sábado, 13 de abril de 2013

Ante un retrato de Vicente Emparan

Don Vicente de Emparan y Orbe
1747-1820
Para el momento en que Antonio Carnicero lo pintó,  1777,
Emparan detentaba el grado de Teniente de Navío.
Copia, colección de la Academia Nacional de la Historia
Se acerca el 19 de abril. Se me ocurre, para conmemorar los hechos de 1810, presentar a uno de los protagonistas que ha sido maltratado en la historia oficial venezolana. Me refiero al Capitán General depuesto: Don Vicente de Emparan y Orbe. El retrato que encabeza este artículo fue donado a la Academia Nacional de la Historia por sus parientes venezolanos, descendientes de su hermano Pedro María Antonio de Emparan y Orbe, establecido en Venezuela cuando Vicente era gobernador de Cumaná. Esta rama está entroncada con las familias del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, y del General José Tadeo Monagas, héroe de la independencia y dos veces presidente de la República. No era raro que los funcionarios coloniales y sus familias decidieran incorporarse a la vida indiana.

El primer personaje relacionado con Venezuela que menciona con nombres y apellidos el Barón de Humboldt en su relación  Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente (Traducción de Lisandro Alvarado. Monte Ávila, Caracas, 1991), es a Vicente de Emparan, al momento gobernador de Cumaná. Eso fue el 16 de julio de 1799, al llegar a la perla del Manzanares. Veamos qué nos dice:

Alexander von Humboldt
Fuimos conducidos por el capitán del Pizarro a casa del gobernador de la provincia, Don Vicente Emparan, para presentarle los pasaportes que nos había dado la primera Secretaría de Estado. Recibiónos con la franqueza y noble sencillez que han caracterizado la nación vascongada. Antes de haber sido nombrado gobernador de Portobello y de Cumaná, habíase distinguido como capitán de navío de la marina real. Recuerda su nombre uno de los acontecimientos más extraordinarios y pesarosos que presenta la historia de las guerras marítimas. Cuando el último rompimiento entre España e Inglaterra dos hermanos del Sr. Emparan se atacaron, durante la noche, a la vista del puerto de Cádiz, tomando el uno el buque del otro como embarcación enemiga. Tan terrible fue el combate, que los dos navíos se fueron a pique casi a un mismo tiempo. Fue salvada una parte muy reducida de las tripulaciones, y los dos hermanos tuvieron la desdicha de reconocerse poco antes de su muerte.
El gobernador de Cumaná nos manifestó su mucha satisfacción con motivo de la resolución que habíamos tomado de permanecer algún tiempo en la Nueva Andalucía, cuyo nombre, en aquella época, era cuasi desconocido en Europa, y que encierra un gran número de objetos dignos de merecer la atención de los naturalistas en sus montañas y a la orilla de sus numerosos ríos. El Sr. de Emparan nos mostró algodones teñidos con platas indígenas, y hermosos muebles en que se habían empleado exclusivamente maderas del país. Se interesó vivamente en todo lo que se relacionaba con la física, y preguntó, con gran admiración nuestra, si pensábamos que bajo el hermoso cielo de los trópicos contenía la atmósfera menos nitrógeno (azótico) que en España, o si la rapidez con que se oxida el hierro en estos climas era únicamente efecto de la mayor humedad indicada por el higrómetro de cabello. El nombre de la patria, pronunciado en una lejana costa, no hubiera sido más agradable al oído de un viajero que lo fueron para nosotros las palabras nitrógeno, óxido de hierro, e higrómetro. Sabíamos que, a pesar de las órdenes de la Corte y las recomendaciones de un ministro poderoso, nuestra permanencia en las colonias españolas nos expondría a innumerables desagrados, si no lográbamos inspirar un interés particular a los que gobiernan esas vastas comarcas. Demasiado amaba las ciencias el Sr. de Emparan para que encontrase extraño que de tan lejos viniésemos a recoger plantas y a determinar la posición de algunos lugares por medios astronómicos. No atribuyó otros motivos a nuestro viaje que los que estaban enunciados en nuestros pasaportes, y las públicas señales de consideración que nos dio durante una larga estada en su gobernación contribuyeron mucho a procurarnos una acogida favorable en todos los territorios de la América meridional.
Balcón donde se produjo la consulta popular del 19 de abril de 1810.
Casa Amarilla, Caracas
Tomada de www.analítica.com
Ayudó también a Humboldt adelantándole el dinero necesario para realizar su expedición, mientras se hacían efectivos los pagarés. No era un improvisado en cuestiones venezolanas. Ya había sido comandante del apostadero de Puerto Cabello y Gobernador de Cumaná, donde su gestión fue progresista y liberal.

Recuerdo que cuando cursaba educación primaria, le decían a uno que Emparan era un pusilánime... ¿Por qué?, me preguntaba. Antes de comenzar a elucubrar la respuesta. Llegaba la voz del maestro de Historia patria con la escena de la consulta popular desde el balcón del Ayuntamiento y el dedo del padre Madariaga haciéndole señas a la gavilla de pardos (siempre tan volubles y manejables) manipulados por los mantuanos:

-¿Me queréis por Gobernador?
-¡No, No!
-Pues yo tampoco quiero mando...

Los sucesos de aquel 19 de abril fueron más complejos, pero algo así le decían a uno. Ahora, ya más viejo, me pregunto si consultar al pueblo y acatar la decisión de éste es un acto de pusilanimidad. El viejo Emparan, tenía 63 años de edad, era liberal y actuaba como tal. ¿Cuántos políticos actuales se someterían a un escrutinio semejante? ¿Reconocerían el resultado sin chistar? Lo dudo... siempre buscarán la vuelta.

De cualquier manera, los conjurados eran mantuanos, de aquellas familias leales a la corona, dueñas de tierras y esclavos y sin una pizca de sensibilidad social. ¿No fueron ellos quienes a la llegada del "monstruo" Miranda habían puesto sus vidas y haciendas a la orden del Rey y compartían mesa y saraos con el Capitán General Guevara y Vasconcelos, el gobernante gourmet y fiestero? De improviso, descubren la igualdad y la libertad y, sobre sus pelucas empolvadas, se colocan el gorro frigio, pero no liberan a sus esclavos ni casan a sus niñas con las "turba promiscua"... tampoco lo desean.

Emparan era más moderno y avanzado que sus gobernados, por eso también lo acusaron de "afrancesado" (aún lo repiten algunos historiadores)... Pero, ¿no eran los afrancesados los que sostenían los principios de libertad, igualdad y fraternidad? ¿Y los derechos del hombre y del ciudadano, no eran también un invento francés? Afrancesado era también Francisco de Miranda y lo traicionaron en 1812.

Busto de joven con gorro frigio, copia romana
de un original griego del siglo IV aC.
Colección del Fitzwilliam Museum, Cambridge
Tomado de www.britannica.com

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