lunes, 23 de abril de 2012

Un poema de amor a Caracas


Á CARÁCAS

Entre cerros escondida,
Bajo fúljidos celajes,
Con los rayos de la aurora
Que de Oriente alegre sale,

Te contemplo, ciudad bella,
Grato asilo de mis padres,
Sin rival encantadora,
Como no te soñó nadie.

Tú te muestras á mis ojos
Cual trasunto de un paisaje
De esos ricos que se forman
Con las nubes en los aires;

Que te esmaltan con sus perlas
De tus ríos los cristales,
Transparentes cual tu cielo,
Cual tus auras, murmurantes;

Y te ceden un tesoro
Los tupidos cafetales
De sus ramos, cuyos frutos
Rojos son como granates.

Ceñidores de esmeralda
Te dan lánguidos los sáuces
Fresca sombra y pomas de oro,
Tus naranjos y bucares;

Te dan sones las corrientes,
Te dan música las aves
Y las flores sus perfumes
Con la luz del sol que nace.

¡Oh ciudad! cuyos hechizos
Prestan son á mis cantares,
Cuna egrejia de varones,
Timbre y prez de las edades,



No hai en tí suntuosos templos,
No hai en tí torres gigantes,
Ni esas obras estupendas,
Maravillas de las artes;

Mas en tí brillan ocultos
Ciencia y genio, cual diamantes
Que en recónditos asilos
Rayos límpidos esparcen;

Y hai un pueblo laborioso
Que en sus ímprobos afanes,
Con el pobre desvalidos
Parte el pan de sus hogares,

Pueblo altivo en las contiendas,
En la paz modesto y grave,
De la fe de sus mayores
Centinela vijilante;

Y por colmo de delicia,
De ventura inenarrable,
Tus mujeres son tesoros
De belleza y de donaire,

Que a la ingénita ternura
Unen siempre sus beldades,
Tez trigueña y ojos negros,
Rojos labios de corales.

Dios te dé, tierra querida,
Dios te dé tanto realce,
que ciudad de los portentos
las centurias te proclamen;

Y de amargas disensiones,
Sin sangrientas tempestades,
Con sus alas diamantinas
De la paz te cubra el ángel!



Don Domingo Ramón Hernández (1829-1893), autor del poema Á Carácas, transcrito arriba, no reconocería la ciudad que tanto amó; ya los ríos de Caracas no la "esmaltan con sus perlas", ni le "ceden sus tesoros los tupidos cafetales", ni quedan muchos sauces, naranjos o bucares. La Caracas gentil y amable ha casi desaparecido y pocos la aman de corazón, ni tratan de verla con ojos de poeta.

He respetado la ortografía y signos de puntuación de don Domingo, tal y como aparecen en el libro Biblioteca de escritores venezolanos contemporáneos, editada en 1875 por Rojas Hermanos (mi ejemplar es una edición fascimilar publicada por el Concejo Municipal del Distrito Federal en 1975). Cuando se habla de Caracas la gentil o del Ávila empinado, no queda sino ilustrar con cuadros de Manuel Cabré, el pintor del Ávila.

Me uno a los deseos de don Domingo:

Dios te dé, tierra querida,
Dios te dé tanto realce,
que ciudad de los portentos
las centurias te proclamen;

Y de amargas disensiones,
Sin sangrientas tempestades,
Con sus alas diamantinas
De la paz te cubra el ángel!

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