martes, 8 de abril de 2014

Yo jalo, tú jalas, el jala...


Nos dice Óscar Yanes que el verbo más conjugado en Venezuela es el verbo jalar. La expresión ha dado pie a palabras derivadas y expresiones relativas que forman parte del habla criolla. Veamos qué nos dice don Óscar en el volumen II de Así son las cosas (Planeta, Caracas, 1997):
"La jaladera de mecate", esa expresión popular para definir la adulancia es tradicional en el país. Ya desde 1800 se hablasba de la jaladera de mecate, pero ¿de dónde viene la relación entre la jaladera de mecate y la adulancia?
La tradición venezolana dice que la jaladera de mecate viene del arte de mover la hamaca. Ustedes recuerdan que las hamacas tienen cabuyas o mecates. Si usted se pone a jalar la hamaca mientras el otro duerme, puede aprovechar de contarle cosas, de decirle chismes, de labarlo mientras el tipo se está durmiendo porque usted lo está meciendo suavemente. Dicen que Simón Bolívar fue el hombre a quien le jalaron más, porque dormía su siesta y cuando a golpe de tres de la tarde se tiraba en la hamaca, comenzaban los generales a jalar mecate y a decirle:
-"Mire general, usted sabe que Manuelita..."
-"Oiga general y usted sabe que Santander..."
Bueno, aquella jaladera y que era continua, sin embargo mucha gente no lo cree, porque hay otra cosa, la jaladera de mecate degeneró después en una frase grosera "jalar bolas".
La jaladera es tradicional en el país y un hombre muy importante, un tribuno famosísimo llamado Edecio La Riva, escribió un libro sobre la jaladera llamado Elogio de la Adulancia, aunque él advierte que la palabra adulancia no existe, que debiera ser Elogio de la Adulación. Por cierto que Germán Arciniegas señala que el libro de Edecio es único en el mundo...
(...) Pero volviendo al arte de jalar, Edecio La Riva en su libro aconseja veinticinco normas para jalar, hay tres que me han llamado la atención porque son fundamentales para un gran jalador:
1- Usted no puede estar jalando todo el tiempo, para jalar hay que buscar la oportunidad. Usted no puede, si el individuo está ocupado en otras cosas, pensando en otras cosas, ir a jalar porque pierde su jaladera. Usted tiene que ser un chupamedias prudente, saber cuándo jalar.
2- Usted tiene que conocer profundamente el temperamento del hombre adulado o jalado para que tenga éxito en su jalada (...)
3- Usted tiene que jalar de frente, tiene que jalar como diría alguien de San José "con dos bolas", porque si no, no le funciona la cosa.
Sin embargo, hay una triste conclusión, el arte de jalar como la mentira, como la envidia, es una baja pasión humana. Pero la naturaleza es tan extraña y contradictoria que en el mundo entero todo jalador termina premiado aunque luego la sociedad lo desprecia...
Mientras leía el texto de Yanes recordaba anécdotas de la vida. Cuando iniciaba mi carrera me tocó en suerte trabajar con un artista de la jalada -tal vez se había leído el libro de Edecio La Riva Araujo-, pero se le fue la mano y tuvo un serio problema con el objeto de la jaladera (el jefe). Veinte años después un Embajador amigo común le envía un regalo y me dice: Llévale a Fulano este regalo y dile que lo merece por ser un artista de la jaladera... Al llegar a Caracas me presento en la oficina de Fulano, le entrego el regalo y le doy el recado. Lo tomó como un piropo y lo agradeció.

Siempre hay alguien dispuesto a jalar por jalar y esos fracasan por no ser los suficientemente prudentes y discretos, o desconocer al objeto de la adulación. Hay jaladas que son tan bruscas que duelen. De allí surgen varias expresiones vulgares del léxico criollo de las que recuerdo:

Jala, pero no te guindes
Zutano prefiere jalar bolas a la sombra, que escardilla al sol


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