lo llevaron a ser uno de los intelectuales mejor formados de Venezuela: académico, escritor, abogado, docente, parlamentario y en todas sus actividades mostraba firmes principios éticos y morales. A él se debe el renacer universitario del Zulia, al haber luchado por la reapertura de la LUZ, de la cual fue el primer rector.

Me contaba la abuela, haciéndose la señal de la Cruz, que, ya adulto, Jesús Enrique luego de la firma agregaba como un lema: "Enemigo personal de Jesucristo" -Ave María purísima-. ¿Será cierto?  Luego de 121 años las cosas se ven diferentes.

Dejo aquí un soneto escrito por Jesús Enrique Lossada en recuerdo de su madre difunta. Espero que sea del agrado.

MARIA LUISA LOSSADA


Traspusiste el umbral del reino obscuro,
Y es vano que hacia ti los brazos tienda…
¡Como expresar esta aflicción tremenda,
Oh madre mía del amor más puro!


Tal vez bordada en flores, tras el muro
Negro del Más Allá, se abre tu senda,
Y suave aurora su fanal encienda
Sobre el inmenso piélago inseguro…

Pero si todo es polvo, y humo, y viento,
Si te perdí cual lumbre fugitiva,
Dentro de mi dolor te hallo y te siento.

¡Que, de mi amor filial dulce cautiva,
Alumbras sin cesar mis pensamientos
Y estás en mi recuerdo rediviva.



Para leer un poema del bardo vanguardista Ismael Urdaneta ingresar por aquí.

Interior del Panteón Regional del Estado Zulia, Maracaibo

viernes, 18 de octubre de 2013

El récord de Medina

General Isaías Medina Angarita
(1897 - 1953)
El 18 de octubre de 1945, una conjura cívico militar derrocó al Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Isaías Medina Angarita, un militar civilista que creía en una Venezuela mejor. Aún se viven las consecuencias de ese hecho sobre cual comentaremos otro día. Hoy trascribiremos un breve artículo escrito por el periodista Oscar Yanes para uno de su libros de la colección Así son las cosas (Editorial Planeta, Caracas, 1999).
¿Quién era Isaías Medina Angarita?
Isaías Medina Angarita es el Presidente que mantiene el récord, que todavía no ha sido batido, del gobierno que no suspendió a ningún periódico, no envió a nadie a la cárcel, no desterró a nadie. Fue un gobierno de armonía y democracia. Es más, fue por la amplia libertad de prensa que dio, y que se convirtió en liberticida, que lo tumbaron; ya se sabe qué fue lo que ocurrió.
Un periódico, La Esfera, comenzó a alentar la rebelión de las Fuerzas Armadas, alegando una realidad, que los militares ganaban poco, es decir que ese famoso golpe de octubre que se han empeñado en pintar como una revolución, no fue tal, ya que simplemente fue una sublevación exitosa y esto porque el Genera Medina, para evitar una guerra civil y el derramamiento de sangre, aunque la conspiración militarmente estaba perdida, se rindió.
Cuando Medina se rindió sacaron de los calabozos a los jefes del golpe y entonces el presidente de la República fue detenido en la Escuela Militar, y la suerte de Venezuela cambió. A medina le faltaban nada más que seis meses para terminar su gobierno.
Medina, siempre afable. Foto tomada de www.venciclopedia.com
Luego del derrocamiento, e instaurarse la Gloriosa Revolución de Octubre, turbas armadas procedieron a atacar y saquear las casas de los medinistas, se crearon tribunales especiales para juzgar por peculado a los personajes más destacados de su administración, a quienes se les confiscaron las propiedades sin mediar sentencia, y se aumentó el sueldo a los militares. Luego de eso, se ha extendido una sombra del olvido sobre este presidente que creía que Venezuela había cambiado para mejor. Mis recuerdos al buen Isaías.

Un video sobre su persona complementa este artículo:


viernes, 4 de octubre de 2013

Sexo, pasión y muerte en Miraflores IV

La antigua Plaza de la Concordia, construida bajo la administración del General Eleazar López Contreras en el sitio que ocupó la infame cárcel de La Rotunda, luego de su demolición en 1936.. La plaza fue destruida en los años 70  para hacer unos estacionamientos subterráneos. Al fondo, la capilla neogótica de las Siervas del Santísimo (Hospital a Glorieta), obra de Erasmo Calvani. Hoy es un lugar peligroso del centro de Caracas, pero en la época de Juanchito tenía vida nocturna. Muy cerca de allí estaba el Teatro Olimpia (Glorieta a Pilita), donde asistió a una presentación de la opereta vienesa "El último vals", de Strauss, pocas horas antes de morir apuñalado.
Imagen tomada de http://mariafsigillo.blogspot.com/

CONTINUACIÓN (tercera parte, aquí)

Como ofrecí, hoy concluiremos el drama de Juancho, Dionisia, Barrientos y Vicentico. En verdad, debería serlo de Juan Vicente, ya que sin ser culpable, era el responsable de todo lo que sucedía: nepotismo, corrupción, abuso de poder, torturas, manipulación constitucional... El Benemérito, al igual que Monagas y todos los déspotas, era de la opinión que "la constitución es un librito amarillo que se reforma todos los años y se viola todos los días". Siempre la víctima será Venezuela. No hubo familia venezolana que no sufriera bajo esta oprobiosa tiranía. Volvamos a nuestra historia:
Foto clandestina de uno de los presos de La Rotunda,
 involucrados en la insurrección militar de 1928. Algún día
hablaremos del Capitán Rafael Alvarado Franco
Barrientos, sobre el cual recaen las máximas sospechas, se acantona en el silencio. Lo tortura el propio Gobernador Julio Hidalgo que ha remplazado a Juancho. No sé nada, contesta el hombre. Soy inocente. La culata cae sobre sus lomos. Le aplican unas drogas norteamericanas que el propio gobernador Hidalgo ha conseguido con médicos amigos. Nada obtienen las pesquisas. Se apela al cepo de campaña. Los dedos de Barrientos ya estallan. Pero la garganta sigue silenciosa. Se le cuelga de una cuerda. No hay palabra. La homosexualidad celosa y la gloria de la venganza cierran aquellos labios. La valentía es siempre reflejo de una gran pasión, la calidad del motivo no tiene relevancia. Poco importa la causa para la psicología de la tortura. Se resiste por un amor desviado o por un ideal. El que atormenta sólo obtiene en los casos una viruta de silencio. Barrientos no habla. Sólo un día dice a Hidalgo. Al general Gómez diré la verdad.
La petición llega a los oídos del general. Pero Gómez conoce una investigación hecha en la Auditoría del Ejército por Ovidio Pérez Ágreda que revela la homosexualidad de Juancho. Y un profundo miedo embarga al dictador. Es la verdad del hermano marico que, como un bofetón, le arrojaría Barrientos a la cara. Ninguna humillación habría sido más grande para el tirano. Destruyan el expediente, ha dicho Gómez a Pérez Ágreda. Que nadie sino vos, Ovidio, conozca esta verdad.
Pérez Ágreda ama a Gómez como si fuera su padre, con auténtica vocación filial. Y sus manos destruyen el expediente. A Barrientos, sentencia Gómez, ni lo dejan en La Rotunda, ni lo llevan a otra cárcel. Es la orden de liquidarlo. Y aquel homosexual celoso muere a manos de los sicarios con un secreto que es para él compromiso y pasión más allá de la sangre y de los nervios.
Ramón Urdaneta
(1932-)
Completaremos ahora la historia narrada por Domingo Alberto Rangel con datos complementarios tomados del libro 20 crímenes inolvidables (Panapo, Caracas, 1988), del escritor y abogado Ramón Urdaneta, que da muchos detalles adicionales sobre los hechos y los protagonistas. Seamos breves y comencemos por los otros detenidos, a quienes se les suministró escopolamina y apomorfina. Primero Mujica, quien suministro el guarapo de papelón caliente adobado con somníferos:
  • Encarnación Mujica: A Encarnación Mujica- primo del capitán Barrientos- lo traicionó el subconsciente, por el aspecto miedoso y las pulsaciones, que le llegaron a 130 por minuto al ser detenido, y desde allí comenzó a formarse el ovillo, que se tejió durante un mes, con sus noches;
  • Rafael Andara: Y el duro coriano, sargento de guardia Rafael Andara, a quien nada intimida, ni siquiera los hipnóticos "sueros de la verdad" que aplican a los detenidos, resiste los dolores y la desesperación con una voluntad de hierro que le abraza. Sobre Andara insisten u na y otra vez, sin resultados, porque la ropa, aquella que usó durante la noche del crimen, tenía dos manchas "cerca de la rodilla del pantalón", que en la experticia resultaron ser de sangre;
¿Y los otros personajes? ¿Quién era el zagaletón que se levantó primero a Barrientos y luego a Juancho? El nombre no aparece por ningún lado. Es como un fantasma. Fedosy Santaella, en su novela lo apellida Saldivia, pero eso es sólo licencia literaria. Don Ramón Urdaneta, cuando lo menciona,  tampoco lo nombra y pone un signo de interrogación. Tal vez no sabía de dónde su fuente había tomado el dato:
... mientras el asesino con saña castiga en el compromiso para vengar la muerte de Margarita, para eliminar el obstáculo creado al vicentismo y, por encima de ello, coincidencialmente, para cobrar la afrenta celosa debida al rapto de aquel "zagaletón" -puertorriqueño (?)-, "era la pasión de Barrientos"- que sin mediar causales le había sido arrebatado por don Juancho...
Las negritas son mías. ¿Puertorriqueño? ¿De dónde sale? ¿Logró escapar? ¿Será que Vicentico y Dionisia contactaron con exiliados en Puerto Rico el envío de un catamita? Hay una nota procedente de algún agente de Gómez en Nueva York, tal vez el cónsul, sobre el tema; la incluye Francisco Salazar Martínez en su libro Tiempo de compadres (Librería Piñango, Caracas, 1972) La carta está fechada 20 de septiembre de 1923:
Ayer le puse un cable en clave en el cual le participaba lo que había descubierto con la agencia de detectives, la mejor que hay en el mundo, sobre el asesinato; hoy quiero ampliarle los detalles que tengo sobre el particular (...) El plan de asesinato del general Juancho Gómez es obra de los revolucionarios y fue tratado en  Puerto Rico en un lugar llamado Sabana Seca, entre dos generales, probablemente Castro y Leopoldo Baptista...
Estaba equivocado el corresponsal, o actuaba en lo que creía era su conveniencia. Tal vez los detectives estaban cobrando por inventar historias. Para esa fecha el Benemérito ya tenía todo bien claro. Cuando llegue noviembre Barrientos, Mujica y Andara son ya cadáveres ambulantes. Volvamos a los personajes que faltan para concluir.
  • Dionisia Bello: Desparecido el juanchismo, Dionisia Bello -nos dice Urdaneta-, mordiéndose los labios salió desterrada hacia Francia, para morir allá. 
Ramón J. Velásquez, en su obra Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez (Ediciones Centauro, Caracas, 1989)  pone en boca del benemérito:
    16, Rue Copernic, Paris. Sede de la Embajada de Venezuela en Francia.
    La propiedad fue adquirida para que Dionisia viviera su exilio dorado.
    Se comenta, aunque no me consta, que su alma culpable pena en el local.
    No es la única embajada de Venezuela donde salen muertos.
Y tuve que decirle a Dionisia que se fuera para Europa y le compré un castillo en Francia. Y entonces reduje las Vicepresidencias a una sola y dejé a José Vicente, pero el 28, la señora de José Vicente no se aguantaba y en su casa se hablaba mal de mi, que si yo era viejo, que si era anticuado, que si eran otros los tiempos, y ya José tenía su corte y sus contraseñas; yo les dije a mis edecanes antes de febrero del año 28 que con los edecanes de José no debían tener ninguna confianza y ello creyendo que yo estaba perdiendo el cerebro, pero era que yo sabía y además había alguien que se lo contaba al compadre Pimentel y el compadre Pimentel me lo contaba a mí. Y vino lo que vino y tuve que llamar a José y decirle que se quitara el uniforme y que se fuera para Europa y que yo había acabado con la Vicepresidencia y con la Inspectoría del Ejército y así se lo comuniqué al Congreso para que reformara la Constitución y acabara con la Vicepresidencia, y Rafael María acompañó a La Guaira a José y José quiso volver pero yo no lo creí conveniente, pues José Ignacio Cárdenas me informaba de sus andanzas y se complicó y murió en Suiza. Trajimos el cadáver y yo fui a la iglesia y antes de que cerraran la urna le di mi bendición. Al fin y al cabo era mi hijo, él no tuvo la culpa sino de su debilidad con su señora...
¿Qué pasó luego con la bella y viuda Josefina Revenga? Una vez en Venezuela el amor y la plata llamaron a su puerta. Luego de que el patriarca la autorizara, casó con Pedro Tinoco Smith, padre de Pedro Tinoco hijo, el banquero desarrollista. Ajá!

Falta uno más. El general y dentista Julio Hidalgo, el Gobernador que torturaba a diestra y siniestra y apretaba, pero no ahogaba, tuvo un fin feo. "Este tenebroso personaje -nos dice Ramón Urdaneta-, fue asesinado a tiros en 1932, en Caracas, entre San Francisco y Sociedad, por el coronel Arístides Galavís, a quien Hidalgo había torturado salvajemente a raíz del crimen de don Juancho".

Para quien desee leer un buen libro sobre Juan Vicente Gómez, el más recomendable, a mi juicio, es Gómez, el tirano liberal (Anatomía del poder), de Manuel Caballero (Alfadil Ediciones, Caracas, 2003). Se le consigue aún con facilidad en las librerías. Buen provecho.

El Presidente Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina en un acto público.
Al final Eleazar se convirtió en el heredero del coroto y supo encauzar a Venezuela hacia un régimen de libertades
y progreso. Cosas del destino; del fondo de los males, salen los bienes

jueves, 3 de octubre de 2013

Sexo, pasión y muerte en Miraflores III

Domingo Alberto Rangel Burgoin , político, profesor universitario e intelectual venezolano (c. 1981), autor
de Gómez, el amo del poder, uno de los mejores textos sobre el Gomezato, según opinión de Arturo Uslar Pietri.
(1923-2012)
CONTINUACIÓN (segunda parte aquí)

Seguimos con esta historia de poder totalitario, corrupto y nepótico con una familia disfuncional. Debería servir de lección para los políticos de siempre. La cosas, que ya están feas por la rivalidad entre los juanchistas y los vicentistas, se ponen color de hormiga a medida que avanza 1923. Que nos siga contando Domingo Alberto Rangel, quien nos da una buena versión de los hechos, en particular el fatal conflicto entre Dionisia y Juancho:

"En uno de sus fundos en Maracay, Gómez recibe el saludo de un diplomático, en presencia del Jefe de
sus Edecanes, de Santos Matute Gómez, Itriago Chacín, Eleazar López Contreras y Efraín González, los tres
últimos miembros del Gabinete Ejecutivo".  (Luis Cordero Velásquez. Gómez y las fuerzas vivas)

Santos Matute Gómez -detrás del Benemérito-, unos años antes de esta foto, había pretendido
la mano de Margarita Torres, hija de Dionisia Bello. Las consecuencias de la ruptura del
noviazgo fueron fatales.
Dionisia Bello tiene una hija de su matrimonio en el Táchira llamada Margarita Torres. Es bella la mujer.  De sus encantos se ha prendado Santos Matute Gómez, miembro del viejo clan que ha venido del Táchira. Margarita ha visitado a Santos cuando éste desempeñaba la Presidencia del Estado Zulia. Hay promesas de matrimonio. Santos consulta a Juancho. Vos si serás pingo, le contesta el primo. ¿No ves que Margarita es una perdida? El otro palidece. Aquello constituye una afrenta a su honor. Tener relaciones y desposar a una perdida es el colmo de la necedad para hombres cuyo machismo es el primer atributo del señorío. ¿Cómo lo probás? Yo me he acostado con ella. El matrimonio queda desbaratado. Pero días después, Dionisia Bello irrumpe en Miraflores. calumniador, miserable, las palabras salen lentas pero cargadas de cólera como lava de estornudo volcánico Me las vas a pagar, termina la mujer, con la amenaza vengativa que ya no es palabra sino fulgor de ojos y espuma de labios enfriados por el goce de su determinación.
Margarita Torres cae de un balazo. El espejo que tenía en la mano rueda hacia el suelo. Y un hilo de sangre le mancha las sienes. Estaba acicalándose en su cuarto cuya ventana se abre hacia la calle. Nadie sabe de dónde vino la bala. Dionisia Bello cree que su hija se ha suicidado porque es la versión que acalla el escándalo. Y aquello acrecienta su odio hacia Juancho Gómez. La muchacha se ha matado porque Juancho la privó de su honor. Entre tanto, Juan C. Gómez, se ha prendado de un zagaletón que era la pasión de Barrientos, también aficionado a la homosexualidad. Dionisia Bello conoce la fiera cólera de celos que aborrasca el pecho de Barrientos. ¿Y por qué no valernos de este carajo para liquidar a Juancho? Barrientos acepta. Pero mucho cuidado. No vas a hablar. Dionisia llama al hijo que es Inspector General del Ejército. Mamá, cómo vas a hacer eso. Tonto, si desaparece Juancho vos serás Presidente. Y el hijo se deja traicionar por sus propias ambiciones. Dionisia vuelve a Miraflores. Pacto de sangré, sabés, Barrientos. No hablás. Pacto de sangre. Dionisia y Barrientos van a vengar sus agravios. Y José Vicente encontrará el camino de su ascenso definitivo en aquel crimen.
Las cosas se complican. ¡Qué gente más torcida!  Margarita estaba ya, según el criterio de la época, "quedada" o solterona... Se le iba el último tren en la persona de un viejo solterón también. El primo Santos no era un muchacho, pero comía casquillo con facilidad. Por algún lado leí que, luego de la conversación con Juancho, Santos se largó a Los Teques hecho una furia e insultó a las dos damas llamándolas de muérganas para abajo. Me imagino que el poco caballeroso comentario de Juancho tiene que ver con el equilibrio de poder en el clan; se siente la mano de Eustoquio en el asunto. Si Santos casaba con Margarita, entraba a fortalecer al grupo vicentista. ¿Una perdida? Lo dudo. Lleguemos a los hechos:
Juan Vicente Gómez en el fundo Tocorón.
Detrás a su derecha, el siempre fiel Coronel Tarazona.
Juancho ha ido la noche del 9 de junio de 1923 al teatro Olimpia donde hay una revista. Allí se exhibe con Vito Modesto Franklin quien luce corbata floreada, pantalón azul, chaqueta roja y zapatos de dos tonos. Es el figurín de la ciudad y Juancho ama aparecer junto a él para darse aires de tolerantes con las extravagancias. Vito Modesto, como árbitro de la moda, es personaje que baña de popularidad a quienes se le acerquen. A medianoche Juancho regresa a Miraflores. Encarnación Mujica le suministra un soporífero en el guarapo que don Juancho, fiel a las costumbres andinas, bebe antes de dormir. Después vienen las veintisiete puñaladas que le infiere Isaías Barrientos. Dionisia Bello, vestida de hombre, vigila de cerca los pasos de su cómplice. Y Juancho pasa a la eternidad.
El crimen es descubierto por una doméstica. Llaman a Tarazona que prepara en ese momento frente a Miraflores, un jugo de naranja para Juan Vicente. El indio regresa atónito. Don Juancho, lo mataron. Juan Vicente va a Miraflores. Ve al hermano inmóvil. Detengan a toda la guardia de palacio. Barrientos, Mujica y Andara, los ejecutores materiales pasan a La Rotunda y con ellos inocentes oficiales de la guarnición de Miraflores. José Vicente se ha paseado la noche del crimen por lugares notorios de Caracas. Es la coartada. Pero tiene que liquidar a un oficial de Los Teques que se asusta una vez perpetrado el homicidio. Era el oficial que había acompañado hasta Caracas a Dionisia Bello disfrazada de hombre.
Unas pocas palabras antes de terminar el capítulo de hoy. Indudablemente doña Dionisia tenía tabaco en la vejiga. Ella vivía en el sector El Llano de Los Teques. Eso de trasladarse de madrugada (a las 3 a.m. se consumó el hecho) hasta Caracas para asegurarse de que se cumpla la venganza dice mucho de ella, su fiereza y su rencor. Hay también otros detalles que Rangel no menciona, pero que son esclarecedores y abren otras interrogantes. Muchas cosas pasaron después con los presos y los esbirros; la valentía y silencio de Isidro Barrientos ante la crueldad de sus verdugos; la caída en desgracia y exilio dorado de Dionisia, etc. De eso hablaremos mañana.

CONTINUARÁ (por aquí)


miércoles, 2 de octubre de 2013

Sexo, pasión y muerte en Miraflores II

Juan Vicente Gómez. Detrás de él a su derecha, José Vicente Gómez (Vicentico).
Foto tomada de Gómez y las fuerzas vivas, de Luis Cordero Velásquez.
CONTINUACIÓN (primera parte, aquí):

Seguimos con nuestra historia, que empieza a tener tonos de novela folletinesca. Nos toca ahora conocer a otros dos personajes de la tragedia de Miraflores. En primer lugar a José Vicente (Vicentico) Gómez Bello, Segundo Vicepresidente de la República e Instructor General del Ejército, cabeza del grupo de los "muchachos" con aspiraciones dinásticas, y a su madre, Dionisia Bello, reina destronada por una muchacha de buena familia de tan sólo de 16 años de edad. Comencemos por Vicentico, quien tiene detrás los motores desenfrenados de su madre y su esposa. Según D. A. Rangel:
En la foto superior, Vicentico con su uniforme de
general, cargado de medallas.
Abajo, José Vicente con su esposa, la bella Josefina
Revenga Sosa, hipnotizado, babeando de amor.
A José Vicente, más dúctil que su tío, la sociedad le rompe los acantilados del ancestro campesino. Ha casado con una hermosa mujer de Caracas, Josefina Revenga, hija del Dr. (Rafael) Revenga y enlazada con abolengos que remontan al Libertador. La dama es bella y además lleva en su personalidad las ambiciones de cuna y las complejidades de una pasión por la política. Josefina Revenga descorre para José Vicente Gómez los velos de la fineza y las tentaciones de un mundo que aguanta sus manejos. Es un poco París en el perfume y las lecturas. La vieja historia de los bárbaros domados por las gracias de unas manos de marfil o un cuello que pide el talento del escultor para perpetuarse, viene a repetirse con el hijo de Juan Vicente Gómez y la heredera de un mayorazgo social que nació junto a Simón Bolívar. Josefina tiene libros hermosos y habla de países donde las gentes hacen de la cultura una como tersa manera de abordar las cosas. Con qué exquisitez toma Josefina Revenga los cubiertos o habla, frente a la pared, del cuadro que consagró París.
Entre Juancho y José Vicente interpondrá Caracas, con Josefina Revenga y el murmullo de sus fiestas, el barranco de una rivalidad que el general Gómez desde Maracay teme y vigila...
Aquí tenemos un caso clásico de una damisela rica y educada que se casa con un tártaro y, para colmo, bastardo-adulterino. Me pregunto si la bella Josefina se hubiera siquiera fijado en la presencia de algún muchacho bien educado y con abolengo, pero sin plata ni poder. En una verdadera aristocracia los matrimonios son endogámicos y no aceptan elementos externos a menos que éstos prueben su nobleza. La burguesía criolla no tiene remilgos a la hora de juntarse con el poder y los reales. Un dato más, su padre, el Dr. Rafael Revenga, fue uno de los médicos que atendíeron a Cipriano Castro durante su enfermedad y quien propuso su traslado a Alemania para ser tratado. Antes de cruzar el Atlántico, ya Cipriano estaba destronado y Juan Vicente se apoderaba de todo. ¿Qué tal? Así funcionan las cosas. Volvamos a Vicentico:
José Vicente Gómez en la Inspectoría del Ejército es la culminación para Juan Vicente de un problema sucesoral que se enreda en los pliegues de su psicología. (...) La subjetividad del campesino simplifica, hasta el extremo, el cuadro de sus vivencias. Prever, defenderse, ser exacto en las obligaciones, sintetizan el mundo psíquico de quien haya cruzado cruzado por la vida en el marco inmóvil de una aldea. La sucesión es entre los campesinos un problema de crear las circunstancias que permitan la repetición, más allá de la muerte, de aquel mundo.
José Vicente era el hijo mayor del tirano. Había nacido en 1888, cuando Juan Vicente alcanzaba ya la reputación de hacendado próspero. Los años de la infancia consciente y de la adolescencia transcurren para este primer vástago en la Caracas donde el padre es Vice-Presidente y figura muy destacada entre los dominadores del país...
José Vicente tiene, junto a sus andanzas (de muchacho), el privilegio de ser hijo de un personaje  de la política. Desde su llegada a Caracas disfruta de coches. Para concluir los estudios que pide la tradición campesina asiste a los colegios más exclusivos de la ciudad. Y como hay una cohorte de compañeros obsequiosos y de esbirros que lo acatan, el muchacho ejercita la fruición del mando a la edad del tránsito entre la infancia y la adolescencia. Es un Gómez, apellido que ya tiene significación desde aquella noche en la Casa Amarilla, cuando a puertas cerradas deciden Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez el rumbo del país que han conquistado. Y un Gómez constituye, a partir de 1899, cascada de oportunidades gratas y pista de expansiones en un medio que propicia los pasos de los vencedores, porque la Caracas conquistada siempre tuvo sonrisas y blanduras.
El muchacho tiene que ser como yo. Era la reflexión de Juan Vicente cuando José Vicente ingresó a las tentaciones y a los problemas de la edad viril. Gómez quería repetirse porque así lo dictaban las tradiciones del clan. (...) La perpetuación de los oficios, defensa de los campesinos frente al medio, no será posible con José Vicente Gómez. No se conquista un país impunemente. La carga de la victoria  es la esclavitud hacia los deberes.
Entonces el Benemérito envía a su hijo a la milicia y años después lo nombra General e Inspector General del Ejército.  Vicentico no está exento de ambiciones, que se acrecientan con el disfrute de los atributos de poder, los aplausos y la adulación. Nominalmente tendría bajo su mando todas las tropas; pero en realidad debía compartir con el primo Eustoquio en Táchira y el tío Juancho en el Distrito Federal, a quienes la tropa obedecía fielmente. La otra guarnición importante, Maracay, estaba al servicio directo del papá. "¿Qué carajo tengo yo? Esa pregunta muy íntima es gota sobre una roca de recelos", nos dice Rangel.
Con José Vicente en la Inspectoría General, ya consolidada una tiranía que no tendrá enemigos peligrosos en el futuro, la capa joven del clan asciende al Poder. Los hijos de Juan Vicente dejan de ser muchachos, como genéricamente designan los campesinos a la gente moza, para convertirse en socios de la compañía llamada Venezuela (...).
Insensiblemente, sin que ninguno de ellos tuviese tiempo o la determinación para advertirlo, el clan Gómez va agrietándose desde que José Vicente entra a ejercer la Inspectoría General del Ejército. Los jóvenes se agrupan en torno al Inspector General del Ejército. Allí están José Vicente, Alí, Gonzalo y sus hermanas, hijos todos de Juan Vicente Gómez y de Dionisia Bello, la hermosa mujer del cabello tentador en unas ferias. Los viejos van apiñándose alrededor de Juancho y de Eustoquio, que entre los hermanos y primos del general han alcanzado las más altas posiciones en el gobierno. Entre la Inspectoría General donde oficia José Vicente y la gobernación de Caracas o la Presidencia del Estado Táchira, que son los cargos de Juancho y de Eustoquio desde 1914, una grieta tácita se abre distancias.
Al agravarse los males del dictador, afloran todas las ambiciones y rencores "... mientras Gómez llega casi al coma urémico, el régimen se divide en dos bandos de buitres con garra levantada ya sobre la carroña del jefe", pero esto ya lo sabemos de hace tiempo. Sólo nos falta presentar a otro personaje importante: Dionisia Bello. Fedosy Santaella la describe muy bien en su novela. Es toda una fiera resentida, peligrosa como una mapanare y más brava que tigra con cría. Veamos qué nos dice de ella Luis Cordero Velásquez en su obra Gómez y las fuerzas vivas (Editorial Lumbego, Caracas, 1971), libro de donde tomé las fotos para este capítulo:
En sus viajes al pueblo (se refiere a Juan Vicente Gómez y al pueblo de Capacho) se enamora de Dionisia Bello de Torres, y ella se va con él a "La Mulera. Su pasión por la dama le hará romper su juramento; aun cuando se asegura que convivieron en habitaciones separadas para evitar reclamos de la mujer, ya que él continuó viviendo como soltero. (...) Dionisia, con dos hijas de su matrimonio, le dio cuatro retoños mientras estuvo en "La Mulera": Josefa María, nacida en 1886; José Vicente, el 88; Flor de María, el 90, Alí el 92 y tres más: Graciela, Servilia y Gonzalo, nacidos en territorio colombiano a partir de 1892.
Nada de particular aquí, excepto que las condiciones de doña Dionisia cambiaron luego del triunfo de la Revolución Restauradora. Juan Vicente la deja por otra y ella pasa a un exilio dorado en Los Teques, estado Miranda. La rival es Dolores Amelia Núñez de Cáceres (en Oficio de difuntos, el padre Solana la apoda "la Sulamita"), con quien Juan Vicente tuvo también una familia reconocida. Justo es decirlo, el Bagre no era un mal padre y atendía a los setentitantos hijos que tenía de diversas mujeres. Llevaba la cuenta, pero los más cercanos a sus afectos eran los Gómez Bello y los Gómez Núñez. Estos últimos mejor criados y de mejor carácter que el resto de la familia.

Pronto habrá otra afrenta sobre Dionisia, más grave, que la hará estallar en furia asesina. El hecho involucra a su hija Margarita Torres Bello, que, mancillada, se suicida. Ese será el tema del último capítulo que publicaremos mañana.

CONTINUARÁ (por aquí)