jueves, 13 de diciembre de 2012

De patinatas y arepitas dulces

Patinadoras en el Parque Los Caobos, Caracas
LAS PATINADORAS
Tal vez porque el lago de su pueblo no se helaba en invierno, o porque quiso hacer del patinaje un placer de todas las latitudes, un joven artesano holandés tuvo un día la idea de poner ruedas a sus zapatos. Así nació el patín que rodando por parques y avenidas del mundo, vino a sumarse a los elementos característicos de la Navidad caraqueña. De todas las cosas que la gran industria extranjera vuelca sobre nuestro país, el patín es la única que no ha contribuido a desnaturalizar la tradición. Por el contrario, se les puede considerar ya algo nacional como las hallacas y el furruco.
Nuestro amable "Pacheco" -fabuloso rey criollo de los aires decembrinos- no llega a darnos hielo para trazar en él signos mágicos con los filos de los patines; pero gracias al modelo de ruedas el patinaje es entre nosotros deporte de invierno, e invernal es la alegría que nos comunica. Tampoco tenemos laderas cubiertas de mansa nieve, pero el genio del niño criollo creó su versión caraqueña del trineo -un cajón y cuatro ruedas de patín- y se lanzo a volar por las cuestas de la ciudad.
Aquí están los patinadores, primer anuncio de la Navidad en Caracas. Algunos llevan flamantes "Kingston" bien ajustados al calzado de marca indescifrable; otros míseras "planchas" reconstruidas que se sujetan a las alpargatas con increíbles enredijos de guaral. Todos sin embargo, dicen lo mismo: sus risas, sus canciones, el estruendo de sus ruedas son el indicio más cierto de que faltan muy pocos días para que el Niño Jesús nazca en su Belén de cartón y paja teñida.
Y el vecino de sueño liviano que se queja por la bulla que hacen los patinadores, al saberlo será un poquito más indulgente con ellos, y los envidiará al pensar que acaso son los únicos caraqueños que conocen el gusto de quitarse el frío navideño conversando en torno a un fuego, aunque ésto sólo sea el de un criollo anafe de arepitas, pariente pobre de la legendaria chimenea septentrional.
Aquiles Nazoa
Ya esa bella tradición murió. Los muchachos caraqueños tenían sus lugares favoritos donde patinar. El más clásico era el Parque Los Caobos, como vemos en la foto que encabeza este artículo. Cuando se hicieron los trabajos de caminerías de este parque con motivo del cuatricentenario de Caracas, el Gobierno Nacional tuvo el cuidado de destinar un área al patinaje; una pista amplia, lisa, segura y con largos bancos de concreto para que los patinadores pudieran sentarse a ajustarse lo patines o comerse las arepitas dulces de rigor. Otros lugares para el ejercicio de esta afición era la Avenida la Paz y en las aceras circundantes a las iglesias parroquiales. Lamentablemente, una generación de "caraqueños" no participó con sus hijos en esta actividad. Tal vez estaban preocupados por comprar patines en línea, que nunca fueron populares, pero no se ocuparon en enseñar a sus hijos a patinar.

Esta tradición estaba vinculada a la celebración de las Misas de Aguinaldo, que es un privilegio de las diócesis venezolanas desde tiempo inmemorial (tal vez logrado por la diócesis de Caracas y Venezuela en el período colonial). Estas misas festivas, por excepción, se celebran temprano en la mañana entre el 16 y 24 de diciembre, amenizadas con el canto de aguinaldos tradicionales. Quién sabe cuál fue la razón alegada, pero el canto de los aguinaldos es una tradición de veneración al nacimiento del Niño Jesús arraigada por mucho tiempo. Según tengo entendido la única condición fue que las misas de aguinaldo fse celebrasen de madrugada. ¿A qué hora? Antes de la salida del sol, a golpe de 5:30 o 6:00 am.

Fuera del templo las vecinas de la parroquia ofrecían a la venta el desayuno a los asistentes (a provecho propio o con un fin social). La estrella era la arepita dulce de anís. Me imagino que en parroquias como Candelaria, con mayoría española, se ofrecerían churros con chocolate. Había señoras que se financiaban sus hallacas de diciembre haciendo estas deliciosas arepitas, que acompañadas con queso de mano son deliciosas.


Doy la receta de las arepitas dulces. Tal vez mientras las preparamos nos pondremos a cantar algún aguinaldo, como este, De Contento, que nos ofrecen Los Tucusitos, que debieron ser grandes patinadores.

 
AREPITAS DE ANÍS
 
Arepitas dulces con anís
Foto tomada de http://www.bearskitchen.com
Scannone las llama Arepitas fritas de papelón y anís, y nos da las cantidades para hacer 20 unidades

Ingredientes:
  • 1/2 Kg. de masa de maíz
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de semillas de anís
  • 2 cucharadas de queso blanco duro, tipo llanero, rallado fino
  • 10 cucharadas de melado espeso de papelón
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
  • Aceite para freír

Preparación:
  1. Se trabaja bien la masa con la sal, el anís, el queso rallado, el melado de papelón a temperatura ambiente y el bicarbonato de sodio. Se envuelve la masa en un paño húmedo y se deja reposar por 20 a 30 minutos. Posteriormente se vuelve a amasar bien.
  2. Se divide la masa en bolitas de unos 5 minutos de diámetro y con las manos se hacen arepitas o tortitas muy delgadas y de espesor uniforme, de unos 7 a 8 centímetros de diámetro y 1/2 centímetro de espesor. Pueden hacerse también extendiendo una tela húmeda sobre una superficie plana o sobre un plato llano volteado al revés. Sobre la tela se deposita una bolita de masa y doblado la tela sobre la bolita se golpea con los dedos hasta formar una arepita del tamaño deseado. La tela debe enjuagarse antes de hacer cada arepita.
  3. En un caldero pequeño se pone suficiente aceite como para que floten las arepitas. En el aceite no demasiado caliente se van depositando una a una y moviendo el aceite, o empujando las arepitas lateralmente para que se abomben más fácilmente, se fríen hasta dorar por ambos lados. Las arepitas se abomban repentinamente después de 1 minuto de cocimiento y están listas en 2 minutos aproximadamente. Se sacan del aceite y se colocan en un colador forrado con papel absorbente para eliminarles el exceso de grasa.

Para el melado de papelón:
  • En una olla más bien grande para que no se derrame al hervir, se ponen el papelón (250 gr.) en pedacitos y el agua (3/4 de taza). Se lleva a un hervor y se cocina a fuego fuerte por 5 o 6 minutos. Se retira del fuego y se deja aparte a enfriar.
Variaciones:

Juana Berroterán (La cocina venezolana) No le agrega queso rallado, pero dice que se le puede poner blanco o amarillo, y en vez de melado de papelón le adiciona papelón rallado. No le pone bicarbonato, ni hace reposar la masa.

Graciela Schael (La cocina de Casilda) Se parece mucho a la de Scannone. Le pone papelón rallado, no melado de papelón. Lo más interesante es su explicación de cómo se fríen, que se parece más a la que me contaba mamá que había visto hacer en los años 20:
Se pone a calentar mucho aceite -el caldero debe quedar lleno hasta la mitad y las arepitas deben flotar y navegar en él- y, cuando hierva, se echan las arepitas con mucho cuidado para que el aceite no salte. Cuando estén a medio cocer, se empujan por una orilla con una púa especial, de madera o metal, para que giren y las arepitas levanten (hay que tener cuidado de no pincharlas, solamente hay que empujarlas). Se repite la operación 2 o 3 veces más si fuera necesario. Después que las arepitas hayan levantado, se dejan dorar un poquito y luego se voltean para que doren por el otro lado. Al estar listas, se pinchan con la púa, se sacan del caldero y se ponen sobre un colador para que escurra la grasa, que puede ser aceite en vez de manteca.
Agrega la Sra. Schael...
En el mes de diciembre, en los días de misas de aguinaldo, solían reaparecer las arepitas. A la salida de misa, acabadas de elaborar y acompañadas de la clásica tacita de café negro y bien caliente, eran un estupendo regalo al paladar.

7 comentarios:

  1. Gracias primo por este lindo relato que es como un cuento de Navidad llenos de lindos recuerdos!!!

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    1. Deberías organizar una patinata alrededor de la catedral de Palma y repartir entre los asistentes unas arepitas de viento.

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  2. Que tiempos aquellos! Placentero relato de la Navidad de esa epoca. Da nostalgia por lo que dejo de existir..
    Feliz Navidad!
    Josefina T.

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    1. Así es, Josefina. Lo peor es que a cambio sólo quedaron productos de consumo. ¡Feliz Navidad!

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  3. Asi es amigo! Aqui copiando la receta de las arepitas dulces para hacerselas a mis hijos que estan llegando desde diferentes lugares para Navidad! Gracias!
    Un gran abrazo!
    Josefina

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