domingo, 14 de abril de 2013

¡Qué ortografía, niño!... no pegas una.

Simón Bolívar, entre 1799 y 1802
Miniatura. Óleo sobre marfil
Colección Fundación John Boulton, Caracas
Hace unos 43 años, cuando entre las materias del pénsum de Humanidades se incluía Historia de Venezuela, documental y crítica, era profesor el Dr. Luis Acosta Rodríguez, miembro distinguido de la Sociedad Bolivariana. Lo llamábamos "Tortugón" porque conducía un Mercedez Benz negro de reconocida antigüedad. A pesar del nombre de la materia, el buen señor no admitía críticas y mucho menos si  se referían a Simón Bolívar, así fueran sobre alguna travesura infantil de Simoncito en la Hacienda de San Mateo.

Recuerdo como si fuera ayer la lectura de la primera carta de Simón Bolívar a su tío materno, toda plagada de errores y horrores de sintaxis, prosodia y ortografía. Nos decía el buen Tortugón que ese muchacho, con empeño y dedicación pudo superar tal handicap y llegar a escribir con una prosa admirable. Me llamaba la atención lo que decía el profesor porque no me imaginaba cómo lo habría logrado en el curso de una vida tan accidentada. Lo atribuía el profesor Acosta al buen hábito de la lectura y al espíritu de superación de Simón Bolívar. Leamos la carta:

Vera Cruz 20 de marzo de 1799
Señor Don Pedro Palacios y Sojo
Estimado tio mío:
Mi llegada a este puerto ha sido felismente, gracias a Dios: pero nos hemos detenido aquí con el motibo de haber estado bloqueada la Abana, y ser preciso el pasar por allí; de sinco nabios y onse fragatas inglecas. Después de haber gastado catorse días de nabegasión entramos en dicho puerto el dia dos de febrero con toda felicidad. Hoy me han susedido tre cosas que me an complasido mucho: la primera es el aber sabido que salía un barco para Maracaibo y que por este conducto podia escribir a Vd. mi situasion, y participarle mi biaje que ise a México en la inteligencia que usted con el Obispo lo habían tratado, pues me allé haqui una carta para su sobrino el oidor de allí recomendandome a él, siempre que hubiese alguna detención, lo cual lo acredita esa que le entregara usted, al Obispo que le manda su sobrino el oidor, que fue en donde bibi los ochos días que estube en dicha ciudad. Dn. Pedro Miguel de Hecheberria costeo el biaje que fueron cuatrocientos pesos poco mas o meno de lo cual determinara usted, si se los paga aquí o allá a Don Juan Esteban Hechesuria que es compañero de este Señor a quien bine rrecomendado por Hechesuria, y siendo el condudto el Obispo. Hoy a las onse de la mañana llegue de México y nos bamos a la tarde para España y pienso que tocaremos en la Abana porque ya se quitó el bloqueo que estaba en ese puerto, y por esta razón a sido el tiempo muy corto para haserme mas largo. Vsted no estrañe la mala letra pues yo lo hago medianamente pues estoy fatigado del mobimiento del coche en que hacabo de llegar, y por ser muy a la ligera la he puesto muy mala y me ocurren todas las espesies de un golpe. Espresiones a mis hermanos y en particular a Juan Visente que ya lo estoy esperando, a mi amigo Dn. Manuel de Matos y en fin a todos a quien yo estimo.
Su mas atento serbidor y su yjo.
Simón Bolívar
La tendencia actual es afirmar que en la época en que el joven Simón Bolívar escribió la carta a su tío no estaban fijadas las normas de ortografía y que nadie prestaba atención a ese aspecto. Pero ello no explica cómo 12 años después este joven de ortografía fatal tenía una prosa impecable, moderna, y de oraciones breves y contundentes. ¿Cómo? Pues con la lectura, como decía Tortugón. Seguro que en Madrid, su coterráneo y pariente, Gerónimo Enrique de Ustáriz y Tovar, II marqués de Ustáriz, le diese acceso a su biblioteca y lo orientase hacia diversas ramas del saber.


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