viernes, 18 de mayo de 2012

La primera taza de café con don Arístides

Arístides Rojas
1826-1894
Desde que publiqué en este blog una ensoñación de Andrés Bello ante una taza de café, he querido transcribir algo del texto de don Arístides Rojas, titulado LA PRIMERA TAZA DE CAFÉ EN EL VALLE DE CARACAS; un clásico del género de crónica histórica en la literatura venezolana, que ha sido lectura obligatoria en educación básica por muchas generaciones.

No voy a transcribir completa las historia que nos presenta Arístides Rojas (es muy larga y lo más probable es que esté digitalizada), mas voy a tomar algunas citas para entretenernos hoy. El autor fue anticuario e historiador con un estilo particular. Anticuario no porque vendiera "chécheres" viejos, sino porque coleccionaba hechos y objetos antiguos. En el Museo de la Fundación John Boulton, en Caracas, se exhibe una colección que lleva su nombre, presidida por "El desván del anticuario", obra del pintor valenciano Arturo Michelena.

Pero no sólo era coleccionista de antigüedades y de hechos históricos, sino que (cito)
...fue uno de los primeros escritores venezolanos que se ocupan seriamente del estudio de la culturas aborígenes y del folklore. Además nos dejó trabajos extensos acerca de algunos aspectos de la historia de Venezuela. Fue quizás el primer historiador venezolano que propuso un tratamiento crítico de los materiales suministrados por la investigación documental: "hemos llegado ya -dice- a la época en que deben aglomerarse todos los datos, aclararse los puntos dudosos, rechazarse las fábulas, estudiarse los pormenores a la luz de la filosofía, cotejarse, restablecerse las épocas y descubrir el verdadero carácter, tendencia, influjo de cada uno".
Tal vez pueda alegarse que no se sujetó a su propia recomendación, pues la mayor parte se su obra se aparta del rigor que él pide para el análisis de los documentos. También podrá decirse que fue uno de los que más han contribuido a hacer de la Historia de Venezuela un género fundamentalmente literario...(del prólogo a Leyendas Históricas de Venezuela, OCI, Caracas, 1972).
El estilo de Arístides Rojas es muy particular. Supo hacer su trabajo. Ha sido imitado, pero nunca igualado. En sus textos mezcla la buena escritura con la leyenda, la historia y mucho de pasión. Tiene su atractivo decimonónico. No puede creerse todo lo que dice, pero a la vez todo es verdad vista con ojos románticos, sentida con un corazón apasionado y pensada con un cerebro cultivado. Ahora, que conocemos a don Aristides, que nos cuente algo sobre el café caraqueño.
En la época en que el Conde de Segur visitó esta ciudad, el vecino y pintoresco pueblo de Chacao, en la región oriental de la Silla del Ávila, era sitio de recreo de algunas familias de la capital, que, dueñas de estancias frutales y de fértiles terrenos cultivados, pasaban en el campo cierta temporada del año. Podemos llamar a tal época, época primaveral, porque fue durante ella, cuando se despertó el amor a la agricultura y al comercio, visitaron la capital los herborizadores alemanes que debían preceder a Humboldt, y se ejecutaron bajo las arboledas, al pie del Avila, los primeros cuartetos de música clásica que iban a dar ensanche al arte musical a la ciudad de Lozada.
Más adelante agrega algo de historia:

... el monte sombreado por los bucares revestido
La introducción y cultivo del árbol del café en el valle de Caracas, remonta a los años 1783 a 1784. En las estancias de Chacao, llamadas "Blandín", "San Felipe" y "La Floresta", que pertenecieron a Don Bartolomé Blandín y a los Presbíteros Sojo y Mohedano, cura este último del pueblo de Chacao, crecía el célebre arbusto, más como planta de adorno exótica que como planta productiva. Los granos y arbustos recibidos de las Antillas francesas, habían sido distribuidos entre estos agricultores, quienes se apresuraron a cuidarlos. Pero andando el tiempo, el padre Mohedano concibe en 1784 el proyecto de fundar un establecimiento formal, recoge los pies que puede, de las diversas huertas de Chacao, planta seis mil arbolillos, los cuales sucumben casi en totalidad. Reunidos entonces los tres agricultores mencionados, forman semilleros, según el método practicado en las Antillas, y lograron cincuenta mil arbustos, que rindieron copiosa cosecha.
En el siguiente párrafo hay prosa literaria. Veamos:

... es la diosa Flora, que tiende sobre los cafetales
encajes de armiño, nuncios de buena cosecha
Al hablar de la introducción del café en el valle de Caracas, viene a la memoria la del arte musical, durante una época en la cual los señores Blandín y Sojo desempeñaban importante papel en la filarmonía de la capital. Los recuerdos del arte musical y del cultivo del café son para el campo de Chacao, lo que para los viejos castillos feudales las leyendas de los trovadores cada boscaje, cada roca, la choza derruida, el árbol secular, por dondequiera, la memoria evoca recuerdos placenteros de generaciones que desaparecieron...
Pero más adelante se hace más poético:
...El europeo que por la primera vez contempla una arboleda de café en flor, recibe una impresión que le acompaña para siempre. le parece que sobre todos los árboles ha caído prolongada nevada, aunque el ambiente que lo rodea es tibio y agradable. Al instante, siente el aroma de las flores que lo invita a penetrar en el boscaje, tocar con sus manos los jazmines, llevarlos al olfato, para enseguida contemplarlos con emoción.
...como macetitas de corales rojos que tachonan
el monte sombreado
No es nevada, no es escarcha: es la diosa Flora, que tiende sobre los cafetales encajes de armiño, nuncios de la buena cosecha que va a dar vida a los campos y pan a la familia. Pero todavía es más profunda la emoción, cuando al caer las flores, asoman los frutos, que al madurarse aparecen como macetitas de corales rojos que tachonan el monte sombreado por los bucares revestidos.
 También don Arístides nos cuenta la fiesta campestre ofrecida por los tres presbíteros, a finales de 1786, para celebrar la primera cosecha del producto que le dio sustento a Venezuela hasta el establecimiento de la industria petrolera... damas elegantes, distinguidos caballeros, fogozos corceles, calezas, carretas de bueyes, porcelanas europeas, chinas y japonesas y música. Sí, se hicieron acompañar por Mozart y Beethoven (en partitura, por supuesto). Eso sucedió, pero no es lo más importante.  Cada uno de los sacerdotes agricultores, a la hora de servir el café dijo unas palabras pertinentes a la concurrencia. En mi humilde opinión esto es lo importante de la historia.


Padre Mohedano
1741-1804
El primero en hablar fue el padre Mohedano. Su nombre completo era José Antonio García Mohedano, quien en unos años sería obispo de Guayana, con sede en Angostura. Aún es recordado con agradecimiento por los venezolanos:
Bendiga Dios al hombre de los campos sostenido por la constancia y por la fe. Bendiga Dios el fruto fecundo, don de la sabia Naturaleza a los hombres de buena voluntad. Dice San agustín que cuando el agricultor, al conducir el arado, confía la semilla al campo, no teme ni la lluvia que cae, ni el cierzo que sopla, porque los rigores de la estación desaparecen ante loas esperanzas de la cosecha. Así nosotros, a pesar del invierno de esta vida mortal, debemos sembrar, acompañada de lágrimas la semilla que Dios ama: la de nuestra voluntad y de nuestras obras, y pensar en las dichas que nos proporcionará abundante cosecha.
Padre Sojo
1739-1799
Seguidamente habló el padre Sojo (ese era su nombre de guerra) fundador del Oratorio de San Felipe Neri y tío abuelo de Simón Bolívar, hermano de Feliciano Palacios. Su verdadero nombre era Pedro Ramón Palacios Gil Arratia y era conocido también como Pedro Palacios y Sojo. Un señor de la más rancia aristocracia criolla que podía darse el lujo de usar cualquiera de sus múltiples apellidos. Se le considera el padre de la música clásica en Venezuela... Un mecenas, pues.
Bendiga Dios el arte, rico don de la Providencia, siempre generosa y propicia al amor de los seres, cuando está sostenido por la fe, embellecido por la esperanza y fortalecido por la caridad.... (nos dice don Arístides que en las frases pronunciadas por el Padre Sojo falta el último párrafo "que no hemos podido descifrar en el apagado manuscrito con que fuimos favorecidos...")
El Avila desde Blandín
Manuel Cabré
El padre Domingo Blandín dijo:
Bendiga Dios la familia que sabe conducir a sus hijos por las vías del deber y del amor a lo grande y a lo justo. Es así como el noble ejemplo se transmite de padres a hijos y continúa como legado inagotable. Bendiga Dios esta concurrencia que ha venido a festejar con las armonías del arte musical y las gracias y virtudes del hogar, esta fiesta campestre, comienzo de una época que se inaugura bajos los auspicios de la fraternidad social.
De los tres sacerdotes, sólo Domingo Blandín llegó a ver la independencia y desde el principio adoptó la causa republicana. Las palabras de los tres anfitriones, de generaciones diferentes, están llenas de fe cristiana y virtudes republicanas. Creo que es un llamado a establecer la Ciudad de Dios.

2 comentarios:

  1. Palabras tan elocuentes y propicias aun hoy en día son las dichas por estos tres presbíteros.
    Gracias por tan valiosa información Abraham, ya la republicaré desde mi blog.

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    1. Desdeque publicaste lo del Cardenal inventor de la cafetera estaba penduente de publicar un texto sobre la primera taza de café en Caracas, hasta que por fin le di la vuelta. Te lo dedico a tí, con el de deseo de que llegues a sembrar con la profundidad de Mohedano, Sojo y Blandín. Un abrazo.

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