domingo, 30 de junio de 2013

Filón, el primer teólogo

Filón de Alejandría
20 a. C - 55 d C.
Hace unos meses compré un ejemplar de Escritos selectos (Selected writings. Dover Publications, Nueva York, 2004), de Filón de Alejandría, filósofo judeo-helenístico de primer orden, el primero en intentar reconciliar las enseñanzas de la revelación sobrenatural con la conclusiones del pensamiento especulativo. Eso hace de Filón el primer teólogo, así como "el primer psicólogo de la fe, el primer místico entre los monoteístas y el primer sistematizador de la alegoría bíblica". Es, pues, un personaje de primera importancia en la historia del pensamiento religioso.

Este libro, a pesar de lo breve de la selección de textos, no tiene desperdicio y nos permite atisbar, a dos milenios de distancia, el pensamiento monoteísta en un mundo gentil bajo el imperio de Roma. Los extractos contenidos en este volumen versan sobre: Dios y el mundo; Dios y el hombre; el hombre y el mundo; el conocimiento de Dios; el camino místico; el alma y su Dios; de la humildad, esperanza, fe y alegría del hombre; vicios y virtudes, e Israel y las naciones.

Su larga vida le permitió formarse y crecer en sabiduría en los períodos de Augusto y Tiberio (quienes respetaban la religión de los judíos) hasta la loca tiranía de Calígula. Veamos qué nos dice el editor:
El nuevo emperador Calígula, instigado por sus amigos egipcios, concibió un rencor contra los judíos, quienes solos resistieron su plan megalómano de auto-deificación. La turba alejandrina, rápida en percibir el mal humor imperial y enojada por los esfuerzos de sus vecinos judíos por incrementar sus privilegios especiales hasta la ciudadanía completa, encontraron en este insignificante accidente la largamente busca oportunidad para revueltas anti-judías y siguió una verdadera guerra civil (38 d.C). Cuando, poco después, Calígula ordenó colocar su propia efigie en el templo de Jerusalem, parecía inevitable una revuelta general de todas las juderías dentro del imperio romano. En este momento crítico (incluso antes de que las noticias del decreto imperial fueran recibidas), los judíos de Alejandría decidieron enviar una embajada de notables a Roma (40 d.C) y nombraron a Filón para que la encabezara -una prueba de la reputación que éste había ganado en su comunidad y de las esperanzas basadas en las relaciones de su familia con notables romanos.
Por supuesto que la embajada fracasó, pero lo llevó a escribir Legado a Gayo (uno de sus libros históricos) en el cual se muestra claramente la estatura moral de Filón, así como su realismo:
...muestra que Filón no sólo estaría presto a mantenerse firme en la creencia de sus padres en la hora difícil, sino que tenía el talento para eludir las trampas de la intriga cortesana, y el valor para enfrentar sin cejar al loco imperial. (...) Claudio entonces ascendió al trono y se restauró la paz en Alejandría y en Palestina. El dramático giro de los eventos le parecieron como obra de la Providencia...



viernes, 28 de junio de 2013

A Nelson Mandela

Nelson Mandela
1918-

MI ADMIRACIÓN Y RESPETO
UNO DE LOS GRANDES





James Bond y las aves del Caribe

James Bond, el agente 007

Cuando en 1953 Ian Fleming buscaba un nombre anodino para el Agente 007, protagonista de sus novelas, se encontraba de vacaciones en Jamaica. Escribía entonces Casino Royale y nada que le salía un nombre para ese agente con licencia para matar. Tenía cerca un libro que le ayudaba en su pasatiempo de bird-watcher: Birds of the West Indies, obra de un ciudadano estadounidense, nacido en Filadelfia, llamado James Bond. ¡Eureka! Con ese nombre bautizó al personaje ficticio que aún es sinónimo de aventura y glamour, gracias a la magia del cine.
Ian Fleming
1908-1964
Mientras ejercía un cargo diplomático en Puerto España, Trinidad y Tobago, conseguí en una librería ese libro. Para entonces desconocía la historia de Ian Fleming y cómo éste había conseguido el nombre para su protagonista, y en consecuencia no reparé en que ambos, el ornitólogo y el agente secreto portaban el mismo nombre, o si lo hice no le di importancia porque, efectivamente, es un nombre anodino. Lo compré de inmediato porque me gusta observar pájaros y me daba una perspectiva de la región diferente a la de la política, la economía o la cultura. Birds of the West Indies me acompañó hasta que se perdió el embarque de mi menaje doméstico y efectos personales entre Haití y Canadá. Es una de las pérdidas que lamento.
El libro de pájaros de James Bond, sin tener la calidad de presentación en impresión de Una guía de las aves de Venezuela (Armitano, Caracas, 1979), de Williams H. Phelps Jr. y Rodolphe Meyer de Schauensee, no deja de ser una obra de mérito y tiene incluso un detalle que ayuda a la identificación de la especie a través de la onomatopeya, cosa que es de gran utilidad cuando se escucha un canto, un parloteo o graznido mientras se está observando a un individuo. Recuerdo que una tarde de un sábado, mientras miraba unas Madame Sara en el jardín de mi casa en la Rue Reimboldt cerca de Puerto Príncipe, se me acercó el muchacho del patio de los vecinos a preguntar que estaba haciendo; le expliqué que miraba esos pájaros, pero que no daba con el nombre. El muchacho los identifica y le traduzco del inglés al creole lo que dice el texto, incluyendo la onomatopeya. Quedó impresionado... Tal cual-me dijo. Luego de preguntarme por otras aves, siguió limpiando el patio. Ese es el valor real del libro del viejo Bond, no el agente, sino el ornitólogo.
James Bond, el ornitólogo, en 1974
(1900-1989)

NOTA: Según me dijo un librero, el libro de Phelps y Meyer de Schauensee es escaso (sólo se consigue de segunda mano) y no se espera que sea reeditado por un problema en la distribución de regalías entres los autores del texto y los ilustradores. Además, Armitano Editores, una vez muerto don Ernesto, vendió sus existencias y cerró. Tengo la suerte de conservar el ejemplar que compré en 1979.

jueves, 27 de junio de 2013

Menú nerudiano

Pablo Neruda (1904-1973)


Hay un restaurant en Vitacura, Santiago de Chile, que ofrece menús nerudianos, es decir, inspirados en odas del gran poeta chileno Pablo Neruda. Así, el chef Carlo von Mühlenbroken, recrea sabores tradicionales del país con nombres como: Maíz en olla ilustre con el pebre de la pacífica pasta de corazón verde y salmón del Chiloé marino, Caldillo de gigante anguila de nevada carne... Para mi son platos típicos con otro nombre y tal vez otra presentación, y lo más seguro que se salga del local con hambre y los bolsillos vacíos. Lo interesante son los nombres nerudianos con los que el chef ha bautizado sus platos.

Creo que la cocina chilena es lo suficientemente buena como para no necesitar disfraz. Recuerdo con gusto el Chancho arrollado, el Caldillo de congrio y otras cosas ricas que comí en Santiago, perdiéndome con unos amigos en el centro, cerca de Huérfanos.

Me pregunto cuál sería la interpretación gastronómica del bodrio ñángara en el que Neruda se deshace en loas a Stalin....¡Qué cursi! Tal vez sepa mejor un plato salido de:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes de lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca....



ODA A STALIN


Camarada Stalin, yo estaba junto al mar en la Isla Negra,
descansando de luchas y de viajes,
cuando la noticia de tu muerte llegó como un golpe del océano.
Primero fue el silencio, el estupor de las cosas, y luego llegó del mar una
ola grande.
De algas, metales y hombres, espuma y lágrimas estaba hecha esta ola.
De historia, espacio y tiempo recogió su materia
y se elevó llorando sobre el mundo
hasta que frente a mí vino a golpear la costa
y derribó a mis puertas su mensaje de luto
con un grito gigante
como si de repente se quebrara la tierra.
Era en 1914.
En las fábricas se acumulaban basuras y dolores.
Los ricos del nuevo siglo
se repartían a dentelladas el petróleo y las islas, el cobre y los canales.
Ni una sola bandera levantó sus colores
sin las salpicaduras de la sangre.
Desde Hong Kong a Chicago la policía
buscaba documentos y ensayaba
las ametralladoras en la carne del pueblo.
Las marchas militares desde el alba
mandaban soldaditos a morir.
Frenético era el baile de los gringos
en las boites de París llenas de humo.
Se desangraba el hombre.
Una lluvia de sangre
caía del planeta,
manchaba las estrellas.
La muerte estrenó entonces armaduras de acero.
El hambre en los caminos de Europa
fue como un viento helado levantando hojas secas y quebrantando huesos.
El otoño soplaba los harapos.
La guerra había erizado los caminos.
Olor a invierno y sangre
emanaba de Europa
como de un matadero abandonado.
Mientras tanto los dueños
del carbón,
del hierro,
del acero,
del humo,
de los bancos,
del gas,
del oro,
de la harina,
del salitre,
del diario El Mercurio,
los dueños de burdeles,
los senadores norteamericanos,
los filibusteros
cargados de oro y sangre
de todos los países,
eran también los dueños
de la Historia.
Allí estaban sentados
de frac, ocupadísimos
en dispensar condecoraciones,
en regalarse cheques a la entrada
y robárselos a la salida,
en regalarse acciones de la carnicería,
y repartirse a dentelladas
trozos de pueblos y de geografía.
Entonces con modesto
vestido y gorra obrera,
entró el viento,
entró el viento del pueblo.
Era Lenin.
Cambió la tierra, el hombre, la vida.
El aire libre revolucionario
transtornó los papeles
manchados. Nació una patria
que no ha dejado de crecer.
Es grande como el mundo pero cabe
hasta en el corazón del más
pequeño
trabajador de usina o de oficina,
de agricultura o barco.
Era la Unión Soviética.
Junto a Lenin
Stalin avanzaba
y así, con blusa blanca,
con gorra gris de obrero,
Stalin,
con su paso tranquilo,
entró en la Historia acompañado
de Lenin y del viento.
Stalin desde entonces
fue construyendo. Todo
hacía falta. Lenin recibió de los zares
telarañas y harapos.
Lenin dejó una herencia
de patria libre y ancha.
Stalin la pobló
con escuelas y harina,
imprentas y manzanas.
Stalin desde el Volga
hasta la nieve
del Norte inaccesible
puso su mano y en su mano un hombre
comenzó a construir.
Las ciudades nacieron.
Los desiertos cantaron
por primera vez con la voz del agua.
Los minerales
acudieron,
salieron
de sus sueños oscuros,
se levantaron,
se hicieron rieles, ruedas,
locomotoras, hilos
que llevaron las sílabas eléctricas
por toda la extensión y la distancia.
Stalin
construía.
Nacieron
de sus manos
cereales,
tractores,
enseñanzas,
caminos,
y él allí,
sencillo como tú y como yo,
si tú y yo consiguiéramos
ser sencillos como él.
Pero lo aprenderemos.
Su sencillez y su sabiduría,
su estructura
de bondadoso pan y de acero inflexible
nos ayuda a ser hombres cada día,
cada día nos ayuda a ser hombres.
¡Ser hombres! ¡Es ésta
la ley staliniana!
Ser comunista es difícil.
Hay que aprender a serlo.
Ser hombres comunistas
es aún más difícil,
y hay que aprender de Stalin
su intensidad serena,
su claridad concreta,
su desprecio
al oropel vacío,
a la hueca abstracción editorial.
Él fue directamente
desentrañando el nudo
y mostrando la recta
claridad de la línea,
entrando en los problemas
sin las frases que ocultan
el vacío,
derecho al centro débil
que en nuestra lucha rectificaremos
podando los follajes
y mostrando el designio de los frutos.
Stalin es el mediodía,
la madurez del hombre y de los pueblos.
En la guerra lo vieron
las ciudades quebradas
extraer del escombro
la esperanza,
refundirla de nuevo,
hacerla acero,
y atacar con sus rayos
destruyendo
la fortificación de las tinieblas.
Pero también ayudó a los manzanos
de Siberia
a dar sus frutas bajo la tormenta.
Enseñó a todos
a crecer, a crecer,
a plantas y metales,
a criaturas y ríos
les enseñó a crecer,
a dar frutos y fuego.
Les enseñó la Paz
y así detuvo
con su pecho extendido
los lobos de la guerra.
Frente al mar de la Isla Negra, en la mañana,
icé a media asta la bandera de Chile.
Estaba solitaria la costa y una niebla de plata
se mezclaba a la espuma solemne del océano.
A mitad de su mástil, en el campo de azul,
la estrella solitaria de mi patria
parecía una lágrima entre el cielo y la tierra.
Pasó un hombre del pueblo, saludó comprendiendo,
y se sacó el sombrero.
Vino un muchacho y me estrechó la mano.
Más tarde el pescador de erizos, el viejo buzo
y poeta,
Gonzalito, se acercó a acompañarme bajo la bandera.
«Era más sabio que todos los hombres juntos», me dijo
mirando el mar con sus viejos ojos, con los viejos
ojos del pueblo.
Y luego por largo rato no dijimos nada.
Una ola
estremeció las piedras de la orilla.
«Pero Malenkov ahora continuará su obra», prosiguió
levantándose el pobre pescador de chaqueta raída.
Yo lo miré sorprendido pensando: ¿Cómo, cómo lo sabe?
¿De dónde, en esta costa solitaria?
Y comprendí que el mar se lo había enseñado.
Y allí velamos juntos, un poeta,
un pescador y el mar
al Capitán lejano que al entrar en la muerte
dejó a todos los pueblos, como herencia, su vida.


El menú, creo, debe reflejar no sólo el poema sino la obra del gran Padrecito Stalin. Se me ocurre una cena de tres platos (hay que ser sobrios):

Entrada
Caviar raro del mar Caspio y blinis, a la Nomenklatura
(buen vodka helado)

Primer plato
Salchicha polaca a la Ribbentrop-Molotov; es decir, media rodaja por comensal.
(Vinagre sintético)

Postre
Dúo de helados de papa y de morcilla, a la siberiana, con guarnición de alambre de púas.
(Agua helada)

Café de chicoria (si hay suerte en el mercado negro)
Té a la Lavrenti Beria

martes, 25 de junio de 2013

La cojugada y sus hijuelos

Cojugada común (Galerida cristata)
Tomada de www.avesdesierramorena.sierramorena.com


Cargada de familia una industriosa Cojugada, y teniendo necesidad de vivir, como todas las de su especie, en medio de los sembrados, no se apartaba nunca de su nido sin recomendar a los hijos que no se movieran y que escuchasen las conversaciones de los campesinos.
Cierta mañana oyeron, en efecto, que el dueño del sembrado le decía a un hijo suyo:
-Estas mieses están doradas y hay que segarlas: avisa a los amigos que vengan mañana a ayudarnos.
Los hijuelos de la Cojugada refirieron temblorosos aquella conversación a su madre; pero ésta les tranquilizó diciéndoles:
-Perded cuidado, que no vendrán.
Y así sucedió, pues los únicos que llegaron fueron el padre y el hijo de la víspera.
Polluelos de cogujada, por M. A. Bueno
www.foto-natura-huesca.blogspot.com
-Las mieses se pasan -murmuró el labrador con pena-, y los amigos no vienen a ayudarnos. Avisa, hijo mío, a los parientes, que ellos acudirán sin duda.
Nuevo sobresalto de los pajarillos y nuevas súplicas a la madre para huir de allí. Pero la Cojugada volvió a tranquilizarles con sus palabras de antes:
-No tengáis miedo, que no vendrán.
Al día siguiente oyeron que el campesino  decía con resolución:
-Ni los parientes ni los amigos nos amparan, hijo mío. Vengamos mañana nosotros al salir el sol, y aun cuando sucumbamos en la tarea, seguemos esas mieses que se nos pierden.
Enterada de esto la Cojugada, gritó a sus hijuelos:
-Hijos míos: a hacer un lío con la ropa y a marcharnos; que cuando los dueños son los que se deciden a venir, mañana se siega el trigo.

 Aulo Gelio, el polígrafo del siglo II d.C. conservó entre sus papeles la fábula que acabamos de leer. La transcribí del libro Las mejores fábulas (Bruguera, Barcelona, 1974), compiladas por José Repollés.



lunes, 24 de junio de 2013

Fiesta de San Juan Bautista

San Juan de Curiepe, estado Miranda.
Si el santo es de Curiepe, es milagroso
Foto de www.equilibrioinformativo.com


Fiesta de San Juan Bautista. Las costas de Venezuela se ponen frenéticas, bullen y se agitan al ritmo del tambor en honor a su santo. Vamos a celebrarlo con la pieza San Juan y los santos, por la agrupación Tambor Urbano.

FELIZ DÍA A TODOS LOS JUANES Y JUANAS



domingo, 23 de junio de 2013

Más y más cuentos venezolanos

Desde hace uno días los lectores venezolanos pueden tener en sus manos, y leerla, una nueva antología de la narrativa breve venezolana reciente. Se trata de De qué va el cuento (Alfaguara, Caracas, 2013), selección de cuentos venezolanos del siglo XXI, hasta 2012, compilados por Carlos Sandoval. Hace una semana compré un ejemplar y me senté a leerlo. La ventaja del cuento reside precisamente en su brevedad y no es necesario emplear varios días para leerlo, como sucede con algunas novelas indigestas.

Las antologías son siempre subjetivas, de allí que la labor del compilador sea más ardua, así sea obras de un mismo autor ¿A cuáles dejar por fuera? ¿A quiénes incluir? ¿Por qué razones? ¿En qué orden presentarlos? El éxito dependerá siempre de la visión crítica de quien selecciona. En este caso, Carlos Sandoval incluye una interesante Hoja de ruta, que recomiendo leer antes de adentrarse en este repertorio del tercer milenio:
Por fortuna -nos dice-, la sensatez es la primera regla que orienta el espíritu de confección antológica: este tipo de volúmenes ayuda a percibir de manera rápida el comportamiento artístico del género sometido a escrutinio y al mismo tiempo resulta útil para medir la temperatura de la crítica porque, pese a que no lo sepa o no quiera admitirlo, el antólogo se desdobla en crítico literario al postular como tentativa sistemática el conjunto que ha creado. De allí que no debe juzgarse la figuración del material poético o narrativo (ni al ciudadano que lo firma) en una muestra preparada por otro, sino a aquel que los incluyó en ella.Aunque es evidente, es bueno recordar el hecho, pues lo que suele ocurrir cuando aparece una antología es escuchar todo tipo de valoraciones sobre los textos y muy pocas veces sobre los parámetros que la materializan. que también es natural hacer comentarios respecto de los poemas o cuentos, pero sólo a condición de que antes se haya entendido el criterio selectivo, sea este pertinente o no para el lector.
(...) Así la colección que reúno se adscribe, para decirlo de una vez, el diseño taxativo de aquellos compendios que buscan fijar algunas marcas sobre las realizaciones del cuento en Venezuela en un período determinado, puntualmente el que corresponde a los primeros doce años del siglo XXI.
Carlos Sandoval, compilador. Foto El Universal,  Caracas
Sería hacia 2005 cuando comenzó a hablarse, en medios públicos y académicos, de un boom narrativo venezolano, el cual habría comenzado, grosso modo, dos años antes. sea o no cierto (aún se espera un estudio sobre el asunto), el hecho es que con el cambio del siglo surgieron nuevos nombres en el panorama de la novela y el cuento del país, al tiempo que la obra de narradores reconocidos en la década anterior, pero un tanto descuidados por la crítica (Miguel Gomes, Rubi Guerra), volvió a ser considerada interesante, en una suerte de efervescencia editorial que produjo el efecto de una aparente situación de bonanza literaria. De ese modo, nuestro modesto medio cultural (muy adormecido al cierre de los noventa) se vio de pronto saturado por títulos novedosos o reeditados, entrevistas (audiovisuales o en prensa) , recensiones y concursos, muchos concursos para talentos jóvenes o, descontando la edad, todavía desconocidos.
 En efecto, estamos viviendo como un renacer en las letras venezolanas que ojalá se mantenga y perdure en el tiempo. Interesante libro que será útil para aquellos que quieren ponerse al día con la narrativa venezolana. Luis Barrera Linares, al comentar el contenido de esta antología, agrega un juicio al cual me suscribo:
1° edición de Días de Espantos
Se ofrece aquí más de una década de nuestra narrativa breve, una muestra libre, desprejuiciada y -muy importante-  amena sin sacrificios de lo estético, grata desde la profundidad de sus diversos planteamientos. Cuarenta escritores-as se aglutinan en este volumen y se hace difícil precisar cuál supera al otro. Por ello invitamos al lector al ejercicio de comenzar por cualquiera de los textos y confirmar que en cada página se hace difícil abandonar la lectura.
No es ésta la primera antología que nos presenta Carlos Sandoval. Un día que visitaba una librería frente a la Plaza Bolívar de Mérida me encontré un libro de título sugestivo: Días de Espantos (cuentos fantásticos venezolanos del siglo XIX). Era la tercera edición, a cargo de El Perro y la Rana (Caracas, 2007). Lo compré de inmediato porque era para mí Terra incognita, algo inexplorado. Una vez en el hotel, me entretuve leyendo los textos que fueron una verdadera revelación. De éste se han hecho tres ediciones, la primera por la Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad de Humanidades y Educación, UCV (2000); la segunda por Monte Ávila Editores Latinoamericana. Si lo ven en una librería no duden en adquirirlo, que vale la pena conocer este repertorio.

Creo que por ahora mi colección de narrativa breve venezolana está bastante completa. El mismo Sandoval, cuando se refiere al papel que han desempeñado las antologías en el conocimiento de la historia de la literatura venezolana, nos hace un buen inventario. De esos libros tengo algunos:
Lo que hace sólida una antología, entonces, es la claridad con que se exponen y llevan a término las directrices que se han tomado como base  para reunir el grupo ofrecido; una práctica que reduce al mínimo la carga subjetiva y que incrementa los potenciales servicios del tomo. Ese es el rol que, para el conocimiento de la historia de nuestra literatura del siglo XX, han venido cumpliendo las antologías elaboradas por Julián Padrón y Arturo Uslar Pietri (1940), Guillermo Meneses (1950), Luis Barrera Linares (1994) y Julio Miranda (1998), respectivamente, cuatro modelos de sistematicidad en el examen del relato venezolano en lapsos específicos. No quiere decir que otras compilaciones no hayan contribuido con la difusión de materiales narrativos breves en el país, como las preparadas por José Balza (1985) o por Gabriel Jiménez Emán (1989), para citar dos notorios ejemplos; lo que señalo es que el cuidadoso planteamiento de las intenciones críticas y divulgativas siempre garantiza la recepción -polémica, mansa o tumultuaria- de la labor antológica.
Recuerdo que hace unos años cuando adquirí los dos tomos de la Antología del cuento moderno venezolano (Biblioteca Venezolana de Cultura, Caracas, 1940), la de Julián Padrón y Arturo Uslar; el librero de usados a quien se los compré me recomendó no prestárselos a NADIE (con ese énfasis). Creo que tenía razón; esta antología es un tesoro. El estudio preliminar, Esquema de la evolución del cuento venezolano, fue preparado por Uslar Pietri y las fichas bio-bibliográficas "por los señores Mariano Picón Salas, Vicente Gerbasi y la señora Celia Lang de Maduro". El repertorio (1895-1935) está discriminado por generaciones:  El Cojo Ilustrado, Cosmópolis; Generación de 1910 (La Alborada y Sagitario); Generación de 1920 (Cultura Venezolana, Actualidades); Generación de 1928 (Válvula, El Ingenioso Hidalgo), y Generación de 1930 (Elite, Revista Nacional de Cultura, Viernes). En verdad, no se la presto a nadie.

Las otras dos antología del cuento venezolano que he ido incorporando a la biblioteca son:


La Antología de José Balza es ya un clásico.  Ha sido editada varias veces: 1985, 1990, 1996,
y una sin fecha, posterior a la tercera. El ejemplar que poseo es el de la edición sin fecha, que
incluye, además, relatos y narraciones del período colonial, que no entran necesariamente en
la categoría de "cuento". 

Vasta Brevedad es otra buena antología, esta vez circunscrita al siglo XX venezolano.
Son dos tomos editados por Alfaguara en 2010.  "ofrece un completo panorama del cuento
venezolano del siglo XX, con imprescindibles y razonadas proyecciones hacia el XIX y el XXI.
Como probados y comprobados intérpretes de nuestra narrativa, los compiladores han logrado
diseñar con ella un preciso mapa de nuestra ficción breve. Coll y Díaz Rodríguez. Pocaterra, Uslar
Pietri y Meneses, los dos Garmendias y Díaz Solís, Trejo y Armas Alfonzo, Balza, Quintero y
Antillano, Méndez Guédez y Barrera Tyszka, son apenas algunos de los ochenta cuentistas cuyas
distinguidas piezas la componen..."

"Acaso sean los cuentistas venezolanos los que mejor pueden reflejar, en su obra breve e intuitiva, la realidad fluida, atormentada y contradictoria de la nación. Sin ellos el rostro de Venezuela estaría incompleto y mucho de su misterio no habría empezado a expresarse. No tiene manifestación más alta la literatura venezolana, ni en ninguna otra forma se ha revelado con más poderosa y varia espontaneidad su genio propio."
Arturo Uslar Pietri





sábado, 22 de junio de 2013

Un presidente catire toma güisqui en la carretera

José Gil Fortoul (1861-1943)
28° Presidente de Venezuela (1913-1914)
Foto de Wikipedia, fechada en 1909

Revisando material para un artículo que pronto saldrá en esta bitácora, me encontré con varias anécdotas de los presidentes que designaba Juan Vicente Gómez de cuando en cuando para que asistieran a ceremonias, pero, eso sí, reteniendo el Benemérito el control del ejército y el poder real. Uno de estos nombrados fue el intelectual positivista José Gil Fortoul, quien fue "Presidente" entre agosto de 1913 y abril de 1914. Veamos qué nos dice Luis Cordero Velásquez en su libro Gómez y las fuerzas vivas (Editorial Lumego, Caracas, 1972). El libro fue un éxito editorial cuando fue publicado por vez primera en 1971, por lo que pronto salió la segunda edición:
Para mostrar gráficamente "las atribuciones" de esos Magistrados, modelados únicamente para concurrir a las ceremonias y pronunciar discursos (se refiere a José Gil Fortoul, Victorino Márquez Bustillos y Juan Bautista Pérez), basta con narrar los pasajes siguientes:
José Gil Fortoul en 1932.
Nótese el bisoñé "flor de parcha"
que le tapa la calva.
El primero, Gil Fortoul, daba cuenta regularmente al General Gómez de sus gestiones. En la ocasión de uno de sus viajes periódicos a Maracay, ordena en Guayas a su chofer detener la marcha del vehículo para apagar la sed. Rubio y de ojos azules, Gil Fortoul es hombre de maneras y gustos refinados; enfundado en ropa oscura, chaleco, monóculo y rosa en el ojal, él mismo pide al dueño del bar ubicado al lado de la vía, su bebida favorita: whisky con soda.
El hombre del negocio se atortoja porque no encuentra la soda; finalmente, en un rincón halla la diminuta botella y la coloca sobre el mostrador. A todas estas, Gil Fortoul, molesto por la tardanza del servicio, reclama al comerciante:
-¡Ándese rápido, amigo, mire que soy el Presidente de la República!
El hombre se disculpa por la demora, y una vez que el Hudson del historiador se pierde en las curvas del camino, comentará a unos parroquianos que toman tragos en la barra:
-¿Ese musiú, y que Presidente? Tan pendejo que es. Se figura que yo no conozco al General Gómez. ¡A la cárcel puede ir derechito si repite lo que dijo aquí!
La verdad es que hay que ser bien pendejo (o muy estresado) para pedir un whisky con soda en una pulpería de carretera, y de paso exigir servicio como si estuviera en París. Ahora entiendo por qué era tan bobo un nieto suyo que conocí en el Ministerio.

Whisky con soda. Me imagino a Gil Fortoul
en una pulpería llena de moscas revolviendo
con el dedo su trago de escocés.

jueves, 20 de junio de 2013

La quesadilla de mis recuerdos

Quesadilla venezolana y café con leche...

Ayer en la mañana, cuando me aprestaba a preparar el almuerzo para la tía (se recupera bien de la caída, gracias a Dios), aproveché para acercarme a la panadería Pan 900 que funciona en el mismo local de Sabana Grande desde hace casi 60 años -"tiempo inmemorial", diría yo-. Este establecimiento es de los pocos que quedan del antiguo esplendor de la zona, que comenzaba en Chacaito con una agencia de la Rolls Royce y terminaba en la Gran Avenida con una sucursal de Cartier de París. Cada vez que paso por el frente, los recuerdos de la infancia se agolpan y vienen a la memoria sus famosos golfeados y quesadillas, que siguen produciéndose -¡oh milagro!- con el mismo sabor de siempre.
Le mostré la compra a la tía, que a sus 88 años años tiene buena memoria. Me dijo, leyéndome la mente: Le tengo miedo a los niños... ¿Por qué? -inquirí-. Y la respuesta fue: Porque todo lo recuerdan y lo mantienen en la memoria hasta que mueren de viejos. Memoraba Imelda una quesadilla que me trajo la tía Trina de una panadería de la esquina de Solís donde las hacían deliciosas; yo la guardé en la nevera pensando llevarla al colegio como merienda en una tarde de piscina (estamos hablando de 1964). Pues bien, mi hermano llegó tarde en la noche de la universidad, o de una reunión del M.U.C., y se la zampó. La sorpresa matutina fue desagradable y quedó marcada en mi mente. Si veo una quesadilla recuerdo de inmediato la de la panadería Solís y no me sabe igual. Son sólo ideas salidas del reconcomio.
Este panecillo, consistente en una masa dulzona de pan sobado, enriquecida con leche y huevos, y relleno de una preparación de queso, es una golosina ideal para media mañana o la merienda, acompañado de café con leche o jugo fresco de alguna fruta. Generalmente, al igual que el cachito de jamón y el golfeado, no se preparan en casa, sino que se compran en panadería. Lo malo es que muchos panaderos sin memoria gastronómica "mejoran" la receta tradicional y la desvirtúan. Mucho cuidado, porque podemos llevarnos sorpresas desagradables. Con un poco de aplicación, se pueden hacer en casa. He aquí una receta tomada de un recetario que fue de mi tía Trina: Dulcería criolla (Editorial Torino, Caracas, 1984), de Emma Barboza, con mis anotaciones.

QUESADILLAS

Ingredientes:
  • 1 Kg de harina para todo uso (sin leudante), aunque quedan mejor con harina de fuerza.
  • 6 huevos
  • 200 gr. de mantequilla
  • 1/4 de Kg.de queso blanco rallado (mejor el queso llanero)
  • 1/4 de Kg de azúcar
  • 1 taza de leche (tibia)
  • 1 cucharada de levadura granulada
  • 1 cucharadita de sal
Preparación:
  1. Se tienen todos los ingredientes a temperatura ambiente.
  2. En una taza de leche tibia, se agrega la levadura granulada y una cucharada de azúcar. Se revuelve y se deja reposar 20 minutos, cubierta, hasta que fermente (se forma una espumilla). Después de transcurridos los 20 minutos, se agregan 3 huevos, la mantequilla, una taza de azúcar y el resto de la harina.
  3. Se amasa bien hasta que forme una masa suave y lisa. Se transfiere a un bowl limpio, se cubre con un paño de algodón limpio, y se deja reposar hasta que doble su tamaño (el tiempo dependerá de las condiciones climáticas, la harina, la levadura, etc.). 
  4. Una vez que han doblado el volumen se presiona para desgasificarla y se amasa (sobándola con el rodillo unas 5 veces). Se forman las quesadillas redondas y grandes, pegándoles alrededor con clara de huevo una tirita de masa (yo prefiero darle forma de pañuelo o cesta, con las esquinas levantadas; debe quedar hondo porque allí se colocará el relleno de queso).
  5. Se mezcla el queso rallado, 1 taza de azúcar, 3 yemas de huevo, y luego las clara batidas a punto de nieve. Con una cucharilla se va colocando el relleno sobre las quesadillas (en el espacio hondo, se entiende), y luego se hornean a 350°F por 40 minutos.

NOTA 1: He visto otras versiones del relleno en las cuales primero se baten las claras a punto de nieve, se le agregan las yemas batiendo constantemente, el azúcar y luego el queso rallado con un movimiento envolvente.
NOTA 2: Conviene dejar levantar las quesadillas rellenas por unos 10 a 15 minutos, en un lugar seco y libre de corrientes, antes de llevarlas al horno.
NOTA 3: Hay quienes pintan la masa con huevo batido antes de hornearlas para darles brillo.
NOTA 4: Veo una inconsistencia entre 250 gr. de azúcar y las dos tazas que se usan. Yo le pondría 100 gr. de azúcar a la masa.

Sabana Grande de Noche, cerca de Pan 900, en los años 60

Calle Real de Sabana Grande de noche cerca de mi casa. Un paseo lo podía llevar a uno a
la Pastelería Carmen (ya desaparecida) o a Pan 900. Son sólo dos cuadras.



Marcha triunfal

El panteón de los héroes, por Arturo Michelena (1898)

MARCHA TRIUNFAL


¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.
La espada se anuncia con vivo reflejo;
¡ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines!

Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
la gloria solemne de los estandartes, 
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra
y los timbaleros,
que el paso acompasan con ritmos marciales.
¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!

Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en un trueno de oro
la augusta soberbia de los pabellones.
Él dice la lucha, la herida venganza,
las ásperas crines, 
los rudos penachos, la pica, la lanza,
la sangre que riega de heroicos carmines
la tierra;
los negros mastines
que azuza la muerte, que rige la guerra.

Los áureos sonidos
anuncian el advenimiento
triunfal de la Gloria;
dejando el picacho que guarda sus nidos,
tendiendo sus alas enormes al viento,
los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!

Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los héroes al niño:
Ved cómo la barba del viejo
los bucles de oro circundan de armiño.
Las bellas mujeres aprestan coronas de flores
y bajo sus pórticos, vense sus rostros de rosa;
y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera;
honor al herido y honor a los fieles
soldados que muerte encontraron por mano extranjera!
¡Clarines! ¡Laureles!

Las nobles espadas de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:
Las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros.
Las trompas guerreras resuenan;
de voces los aires se llenan...
A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encarnan las glorias pasadas,...
Y al sol que hoy alumbra las victorias ganas,
y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros,
al que ama la insignia del suelo materno,
al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha,
y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
saludan con voces de bronce de guerra que tocan la marcha
triunfal...



Rubén Darío (1895)

Rubén Darío
1867-1916

Rubén Darío escribió su Marcha triunfal teniendo en mente un Triunfo en la Roma clásica, mas la ocasión, tengo entendido, fue una celebración patria en la República Argentina. En esa época los latinoamericanos parecían ver una luz al final del oscuro túnel del siglo XIX. Con raras excepciones, las repúblicas parecían experiencias fallidas, sumidas como estaban en guerras civiles, conflictos limítrofes, dictaduras, pobreza y enfermedades.

Recuerdo mi primer encuentro con Marcha triunfal. El padre jesuita que nos daba clases de literatura latinoamericana, al llegar al modernismo y a Rubén Darío nos hacía notar el peso del ritmo de este poema y agregaba que no debía leerse con la sensiblería de una poesía romanticista a la amada muerta, sino marcando el paso en las sílabas acentuadas, como si estuviéramos marchando en la Vía Sacra al son de ritmos marciales, pero que tuviéramos en mente que se cantaba a los héroes americanos.

Ayer tarde, mientras conversaba con mi librero sobre algún hecho del siglo XIX, recordé el poema y recité bastante mal la primera estrofa, olvidando lo que hace más de 40 años aprendí en la escuela. Se me ocurrió que podría ilustrarse con el Panteón de los héroes, "estudio para un gran cuadro alegórico", obra de Arturo Michelena.

La escena se ubica en el valle de Caracas, usando el Ávila como telón de fondo para un pórtico neoclásico; en lo alto de la escalinata, bajo la estatua de la Victoria, se encuentra, sentado en una curul, el Libertador Simón Bolívar; se identifican otros: el Generalísimo Francisco de Miranda (de pie a su izquierda) y, junto a la columna, el Gran Mariscal de de Ayacucho Antonio José de Sucre. Al pie de la escalera, mirando al espectador, está el General José Félix Ribas, tocado con su gorro frigio; se ven varios próceres militares con rostros apenas esbozados y, apoyado al plinto de la estatua, en actitud relajada, el General José Antonio Páez, el Centauro de los Llanos. A la izquierda del cuadro, algunos de espalda al público, discuten los civiles que inspiraron la independencia; el sacerdote al centro es el presbítero chileno José Cortés de Madariaga; detrás de él, vestido de marrón y leyendo un libro o un documento parece estar el licenciado Miguel José Sanz, el Licurgo de América; sobre un podio hay otros militares entre los que se distingue uno que puede ser el General Rafael Urdaneta. Detrás de este grupo hay otro con una señora vestida de amarillo, Luisa Cáceres de Arismendi, del brazo de su esposo el General neoespartano Juan Bautista Arismendi...

Por supuesto, Michelena no llegó a conocer personalmente a ninguno de estos próceres y muchos retratos están idealizados. Lamentablemente, la muerte sorprendió al pintor después de este boceto, antes de pintar definitivamente el encargo.

miércoles, 19 de junio de 2013

El día del atentado

Edgardo Mondolfi Gudat
Historiador
Foto El Nacional
Desde hace un par de meses se encuentra en la librerías venezolanas el más reciente libro de Edgardo Mondolfi Gudat. Se trata de El día del atentado (Alfa Editorial, Caracas, 2013), que es un estudio serio y sin apasionamientos sobre el frustrado magnicidio perpetrado contra el Presidente Rómulo Betancourt el 24 de junio de 1960, en la Av. Los Próceres de Caracas cuando se dirigía a los actos conmemorativos del Día del Ejército. Recuerdo ese día como si fuera ayer, la tensión que se vivió los días subsiguientes y la imagen del Presidente Betancourt ante las cámaras con las manos vendadas dirigiéndose a la nación. Como conozco lo bien que investiga y escribe Mondolfi, compré dos ejemplares: uno para mí y otro que regalaría a mi hermano el día de su cumpleaños. No salí defraudado.

De la contraportada:
El libro fue presentado el 2 de mayo (afiche)
El presente volumen pretende seguirle la pista a la manera de como fue concebido este atentado y la complicidad de quienes actuaron para llevarlo a cabo. Los expedientes de los implicados, sus confesiones, las armas utilizadas, los explosivos, la forma como fue tramado desde Santo Domingo bajo el patrocinio de Rafael Leonidas Trujillo y la cacería humana que se organizó para capturar a los autores materiales forma parte de una exhaustiva investigación basada en materiales de archivo y en reportajes y testimonios publicados por la prensa de la época. Este libro se propone, a fin de cuentas, poner en perspectiva lo que significó el largo duelo entre Betancourt y Trujillo, uno de cuyos desenlaces fue aquel brutal atentado al cual el presidente venezolano, por su manera de ser y por su moral política, no pretendió convertir jamás en episodio glorioso ni consagrarlo en el santoral republicano.
Muy buen libro, bien estructurado y escrito con claridad. Lo recomiendo a quienes no conocen el turbulento quinquenio de Betancourt, a los que creen en leyendas y a los interesados en explorar períodos más recientes de la historia de Venezuela.



Rómulo Betancourt y Rafael Leonidas Trujillo (a) Chapita
Los dos protagonistas.
Tomada de www.analítica.com

lunes, 17 de junio de 2013

Androcles en las "Noches áticas" de Aulo Gelio


Esta mañana, luego de comprar un ratón nuevo para la computadora (el otro murió el fin de semana), me acerqué a una librería y compré un ejemplar de Noches Áticas (Alianza Editorial, Madrid, 2007) de Aulo Gelio, con traducción, selección y notas de Francisco García Jurado. El autor dedicó las noches de su estada en Ática para escribir una colección de noticias y curiosidades de la cultura clásica: portentos, vidas de filósofos, costumbres... En fin, como buen bibliófilo, leía, escribía y comentaba. El editor hizo una interesante selección que promete largas horas de sano entretenimiento.

Al hojearlo hace un rato me encontré con la historia de Androcles y el león, esta vez con un giro diferente: Apión, hombre docto apodado Plistónices, escribió que había sido testigo en Roma del mutuo reconocimiento entre un león y u hombre, debido a que se conocían de antes. Caso curioso; el cuento de Androcles y el león fue muy conocido en la antigüedad y lo mencionan Séneca, Plinio el Viejo y Claudo Eliano. Veamos cómo nos cuenta la historia Aulio Gelio:
Apión, apodado Plistónices, fue un hombre muy erudito, de muchos y variados conocimientos acerca de las cosas griegas. Sus libros se consideran célebres, y en ellos se contiene la historia de casi todos los sucesos admirables que se han observado y oído en Egipto. Mas, en estas cosas que afirma haber oído o leído acaso resulta más locuaz por su reprochable afán de ostentación -como vanidoso se muestra, sin duda, a la hora de mostrar sus enseñanzas-; no obstante, asegura no haber oído ni leído este episodio que dejó escrito en el libro V de sus Egipcíacas, sino haberlo visto con sus propios ojos en Roma.
Reproducción a escala de Circo Máximo de Roma
"En el Circo Máximo", nos cuenta, "se ofrecía al pueblo el certamen de una gran cacería. al encontrarme por casualidad en Roma acudí a presenciarlo. Allí había muchas fieras terribles, de tamaños descomunales, cuyo aspecto y ferocidad no se había visto jamás. Pero", sigue diciendo, por encima de todas las demás bestias era objeto de admiración la grandeza de los leones y en especial de uno de ellos. Este león había atraído la atención de todos por la fuerza y tamaño de su cuerpo, por su rugido aterrador y sonoro, su musculatura y las ondulaciones de su melena. Asimismo, había un esclavo, cedido por un excónsul, que había sido introducido entre los demás destinados a la lucha con las fieras. Este esclavo se llamaba Androclo. Cuando el león vio a este hombre a lo lejos, de repente", nos dice, "se quedó parado, como sorprendido, y luego se fue acercando a él poco a poco y con calma, como si lo conociera. Entonces, mueve su cola con clemencia y suavidad, a la manera de los perros juguetones, se pega al cuerpo del hombre, ya casi muerto por el miedo, y con dulzura lame sus piernas y manos. Androclo, al verse objeto de los mimos de una fiera tan terrible, recupera su ánimo perdido, y poco a poco vuelve sus ojos para observar al león. Y entonces", nos sigue contando, "como si estuvieran alegres por ese reconocimiento mutuo, podías ver al hombre y al león congratulándose de su encuentro".
Cuenta Apión, en suma, que debido a este suceso tan admirable, el clamor del público estaba muy encendido y que, llamado Androclo por el César, se le preguntó la causa por la que aquel león tan temible sólo a él le había respetado. Es entonces cuando Androclo narró una historia maravillosa y digna de admiración: "Al lograr mi señor la provincia de África como procónsul", comienza a contar, "me vi obligado a la fuga, ya que allí era presa de injustos y diarios latigazos. Y al fin de disponer de escondites más seguros de mi señor en aquella tierra gobernada por él, me retiré a las soledades del desierto y las arenas, determinado, en caso de que me faltase alimento, a buscar la muerte de algún modo. Fue entonces cuando tras dar con una cueva remota y secreta bajo un sol furioso y ardiente en ella penetro y me escondo. Y no mucho después llega a la misma cueva un león herido en un pie y sangrando por él, profiriendo gemidos y quejándose del dolor y tormento de la herida". Y declara que allí, nada más ver al león llegar, quedó su ánimo aterrorizado y presa de pánico. "Sin embargo", dice, "una vez entró el león en lo que parecía era su guarida y me vio tratando de ocultarme a lo lejos, se acercó tranquilo y manso, y me pareció que me mostraba y extendía su pie herido como pidiéndome ayuda. Entonces yo", añade, "le arranqué una espina inmensa clavada en la planta de su pie, saqué con apretones la pus del interior de su herida y luego, con mucho cuidado y habiendo perdido gran parte de mi miedo, se la saqué completamente y le limpié la sangre. Aliviado gracias a mi labor y remedios se recostó, dejando su pata sobre mis manos y descansó. Desde aquel día, vivimos juntos el león y yo compartiendo la misma cueva y sustento, dado que me traía hasta la guarida los mejores trozos de las fieras de cazaba. Al no disponer de fuego, tenía que tostar la carne al sol para comérmela. Pero cuando ya me encontraba aburrido de esta vida salvaje, aprovechando que el león había ido a cazar abandoné la cueva y cuando llevaba tres días de camino me vieron y apresaron unos solados, y fui llevado desde África a Roma para devolverme a mi señor. Éste, al punto, se ocupó de que se me condenara a muerte y se me entregara a las fieras. Entiendo", dice, "que este león capturado también cuando yo me había ido, ahora me devuelve el favor de mis atenciones y cuidados".
Cuenta Apión que Androclo relató estas cosas y que todas ellas fueron transcritas y difundidas en una tabla que se difundió por el pueblo. A resultas de ello, dice, por petición unánime a Androclo se le libró de su pena y se le regaló el león por sufragio popular. "Después", nos dice, "podíamos ver a Androclo y el león atado con una leve cuerda mientras recorrían las posadas de toda la ciudad. A Androclo le daban dinero y al león lo cubrían de flores, y todo el mundo, allá por donde se les viera, decía: "Aquí está el león que dio cobijo al hombre y aquí está el hombre que curó al león".

Androcles y el león, por Baldassare Peruzzi

sábado, 15 de junio de 2013

Semíramis, una mujer de Babilonia

Semíramis construyendo Babilonia, por Edgar Degas

Esta mañana, mientras leía el libro II de la Biblioteca Histórica (Gredos, Madrid, 2001) de Diodoro Sículo (Diodoro de Sicilia), me entretuve con la historia de Semíramis, un personaje de leyenda pero con gran carácter. Seguiremos a Diodoro, que no es del todo exacto en sus informaciones, pero nos da una visión fresca del mundo bárbaro antes de Troya. Total, si deseamos conocer cosas con rigor científico, mejor recurrimos a los arqueólogos.

La mitológica Semíramis, esposa de Nino, es la mujer más famosa de la antigüedad que pasó de ser una expósita a gobernante de valía. Veamos qué nos dice Diodoro de esta mujer de armas tomar:
Hallazgo de Semíramis por el pastor
Tomada de Wikipedia
Pues bien, existe en Siria la ciudad de Ascalón y, no lejos de ella, un lago grande y profundo lleno de peces. Junto a él, hay un santuario de una famosa diosa a quien los sirios  denominan Dérceto; tiene cara de mujer, pero todo el cuerpo restante de pez, por estas causas; cuentan en el mito los nativos más doctos que Afrodita, enemistada con la diosa antes citada, le inspiró un terrible amor por un muchacho no mal parecido de entre sus devotos. Y Dérceto, unida al sirio, dio a luz a una hija, pero, avergonzada de sus pecados, hizo desaparecer al muchachito y expuso a la niñita en cierto lugar desierto y rocoso (...); y ella, tras precipitarse al lago por la vergüenza y la pena, metamorfoseó el aspecto de su cuerpo en pez; y por tanto, los sirios se abstienen hasta ahora de ese animal y honran a los peces como dioses. Como anidan muchas palomas alrededor del lugar donde el bebé fue expuesto, la niñita fue criada por ellas de manera asombrosa y sobrenatural, las unas calentaban el cuerpo del bebé por todas partes rodeándolo con sus alas y las otras, cuando observaban a los vaqueros y a los otros pastores ausentes, lo alimentaban llevando leche en la boca desde los establos situados muy cerca y dejándola gotear en medio de sus labios. Cuando la niñita llegó a un año y necesitó alimento más consistente, las palomas le proporcionaban alimento suficiente picoteando los quesos. Al regresar los pastores y contemplar los quesos recomidos, se maravillaron del prodigio; tras vigilar, pues, y averiguar la causa, encontraron al bebé sobresaliente en belleza. Lo llevaron, pues, enseguida al establo y lo entregaron al encargado de los rebaños reales, de nombre Simas; éste, como estaba sin hijos, crió a la niñita con sumo cuidado, como su hijita, y le puso por nombre Semíramis, que en el idioma de los sirios es derivado de "palomas", a las cuales, desde aquellos tiempos, todos los de Siria continuaron honrando como diosas.
Años después cuando Semíramis alcanzó edad casadera y sobresalía en belleza, comienza su ascenso social. Un tal Ones, intendente de toda Siria y Consejero real, enviado por el rey a inspeccionar los rebaños reales, queda prendado de la moza, la pide a Simas en matrimonio y la feliz pareja se traslada desde la zona de Gaza (donde queda Ascalón) hasta Nínive. Allí se establecieron y procrearon a Hiapates e Hidaspes y agrega Diodoro: Teniendo también Semíramis las otras cualidades concordantes con la hermosura de su aspecto, resultaba que su marido estaba completamente esclavizado por ella y, no haciendo nada sin su opinión, acertaba en todo. Buenas cualidades de esposa que serán causa de la perdición de Ones cuando Semíramis se encuentre con Nino en Bactriana (hoy Afganistán). Allí se desarrollaba una difícil campaña militar que no se resolvía:
Asirios
Como el asedio estaba prolongándose mucho, el marido de Semíramis, que estaba enamorado de su mujer y había marchado en la expedición con el rey, envió a buscarla a ella. Ésta, dotada de inteligencia, astucia y otras cosas que contribuían a destacarla, aprovechó la ocasión para demostrar su propia valía. Primero, pues, como se disponía a recorrer un camino de muchos días, se hizo un vestido con el cual no era posible discernir si el portador era hombre o mujer. Le era útil para el recorrido de los caminos bajo los calores, para conservar el color de su cuerpo y para hacer lo que quisiera, pues se sentía libre de movimientos y juvenil y, en resumen, había en él tantas ventajas que los medos, que rigieron más tarde Asia, llevaban el vertido de Semíramis y, después de ellos, también los persas. Tras llegar a Bactriana y examinar el asedio, vio que los ataques se realizaban en las llanuras y en lugares de buen paso, pero que nadie iba contra la acrópolis por su fortificación y que los de dentro abandonaban allí las guardias y ayudaban a los que peligraban en las murallas de abajo. Por lo tanto, escogió los soldados preparados para escalar y, ascendiendo con ellos por un difícil barranco, se apoderó de una parte de la acrópolis e hizo señal a los que sitiaban la muralla de la llanura. Y los de dentro, consternados por la captura de la cima, abandonaron las murallas y renunciaron a la salvación.
Una vez tomada la ciudad de esta manera, el rey, admirado del valor de la mujer, la honró primero con grandes regalos y, después, enamorado por la belleza de esa persona, intentó convencer al marido para que se la cediera voluntariamente, prometiéndole que, a cambio de ese favor, su propia hija Sosana se casaría con él. Como aquél se lo tomara a mal, le amenazó con extirparle los ojos si no obedecía diligentemente sus órdenes. Y Ones, como a la vez temía las amenazas del rey y, a la vez había caído en una especie de demencia y de locura por culpa del amor, se ahorcó poniéndose una soga alrededor. Semíramis, pues, llegó a la posición real por tales causas.
Grabado renacentista de Semíramis cazando un león,
basado en Heródoto y Diodoro.
Nino tomó los tesoros de Bactra, que tenían gran cantidad de plata y oro y, tras organizar la administración de Bactriana, disolvió sus fuerzas. Después de esto, habiendo engendrado de Semíramis a su hijo Ninias, falleció dejando a su mujer como reina. Semíramis sepultó a Nino en el palacio y dispuso sobre él un túmulo sumamente grande, cuya altura era de nueve estadios y la anchura, como afirma Ctesias, de diez. Por lo que, como la ciudad se hallaba en una llanura junto al Eufrates, el montículo parecía , desde muchos estadios, como una acrópolis; el cual afirman que se conserva hasta ahora, aun cuando Nínive fue asolada por los medos cuando destruyeron el reino de los asirios.
Semíramis, emprendedora por naturaleza y deseosa de superar en gloria al que había reinado antes, se dispuso a fundar una ciudad en Babilonia; escogió arquitectos y artesanos de todas partes, preparó también todos los suministros necesarios y reunió, de todo el reino, dos millones de hombres para la realización de las obras...
Nínive, por supuesto, fue la principal beneficiaria de esta campaña de obras públicas en el país de Babilonia. Diodoro abunda en detalles y descripciones de las obras realizadas en el imperio: ciudades, palacios, parques, canales, murallas, carreteras... además de las campañas en Egipto, Libia, Etiopía e India. Esta mujer de tabaco en la vejiga era incansable, sin duda. Pero no todo es felicidad:
Después de cierto tiempo, sufrió una conspiración por parte de su hijo Ninias mediante cierto eunuco y recordó el vaticinio de Amón, por lo que no causó ningún mal al conspirador; por el contrario, le entregó el reino y tras dejar estipulado que los gobernadores le obedecieran, ella desapareció rápidamente como transportada hacia los dioses según el oráculo. Y algunos que cuentan mitos, afirman que se convirtió en paloma y que, tras descender muchas aves hacia la casa, voló lejos con ellas; y, por tanto, los asirios honran a la paloma como a un dios...
Has varias versiones sobre el fin de esta señora. Pero la que más me gusta es la que acabamos de leer.

Semíramis moribunda sobre la tumba de Nino, por Augusto Valli (1893)
¿Cuál era el oráculo de Amón? ¿Qué le profetizaron? El buena y aguerrida Semíramis, como luego lo haría Alejandro, fue hasta Siwa:
... recorrió todo Egipto y, tras someter la mayor parte de Libia, fue junto a Amón, para consultar sobre su propio fin. Y se dice que le vaticinaron que desaparecería de entre los hombres y de que dispondría, en Asia, de una honra inmortal entre algunos pueblos; lo cual ocurrió precisamente por el tiempo en que su hijo Ninias conspiraba contra ella. 
La imagen mítica de Semíramis se ha prestado a múltiples manifestaciones artísticas, en particular en los siglos XIX y XX, cuando surge una pasión orientalista. Para el hit parade de esta semana, presentaremos una canción babilónica de la zarzuela La corte del Faraón, estrenada en Madrid en 1910. Es una habanera pícara y medio putesca, como se acostumbra describir las costumbres mesopotámicas. Espero lo disfruten.




De la zarzuela La corte del Faraón, escuchemos la Habanera (Son las mujeres de Babilonia o ¡Ay, Ba... Ay, Ba...!). La primera interpretada por María Belén, en una producción cinematográfica de TVE y Lince Films en 1985. La segunda, también de la misma época, por la Compañía de Revistas de María José Cantudo.


miércoles, 12 de junio de 2013

Elogio de José Antonio Ramos Sucre

Ulyses and the Sirens, por Herbert James Draper (1909)

La muerte de Ramos Sucre me ha sumido en auténtico dolor. Me acostumbré a quererlo desde el día en que, rompiendo las vallas de su carácter, en la codiciada soledad en que aspiró a vivir desde niño, me ofreció su amistad, toda ímpetu cordial, noble y señera, como el abolengo cumanés que decoraba su gentilicio. era de la familia del Mariscal de Ayacucho por su madre; de una raza de letrados por su padre. Y tuvo también entre sus antecesores quien cultivara la tierra, quien se apegara al surco roto por su esfuerzo, teñido de oro y violeta por el crepúsculo que caía sobre los tamarindos del Manzanares.
Su educación, según él mismo solía referirme, fue una protesta airada, viril y sostenida, contra los cambios intelectuales y sociales que se operaban en la recatada ciudad de su nacimiento. Detestó las cosas transitorias; buscó en el pasado las lecciones permanentes de energía, de amor o de belleza, que pudieran servir al alto concepto de justicia que jalonó su vida ciudadana.
Frente a la dulce y clara mansedumbre del mar en que se asienta la ciudad patricia, madre del Oriente, soñó con el brote de una nueva cultura que eslabonara con la de los antiguos señores del lugar. Por sugestión de sus penates, por anhelos remotos de un espíritu esencialmente aristocrático, una mañana remota vio correr la barca de Ulises sobre aquellas ondas rizadas, y siguió tras el lírico señuelo sin cuidarse de azares y perfidias. Fue así como se hizo, por propia voluntad, a esfuerzos que al fin quebrantaron sus nervios exasperados, el primer humanista con que contaba en el día nuestro país. No era afán de lucro el que guió sus pasos por esta senda fatal. Él sabía mejor que nadie que cuando una sociedad cambia de rumbo, no vale a detenerla en su pendiente el canto de las sirenas; que el ruido de las máquinas ahogará necesariamente el grave ritmo de La Ilíada y el sutil y melodioso de La Eneida; que Cecilio Acosta murió afectado por una mano infame. Y en esto estriba la avasalladora fuerza de su personalidad. Armonizó su vida con sus sueños; sembró en su propia entraña la simiente de sus ideales; huyó del tráfico vulgar, no del pueblo; al que amaba como reserva de intactas energías.
En la galería de bustos con que todo hombre de pensamiento ha soñado para adorno de una futura ágora venezolana, el suyo se destacará bajo un jazminero de las Indias, escondido en aromada penumbra, no lejos de José Luís Ramos, con quien tiene muchos puntos de contacto, muchos desgarrones de nubes iluminados por el resplandor de un hallazgo sutil en los predios de Horacio o de Virgilio.
Su obra literaria no estaba en proporción con la vastedad y hondura de sus conocimientos. Original dentro de nuestra literatura, su prosa se enlaza con los procedimientos de aquellos monjes de la Edad Media que en un latín renaciente escribían himnos y secuencias. Sus libros, nunca populares, son y serán deleite de artistas ávidos de la palabra exacta o del giro insuperable de la frase. De un simbolismo recóndito, los eruditos encontrarán en ellos una vena inagotable cuando busquen por sus páginas la huella de sangre de Shakespeare o la encendida y tétrica del Dante. Quizás entonces asome sobre el misterio de su vida, rota bruscamente por su mano, la faz adolorida de Cordelia, deponiendo sobre su tumba un ramo de ciprés, o la pura y luminosa Beatriz conduciéndolo por los círculos de la eterna claridad.

Caracas, 14 de junio de 1930
Luis Correa
José Antonio Ramos Sucre

El 13 de junio de 1930, días después de cumplir los 40 años de edad, se suicidó en Ginebra el bardo José Antonio Ramos Sucre. El sentido texto que acabamos de leer fue escrito por el poeta, ensayista, periodista y diplomático venezolano Luis Correa (1884-1940), cuando José Antonio Ramos Sucre tenía menos de 24 horas de muerte. Salió publicado en la revista Elite, Año V, N° 248. Posteriormente, Correa lo incluyó en su antología de ensayos Terra Patrum (mi copia de esta selección de ensayos es la de la Biblioteca Popular Venezolana, Caracas, 1961). Correa era, a la sazón, Director de la Imprenta Nacional y ya era un escritor consagrado y tenía una larga hoja de servicios en la Administración Pública venezolana, concluyendo como Director de Gabinete del Ministerio del Interior (1931). Es éste, tal vez, el primer homenaje recibido por Ramos Sucre después de muerto.

Mientras buscaba una ilustración para este artículo me encontré con una imagen de la tumba del poeta en Cumaná. Me dio tristeza verla en ese estado. Dudo que Cordelia pueda depositar sobre ella un ramo de ciprés.  Si visitamos la Primogénita podremos acercarnos a la casa natal de Ramos Sucre (N° 29 de la Calle Sucre, cerca de la Iglesia de Santa Inés).

Panteón de la familia Ramos Martínez en Cumaná.
Allí reposan los restos del poeta.
Foto tomada de la página José Antonio Ramos Sucre: selected works, en Facebook



martes, 11 de junio de 2013

Sobre la poesía elocuente, por J. A. Ramos Sucre


SOBRE LA POESÍA ELOCUENTE

Calíope, por  Leonhard Kern (1640)
Wurtembergisches Landesmuseum, Sttutgart
Foto de Andreas Praefcke, 2006.
La elocuencia es el don natural de persuadir y conmover. La retórica, arte de bien decir, es sierva leal o desleal de la elocuencia, y cuando usa palabra altisonante o superflua merece el nombre de declamación. De modo que no hay disculpa al confundir maliciosamente la elocuencia, ventaja del contenido, emanada del afecto vehemente o de la convicción sincera, con la declamación que es vicio de la expresión, retórica defectuosa.
Algunos poetas sostienen que debe torcerse el cuello a la elocuencia, y conviene objetarles que tal severidad sólo debe usarse con la declamación, porque aquel don afortunado sirve muy bien a la poesía entusiasmada y lírica. Además, debe distinguirse entre los poetas inactuales y egotistas y los poetas comunicativos, de apostolado y de combate, bardos de aliento profético y simpatía ardorosa que ejercen una función nacional o humanitaria. Los últimos no pueden prescindir jamás de la elocuencia y se expresarán inevitablemente en imágenes, medio que puede enunciar la filosofía ardua y comunica eléctricamente la emoción. La imagen es la manera concreta y gráfica de expresarse, y declara una emotividad fina y emana de la aguda organización de los sentidos corporales. Algunos dialécticos, enamorados de la idea universal y sin fisonomía, reprueban esta manera de expresión, considerándola de humilde origen sensorial, y abogando por la supremacía de la inteligencia, con lo cual insisten en la distintas facultades de la mente humana, que es probablemente una totalidad sin partes.
La imagen siempre está cerca del símbolo o se confunde con él, y, fuera de ser gráfica, deja por estela cierta vaguedad y santidad que son propias de la poesía más excelente, cercana de la música y lejana de la escultura.
La imagen, expresión de lo particular, conviene especialmente con la poesía, porque el arte es individuante.
La imagen es un medio de expresión concreta y simpática, apta para poner de relieve las ideas sublimes e independientes de la metafísica y las nociones contingentes de la experiencia, y comunica instantáneamente los afectos. Pero nunca deja de ser un medio de expresión, y quien la use como fin viene a parar en retórico vicioso, en declamador.

La torre de Timón (1925)
José Antonio Ramos Sucre


José Antonio Ramos Sucre
1890-1930
En lo esencial, su obra se condensa en tres libros. El primero, La torre de Timón, publicado en Caracas, en 1925, reúne, junto con nuevas composiciones, varios de los textos (breves "ensayos" y semblanzas, reflexiones sobre historia, arte, literatura, y poemas en prosa) que integraron el libro Trizas de papel (1921), y el ensayo Sobre las huellas de Humboldt, que circuló inicialmente en 1923. Los otros dos libros restantes, Las formas del fuego y El cielo de esmalte, fueron editados, casi simultáneamente, en 1929. Estos dos últimos están integrados en su totalidad por poemas en prosa.

Salvador Tenreiro. Prólogo a la Antología de José Antonio Ramos Sucre. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1992