martes, 7 de agosto de 2012

El enano de la Catedral

Revisando entre mis libros de costumbres y crónicas de Caracas, me tropecé con esta interesante leyenda que formó parte del imaginario caraqueño, que se mantuvo vigente hasta principios del siglo XX. Varios cronistas la mencionan y es siempre más o menos la misma historia. Tomaremos la que nos da Carmen Clemente Travieso en su libro Anécdotas y leyendas de Caracas (Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas, 1971). Que sea doña Carmen quien nos cuente, con su prosa de caraqueña amable. No busquemos exactitudes, ni precisiones, que lo importante es el cuento del espanto:
¡Uy, qué miedo!
Foto tomada de El Universal
Es posible que muchos de los caraqueños de hoy desconozcan la leyenda del "Enano de la Torre de la Catedral", porque, aunque parezca mentira, nuestra Torre de la Catedral tiene su "enano fantasma", lo mismo que la de Notre Dame de París tiene su historia del Jorobado que casi todos conocemos.
...Las crónicas dicen que sólo los transnochadores, los aventureros, los que se arriesgaban en las tétricas noches, embozados y valientes en busca de una hora de placer, eran los que podían ver y aún hablar con el "enano de la torre de la catedral".
(...)
La leyenda del enano fantasma corría de boca en boca. Y era corriente en cualquier salón caraqueño mirar y oír algún personaje importante, quien después de aclararse la voz y ponerse de pie, comenzaba a relatar la leyenda del día, ante el asombro y terror de las jóvenes y damas encopetadas de la sociedad.
Buenosmozos o patiquines, espíritus
de la movida nocturna...

El mes de enero ha sido siempre un mes neblinoso en la ciudad de Caracas. las noches son friolentas y luminosas. Fue precisamente en una de esas noches neblinosas cuando comienza nuestra historia.
Un joven muy buen mozo, muy enamorado, muy simpático, muy parrandero y amigo de nocturnas aventuras, se dirigía una noche a su casa situada en la apartada barriada de Candelaria, después de pasar una noche de diversiones y aventuras. Al pasar bajo la torre de la catedral, vio, en el ángulo de la esquina Noroeste, un hombre pequeño, que desde lejos se le hubiere tomado por un niño.
En hombrecito estaba fumando un puro y nuestro aventurero se le acercó para pedirle:
- ¿Puede usted darme una candela para este cigarrillo?, por favor...
Después de darle las gracias por el favor prestado, se disponía a retirarse cuando se le ocurrió preguntarle:
El enano catedralicio
- Puede usted decirme qué hora es?
El enano fantasma contestó con voz cavernosa:
- Pronto darán las doce en el reloj de san Pedro en Roma.
Al oír aquella voz de bajo profundo y aquella contestación, el joven se asustó, y su miedo se transformó en terror cuando vio al enano crecer de tal manera que llegó a alcanzar con la mano la gran muestra situada bajo la estatua de la Fe, que está en lo alto de la torre de la iglesia.
Señalándole con un dedo gigantesco el minutero del reloj, le dijo:
- ...y sólo cinco minutos faltan para que en este reloj suenen las cinco de la mañana...
Torre a Gradillas. El enano endiablado esperaba
al patiquín donde estaba La Iberia.
Imagen tomada de Viejas Fotos Actuales
El joven cayó desvanecido de terror en medio de la calle. Allí fue hallado al día siguiente por un transeúnte que se dirigía temprano a su trabajo.
Trasladado a su casa, el joven aventurero estuvo a los bordes de la muerte. Los médicos le hicieron volver de su desvanecimiento, pero su estado general era tan lastimoso que apenas abría los ojos comenzaba a temblar y los volvía a cerrar horrorizado ante la visión que había tenido aquella noche. Una especie de terror se había apoderado de él.
Muchos meses permaneció postrado en cama recibiendo cuidados de sus familiares y amigos, hasta que al fin pudo recobrarse de la sacudida de terror que le invadía. Y refieren  las crónicas que después de restablecido, se le erizaban los cabellos, palidecía y temblaba como un poseído cuando alguno le exigía el relato de aquella tremenda aventura.
Me pregunto en qué tugurio de El Silencio se habrá metido este patiquín y qué habrá consumido para tener tal visión. Tal vez fue que el chino lavandero lo invitó a echarse un pipazo de opio y luego siguió con absinthe, miche y cocuy. ¡Qué susto pasó! Pero los cronistas no nos cuentan si trabajaba o estudiaba... Tal vez su padre, un pulpero canario de Candelaria, le daba para sus gastos menudos ¿Quién sabe?

Antonio Guzmán Blanco
1829-1899
Existe otro personaje, importante y con nombre y apellido a quien el enano se le apareció una noche. Era masón, liberal, ilustrado y positivista, pero también le salió el enano y le pegó tamaño susto. Me refiero al Ilustre Americano Antonio Guzmán Blanco. Lamentablemente, no encuentro la referencia en mis libros... Se las debo.

La historia es la siguiente: En su afán "civilizador", pensó que le había llegado el turno de hacerle obras de pastillaje europeizante a la Catedral de Caracas, que ya desentonaba con su París de un piso. Así que una noche, tarde, salió de la Casa Amarilla (para entonces sede de la Presidencia), cruzó la recién inaugurada Plaza Bolívar y se puso a dar vueltas por la fachada para ver por dónde comenzaría las demoliciones e instruir al efecto a sus arquitectos. Al llegar a la torre se encontró con nuestro enano fumándose un buen cigarro de tabaco guácharo. El Ilustre pegó un brinco y en tres trancos llegó a Casa Amarilla, donde se encerró y decidió no tocar el histórico templo.

1 comentario:

  1. AUNQUE TENGO 90 ME PERDI DE CONOCER AL ENANO DE LA CATEDRAL. INTERESANTES E ILUSTRATIVOS TUS COMENTARIOS

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