martes, 25 de diciembre de 2012

Los 10 mejores del 2012

Mi amiga de toda la vida, Mayte Navarro, tuvo la gentileza de regalarme en Navidad la lista de los diez mejores libros de 2012 publicada por el diario ABC de Madrid. De sólo leerla se me ablanda el corazón. Me gustan todos, pero hay algunos títulos de estos que me gustaría explorar. Me pregunto si mi librero favorito los tendrá, o si los puede conseguir. Aquí les dejo el texto para que cada quien escoja. Llevan fotos de las portadas para que se les pueda identificar en las librerías.

1- «Contra toda esperanza», Nadiezhda Mandelstam (Acantilado).
Las memorias de Nadiezhda Mandelstam (1899-1980), esposa del poeta Ósip Mandelstam, constituyen un testimonio conmovedor sobre la magnitud del infierno estalinista. Publicado por primera vez en inglés en 1970 por el sello estadounidense Atheneum Publishers, Acantilado nos brinda la espléndida traducción del ruso de Lydia Kúper. Autor de un poema contra Stalin –«aletea la risa bajo sus bigotes de cucaracha»-, Ósip Mandelstam fue detenido en 1933: comenzaba un calvario de deportaciones que acabó con su vida en 1938, en tránsito hacia Kolyma, la última estación concentracionaria de Siberia. Nadiezhda relatará con una prosa tan sencilla como sobrecogedora la crónica de la ingeniería social totalitaria: «No hay nada más terrible que una muerte lenta» escribe sobre la muerte de su marido. Como apunta Joseph Brodsky en el prólogo, la autora de «Contra toda esperanza» se convertía la portavoz de toda una generación –Mandelstam, Ajmátova, Bábel, Bulgakov, Tsvietáieva- aniquilada por la barbarie bolchevique: «A sus espaldas quedaban décadas de viudedad, profundas privaciones, la Gran Guerra (que sobrepasaba cualquier pérdida personal) y el temor diario a ser arrestada por los agentes de la Seguridad del estado por ser la esposa de un enemigo del pueblo. Salvo la muerte, cualquier cosa que le aconteciera sólo podría ser un suspiro».

2- «Malaparte. Vidas y leyendas», Maurizio Serra (Tusquets).
Hablar de Curzio Malaparte en los años de posguerra era tenérselas con un ambiguo superviviente de las tragedias del siglo. Fascista de primera hora, autor de un libro de culto como «Técnica del golpe de estado», Kart Erich Suckert adoptó el pseudónimo de Malaparte «porque Bonaparte ya hubo uno». El italiano Maurizio Serra compone una biografía que tamiza las luces y sombras del seductor y camaleónico autor de bestsellers como «La piel» y «Kaputt». Injustamente olvidado, había recorrido como corresponsal los campos de batalla de Grecia, Finlandia, Polonia, Rumania y Ucrania. Fallecido en 1957 a causa de un cáncer, cultivó hasta el último minuto el narcisismo de quien ha protagonizado vidas legendarias: «Para juzgar a un hombre, hay que examinar atentamente sus retratos», dejó escrito. El secreto de su arte -y de su vigencia como cronista-, concluye Serra, es su «modo» de contar: «Nos pinta un mundo sacudido en sus cimientos, en el que es imposible discernir lo verdadero de lo falso. Y ese mundo es fundamentalmente el mismo en que seguimos viviendo, sesenta años después, en la época de Bosnia, Ruanda y Oriente Próximo».
 
3- «Continente salvaje», Keith Lowe (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Teórica y oficialmente la II Guerra Mundial había acabado dejando tras de sí cerca de sesenta millones de muertos. Pero el maremoto de odio no había amainado. Lowe viaja a la terrible Europa arrasada y desolada entre los dantescos años que van de 1944 a 1949 y se encuentra una espiral de venganza que no cesa. No hay estados, apenas hay gobiernos, no hay comercio, no existe prácticamente el dinero, hombres armados pasean por las calles, cientos de miles de mujeres son violadas, escarmentadas en público, la limpieza étnica se extiende en los lugares más ignotos, continúan las luchas fratricidas, el este de Europa es aplastado por la bota estalinista, el caos y el terror se adueñan de un continente en ruinas, hasta el punto de que altos oficiales del Ejército norteamericano piensan que ha comenzado una guerra civil en todo el Viejo Continente. Keith Lowe suscribe uno de los libros más aterradores del año, uno de los momentos más espeluznantes de la Historia de la Humanidad. Parece insólito que después de aquello luego llegaran la unidad, el desarrollo y el progreso para los europeos. Un documento insólito contra la amnesia histórica. Imprescindible.

4- «Guardianas nazis. El lado femenino del mal», Mónica González Álvarez (EDAF).
Los jóvenes historiadores españoles empiezan a incorporar el sesgo de sus maestros y colegas anglosajones y trazan sus libros con la exhaustiva documentación e investigación necesarias, pero con ese toque de cercanía, de proximidad tan habitual entre los británicos. Ese es uno de estos y más recientes casos. Aquí hay nombres, aquí hay apellidos, y las historias están contadas a pie de calle, haciendo que el lector se estremezca con las emociones y las sensaciones más allá de los datos siempre inexorables. Mónica González traza el siniestro perfil de diecinueve mujeres que fueron eje de la represión y la tortura en los campos de exterminio nazis. Un libro que nos mete de lleno en la vida y espantos que estas mujeres, arcángeles y apóstoles del mal, infligieron a miles de seres humanos. El dedo de la historiadora nos señala el camino del infierno. El lector necesitará algo más del valor que siempre se le supone.


5- «Noches azules», Joan Didion (Mondadori).
Como ya hiciera en «El año del pensamiento mágico» (Global Rhythm Press), Joan Didion vuelve a explorar la parte más amarga del sufrimiento en «Noches azules». Si en el primero abordó el proceso de duelo por la repentina muerte de su marido, en este libro la autora estadounidense disecciona con una prosa desgarradora, lúcida y serena la relación que mantenía con su hija Quintana, fallecida en 205 tras una larga y dolorosa enfermedad. Didion decidió titular la novela así porque en la época en que empezó a escribirla sorprendió a su mente «volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas». Y es que «Noches azules» es la metáfora de esas semanas, al acercarse el solsticio de verano, «en que los crepúsculos se vuelven largos y azules» y «uno piensa que el día no se va a acabar nunca». Pero los días terminan y llega la muerte de la luz... la muerte. Y, como se pregunta la autora, «¿puede haber para un mortal un dolor mayor que ver a sus hijos muertos?». Didion reflexiona sobre sus recuerdos, la maternidad, la mortalidad y, en definitiva, «la negativa a afrontar las certidumbres del envejecimiento, la enfermedad y la muerte». Un emocionado «Blues funerario» que recupera, para suerte de los lectores españoles, la figura de Joan Didion.


6- «Algún día este dolor te será útil», Peter Cameron (Libros del Asteroide).

Peter Cameron publicó «Algún día este dolor te será útil» en Estados Unidos en 2007, seis años después del 11-S, trasfondo de la novela. El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York ha ha aparecido, de forma velada o evidente, en un constante goteo de obras culturales, en un intento por cicatrizar una herida que aún sigue supurando en el corazón del mundo occidental. Cameron no busca hacer terapia colectiva ni exorcizar demonios políticos en esta novela, que Libros del Asteroide recuperó con acierto para el mercado español este año. Su protagonista, James Sveck, es un adolescente tan precoz como brillante que vive en un constante estado de insatisfacción (y, de paso, asiste a poca distancia a la caída del World Trade Center). Como un Holden Caulfield moderno, pero menos dramático que el personaje creado por J. D. Salinger, James se desliza por la novela a través de la incisiva prosa de Cameron, brillante en su concepción y desarrollo. Sin tiempo para apiadarnos de los protagonistas, salvo cierto atisbo de complicidad hacia la abuela materna de James, «Algún día este dolor te será útil» es una acertada aproximación al gravitar de la actual sociedad, con familias disfuncionales, psiquiatras de visita diaria y confusa sexualidad.

7- «El diablo a todas horas», Donald Ray Pollock (Libros del Silencio).
Si Nelson Algren levantase la cabeza y empezase a aporrear el teclado de un ordenador, seguramente el resultado sería algo parecido a “El diablo a todas horas”. O, mejor dicho, sería exactamente “El diablo a todas horas”, primera novela del estadounidense Donald Ray Pollock y segundo libro que publica tras aquella escalofriante y sensacional colección de relatos que, bajo el título de “Knockemstiff”, retrataba con extrema crudeza las penurias y miserias de un pueblo perdido en medio de Ohio. Un paisaje abrupto y desolado que se repite en esta novela y en el que Pollock desparrama a sus personajes para abrirlos en canal y buscar entre vísceras y miserias un atisbo de humanidad. Durísimo relato sobre la redención y el perdón, sobre la soledad y venganza, “El diablo a todas horas” chapotea en esa ciénaga que es la América desamparada y dejada a su suerte a partir de los tropezones y encontronazos de unos personajes tan excéntricos como memorables. Así, en el “El diablo a todas horas" encontramos a predicadores embaucadores, ex soldados traumatizados, jóvenes atrapados en medio de la nada, asesinos en serie sobre ruedas, sherrifs putrefactos y, en fin, todo tipo de gente abollada, tratando de sobrevivir y exhibiendo ingentes cantidades de violencia en el intento. Una novela descomunal ideal para leer junto a “El cantante de Gospel” (1968), estreno literario de ese otro coloso llamado Harry Crews que Acuarela Libros y A. Machado Libros han tenido a bien recuperar. Realismo sucio y manoseado para relatar el pozo sin fondo del Fracaso Americano.


8- «La cápsula del tiempo», Miqui Otero (Blackie Books).

No es una novela al uso, quizá porque, como no cansan de repetirnos nuestros insignes representantes políticos, momentos excepcionales requieren actos excepcionales. Y “La cápsula del tiempo” es un libro excepcional que le da las riendas al lector justo ahora que la crisis parece anular cualquier capacidad de decisión. Inspirado en aquellas lecturas juveniles de Elige tu propia aventura, el periodista y escritor barcelonés Miqui Otero plantea una accidentada travesía por las calles de Barcelona en una velada cargada de simbolismo: la Noche de Reyes de 2013. Unas pocas horas de acción en las que el lector deberá ir escogiendo caminos, tropezándose con personajes excéntricos y adentrándose en historias memorables a partir de decisiones tan aparentemente intrascendentes como a quien darle una moneda en el metro o tomarse o no una última copa en un bar. A partir de ahí –y con la ayuda de un mapa que detalla el recorrido hacia los 37 finales posibles que ofrece el libro-, “La cápsula del tiempo” se erige como atrevida reivindicación de la anécdota y de las decisiones aparentemente intrascendentes, algo que brilla especialmente en ese capítulo de consulta que, bajo el título de “Ante de la duda”, condensa 13 sonadas meteduras de pata histórica en una suerte de reverso irónico del “Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig. Momentos como la resaca de elefante que le impidió a Julio César ver acercarse la muerte o el error de cálculo estilístico que acabó con los nazis en Rusia que se acaban fundiendo con esas otras historias que, desde la del viajero del tiempo a la de la novela retrofuturista olvidada pasando por la de la familia rumana que planea un golpe sonado contra la familia Billet, configuran tan disfrutable elogio de la duda y de la literatura como espacio recreativo.


9- «¿Por qué nos gustan las guapas?», Todo Rafael Azcona en La Codorniz (Pepitas de calabaza).

Porque nos gusta el inolvidable maestro Rafael Azcona, un genio que llegó a Madrid desde su Logroño natal con un cargamento de talento en esos ojos que se le enternecían con la sonrisa y sin una perra gorda en el bolsillo. Quería ser poeta a sus quince o dieciséis años, tal vez porque era muy tímido, y en vez de vivir las experiencias típicas de aquella edad pasaba el tiempo, incluso las noches, leyendo. Y dibujando sobre el velador de los cafés literarios utilizando como pincel una servilleta de papel enrollada, empapada en los restos de la taza, y compartiendo café con letras con su entrañable Antonio Mingote, cuando lo raro era vivir en aquel Madrid de chantillí y nati, como diría Manuel Alcántara. La editorial Pepitas de Calabaza y Fulgencio Pimentel reúnen en tres volúmenes todas las colaboraciones, gráficas y literarias, algunas completamente «desconocidas y perdidas», que Rafael Azcona publicó en la revista La Codorniz -a donde le llevó Antonio Mingote- entre 1952 y 1958. El primer libro -¿Por qué nos gustan las guapas?- recoge los textos azconianos; el segundo volumen -¿Son de alguna utilidad los cuñados?- continuará desde 1956 a 1958; y el último, Repelencias, dará cuenta de todos los dibujos, viñetas y collages que Azcona publicó en su querido pájaro de papel de 1953 a 1956. Se recupera así la obra «perdida» de quien sería el gran guionista de nuestro cine, extraordinario novelista y un creador que no guardaba nada, y todo lo entregó al nada fatuo fuego de la imprenta. Cuando pasaba por la Redacción de «La Codorniz», en la Plaza del Callao, el también inolvidable Enrique Herreros, que había dejado en la puerta del Palacio de la Prensa la moto que tripulaba en aquel Madrid circa 1950, solía cargar a Rafael Azcona como contrapeso en su sidecar; "en el adoquinado se abrían entonces, sin avisar –por generación espontánea– unos tremendos socavones en los que el contrapeso corría el riesgo de acabar de mala manera, pero la urbana aventura tenía sus compensaciones: Enrique amenizaba el peligro contando cosas que no contaba nadie", rememoría Azcona. Azcona lucha contra la ranciedad desde la ironía. La Codorniz resultó para Azcona una cantera de talento: la composición, el tema, el sonido, la acritud, el dramatis personae de, por ejemplo, obras aboslutamente maestras como «Los muertos no se tocan, nene»; «El pisito», «Los ilusos» o «Pobre, paralítico y muerto», gestadas entre 1956 y 1958, Autodidacta «por fuerza» de la escuela del guión y de la vida, no pasó por el Bachillerato, y su regla de oro se cifraba en 21 palabras: «Procurar no escribir lo primero que se te ocurre, porque es muy posible que ya se le haya ocurrido a otro». ¿Entienden por qué nos apasiona Azcona?


10- «Me hallará la muerte», Juan Manuel de Prada (Destino).

Del amor a la sangre, de las vidas robadas a las perdidas, de un Madrid canalla y burgués a una cuidad de trapalandranes y antihéroes, Juan Manuel de Prada, cinco años después de su (pen)última novela, vuelve por la puerta grande de la Literatura con una narración en todo su esplendor: «Me hallará la muerte» (Destino). Prada nos introduce en una historia de carne y sangre, un fabuloso, sobrecogedor, descarnado retrato de la España de los años 40/50, que gravita sobre el amor, el egoísmo, la pasión, la traición o el dolor. Ahí se dan cita antihéroes que anidan en un Madrid burgués y canalla, trapalandranes, que se alistaban en la División Azul [el contingente español que intenta ayudar a la Alemania nazi a derribar el muro de la Rusia de Stalin] para matar el hambre o huir del desahucio de su alma. Retrato deslumbrante de situaciones y personajes, Prada profundiza en los recodos y rescoldos más escondidos del alma humana para alumbrar la complejidad en la turbamulta. "Me hallará la muerte" se sumerge en el Madrid de Pasapoga, que congregaba a terratenientes en noches de farra, actores de bigotillo perfilado y talle juncal, jerifaltes del Régimen con el bálano embravecido, y coristas estrepitosas de lentejuelas y muslamen. El Madrid de Antoñete y Rafael Gil, y Pablito Calvo y Amparo Rivelles o Aurora Bautista. Y de Ava Gardner, que una noche entró con gran alboroto general, «con ganas de empalmar la resaca del año que fenecía con la borrachera del año entrante...», talla el escritor. El Madrid castizo y solanesco del pintor Gutiérrez Solana, un Madrid homologado a las grandes capitales europeas. “Me hallará la muerte” son tres novelas en una. La primera parte sería una novela picaresca, la segunda -la División Azul y el cautiverio de los españoles en Rusia- sería una novela de supervivencia, de aventuras extremas; y la tercera -el Madrid de los años 50- una novela negra, de intriga criminal. En esa primera parte -novela picaresca- se cuenta la Historia de dos truhanes, simpáticos, que pueden provocar en el lector cierta identificación, que tratan de sobrevivir en un momento especialmente duro, en un Madrid recién salido de la Guerra Civil, aún con las heridas abiertas. De ahí se pasa al episodio del frente ruso y el regreso a España. Antonio, el protagonista, al intentar escapar de la justicia en España -tras asesinar- se dio de bruces con el infierno. Huye de la justicia, y se encuentra con una guerra atroz: la guerra en el frente ruso ha sido la guerra más cruenta que ha habido en la Historia de la Humanidad, no solamente por el número de víctimas, que es impresionante en ambos bandos -tanto en el Ejército invasor como en el soviético-, sino por el armamento que se empleó, verdaderamente brutal: la artillería pesada a manta. Y de ahí el eterno retorno a España. "Me hallará la muerte" es una gran novela sobre la identidad, que el autor emplea como metáfora sobre la dificultad que todo hombre tiene para mostrarse tal y como es. Y sobre la necesidad que todo hombre tiene para mostrarse tal y como es. Y sobre la necesidad que todo hombre tiene de ocultarse o de simular en sociedad. Hallen una lectura prodigiosa en "Me hallará la muerte".

Información elaborada por Sergi Doria, Manuel de la Fuente, Inés Martín Rodrigo, David Morán y Antonio Astorga

viernes, 14 de diciembre de 2012

¡Fin de año!


Voy a darle dos o tres semanas de descanso a este blog
y dedicarme a urgentes asuntos domésticos y familiares.
 
A todos los lectores de este espacio:
 
FELIZ NAVIDAD
Y
PRÓSPERO 2013
 
 
Recuerden que es tiempo de compartir
y ser generosos con el prójimo.
 
 

jueves, 13 de diciembre de 2012

De patinatas y arepitas dulces

Patinadoras en el Parque Los Caobos, Caracas
LAS PATINADORAS
Tal vez porque el lago de su pueblo no se helaba en invierno, o porque quiso hacer del patinaje un placer de todas las latitudes, un joven artesano holandés tuvo un día la idea de poner ruedas a sus zapatos. Así nació el patín que rodando por parques y avenidas del mundo, vino a sumarse a los elementos característicos de la Navidad caraqueña. De todas las cosas que la gran industria extranjera vuelca sobre nuestro país, el patín es la única que no ha contribuido a desnaturalizar la tradición. Por el contrario, se les puede considerar ya algo nacional como las hallacas y el furruco.
Nuestro amable "Pacheco" -fabuloso rey criollo de los aires decembrinos- no llega a darnos hielo para trazar en él signos mágicos con los filos de los patines; pero gracias al modelo de ruedas el patinaje es entre nosotros deporte de invierno, e invernal es la alegría que nos comunica. Tampoco tenemos laderas cubiertas de mansa nieve, pero el genio del niño criollo creó su versión caraqueña del trineo -un cajón y cuatro ruedas de patín- y se lanzo a volar por las cuestas de la ciudad.
Aquí están los patinadores, primer anuncio de la Navidad en Caracas. Algunos llevan flamantes "Kingston" bien ajustados al calzado de marca indescifrable; otros míseras "planchas" reconstruidas que se sujetan a las alpargatas con increíbles enredijos de guaral. Todos sin embargo, dicen lo mismo: sus risas, sus canciones, el estruendo de sus ruedas son el indicio más cierto de que faltan muy pocos días para que el Niño Jesús nazca en su Belén de cartón y paja teñida.
Y el vecino de sueño liviano que se queja por la bulla que hacen los patinadores, al saberlo será un poquito más indulgente con ellos, y los envidiará al pensar que acaso son los únicos caraqueños que conocen el gusto de quitarse el frío navideño conversando en torno a un fuego, aunque ésto sólo sea el de un criollo anafe de arepitas, pariente pobre de la legendaria chimenea septentrional.
Aquiles Nazoa
Ya esa bella tradición murió. Los muchachos caraqueños tenían sus lugares favoritos donde patinar. El más clásico era el Parque Los Caobos, como vemos en la foto que encabeza este artículo. Cuando se hicieron los trabajos de caminerías de este parque con motivo del cuatricentenario de Caracas, el Gobierno Nacional tuvo el cuidado de destinar un área al patinaje; una pista amplia, lisa, segura y con largos bancos de concreto para que los patinadores pudieran sentarse a ajustarse lo patines o comerse las arepitas dulces de rigor. Otros lugares para el ejercicio de esta afición era la Avenida la Paz y en las aceras circundantes a las iglesias parroquiales. Lamentablemente, una generación de "caraqueños" no participó con sus hijos en esta actividad. Tal vez estaban preocupados por comprar patines en línea, que nunca fueron populares, pero no se ocuparon en enseñar a sus hijos a patinar.

Esta tradición estaba vinculada a la celebración de las Misas de Aguinaldo, que es un privilegio de las diócesis venezolanas desde tiempo inmemorial (tal vez logrado por la diócesis de Caracas y Venezuela en el período colonial). Estas misas festivas, por excepción, se celebran temprano en la mañana entre el 16 y 24 de diciembre, amenizadas con el canto de aguinaldos tradicionales. Quién sabe cuál fue la razón alegada, pero el canto de los aguinaldos es una tradición de veneración al nacimiento del Niño Jesús arraigada por mucho tiempo. Según tengo entendido la única condición fue que las misas de aguinaldo fse celebrasen de madrugada. ¿A qué hora? Antes de la salida del sol, a golpe de 5:30 o 6:00 am.

Fuera del templo las vecinas de la parroquia ofrecían a la venta el desayuno a los asistentes (a provecho propio o con un fin social). La estrella era la arepita dulce de anís. Me imagino que en parroquias como Candelaria, con mayoría española, se ofrecerían churros con chocolate. Había señoras que se financiaban sus hallacas de diciembre haciendo estas deliciosas arepitas, que acompañadas con queso de mano son deliciosas.


Doy la receta de las arepitas dulces. Tal vez mientras las preparamos nos pondremos a cantar algún aguinaldo, como este, De Contento, que nos ofrecen Los Tucusitos, que debieron ser grandes patinadores.

 
AREPITAS DE ANÍS
 
Arepitas dulces con anís
Foto tomada de http://www.bearskitchen.com
Scannone las llama Arepitas fritas de papelón y anís, y nos da las cantidades para hacer 20 unidades

Ingredientes:
  • 1/2 Kg. de masa de maíz
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de semillas de anís
  • 2 cucharadas de queso blanco duro, tipo llanero, rallado fino
  • 10 cucharadas de melado espeso de papelón
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
  • Aceite para freír

Preparación:
  1. Se trabaja bien la masa con la sal, el anís, el queso rallado, el melado de papelón a temperatura ambiente y el bicarbonato de sodio. Se envuelve la masa en un paño húmedo y se deja reposar por 20 a 30 minutos. Posteriormente se vuelve a amasar bien.
  2. Se divide la masa en bolitas de unos 5 minutos de diámetro y con las manos se hacen arepitas o tortitas muy delgadas y de espesor uniforme, de unos 7 a 8 centímetros de diámetro y 1/2 centímetro de espesor. Pueden hacerse también extendiendo una tela húmeda sobre una superficie plana o sobre un plato llano volteado al revés. Sobre la tela se deposita una bolita de masa y doblado la tela sobre la bolita se golpea con los dedos hasta formar una arepita del tamaño deseado. La tela debe enjuagarse antes de hacer cada arepita.
  3. En un caldero pequeño se pone suficiente aceite como para que floten las arepitas. En el aceite no demasiado caliente se van depositando una a una y moviendo el aceite, o empujando las arepitas lateralmente para que se abomben más fácilmente, se fríen hasta dorar por ambos lados. Las arepitas se abomban repentinamente después de 1 minuto de cocimiento y están listas en 2 minutos aproximadamente. Se sacan del aceite y se colocan en un colador forrado con papel absorbente para eliminarles el exceso de grasa.

Para el melado de papelón:
  • En una olla más bien grande para que no se derrame al hervir, se ponen el papelón (250 gr.) en pedacitos y el agua (3/4 de taza). Se lleva a un hervor y se cocina a fuego fuerte por 5 o 6 minutos. Se retira del fuego y se deja aparte a enfriar.
Variaciones:

Juana Berroterán (La cocina venezolana) No le agrega queso rallado, pero dice que se le puede poner blanco o amarillo, y en vez de melado de papelón le adiciona papelón rallado. No le pone bicarbonato, ni hace reposar la masa.

Graciela Schael (La cocina de Casilda) Se parece mucho a la de Scannone. Le pone papelón rallado, no melado de papelón. Lo más interesante es su explicación de cómo se fríen, que se parece más a la que me contaba mamá que había visto hacer en los años 20:
Se pone a calentar mucho aceite -el caldero debe quedar lleno hasta la mitad y las arepitas deben flotar y navegar en él- y, cuando hierva, se echan las arepitas con mucho cuidado para que el aceite no salte. Cuando estén a medio cocer, se empujan por una orilla con una púa especial, de madera o metal, para que giren y las arepitas levanten (hay que tener cuidado de no pincharlas, solamente hay que empujarlas). Se repite la operación 2 o 3 veces más si fuera necesario. Después que las arepitas hayan levantado, se dejan dorar un poquito y luego se voltean para que doren por el otro lado. Al estar listas, se pinchan con la púa, se sacan del caldero y se ponen sobre un colador para que escurra la grasa, que puede ser aceite en vez de manteca.
Agrega la Sra. Schael...
En el mes de diciembre, en los días de misas de aguinaldo, solían reaparecer las arepitas. A la salida de misa, acabadas de elaborar y acompañadas de la clásica tacita de café negro y bien caliente, eran un estupendo regalo al paladar.

Gaita a Santa Lucía

Imagen de Santa Lucía, virgen y mártir
Maracaibo

El culto en honor a Santa Lucía, vírgen y mártir paleocristiana, está vinculado con la gaita zuliana. Era tradición que el furro (o furruco) para interpretar los ritmos navideños zulianos se bajase en esa fecha y luego se volviese a subir (o guardar) hacia el día de Reyes, o tal vez la Candelaria. Hay varios tipos de gaita zuliana y cada uno tiene su estilo y origen: de furro, perijanera, de tambora, tamborera y de Santa Lucía, que es la que presentamos hoy, cantada por Rudy Hernández.


Los ojitos de Lucía
parecen dos paraparas;
el reflejo de su cara
parece la luz del día.


Canten muchachos con alegría
Que esta es la gaita de Santa Lucía,
Gloria demos a Santa Lucía.

La gaita de Santa Lucía no procede de la parroquia homónima de Maracaibo, sino del norte del estado Zulia, concretamente de Santa Rosa de Aguas, San Rafael del Moján, Sinamaica y zonas circunvecinas. Se canta generalmente con versos improvisados, en coplas y estribillos. Se cantan en honor a esta joven vírgen y mártir, entre el 12 y el 21 de diciembre, pero se prolongan más allá. Las fiestas en la parroquia de Santa Lucía (El Empedrado) en Maracaibo son también rumbosas. Sacarán la imagen en procesión y habrá fiesta popular.


Parroquia de Santa Lucía
Maracaibo

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Se parece igualito...

Los caraqueños siempre se han creído como ciertas sus fantasías, leyendas urbanas y consejas pueblerinas. No tanto ahora, pero hay algunas que se conservan y que tal vez fueron inventadas por algún partidario del autócrata Antonio Guzmán Blanco. Cito, por ejemplo, esta infeliz expresión: "la Basílica de Santa Teresa es igualita a la Iglesia de Saint Sulpice de París" o esta otra, más torpe aún, "la Santa Capilla es copia exacta de la Sainte Chapelle de Paris".

Santa Capilla de Caracas en su aspecto original

Todavía hay quien las repite. Hace unos días vi un comentario en un grupo de Facebook con relación a una foto de la Santa Capilla de Caracas, toda pintarrajeada color tutti-frutti y una señora, sin conocimiento de causa, repetía... "Es copia exacta de la Santa Capilla de París de Francia". Cuando yo era niño me creí el cuento hasta que vi una foto del templo en París, sus arcadas, sus vitrales... En lo único en que se parecían era en el nombre y en el aspecto neogótico pueblerino de la nuestra, obra de pastillaje guzmancista.

Sainte-Chapelle, París
Debe admitirse que el gobierno trató de recordar (con una memoria muy vaga) la preciosa iglesia parisina y decidió "copiarla" para ponerla en Caracas convertida en el París de un piso, pero de allí a que sea una réplica, es otra cosa. Pocos años después de construida se amplió y perdió el aspecto que recordaba a su homónima parisina. Hoy está en muy mal estado de conservación y se halla en "restauración". Siempre se le están cayendo las molduras y techos falsos.

Basólica Menos Santa Capilla, pintada color tutti-frutti
¿En qué se parece a la original?

lunes, 10 de diciembre de 2012

Torta de dátiles y nueces

Torta de dátiles y nueces recién salida del horno


Esta torta de dátiles y nueces es uno de los clásicos que preparaba mi tía Trina para las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Desconozco el origen de la receta, pero me imagino que era parte del repertorio de recetas del curso de repostería que siguió. Ella, generosamente, la compartió con el resto de la familia. Recuerdo que mi función era abrir las nueces y despepitar los dátiles. Hace un par de años pedía la receta a mi tía Beatriz, que es la que presento ahora. Forma parte de la mesa de dulces de fin de años, en remplazo de la Torta negra o de frutas, especialmente para quienes no han preparado la maceración de frutas.

 
TORTA DE DÁTILES Y NUECES
 

Ingredientes:
  • 1/2 litro de leche
  • 1/2 Kg de mantequilla
  • 1/2 Kg de azúcar moreno
  • 400 gr. de harina
  • Ralladura de una naranja
  • 1 cucharadita de polvo de hornear
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 450 gr. de dátiles sin semilla
  • 1 taza de nueces cortadas menudito y enharinadas + 5 o 6 mitades que se usarán para decorar
  • 5 o 6 guindas confitadas para decorar.

 
Preparación:
  1. Comenzamos precalentando el horno a 350°F. Seguidamente organizamos los ingredientes: se aplastan los dátiles con un tenedor para que queden como un puré (mejor si se eliminan las pieles); se cortan nueces, se miden y se enharinan, y se saca la ralladura de la naranja. Se enmantequilla y enharina el molde. 
  2. En una olla amplia se coloca la mantequilla, leche y azúcar y se lleva todo al fuego hasta que la mantequilla esté derretida. Una vez fundida la mantequilla, se retira la mezcla del fuego y se deja reposar. Cuando se ha refrescado, pero no esté fría, se comienza a batir con los dátiles. Todo se irá emulsionando y espesando.
  3. Se agrega la ralladura de naranja y poco a poco se incorpora la harina previamente cernida con la sal, el polvo de hornear y el bicarbonato de sodio, con un movimiento envolvente.  Por último se agregan las nueces enharinadas, que se incorporan a la mezcla revolviendo suavemente.
  4. Seguidamente, se vierte la mezcla en el molde enharinado.  Se adorna con las cerezas confitadas y las mitades de nueces enharinadas. Se lleva al horno precalentado a 350º F por hora y media, o hasta que al introducirle una aguja de repostería, ésta salga limpia.  
  5. Se saca del horno, se deja reposar unos minutos en una rejilla y se desmolda.

 
Un buen trozo de la torta
Buen provecho

domingo, 9 de diciembre de 2012

La pava y lo pavoso

Pavita, ejemplar juvenil
Entre las especies de lechuzas, mochuelos, pavitas y currucucúes de Venezuela existe una que el venezolano asocia con la la mala suerte, la guiña, lo pavoso y lo mabitoso. Se llama la pavita, de la cual hay dos especies: Pavita andina (Glaucidium jardinii) y la Pavita ferrugínea (Glaucidium brasilianum). Esta última, muy extendida en el territorio nacional es la especie a la cual se atribuyen esas cualidades. No hay que confundirlas con las varias especies de pava de monte, galliforme cracide, familia donde ubicamos a las guacharacas, camatas, úquiras y paujíes.

Conseguimos la descripción de esta ave en Una guía de aves de Venezuela (Armitano, Caracas, 1979), por Williams Phelps, Jr. y Rodolphe Meyer de Schauensee, la cual resumo:

Pavita ferrugínea (Glaucidium brasilianum)
Lechuza pequeña (16.5 cm.), sin penachos auiriculares, muy similar a la Pavita andina. Más probable verla de día que otras especies. Corona parda que tiene listas en los astiles en vez de puntitos (como es el caso de la pavita andina), cola cruzada por 5 a 6 bandas (la andina tiene 4). No es rara una fase rufo encendido. No es exclusivamente nocturna. No arisca. Sola o en parejas entre las ramas de baja altura. Se alimenta de roedores, reptiles, aves e insectos. Llamada:una serie de juuts repetidos, sencillos, metálicos, silbados y cortos. Puede responder a la imitación de su llamada.

Aquiles Nazoa, con su grato humor caraqueño nos dejó en Caracas física y espiritual (Panapo, Caracas, 1987) un simpático artículo sobre este tema, que refleja un interesante aspecto de la caraqueñidad. Se titula La pava y lo pavoso y no tiene desperdicio. De allí trataremos de dilucidar este misterio de la cultura caraqueña tradicional, que parece desvanecerse con el paso del tiempo y el imperio del mal gusto. Para facilitar la lectura por este medio, me tomé la libertad de dividir los párrafos. Veamos qué nos dice:
Aquiles Nazoa
Como en ninguna otra forma del folklore urbano, la espiritualidad del caraqueño tradicional -mezcla curiosa de humor, de sentido mágico de la vida y de una buena propensión natural al buen gusto-, tiene su manifestación más típica en la idea de la "pava". Con sus sinónimos de mabita y guiña y con su terrible derivado pavoso, se define entre nosotros como pava a la superstición popular que atribuye a ciertos objetos -principalmente a ciertos objetos de carácter decorativo- la propiedad de atraer la mala sombra sobre el infeliz que la posee. Semejante en este aspecto a la alusión italiana de la iella, a la yeta argentina y al ñeque de los cubanos, se diferencia nuestra pava criolla de aquellos ilustres congéneres en ser el único entre ellos que ha evolucionado del plano puramente supersticioso, para convertirse en la institución crítica por excelencia de que disponemos para la valoración de nuestros gustos estéticos. La fina intuición crítica de los caraqueños cataloga dentro del género pava y le atribuye según su peligrosidad su correspondiente lugar entre las diversas categorías de lo pavoso, a todo lo que es estéticamente mostrenco, a las cosas fabricadas con una finalidad decorativa y que fracasaron en su aspiración de belleza; a cuanto en el mundo resulta innecesariamente feo.

Guarura o botuto, puede ser un
objeto sumamente pavoso, a
pesar de su belleza natural si
se le utiliza como florero...
Otras veces es a la inarmonía entre la cosa y el uso indebido que se hace de ella -tal como usar una vela para calentar un café, o emplear una brocha de afeitar para pintar los muebles, a muchas formas de conducta, a algunos personajes por su manera de vestir o por su modo de ser, y hasta a muchas venerables instituciones que han ido a la quiebra al caer bajo tan ominosa catalogación.
Al atribuirle las cosas enumeradas la propiedad de atraer el malestar al ambiente en que se encuentran, coincide curiosamente la institución caraqueña con las teorías de la moderna psico-biología, según las cuales el hombre es un animal de naturaleza optodinámica, un ser cuyo medio más importante de comunicación con el mundo es la vista, y por eso, tanto mayor será su sensación de bienestar, de equilibrio psíquico y tanto mejores sus aptitudes para el disfrute de la vida, para el amor, para la elevación moral y plena realización de la personalidad, cuanto más intensa sea la sensación de armonía, de claridad y de belleza que reciban sus ojos. Si la disposición de lo visible es capaz de influir de tal forma en las impulsos de nuestra subjetividad, es comprensible entonces que en la presencia de lo chato, de lo mediocre, de lo inestable y de lo ramplón, nos sintamos como ensombrecidos, como psiquicamente perturbados. Es un mal que los psiquiatras denominan psicosis de lo feo y que el folklore urbano de Caracas llama sencillamente la pava. Si el que se siente bajo la influencia de la pava no está en capacidad de discernir racionalmente los verdaderos motivos del malestar que lo perturba, hay en él un cambio una especie de intuición crítica, algo así como una potencia defensiva secreta, o vacuna espiritual, que lo conduce invariablemente a localizar la causa de su perturbación en el objeto más antiestético o más anacrónico que tenga en su cercanía y que es, para él, un objeto pavoso.
Aquí quería yo llegar y hacer algún comentario que no está en el artículo de Nazoa porque en su época no existía. Recuérdese que el texto fue escrito hacia 1967, cuando todo era más bonito y sabroso. Quiero referirme a la PAVA CIRÍACA COLECTIVA, tal vez la peor de las mabitas. Esta se da cuando en una sociedad los valores éticos y estéticos se ven trastocados por la presencia de lo chato, de lo mediocre, de lo inestable y de lo ramplón... ¡Uy, guillo! Allí es cuando parecemos tocados por un rey Midas de la pava y no levantamos cabeza. Personas, objetos y conductas incívicas se conjuran para encerrar a esa sociedad en un vórtice infinito de guiña, sin llegar a ver la luz al final del túnel. ¿Percibimos que estamos empavados? ¿Qué hacer? Tal vez, comenzar haciendo nuestra propia lista de cosas, personas y acciones pavosas... En Caracas abundan y parecen concentrarse como el fango de un tremedal. Luego podremos a evitarlas y desterrarlas de nuestra vida  privada, nuestros hogares, y lugares de trabajo y esparcimiento. Huir de ellas como de Mandinga mismo.

Ya no es el objeto feo en casa o en la oficina que molesta nuestros parámetros de estética, ni aquella persona que al pasar marchita hasta las flores plásticas (que de hecho son bien pavosas) Esa es una pava simple que se quita evitando el contacto perjudicial, o -si somos supersticiosos- dándonos un baño de cariaquito morado (Lantana montevidensis o Lantana verbenacea, creo que da lo mismo), o tal vez colgar una penca de sábila (Aloe vera) detrás de la puerta puede ser efectivo. Nazoa nos da una larga lista de objetos, actitudes y conductas que nos pueden afectar. Nosotros podemos ampliarla, comenzando por revisarnos nosotros mismos e irla eliminando de nuestro entrorno. Creo que eso es lo mejor

Cariaquito morado. Esta variedad de Lantana parece
ser efectiva para casos ligeros de pava.
Me queda sólo una cosa en el teclado. ¿Qué tiene que ver esa simpática lechuza con la estética y la ética? Aquiles Nazoa nos da una respuesta:
A tan peculiar expresión del folklore caraqueño le viene el nombre de pava del ave nocturna así llamada -en otros tiempos habitante de las arboledas de Ávila-, cuyo vuelo sobre las casas en la alta madrugada con su melancólico quejido, se tenía como anuncio de desgracia. Creíase que la pavita nocturna era la forma que adoptaba alguna bruja del vecindario para echar sus maleficios sobre las casas, y para conjurarla, la primera mujer que oyera su canto en la noche debía gritarle: ¡Venga mañana por sal!, mientras tendía en el patio un pantalón blanco con las piernas abiertas. Se suponía que atraída por el pantalón (pues las brujas son siempre mujeres solas), en la primera hora del siguiente día la hechicera, ya restituida de su figura humana, visitaría la casa con el pretexto de pedir un poquito de sal, permitiendo así su identificación por los vecinos a los cuales quiso echar un daño.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Calendario caraqueño


Caracas y el Ávila entre noviembre y febrero.

CALENDARIO CARAQUEÑO
 
Una hoja se desprende y cae. Una hora se desprende y cae. Hojas y horas amarillentas.
ENERO. Cielos de plata. Hojas secas en los barrancos. La Silla es un perfecto zafiro.
FEBRERO. Mes ventoso. Telones de nubes grises y de ateridas violetas.
MARZO. Caminos polvorientos. Abundancia de flores veraneras. Los bucares agonizan en el fuego azul.
ABRIL con sus cigarras y cenicientas montañas.
MAYO  trae sus rojos ramos y sus limpias colinas. Caminos de azahar. Floridas cruces y canciones.
JUNIO. Las ceibas hilan sus copos. Maduran los mangos acribillados a piedras. Hachones encendidos y toldos de azucenas.
JULIO prepara sus flautas y destila sus mieles, sus aromas silvestres, ceñido con manto de mariposas.
AZUL DE AGOSTO. Mes de estrellas errantes. Mazorcas y dorados manantiales.
SEPTIEMBRE. Siestas de bosques rumorosos. Hojas podridas en los senderos. Cristal de noche con luces voladoras.
OCTUBRE. Mes de lluvias y vientos. De luceros perdidos. Mes de racimos y de mares oscuros.
HE AQUÍ NOVIEMBRE con sus trágicos colores. Flores moradas, nieblas y luna de difuntos.
DICIEMBRE es el mes de la espiga color de adviento.
Enrique Bernardo Núñez


Fuente:
Aquiles Nazoa. Caracas física y espiritual
Panapo, Caracas, 1987,


Enrique Bernardo Núñez
1895-1964
Autor
Al leer este texto de don Enrique Bernardo Núñez me entró cierta nostalgia. No es por la Caracas de techos rojos (de teja), que por lógica histórica debía desaparecer, sino por lo más valioso que hemos perdido. Ya Caracas no es la ciudad que la primavera escogió para su habitación continua, donde ni el frío molesta, ni el calor enfada, ni los bochornos del estío fatigan, ni los rigores del invierno afligen.
A pesar del deterioro ecológico causado por nosotros al Valle de Caracas (deforestación, ranchos marginales, edificios de vidrio, concreto, asfalto, autopistas, exceso de vehículos, basura y un largo etcétera) aún quedan rasgos de aquella Caracas de eterna primavera. Ya no hay un promedio anual de 20°C, ni "baja Pacheco" cual solía. Pero, si se observa detenidamente y con los ojos del amor a la ciudad, aún se perciben esas "estaciones" mensuales, llenas de colores misteriosos, uno para cada mes, variantes con cada hora.

¡Feliz Hannukah!


Entre el 8 y 16 de diciembre de 2012 se celebra la fiesta hebrea del Hannukah.
Con tal motivo he transcrito un texto del Rabino Robert Sternberg y le he corregido algunos errores de traducción. Agregué algún texto bíblico para hubicarnos históricamente.

¡FELIZ JANUCÁ!
Un milagro asocia a Hannukah con el aceite. La ner tamid (llama eterna) del antiguo templo se encendía con un aceite de oliva especialmente preparado y bendecido para ello. También se empleaba en otros ritos como es la unción de los sacerdotes. los acontecimientos del Hannukah se remontan a los años 169-166 a.C. cuando, bajo la dominación sirio-griega y con fines paganos, a los hebreos de Judea les fue confiscado el templo. El gobernante sirio-griego, Antíoco IV Epifanes, había decretado la prohibición de todas las "religiones locales", incluido el judaísmo. Los hebreos se rebelaron en contra del gobierno, recapturando Jerusalem  en el año 166 a.C. El templo de nuevo rendía culto al Dios hebreo, pero se encontraron que para mantener encendida la ner tamid sólo disponían de aceite para un día. La presión y elaboración del aceite que necesitaban tardaba ocho días en realizarse. Entonces ocurrió el milagro y es que con el aceite de un día la llama se mantuvo encendida durante ocho. Para celebrar este milagro, los judíos de todo el mundo y a lo largo de los ocho días del Hannukah, fríen la comida en aceite, a ser posible de oliva.
Saqueo del Templo de Jerusalem por Antíoco IV Epifanes.
De esas columnas salomónicas se pueden ver algunas en la
Basílica de San Pedro en el Vaticano, regalo de Constantino
Hannukah es una fiesta menor con muy pocos ritos religiosos; sólo el encendido de lámparas de aceite que deben alumbrar durante ocho días seguidos. Tampoco se intercambian regalos, sin embargo, se disfruta de toda clase de alimentos fritos durante los ocho días que dura la celebración.
En algunas comunidades turcas, como la de Izmir y Estambul, se tenía la costumbre de reunirse el último día de Hannukah para compartir una cena llamada merenda en la que los protagonistas eran los platos rebozados y fritos.

El Rabino Robert Sternberg, en su libro La cocina sefadí, nos plantea un menú para la merenda del Janucá:
Pan o bollos
Keftedes de pransa (buñuelos de puerro)
Salata de panjar y carnabeet (ensalada de coliflor y remolacha)
Ensalada de pepino con queso kasseri
Pescado frito a la judía (al estilo sefadí) con agristada y caldo de vinagre
Surtidos de cítricos y ciruelas con mazapán de limón
Bumuelos de Hanuka
Café


Es una festividad, a mi juicio, ejemplar. Dios, lento a la ira y rico en misericordia, siempre provee, y el pueblo fiel agradece. Así deberíamos hacer todos.

Los Libros primero y segundo de los Macabeos describen los trabajos y amarguras que pasó el pueblo de Israel con el helenismo desde el ascenso al poder de los seléucidas, sucesores de Alejandro Magno. Antíoco IV Epifanes fue quien comenzó con la persecución religiosa; gobernó entre 175 y 164 aC. Los hebreos se llevaban mejor con los Ptolomeos de Egipto, de quienes fue la idea de traducir la Biblia al griego para incluirla en la Biblioteca de Alejandría, produciéndose la versión Septuaginta. La persecución de Antíoco comienza luego de que éste derrotara al Egipto ptolemaico:
(I Mac, 1, 7 -15) ...Alejandro murió a los doce años de su reinado. Sus generales tomaron el poder cada cual en su provincia. Después de su muerte, todos se ciñeron la diadema, y sus hijos después de ellos durante muchos años, pero llenaron la tierra de males.
De ellos brotó una raíz pecaminosa. Antíoco Epifanes, hijo del rey Antíoco, quien habiendo estado en Roma como rehén, comenzó a reinar el año 137 de la era de los griegos. Por entonces surgieron en Israel hombres perversos que sedujeron a muchos, diciendo: "Ea, pactemos con las naciones vecinas, pues desde que nos hemos apartado de ellas nos sobrevinieron muchas calamidades". Tal discurso les agradó. Y algunos del pueblo se apresuraron a presentarse al rey, quien les autorizó a seguir las costumbres paganas . Construyeron en Israel un gimnasio a modo de los gentiles, se reconstruyeron prepucios, se alejaron de la Alianza Santa para unirse a los paganos y se vendieron para cometer el mal.
(I Mac. 1, 20-25) Vencido Egipto, volvió Antíoco el año 143 y marchó contra Israel y Jerusalén con un ejército numeroso. Entró altivamente en el Templo y se apoderó del altar de oro, del candelabro de las velas con todos sus accesorios, de la mesa de Proposición, copas de la libación, tazas, incensarios de oro, el velo, coronas y la decoración de oro de la fachada del Templo, llevándose todas las láminas. Se llevó también la plata, el oro y los objetos preciosos, y tesoros escondidos que encontró. Recogió todo, volvió a su patria después de haber derramado mucha sangre y haber hablado arrogantemente. Hubo entonces gran luto en Israel por doquier...
En el capítulo 2 de I Macabeos leemos cómo Matatías, sacerdote de la familia de Joarib, hombre temeroso de Dios, abandona Jerusalem y se establece en Modin. Tenía 5 hijos: Juan, llamado Caddis; Simón, llamado Tasi; Judas, apellidado Macabeo; Eleazar, apellidado Abarán, y Jonatán, apellidado Apfos. Matatías se alza y junto con sus hijos desarrolla una guerra de liberación nacional, que continúa su hijo Judas, se prolonga hasta más allá de la muerte natural de Antíoco IV y termina en una alianza de Israel con Roma y Esparta y el establecimiento de la dinastía asmonea.  Fue una lucha larga y sin cuartel en la que la fe y el amor a la patria se vieron premiados con la recuperación de la ciudad santa y del Templo, y su posterior purificación. Dejaremos para otra ocasión los detalles de esa guerra y su solución.

En I Mac. 4, 36 - 61 y en II Mac. 10, 1 - 8, se describe el hecho de la festividad que nos ocupa; esto es la purificación del templo y el restablecimiento del culto.  Judas, sus hermanos y toda la asamblea de Israel acordaron festejar con alegría la dedicación del altar cada año, a su tiempo, durante ocho días a partir del 25 Casleu.

Muerte heroica de Eleazar (I Mac. 6, 43-47)
Gustave Doré

jueves, 6 de diciembre de 2012

En el día de San Nicolás

San Nicolás de Myra (o de Bari)
Hoy fue día de San Nicolás, Obispo de Myra, defensor de la pureza de la fe y filántropo. Que su ejemplo nos enseñe a compartir con los más necesitados y ayudar a nuestros hermanos.
 
De la página católica ACI Prensa, tomo algo de su vida:
San Nicolás, cuyo nombre significa "protector y defensor de los pueblos" fue tan popular en la antigüedad que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado por los fieles en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, consiguiendo éstos favores admirables por parte del santo.
Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y como en alemán se llama "San Nikolaus", lo empezaron a llamar Santa Claus, siendo representado como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños. De San Nicolás escribieron muy hermosamente San Juan Crisóstomo y otros grandes santos, pero su biografía fue escrita por el Arzobispo de Constantinopla, San Metodio.
Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Unos de sus tíos era obispo y fue éste quien lo consagró como sacerdote, pero al quedar huérfano, el santo repartió todas sus riquezas entre los pobres e ingresó a un monasterio.
Según la tradición, en la ciudad de Mira, en Turquía, los obispos y sacerdotes se encontraban en el templo reunidos para la elección del nuevo obispo, ya que el anterior había muerto. Al fin dijeron: "elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo". En ese momento sin saber lo que ocurría, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Fue muy querido por la cantidad de milagros que concedió a los fieles.
En la época del Licinio, quien decretó una persecución contra los cristianos, Nicolás fue encarcelado y azotado. Con Constantino fueron liberados él y los demás prisioneros cristianos. Se dice que el santo logró impedir que los herejes arrianos entrasen a la ciudad de Mira.
El santo murió el 6 de diciembre del año 345. En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde fue obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí, en secreto, las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia.
En esta ciudad se obtuvieron tan admirables milagros por su intercesión, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía.

Al final de la jornada, nada mejor que un canto ortodoxo a Hagios Nicholaos

 

El último pandehornero

Roscas de pandehorno
Foto tomada de http://recetasvenezolanas.tv/postres/pan-de-horno/


Cuando publicamos en este Blog el artículo Ganjerías criollas, hicimos referencia a la desaparación del pandehorno de los carritos de dulces tradicionales que aún existen en Caracas y ciudades del interior. La desaparición ha sido paulatina hasta su total extinción porque, además de ser laboriosas en su preparación, ya casi no se cultiva la variedad del maíz que se requiere y lo poco que se produce termina convertido en fororo. En memoria de esta rosquilla, un poema de Aquiles Nazoa.

EL ÚLTIMO PANDEHORNERO
Va el pandehorno,
va el pandehorno,
va el pandehorno abicochao
el que comen lo muchacho
cuando están enamorao...!
Calle arriba y calle abajo,
diciendo el viejo pregón
por el que canta el recuerdo
de un tiempo que ya pasó;
calle abajo y calle arriba,
furtivo como un rumor,
con un cristal de nostalgia
quebrándosele en la voz
va el último pandehornero
por esas calles de Dios.
Las roscas en el canasto
-¡tan tostaditas que son!-
tienen la color morena
y hasta la misma calor
de la mano campesina
que en oro las modeló,
y del mantel que las cubre
-blanco mantel de algodón-
fluye un aroma casero
-leña, maíz, papelón-
con que olorosas las calles
va dejando el vendedor
a lejanísimos campos
con maizales bajo el sol.
Va el pandehorno,
va el pandehorno,
va el pandehorno abicochao
el que comen lo muchacho
cuando están enamorao...!
La ciudad vuelve a su infancia
cuando escucha su pregón
y las antiguas ventanas
tornan a abrirse en su honor
y en el ojal del pasado
revive la vieja flor,
en tanto que el pandehornero
va de portón en portón
como el último recuerdo
de un tiempo que ya pasó.
¡Viejo tiempo que en Caracas
vestida de tradición,
el Ávila se asomaba
como a un florido balcón
para escuchar las romanzas
que le cantaba el amor,
y los domingos se abrían
como abanicos de sol
para gentiles paseantes
con modales de salón
que con helados de fresa
se quitaban el calor
o asistían a las retretas
donde en la parte mejor
los niños en los tranvías
pasaban diciendo adiós,
en tanto que el pandehornero
desganaba su pregón:
Va el pandehorno,
va el pandehorno,
va el pandehorno abicochao
el que comen lo muchacho
cuando están enamorao...!
Calle arriba, calle abajo,
diciendo el viejo pregón
por el que canta el recuerdo
de un tiempo que ya pasó,
va el último pandehornero
por esas calles de Dios.


Aquiles Nazoa, autor del poema, nació en Caracas (barrio El Guarataro, Parroquia San Juan), el 17 de mayo de 1920. Fue telefonista, carpintero y empacador de periódicos. Desde muy joven se  le descubrió su talento como humorista y crítico social. Es uno de los más destacados escritores costumbristas del siglo XX venezolano. Murió en un accidente vial el 25 de abril de 1976. De su libro Caracas física y espiritual (Panapo, Caracas, 1987) extraje El último pandehornero.
Una nota sobre el pandehorno. En primer lugar, no se escribe ni se pronuncia como tres palabras sino una sola PANDEHORNO y, si vamos a pronunciarla como se debe, suena más o menos PANDIOLNO, pero sin la L tan marcada. Eso es para los afectados que pronuncian todas las eses sin hacer liaison porque se las dan de educados sin serlo.

Ahora la receta para ver si alguien consigue los ingredientes y hace las rosquitas (advierto que la harina precocida no nos dará ni el gusto ni la textura, tal vez con fororo...):

Ingredientes:
  • 2 y 1/2 kg de harina de maíz cariaco tostado
  • 1/4 Kg de sebo de res
  • 3/4 de taza de papelón blanco bien raspado + 2 cucharadas
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas de sebo de cochino
  • 1 cucharadita de bicarbonato de sodio
  • Un poquito de anís en polvo
  • Canela y pimienta guayabita al gusto.

Preparación:
  1. Se precalienta el horno a 400°F (200°C).
  2. Se revuelve todo y se amasa bien. Si acaso la mezcla queda muy seca o dura, se le añade agua de papelón. Se hacen las rosquitas, se colocan en un latón engrasado y se rizan los bordes. Se cocinan en el horno por 20 minutos aproximadamente o hasta que doren.
Ya que actualmente es difícil conseguir el sebo de res y el sebo de cochino, estos ingredientes se pueden sustituir con mantequilla o manteca vegetal.

Receta tomada del recetario de Graciela Schael, La cocina de Casilda (Libros El Nacional, Caracas, 2005). El sebo al que se refiere es el de riñonada (el que rodea los riñones)  No creo que la mantequilla dé el mismo resultado. Me pregunto si quedará memoria gastronómica de estas roscas para conocer si tienen el mismo sabor.