viernes, 27 de julio de 2012

Lolita, un clásico del siglo XX

Lolita
Carátula
Antier concluí la lectura de Lolita (Anagrama, Barcelona, 2011), la novela de Vladimir Nabokov que ya es un clásico del siglo XX.  Hasta el momento, no había leído nada de este autor y decidí una aproximación a través su Lolita, y no quedé defraudado.

Es una novela rica en matices y lirismo, provocadora e inquietante. Tardé en leerla, no por falta de interés, sino por la necesidad de captar a plenitud lo que Nabokov nos transmite. El autor, al final del texto incluyó, para la edición de 1957, el apéndice Acerca de un libro titulado "Lolita" en el que fija su posición ante las críticas surgidas en los Estados Unidos, que conviene también leer. No es un libro pornográfico, ni antiamericano, ni europeizante, sino más bien un poco de culta ficción erótica.

De la contraportada citamos:
La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, con la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción "perversa" por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. Lolita es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y el motel. En resumen, una exhibición deslumbrante de talento y humor a cargo de un escritor que confesó que le hubiera encantado filmar los picnics de Lewis Carroll.

Muy buena. Me gustó tanto que de paso compré el ensayo crítico Nabokov y su Lolita (La Compañía de los Libros, Madrid, 2010) de Nina Berberova, que no sólo me orientará en la relectura de la novela, sino también profundizar en la obra del autor.
Vladimir Nabokov
1899-1977
Autor
"No soy lector ni autor de novelas didácticas y, a pesar de la afirmación de John Ray, Lolita no tiene lastre moralizante. Para mí, una obra de ficción sólo existe en la medida en que proporciona lo que llamaré lisa y llanamente placer estético, es decir, la sensación de que algo, en algún lugar, relacionado con otros estados de ser en que el arte (curiosidad, ternura, bondad, éxtasis) es la norma. Todo lo demás es hojarasca temática solidificada en inmensos bloques de yeso cuidadosamente transmitidos de época en época, hasta que al fin aparece alguien con un martillo y hace una buena rajadura a Balzac, a Gorki, a Mann."

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