lunes, 16 de septiembre de 2013

Kant, el filósofo de los pendencieros

Immanuel Kant
1724-1804
Hay una noticia curiosa que circula por las agencias de noticias. En la ciudad de Rostov, Rusia, una discusión sobre filosofía kantiana termina con un detenido y otro herido, aunque no de gravedad. La agencia RIA Novosti nos da la mala nueva. Veamos:
Rostov del Don (Rusia), 16 de septiembre, RIA Novosti.
La Policía de Rostov del Don, en el sur de Rusia, detuvo a un hombre que disparó con arma de fuego a otro varón al discutir con él sobre la vida y obra del filósofo alemán Immanuel Kant, informaron hoy las autoridades locales.
Según la Policía, el supuesto agresor, de 26 años, entró en una tienda para hacer la compra y entabló una conversación sobre el legado literario de Kant con otro comprador del local, de 28 años.
“Comenzaron a discutir sobre la obra y los méritos literarios de Immanuel Kant. Primero, la acalorada disputa dio origen a una pelea de puños y luego, el atacante sacó una pistola traumática y disparó varias veces contra su contrincante, tras lo cual se dio a la fuga”, dice un comunicado.
La víctima fue hospitalizada. Su vida no corre peligro. El agresor, que tras el incidente se dio a la fuga pero luego fue atrapado, enfrenta cargos de hasta 15 años de cárcel.

Palacio de la Cultura de Rostov del Don

Me quedé alelado ¿Era tanta la pasión por la filosofía que estos amantes de la razón pura terminaron mal? Confieso mi ignorancia... ¿Qué es una pistola "traumática"? Esta incógnita me la aclara un portal australiano (www.news.com.au). Traduzco:
(...) La agencia estatal de noticias RIA Novosti citó el lunes a la policía de la ciudad de Rostov del Don, en el sentido que una discusión en una pequeña tienda devino en una pleito a puñetazos. Uno de los participantes tomó una pistola no-letal y disparó repetidamente.
La víctima fue hospitalizada  con heridas que no amenazan la vida. El arma disparó balas plásticas o de fogueo...
¡Pobre Kant, para lo que terminó! Me pregunto si en verdad estos jóvenes comprendieron en algo la filosofía del buen Immanuel, de quien tomamos algunas frases:
  • El derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos.
  • La libertad es aquella facultad que aumenta la utilidad de todas las demás facultades.
  • Tan sólo por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él.
  • La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.
  • En las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en plena luz.
  • La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte.
  • Dos cosas colman el ánimo con una admiración y una veneración siempre renovadas y crecientes, cuanto más frecuente y continuadamente reflexionamos sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí. Ambas cosas no debo buscarlas ni limitarme a conjeturarlas, como si estuvieran ocultas entre tinieblas o tan en lontananza que se hallaran fuera de mi horizonte; yo las veo ante mí y las relaciono inmediatamente con la consciencia de mi existir.
  • El ser humano, considerado como persona, está situado por encima de cualquier precio, porque, como tal, no puede valorarse solo como medio para fines ajenos, incluso para sus propios fines, sino como fin en sí mismo; es decir, posee una dignidad (un valor interno absoluto), gracias a la cual infunde respeto a todos los demás seres racionales del mundo, puede medirse con cualquier otro de esta clase y valorarse en pie de igualdad.
  • La Ilustración significa el movimiento del hombre al salir de una puerilidad mental de la que él mismo es culpable. Puerilidad es la incapacidad de usar la propia razón sin la guía de otra persona. Esta puerilidad es culpable cuando su causa no es la falta de inteligencia, sino la falta de decisión o de valor para pensar sin ayuda ajena. Sapere aude es, por consiguiente, el lema de la Ilustración.
  • El paraíso de Mahoma o la unión delicuescente de los teósofos y místicos con la divinidad, conforme cada uno sienta, impondría a la razón su monstruosidad, y tanto valdría no tener ninguna como entregarla de tal modo a todos los ensueños.
  • El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca.

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