viernes, 29 de junio de 2012

Eros fugitivo


Cipris llamaba en alta voz a su hijo Eros: "Si alguien ha visto a Eros vagando por los caminos, sepa que el fugitivo es mío; tendrá una recomprensa quien me indique su paradero. Tu recompensa será un beso de Cipris. No disfrutarás un beso solamente, si me lo traes, sino que recibirás más aún, ¡oh, extranjero!
"Este niño está marcado con señales numerosas, y le reconocerás entre veinte más. No es blanco de cuerpo, sino semejante al fuego; sus ojos son agudos y llameantes; su espíritu es astuto, pero sus palabras son dulces. No piensa lo que dice, y su voz es como miel; pero cuando se irrita , su espíritu es cruel y está lleno de fraudes. No dice nada de verdad el niño astuto, y juega cruelmente. Su cabeza está cubierta de hermosos cabellos, pero tiene el rostro impúdico; sus manos son pequeñas; pero lanzan flechas muy lejos, hasta Akerón y el rey Edes. Está todo desnudo, pero su espíritu está escondido. Vuela como un pájaro hacia los unos y hacia los otros, hacia hombres y mujeres, y se asienta en sus corazones. Tiene un arco muy pequeño, y en el arco una flecha; esta flecha es pequeña, pero penetra hasta el Urano. Lleva a los hombros un carcaj de oro, en el que hay flechas amargas, con las cuales a menudo me hiere a mí. Todo lo que tiene es terrible; pero más que todo, su pequeña antorcha, que quema al propio Helios.
"Si le coges, tráemele tras de atarle, y no sientas ninguna lástima; si le ves llorando, cuida de que no te engañe; si se ríe, átale bien, y si quisiera besarte, huye. Su beso es malo y sus labios son veneno. Si dice:"¡Toma esto, te doy todas mis armas!", no toques a ellas; son dones pérfidos, y todo eso está saturado de fuego."


Fuente: Hesíodo. Idilios de Mosco (Editorial Porrúa, México, 1976)

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