miércoles, 30 de octubre de 2013

Edipo en Maracaibo

Panteón de Jesús Enrique Lossada en el cementerio Cuadrado de Maracaibo.
Allí también yacen los restos de su idolatrada madre, María Luis Lossada
Foto tomada de www.equilibrioinformativo.com

Hace casi dos años se propuso el traslado de los restos del intelectual zuliano Jesús Enrique Lossada del Cementerio Cuadrado de Maracaibo, donde reposan, al Panteón Regional del Estado Zulia. Según me contó una viejita maracucha, los familiares de Lossada se habrían opuesto, por cuanto en las disposiciones testamentarias de Jesús Enrique hay una disposición en la que exige permanecer sepultado junto a su madre María Luisa. Si esa fue su última voluntad, ella se debe respetar, creo yo.

En estos días, conversando con Jesús el Librero sobre este caso, y lo que desde niño supe del Dr. Lossada, me pidió que escribiera algo sobre el tema. Me pone en un compromiso porque nuestra conversación incluyó una larga cita del libro El príncipe negro de Norberto José Olivar, que ya reseñamos hace un tiempo (aquí), novela que sigo recomendando ampliamente por la riqueza de su contenido. La cita fue la siguiente:
Ismael E. Urdaneta (1885-1928) con uniforme
de Legionario. Obtuvo varias condecoraciones:
Cordón de Honor al Mérito de la Legión Extranjera;
Medalla Interaliada;  Medalla de Verdún,
y Distintivo de Herida.
- La obligación del decadente es el suicidio -dijo el poeta Ismael Urdaneta a su hermano, Arístides, minutos antes de pegarse un tiro en la cabeza con su arma reglamentaria de la Legión Extranjera.
-¿De dónde sacas esa tontería, Ismael? -replicó el otro por el fatal anuncio.
Arístides  trató de reconfortar a su hermano, pero sabía que era inútil. Ismael estaba enloquecido por la sífilis. Por eso salió de la habitación con el peso del luto sobre sus hombros, seguro de que el revólver estaba a mano, dispuesto y la decisión tomada bajo la "guía espiritual" del poeta Anatole France, quien sirvió de "psicopompo", el rol que desempeña Ixtab para guiar a los suicidas al paraíso.
El poeta Ismael Urdaneta se mató el 29 de septiembre de 1928. Un mes antes, pero pasados veinte años, el poeta y rector de la Universidad del Zulia, Jesús Enrique Lossada, se suicidaba a la misma hora.
Jesús Enrique Lossada
(1892-1948)
Lossada tenía por poeta de cabecera al mismísimo France y era admirador de Urdaneta por haber muerto a mano propia. Al lado del cadáver de Lossada, ¿casualidad?, se encontró un ejemplar de Poemas áureos.
El poeta y rector había quedado aturdido con la muerte de su madre María Luisa. Siempre se ha dicho que padecía el complejo de Edipo. Y por razones que desconozco, suelo imaginar a Lossada vestido con las ropas de su madre fallecida mirándose, extraviado, en un espejo de cuerpo entero, tratando de invocar su espíritu.
Tras mis indagaciones y sospechas, pensando en la forma tan misteriosa y repentina en que enfermó -dizque por extenuación, cosa absurda considerando que la universidad de aquellos días era más pequeña que un liceo de los de ahora-, y el hermético cerco que sus discípulos desplegaron durante su agonía, tengo la certeza de que el poeta-rector decidió envenenarse al estilo de Madame Bovary. Pero no se piense que fue una decisión repentina. El atormentado poeta-rector venía acariciando la idea de la autoliquidación desde hacía tiempo y lo anunció en su poemario Madréporas:
Una vez que pasaste por mi ruta
a compás de tus prédicas macabras
me ofreciste la copa de cicuta.

Y yo la apuré toda, fui tu amigo,
y el alma me enfermé con tu palabras
de una letal dolencia que maldigo.
Llegado a este punto, voy a proponer la creación de una nueva categoría de autores, denominada "escritores psicopompos": aquellos que han trabajado la idea de la muerte, en todas sus formas, y servido de facilitadores a otros para morir a mano propia. Son una especie de palabreros funerarios, un servicio de eutanasia literaria de vieja data.
Licencias literarias aparte, a Jesús le gustó la cita y lo que me contaban mi abuela y tías sobre Jesús Enrique y doña María Luisa. Difícil debió ser la vida de esta pequeña familia en una sociedad conservadora como la marabina de finales del siglo XIX. El muchacho era hijo de María Luisa, joven de buena familia, y el presbítero José Tomás Urdaneta; amor prohibido y sin esperanzas.

Plaza Baralt y Botica Nueva, Maracaibo
Todo Maracaibo sabía la historia y las malas lenguas decían que la muchacha sonsacó al cura del confesionario (y otras agregaban que ella misma se dedicó a contarla) ¿Le habrá puesto una pistola en la cabeza?. El padre Urdaneta bien ha podido respetar sus votos de celibato. El niño Jesús Enrique seguro fue víctima de la crueldad de sus compañeros de escuela. Su madre lo llevaba a misa celebrada por su padre, y él se resistía al rito. Las adversidades de la vida y la dedicación de su madre lo llevaron a ser uno de los intelectuales mejor formados de Venezuela: académico, escritor, abogado, docente, parlamentario y en todas sus actividades mostraba firmes principios éticos y morales. A él se debe el renacer universitario del Zulia, al haber luchado por la reapertura de la LUZ, de la cual fue el primer rector.

Me contaba la abuela, haciéndose la señal de la Cruz, que, ya adulto, Jesús Enrique luego de la firma agregaba como un lema: "Enemigo personal de Jesucristo" -Ave María purísima-. ¿Será cierto?  Luego de 121 años las cosas se ven diferentes.

Dejo aquí un soneto escrito por Jesús Enrique Lossada en recuerdo de su madre difunta. Espero que sea del agrado.

MARIA LUISA LOSSADA


Traspusiste el umbral del reino obscuro,
Y es vano que hacia ti los brazos tienda…
¡Como expresar esta aflicción tremenda,
Oh madre mía del amor más puro!


Tal vez bordada en flores, tras el muro
Negro del Más Allá, se abre tu senda,
Y suave aurora su fanal encienda
Sobre el inmenso piélago inseguro…

Pero si todo es polvo, y humo, y viento,
Si te perdí cual lumbre fugitiva,
Dentro de mi dolor te hallo y te siento.

¡Que, de mi amor filial dulce cautiva,
Alumbras sin cesar mis pensamientos
Y estás en mi recuerdo rediviva.



Para leer un poema del bardo vanguardista Ismael Urdaneta ingresar por aquí.

Interior del Panteón Regional del Estado Zulia, Maracaibo

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