lunes, 25 de agosto de 2014

Oficina N° 1


Hace unos tres años me acerqué a El Tigre, estado Anzoátegui, para asistir a la ordenación diaconal de un amigo, hoy párroco de María Auxiliadora en Lechería. Eduardo me llevó al club de PDVSA para que viera la Oficina N° 1, el primer pozo petrolero que se perforó en la zona y que dio el nombre a la tercera novela de la trilogía de Miguel Otero Silva. Para entonces, no la había leído aún y ya en Caracas me propuse subsanar esa deficiencia.

Pozo Oficina N° 1
Foto de www.guanipanoticias.com.ve
Oficina N° 1 es una novela fácil de conseguir pues es uno de los clasicos de la literatura venezolana del siglo XX. Encontré la edición reciente por Los Libros de El Nacional (Caracas, 2009) y me dispuse a leerla. ES una novela que describe el paso de la Venezuela agraria semifeudal a la petrolera y moderna. Leemos en la contraportada:
Ambientada en la región Oriental del país (El Tigre), esta novela cuenta la creación de una población que se levanta a partir de la explotación petrolera llevada a cabo por una compañía norteamericana; pueblo de errantes, rústico y precario, con sus casas de bahareque hechas por los indios "en solo un día"; con su bodega, su botiquín y el ávido perfume de sus prostitutas; un poblado de gente piadosa y cauta, desconfiada y tramposa, donde la avaricia, el oportunismo y el atraso social conviven con las formas de desarrollo industrial minero, la planificación económica, y la eficiencia laboral de la compañía extractora. Novela hecha de personajes ya memorables en nuestras letras como Mrs. Taylor y Carmen Rosa, Oficina N° 1 deja constancia, en el imaginario de nuestra nación, de los rigores de una realidad histórica, de "casas mal nacidas" como las llamó el propio autor, realidad que cambió y definió el destino de Venezuela para siempre.
Iglesia de la Virgen del Valle, El Tigre, estado Anzoátegui
Comentario de los editores aparte los personajes de la novela conforman un mundillo, a veces sórdido, otras de trabajo y dedicación. Están, por ejemplo los margariteños que se dedicaban con ímpetu al trabajo; los sindicalistas y activistas de izquierda que luchaban por la agremiación sindical con oposición de la compañía y del Jefe Civil, a pesar de estar autorizada por el gobierno; corruptelas de la compañía con las autoridades locales para hacer lo que les viniera en gana; el cura español que recogía plata para la construcción de una iglesia que nunca inició, sino su remplazo y un sacerdote merideño; los chinos de servicio, los americanos que se adaptan, casan con criolla y se quedan... De todo un poco.

Si hoy paseamos por las calles de El Tigre nos encontramos con la Iglesia de la Virgen del Valle, inaugurada en 1954 (tal vez remplazo de la choza de bahareque construida por los margariteños; en pleno centro la casa de la Asociación china, con los símbolos de la República China del Kuo Ming Tang, pero pintada gris ratón; el mercado, etc. Hay cierta prosperidad en El Tigre. Si se produce el desmembramiento de la Diócesis de Barcelona, será sede episcopal. Nadie podría sospechar en 1911 que un puesto telegráfico podría convertirse tan rápidamente en una ciudad.

El tema petrolero surge aquí y allá en la literatura venezolana. Hay dos novelas de Ramón Días Sácnhez que lo tratan: Mene (1936) y Casandra (1957), que considero de interés para profundizar en este aspecto.


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