sábado, 1 de junio de 2013

En la luz de las avenidas

La Calle Real de Sabana Grande de noche (años 60)
Tomada de www.noticierodigital.com

EN LA LUZ DE LAS AVENIDAS


Estoy solo en el sol de la ciudad,
en el resplandor de los altos muros y las ventanas,
entre la multitud que avanza en la música,
como hacia un crepúsculo.

Caen ramajes en  las avenidas
y las hojas tiemblan en el aire del año,
con el fulgor que precede a la noche
y enciende las fuentes en sus verdes espacios.

Veo los niños agrupados frente a los juguetes de las vitrinas.
Ellos organizan un paraje en una hora clara:
una campiña con trenes, pequeñas vacas entre las gramíneas,
una huerta donde las aves cantan en la palma de las manos.

Veo los mendigos de negras barbas regresar del fondo de otros tiempos,
hacia las callejuelas, hacia las puertas del pan.
Sobre sus harapos cae el sonido de una campana.
En su melancolía resuena la voz de los vendedores de frutas,
el paso de las bellas mujeres en los espejos,
cuando la ciudad oscurece y brilla
en un suave olor de panadería.



Los espacios cálidos (1952)
Vicente Gerbasi

Vicente Gerbasi con su madre, Ana María Federico de Gerbasi ,y su esposa, Consuelo Orta, en 1952
Tomada de www.vicentegerbasi.net

En Los espacios cálidos el sujeto-poeta se proyecta hacia afuera y recoge una extraordinaria diversidad de sensaciones visuales, táctiles, olfativas, auditivas, etc., en su abundante proliferación de matices. Se busca un mayor objetivismo, en comparación con Mi padre, el inmigrante, no obstante a partir del poema de un sujeto reiterativo: el poeta en primera persona del singular. El estilo elíptico (se omite a menudo el primer término de la comparación) alcanza aquí su más alta expresión y las relaciones del mundo exterior con los estados de ánimo del poeta se acortan, se hacen más obvias y frecuentes.
(...) En este libro, igualmente, el lenguaje, como ya lo hemos dicho, busca una mayor sencillez, eliminando todo rasgo de elocuencia, lo que hace de Vicente Gerbasi un poeta muy singular en la poesía venezolana, tan cargada de discursos altisonantes y vacíos...
Francisco Pérez Perdomo

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