martes, 20 de mayo de 2014

El diccionario el diablo


A veces uno se encuentra con libros mal ubicados en los estantes de las librerías. Esto es más frecuente en las grandes cadenas cuyos dependientes a veces se fijan más en el título que en el contenido. ¿Ignorancia? ¿Premura?... Eso me sucedió hace un par de años en una librería (no recuerdo cuál, pero la etiqueta me indica la cadena comercial), cuando vi en la sección de DICCIONARIOS al libro El diccionario del Diablo (Edimat Libros, Madrid, 2007), del autor estadounidense Ambrose Bierce. Tenía noticias de esta obra y decidí comprarlo. A mi juicio, aunque se titule como tal y lo parezca, no es un diccionario.

En palabras de Bierce:
El diccionario del Diablo se inició en un semanario en 1881 y se continuó de modo intermitente y a largos intervalos hasta 1906. Ese año gran parte de él fue publicado con tapas bajo el título de El vocabulario del cínico, un nombre que el autor no tuvo la capacidad de rechazar ni la felicidad de aprobar...
"Este más respetuoso le fue impuesto debido a escrúpulos religiosos por parte del último periódico en que ha aparecido una parte de la obra, con la consecuencia natural de que, cuando se publicó con tapas, el país ya había sido inundado por sus imitadores con más de una veintena de libros "cínicos" (...) La mayoría de estos libros eran sencillamente estúpidos, aunque algunos de ellos llevaban añadida la categoría de necios. Entre todos proporcionaron al término "cínico" una desaprobación tan profunda que cualquier libro que lo llevara resultaba desacreditado antes de su publicación".
Además, entretanto, algunos de loas más emprendedores humoristas del país contribuyeron a esas partes de la obra de acuerdo con sus necesidades, y muchas de sus definiciones, anécdotas, frases y demás han llegado a convertirse en algo más o menos habitual dentro del lenguaje popular. Se hace esta explicación, no por ningún orgullo de prioridad en la ocurrencia, sino para defenderme de cualquier posible acusación de plagio, lo cual no es una broma. Al limitarse a ofrecer la suya, el autor espera verse sin culpabilidad ante aquellos a quienes se dirige la obra, almas ilustradas que prefieren los vinos secos a los dulces, sensibilidad a sentimiento, ingenio a humor y simple inglés a jerga.
Este texto, ya clásico de la literatura estadounidense, no está exento de sarcasmo y humor negro. No es un libro para leer de una sentada, sino para degustarlo poco a poco. Nos hará sonreír a pesar de sus irreverencias y transgresiones. Ha envejecido bien y, a pesar de que vivimos en un mundo donde lo políticamente correcto es la norma, sus inventivas se mantienen válidas y nos refrescan.

El texto va acompañado de un estudio preliminar a cargo de Enrique López Castellón, Director del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, que nos ubica, para una mayor comprensión, en la obra de Ambrose Bierce y su época.


Ambrose Bierce (1842-1914)

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