viernes, 31 de mayo de 2013

Oh, alma errante en el bosque

El puente japonés, por Claude Monet

OH, ALMA ERRANTE EN EL BOSQUE


...y los que tienen un noble corazón inmaculado val al sacrificio.
.......................................
¿Pero su madre vive y te llama:
-¡Sacha, dulce hijo mío!

Leonidas Andreyev


Todo mi ser dormía en la celeste morada de los estanques
como si en mí los días movieran un jardín encantado,
y veía pasar las aldeas hacia un atardecer de olvido
en un silencio de lirios y de ríos.

Tenía el secreto de que la alondra lleva en su corazón al día
y que en su canto de cielo alguien puede llorar.

Comprendí que el mundo todo era un secreto:
un maravilloso y dolorido secreto,
en que todo puede cesar con el vuelo de una estrella.

Silencioso me hice con un viejo jardín lleno de sombras,
y vi que los aires sangraba por la espina de la rosa,
y el dolor se miraba en las fuentes dormidas,
cuando los días pasaban bañando de lágrimas los rostros.

Oí cantar los pastores y les vi caer en el día
bajo los astros que la noche abandona.

Oí el gemido de los niños rotos como nardos,
vi la muerte callada como árboles talados,
mientras los días pasaban bañando de lágrimas los rostros.

Y mucho más comprendí, inundándome de sombras
hacia mi bosque de sueños adulto de rumores,
como un amor que se engendra entre la tierra y el cielo,
y mi corazón se hizo entonces del tamaño del mundo.

Fui el perseguido, el abandonado, el tremendo,
y sobre mi cuerpo cayeron los árboles robustos, 
pesados, como tormentas, de inviernos y de estíos.

Pero alguien aún me llama desde la primavera...


Bosque doliente (1940)
Vicente Gerbasi

Vicente Gerbasi en 1943
Tomada de www.vicentegerbasi.net

Con motivo del centenario de Vicente Gerbasi, la curiosidad me llevó a revisar el Repertorio poético de Luis Edgardo Ramírez (Panapo, Caracas, 2006). Quería saber cuáles poemas habían gozado de popularidad entre el público caraqueño que era asiduo a su programa y solicitaba una y otra vez que Luis Edgardo les recitara algo de su agrado (estamos hablando de los años 50 y 60). Este florilegio no está orientado a un público especializado o "filopoético" o académico, sino que surge de las preferencias populares, como en un Hit parade. Allí se encuentran grandes poemas junto a la hojarasca sensiblera. Ramírez nos entrega dos piezas de Gerbasi, que no son las mejores de su repertorio, pero que habían calado en el alma de la audiencia: En el bosque y Oh, alma errante en el bosque, ambas del libro Bosque Doliente publicado en 1940... Nada de Mi padre, el inmigrante, ni de Los espacios cálidos, que dieron fama internacional al poeta.

Copio hoy Oh, alma errante del bosque, con una ilustración de Claude Monet, que en cierta manera nos recuerda los versos de Vicente Gerbasi.

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