jueves, 3 de abril de 2014

Como chino en tranvía...

Viejo tranvía eléctrico de Caracas. Colección Allen Morrison

Cuando trabajaba en Puerto Príncipe, hace ya más de 20 años, la recepcionista de la Embajada era una caraqueña sanjuanera que conservaba el habla tradicional de Caracas en la era anterior al 23 de enero de 1958. Entre las expresiones que usaba esta venezolana figuraban: "gozar como muchacho comiendo moco" y "gozar como chino en tranvía". Siempre comprendía en primer dicho; hay mucho muchacho "comemoco", pero el de los chinos era otra cosa. Nunca pudo explicarme cómo gozaban los chinos en un tranvía. Me gustó la expresión y a veces la uso.

Hace unos días, leyendo una de las sabrosas crónicas de Óscar Yanes (Así son las cosas. Editorial Planeta, Caracas,1996), encontré la respuesta:
LOS CHINOS GOZONES
"Estás gozando más que chino en tranvía", este refrán se hizo famoso en 1906, cuando los tranvías de caballito fueron reemplazados por los tranvías eléctricos. Bueno, eso fue un escándalo en Caracas. La gente tenía miedo de montarse en tranvía, porque decía que esa era cosa del enemigo malo, y cuando veían el tranvía se metían en los zaguanes, otros salían corriendo y los muchachitos se orinaban, aquello fue terrible. La empresa, para salvar al tranvía de la quiebra, porque la gente seguían montándose en los tranvías de caballito, optó por dar puerta franca, o sea entrada gratis al tranvía. Durante seis meses no se pagaba pasaje para subir, para que la gente pudiera acostumbrarse a viajar en él. Sin embargo, los caraqueños todavía tenían miedo al tranvía y más de uno inmediatamente se levantaba con una cara de gran circunstancia y le decía a su mujer:"Margot, hasta más tarde y cuídame a los muchachos por si pasa algo, que yo hoy me voy a montar en tranvía", inmediatamente, por supuesto, la mujer le prendía una velita a San Miguel Arcángel, o al Corazón de Jesús "Ay Ernesto, cuídate y ten cuidado, cómo se te ocurre esa locura de montarte en tranvía", eso parece exageración, pero es verdad.
Sin embargo, en aquella época uno personajes muy populares en la ciudad eran los chinos; aquellos chinos usaban todavía coleta, como en las películas de Fu Man Chu; tenían su coleta como los toreros pero más grande. Esos chinos eran famosos porque eran lavanderos y planchaban ropa. Las grandes lavanderías, en donde los chinos limpiaban la ropa a palo limpio, tenían unas paletas grandes, le echaban a las camisas y a los camisones jabón y comenzaban a darle palo y palo, y aquello quedaba perfecto. Una camisa planchada por un chino, era una camisa perfecta, eso sí, posiblemente al mes, la camisa ya estaba rota de tanto palo que había llevado. Pero los chinos eran famosos y muy estimados en la ciudad de Caracas; pero no se sabe por qué, cuando dieron tranvía gratis, quienes más se montaban eran los chinos. Los domingos los tranvías estaban llenos de chinos, que casi siempre estaban serios y eran tímidos, en aquella oportunidad montados en su tranvía siempre se iban riendo, gozando un puyero entre ellos, hablando su idioma y riéndose. Entonces el pueblo inventó aquello de que "éste goza más que un chino en tranvía".
Tranvía de caballito subiendo Bolsa a Padre Sierra

Marina, tal era el nombre de la recepcionista, había tenido una vida interesante. Fue pareja, y luego esposa, de un escultor italiano, Americo Montagutelli, que participó en los trabajos del Paseo Los Próceres; luego de la caída de la dictadura, Montagutelli fue invitado por el gobierno de Papa Doc Duvalier a abrir una academia de bellas artes en Haití. Allí conoció al amor de su vida, Gaston Hermantin, con quien se fugó. Gaston y Marina se autoexiliaron en Nueva York y regresaron a Haití a instancias del Cónsul General de ese país, que apreciaba el talento Gaston, quien llegó a ocupar un lugar destacado en el gobierno de Baby Doc Duvalier. ¿Qué habrá sido de Marina? ¿Sobrevivió el terremoto? Me dio muchas horas de grata conversación sobre la Caracas que ella había conocido desde su casa en Pepe Alemán, y sus recuerdos de una ciudad que ya había cambiado.

4 comentarios:

  1. Tampoco es la ciudad donde nacì y me criè. Lo único que no cambia es El Avila. Y donde està ahora la universidad donde usted estudiò, que me sospecho quedaba en la esquina de Jesuitas?

    Conocía ese refrán por mi abuela, asi como el aùn vigente de "si no hay leal, no hay lopa". Pero no sabìa su origen. Me encanta aprender ese tipo de cosas

    Me parece que la foto fue impresa al revés. De Bolsa a Padre Sierra, hacia el lado Este de la calle se encuentra el edificio del Congreso, llámese como se lo llame ahora, mientras que en la foto parece estar al Oeste. Conste que es algo no tan infrecuente. Recuerdo aun una revista Bigott especial sobre el Estado Carabobo en la cual una magnìfica vista de Puerto Cabello pintada desde el Fortín Solano, aparece con los mangllares (hoy astillero naval) del lado oeste. En mi lucha para saber que era lo que estaba mal en la pintura averigûe el significado de las antiguas expresiones porteñas "puente dentro" y "puente fuera" asi como el por què Paez debió atacar a los realistas con una carga de caballerìa por la calle Lanceros.

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    1. No soy tan viejo. Cuando ingresé a la UCAB ya estaba mudada a Montalbán. Jajaja

      En verdad, lo único que no cambia es el Ávila. Se lo dijo Bolívar a Martín Tovar en 1827: Lo único que no ha cambiado es el Ávila y tú. Las ciudades cambian, lo que no cambia es el paisaje.

      En efecto, la foto del tranvía de caballitos está tomada en la cuadra de Bolsa a Padre Sierra. A la derecha se ve la casa donde vivió Francisco de Miranda, que ahora es un edificio de tres pisos.

      Me encanta Puerto Cabello, a pesar de su decadencia física. Conocí por dentro la casa del puentecito de la Calle Lanceros. Fue interesante la visita.

      Feliz fin de semana.

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    2. En Puerto Cabello yo conoci alguna de las casas cuyo corral era el mar y, que en tiempos de mar de leva, entraban las olas por el corral y salan por la puerta de la calle. lo cual era considerado como algo natural. Todo eso desapareció cuando se construyò La Marina
      y El Malecón.

      En cuanto a la casa del puentecito en la Calle Lanceros, contaba mi abuela que las dos casas eran propiedad de un comerciante, que tenia en la planta alta de una su casa de habitación y en la otra la oficina, mientras que las dos plantas bajas eran el depòsito de mercancías. Para evitarse el fastidio de salir, cruzar la calle, subiri al piso alto y luego repetir la mnaniobra, mandò a construir el puente, que es post independista. En todo caso es una calle preciosa.


      a eL mALEC+ON

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    3. Ahora la casa de Lanceros pertenece a la familia Dao, cuando la vi me pareció que necesitaba una buena restauración.

      Feliz semana

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