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jueves, 23 de enero de 2014

Danza guajira

Chichamaya. o Yonna
Foto de Jairo Castilla Bedoya (www.flicker.com)

DANZA GUAJIRA

A Federico Uhrbach

Pára en la hacienda el tráfago del día;
i al entregar la tribu sus labores,
con chumbes i refajos de colores,
a su modo salvaje, se atavía.

Después, en la cercana ranchería,
resuenan papayeros i tambores,
semejando los ecos vibradores
un iracundo mar bajo la umbría.

La tribu forma cerco; i al instante,
suelta pareja, en danza extravagante,
se estrecha, huye, retrocede, gira...

I no cesa la danza bulliciosa
hasta que el indio, a quien su dama acosa,
rueda a los pies de la gentil guajira


Udón Pérez
Ánfora Criolla.

Udón Pérez

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Efebos de provincia

Alcaraván



EFEBOS DE PROVINCIA


Pasan por la avenida, con intento
i dengue mujeril: cínico gaje.
Sus cabellos, en forma de plumaje,
brillan con lustre de oloroso ungüento.

En la garganta, i a merced del viento,
pañuelo lucen de bordado encaje;
i, cual plumón de alcaraván, el traje,
pintas brunas en fondo ceniciento.

Tal la pareja, con chapines blancos,
la redondez activa en sus flancos;
de sus maneras de mujer se engríe.

I como sueña lujuriosos planes,
camina como un par de alcaravanes
i como un par de alcaravanes ríe.



Fuente: Udón Pérez. Ánfora criolla
Gobernación del Estado Zulia, Maracaibo, 1951


viernes, 9 de noviembre de 2012

En la selva

Paisaje de Venezuela
Anton Goering, 1880

EN LA SELVA

Para Pablo A. Vílchez     

I
Del lago al sur, por extendido llano,
entretejen los árboles bravíos
su copa secular, sobre cien ríos
que ruedan con rumores de océano.
Nunca en sus bosques el progreso humano
abrió senderos y formó bohíos,
sin que se alzaran a menguar sus bríos
la humedad y la fiebre del pantano.
Al paso de la audaz locomotora,
que dominó las rústicas barreras,
turba inmensa de pájaros se azora;
y cual protesta a la invasión extraña,
el rugido espantoso de las fieras
simula un terremoto en la montaña.

II
Bajo un límpido crepúsculo de gualda
mueve el río su linfa luminosa,
mientras la selva, cual propicia diosa,
con orquídeas y juncos le enguirnalda.
De nudoso caimán sobre la espalda
falange de pelícanos se posa
como gigantes pétalos de rosa,
que caen sobre un tronco de esmeralda.
Finge el caimán un barco en la corriente;
de su plumón la púrpura luciente
tiende la tropa, como vela henchida;
y al sumergirse el monstruo en las suaves
linfas, el rojo vuelo de las aves
abre en el éter sanguinosa herida.

III
La frente en alto, la pupila roja,
se hallan dos ciervos junto a dulce charco,
donde forja la grama verde marco
que agita el viento y que la linfa moja.
Uno al otro colérico se arroja;
y bajo un sol de otoño en luces parco,
cruzan las astas múltiples en arco
cual una ramazón desnuda de hoja.
Ambos se buscan a la débil llama
que baña el charco en lumbre amarillenta;
y al fin cansados por la lid violenta,
se desploman los dos sobre la grama,
presos por la enredada cornamenta.

IV
La joven india a quien la tribu nombra
"Lirio del bosque", por su dulce gracia,
busca en la siesta florecida acacia,
y al abrigo se duerme de su sombra.
Siempre escondida bajo mustia alfombra
muestra de pronto, entre la hierba lacia,
dos pupilas que fulgen con audacia
y una lengua de púrpura que asombra.
Avanza con sigilo y sin premura;
sube y se esconde entre la tosca urdimbre
que guarda el seno de la virgen pura.
Hinca el diente mortal entre claveles,
y con airosa ondulación de mimbre
sacude sus sonantes cascabeles.

V
Cuando bajo los árboles copudos
de la jauría audaz vibran los ecos,
abandonan los báquiros sus huecos,
labrados en los troncos hechos nudos.
Hay gritos en la selva, choques rudos,
crujir de hojas y de ramos secos;
y jirones de piel, cual rojos flecos,
cuelgan de los colmillos puntiagudos.
En el encono de la lid salvaje,
eriza la manada su pelaje
y hediondo almizcle de su espalda brota.
Mas cuando el trueno del fusil estalla,
rompen los cerdos la silvestre malla
como un tropel de ejército en derrota.

VI
Por oculta vereda, que enmaraña
la selva con sus juncos y sus flores,
en silencio los indios cazadores
buscan un claro abierto en la montaña.
Siente la corza allí, que en luz se baña
de un sol canicular, leves rumores,
y, fiando en sus cascos voladores,
huye hacia un bosque de tupida caña.
Mas la turba la cerca, y la encamina
de soto en soto, hacia la trampa obscura
de un lago de betún que el sol calcina.
Y al dar la corza en él con rudo salto,
se queda, cual inmóvil escultura,
de pies hundida en el hirviente asfalto.

VII
Para en la hacienda el tráfago del día;
y al entregar la tribu sus labores,
con chumbes y refajos de colores,
a su modo salvaje se atavía.
Después, en la cercana ranchería,
resuenan papayeros y tambores,
semejando sus ecos vibradores
un iracundo mar bajo la umbría.
La tribu forma cerco; y al instante,
suelta pareja, en danza extravagante,
se estrecha y huye, retrocede y gira.
Y no cesa la danza bulliciosa
hasta que el indio, a quien su dama acosa
cae a los pies de la gentil guajira.

VIII
Escapó con sigilo de la hacienda
por huir las fatigas del trabajo,
cuando el pueblo a sus chozas se retrajo
y retiróse el jefe a su vivienda.
Atravesó la solitaria senda
en pos de la barranca hendida a tajo,
y se fue río abajo, río abajo,
sobre el tronco flotante de una penda.
Era un esclavo que en perenne duelo
sufrió de un caporal el yugo impío;
soñó en la huida, y al lograr su anhelo,
aunque era noche plácida de estío,
se ocultaron los astros en el cielo,
cómplices de su fuga por el río.

IX
Charlaban en la nave los peones,
mientras iban clavando sus palancas
en el rojo tapiz de las barrancas
y del río en las verdes ramazones.
Apareció un caimán. -De esos bridones
en más de una ocasión domé las ancas,-
un boga dijo; y se lanzó a las blancas
espumas que el raudal alza en turbiones,
Fuese el caimán con ánimo sereno;
combatió con el monstruo frente a frente;
y haciendo al fin de su chamarra freno,
de la temprana luz al rayo tibio
se le vio cabalgar por la corriente
sobre la espalda del rugoso anfibio.

X
No brilla en el espacio estrella alguna
ni un cocuyo fugaz; el hondo río
se aleja con medroso murmurio
bajo las sombras de la noche bruna.
Repente, en el follaje, tiembla una
diafanidad de plata; y el bravío
raudal, en sus espumas, siente el frío
ósculo no esperado de la luna.
Al tenue resplandor, surge un bohío,
como un fantasma pálido y sombrío,
de la alta vega en la tendida puna.
Blanquea en la distancia el caserío;
y va una balsa en pos de la laguna,
cual un saurio monstruoso, hendiendo el río.

XI
El toro en la alta noche condenado
a morir del peón bajo el acero,
dejó al caer, orillas del sendero,
una felpa de púrpura en el prado.
Cuando mostró en oriente el sol dorado
de su tesoro el rol primero,
guiaron los pastores al estero
herboso y florecido, su ganado.
Fue cada res al charco purpurino;
la sangre olfateó; rompió en lamentos
de triste vibración por el camino;
y, bajo un cielo recamado de oro,
se estremeció la selva a los acentos
roncos y extraños del doliente coro.

Paisaje de Venezuela
Anton Goering, 1888
Los primeros versos de Udón Pérez que leí en mi vida, lo recuerdo claramente, están plasmados en este largo poema. El Ministerio de Educación sugería, entre otras, leer alguna estrofa de este autor marabino. Allí está lo que me quedó grabado en mi memoria de adolescente:
Bajo un límpido crepúsculo de gualda
mueve el río su linfa luminosa
mientras la selva, cual propicia diosa,
con orquídeas y juncos le enguirnalda.
De nudoso caimán sobre la espalda
falange de pelícanos se posa
como gigantes pétalos de rosa,
que caen sobre un tronco de esmeralda.

Udón Pérez
1871-1926
¡Con qué colores e imágenes nos pinta Udón el paisaje zuliano! Por muchos años estuve buscando el texto completo, pero en mi poca aplicación al estudio, no guardé en la memoria sino el nombre del autor y algunas indelebles imágenes. Con el tiempo y al llegar la madurez, volví a encontrarme con En la selva, completa en todas sus partes. Está publicada en la Antología de la poesía venezolana, compilada por Rafael Arráiz Lucca (Panapo, Caracas, 1997), de donde tomé el texto, y en La antigua y moderna literatura venezolana, de Pedro Díaz Seijas, cuya transcripción, aunque imperfecta, sirvió para cotejar.

Hoy veo a En la Selva como un paseo por la cuenca del Lago de Maracaibo, su flora, su fauna, su ambiente y también su paisaje humano. Allí aparecen las zonas húmedas, silvestres y pantanosas del sur del lago, con sus venados, caimanes, báquiros, orquídeas, juncos y árboles; los indios motilones esclavizados por los hacendados mestizos; los guajiros del norte del lago bailando la chicha maya luego del trabajo; la bella "Lirio del bosque" picada por una serpiente cascabel; la ganadería, los pozos de brea que indican la presencia del petróleo... Todo ello en un lenguaje florido, bello y lleno de colorido.

De él dice Pedro Díaz Seijas en (Ediciones Armitano, Caracas, 1966):
...poeta descriptivo, de una gran fuerza lírica, Udón Pérez se convierte en el mejor cantor de su zona. El lago de Maracaibo, con sus bellezas de tierra caliente, sus selvas adyacentes, su pintoresca naturaleza, es un leit-motiv en la poesía de Udón Pérez. La musicalidad de su poesía, una gran facilidad para la versificación, le dieron en su tiempo una justa y dilatada fama. (...) Por su formación y sus preferencias literarias pertenece a lo que la crítica americana ha denominado dentro del modernismo, la corriente mundo-novista.
Para ilustrar este poema no me parece otro autor más indicado que Christian Anton Goering (1836-1905) naturalista prusiano que visitó la zona durante sus viajes de exploración zoológica a cuenta de la Sociedad Zoológica de Londres. Anton Goering vivió en Venezuela varios años y a su regreso a Europa escribió Von Tropische tieflande zum ewigen schenee. Su obra, que otro día comentaremos, nos muestra una Venezuela que ya no existe y expresa el cariño que le tomó al país.

Imagen de unos palafitos en el Lago de Maracaibo, dibujo de Anton Goering.
Allí vemos a las señoras wayúu vestidas con su manta y a sus maridos atendiéndolas como reinas.

jueves, 13 de septiembre de 2012

En la celda del Poeta


Alfredo Arvelo Larriva
1883-1934
El poeta prisionero

EN LA CELDA DEL POETA

I
Tu nombre es como un óleo....


A Mercedes Arvelo Larriva

Tu nombre es como un óleo....
                                   Entre la espesa
sombra de la prisión, brusco i altivo,
tu noble hermano, el trovador cautivo,
los cabellos indómitos se mesa.
Sangra su ira. Ante la suerte aviesa
desata su rencor creciente i vivo,
cual león soberbio i vengativo
que ruge entre la jaula que le apresa.
Súbito, se detiene. De sus labios
que enardecieron cóleras y agravios,
surge tu nombre de ideal dulzura.
I tu nombre -que en ritmos se desgrana-
es como un óleo que perfuma i sana
de un rencor la ardiente calentura.

II
En la triste penumbra....

A Enriqueta Arvelo Larriva

En la triste penumbra de la estancia
donde el poeta prisionero añora
días de libertad, con la prestancia
de su verbo que es música sonora;
en la triste penumbra de la hora
crepuscular, me cuenta de su infancia,
de su amor, de su vida -amarga ahora
i henchida ayer de mieles i fragancia-.
De tu ingenio después, de la exquisita
ternura de tus cartas, que en su cuita
él como un vino de salud escancia.
I al extinguirse el verbo del poeta,
una visión divina -tu silueta-
como viniendo a mí, flota en la estancia.

III
I me dice el hermano....

A Lourdes Arvelo Larriva

I me dice el hermano prisionero
al hablarme de ti: - Su cuerpo iguala
al blancor de la nieve que en la escala
abrupta de los montes cuelga Enero.
Mas de sus crenchas el caudal reguero
que por los hombros túrgidos resbala,
del cuervo tiene el abenuz del ala
i la gracia ondeante de un plumero.
I me dice el encanto con que urdes
tus hilos de ilusión; i alegre evoca
tu nombre, santo i milagroso: Lourdes.
I tu nombre en mi espíritu suscita
el hondo Gave, la calada roca
i la dulce visión de Bernardita.

IV
Tristeza de la hora....

A Aura Arvelo Larriva

Tristeza de la hora vespertina,
en la prisión. Mercedes... Enriqueta...
Lourdes... Cada hermanita del poeta
la ensalza él en frase peregrina.
- Aura- dice de ti - la Benjamina
de un lloroso hogar, dulce, discreta...
I del cautivo en la palabra inquieta
honda emoción mi espíritu adivina.
- ¡Aura!... I se queda pensativo. Acaso,
de la prisión en el ambiente escaso
tu nombre le recuerda el aire puro,
el aura libre, el germinal aliento,
que no llega hasta el lúgubre aposento,
i que oye susurrar detrás del muro...


Udón Pérez
1871-1926
Autor
 El poeta zuliano Udón Pérez dedicó cuatro sonetos a las hermanas del poeta barinés Alfredo Arvelo Larriva, quien se encontraba preso durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. Fueron publicados en el poemario Ánfora Criolla en 1913 (el ejemplar que tengo es una edición de la Gobernación del Estado Zulia, Maracaibo, 1951). Alfredo Arvelo es uno de los máximos exponentes del modernismo en Venezuela. Una buena biografía suya se puede leer por aquí.  Una vez liberado de prisión, en 1921, se le condenó al destierro, viajando luego por Europa y América. Muere en Madrid en 1934.


domingo, 26 de agosto de 2012

Maracaibo mía


Botica Nueva. Plaza Baralt
Maracaibo
Tomada de Viejas Fotos Actuales


¡MARACAIBO MÍA!
Porque yo te canto desde que el destello
Primero del alba sube monte arriba,
Al viejo ”Empañado”, que miente un camello,
La testa le bruñe, le dora la giba;
Porque yo te canto cuando el foco bello
Del sol en la altura sus llamas aviva,
Y allá me figura fantástico sello
Que sella del cielo la vasta misiva:
Porque yo te canto cuando el disco rojo
Del astro poniente reproduce el ojo
De algún Polifemo, sobre ápices zarcos:
Porque yo te canto diciéndote “mía”;
Me ladra y me muerde la burda ironía,
Los canes hidrófobos de los Aristarcos.
¡Que ladren y Muerdan…! Mientras los palmares
De insomnes penachos que orlan tu laguna,
Sean a mis ojos así como una
Falange de indios que celan sus lares…
Y finjan tus sombras nocturnos manglares;
Y un arco guajiro tu menguante luna,
Que clava en los flancos de la noche bruna
Las flechas de oro de tus luminares…
Mientras que tus islas, que oyeron mis loas,
Me acuerdan los rudos chozos primitivos
De maras y aliles. Moporos y toas
Y de su vernácula vital sinfonía
Aves, auras, frondas… me brinden motivos:
Yo te diré “mía”, Maracaibo mía.
“Mía”, cuando evocas tus hombres de gesta
Cuando sus hexámetros vibran tus cantores,
Y en labios y plumas, sin ruines temores,
Brasa de Isaías, arde tu protesta.
“Mía” cuando tiendes la mano, dispuesta
A vendar heridas, a calmar dolores,
A empuñar la esteva de los labradores
O el hacha que abre la inculta floresta.
Cuando amparas niños, viejos y mujeres,
Y cual hormiguero bullen tus talleres,
Y hay en tus escuelas sol y greguería.
“Mía”, cuando ríes, “mía”, cuando oras,…
“Mía”, a todas horas, Maracaibo mía.
¡Cuna de mis padres y de mis abuelos,
Cuna de mi Ida, para siempre ida,
Cuna de mi prole, y en donde mi vida
Se abrió como un cáliz al sol de tus cielos!
En tí han frutecido todos mis anhelos,
Tú has sido en mis luchas mi escudo y mi égida,
Diste a mis victorias láurea florecida
Y a mis desventuras ceñiste asfodelos.
Mis aves de ensueños colgaron sus nidos
En tus rosaledas, y duermen en calma
Bajo tus cipreses mis muertos queridos.
¡Que ladre y que muerda la tropa jauría!,
Mientras yo te llamo con voces del alma,
“Mía”, a boca llena, Maracaibo mía.


Cine Alcázar (ya demolido). Maracaibo
Tomada de Viejas Fotos Actuales
Udón Pérez
1871-1926
autor
 Udón Pérez es el pseudónimo con el que se conoce al poeta venezolano Abdón Pérez Machado (una buena biografía breve se puede leer por aquí), nacido en Maracaibo en 1871 y fallecido en 1926. Siempre, desde que escuché por vez primera el Himno del estado Zulia, me gustó la riqueza y exuberancia de su lenguaje y las imágenes líricas que transmite. Tengo en casa un ejemplar de su poemario Ánfora Criolla (Gobernación del Estado Zulia, Maracaibo, 1951), libro que me ha dado buenos momentos de grato esparcimiento.
Udón fue amigo de toda la vida de mi abuelo materno, lo que supe hace unos dos años porque me lo contó una tía. Hoy en homenaje a este amigo de la familia, que contribuyó como el que más que a Maracaibo se la conociera como la Atenas de América,  transcribo el poema "Maracaibo mía".
Sirva también como celebración de la efemérides de ayer, 24 de agosto. El día de San Bartolomé de 1499, Alonso de Ojeda, acompañado de Juan de la Cosa y Américo Vespucio, descubre el Lago de Maracaibo.

Calle antigua de Maracaibo
La conocí así.