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jueves, 9 de mayo de 2013

Los carnavales del Obispo (o la oración de cuartilla y media)

Nuestra Señora de la Luz, que se venera en León, Guanajuato, México.
Circa 1722
Arístides Rojas, curioso de las antigüedades criollas, dedica más de un texto a la obra de don Diego Antonio Diez Madroñero Obispo de Caracas y Venezuela (aquí y aquí), quien con celo apostólico trató de reformar las costumbres díscolas de sus ovejas con decisiones que marcaron por mucho tiempo el espíritu y costumbres del obispado. Diez Madroñero, devoto de Nuestra Señora de la Luz, la invocaba con frecuencia y desplegó grandes esfuerzos en inculcar esta devoción entre los feligreses. En la Catedral de Caracas se conserva un cuadro de esta advocación que procede de la época de este ilustre prelado. La figura de Leviatán (esquina inferior izquierda) fue censurada desde 1760 por la Iglesia Católica y fue sustituida por unas llamas que aludían al Purgatorio, o unas nubes oscuras simbolizando el pecado. El cuadro de la Catedral muestra las nubes oscuras.

Uno de los artículos de don Arístides se refiere las medidas tomadas por el Prelado para frenar los excesos del carnaval. De allí extraigo el mensaje del buen Obispo que debe ser, a mi juicio, la oración más larga jamás escrita en la historia de Venezuela (todo un interminable párrafo); es casi una página con muchas comas y un sólo punto. Propongo como ejercicio, leerlo a viva voz a ver cuánto se aguanta. El texto está tomado de Crónica de Caracas (Ministerio de Educación, Caracas, 1988).
Nos, Don Diego Antonio Diez Madroñero, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Caracas y Venezuela, del Consejo de su Majestad.
Entre los muchos y singulares efectos que como favor especialísimo celebramos haber causado en los piadosos ánimos de sus devotos súbditos, la Madre Santísima de la Eterna Luz, Divina Pastora de esta ciudad y obispado, son muy notables y maravillosos (si maravilla es, que a los dulces silbos y armoniosas voces de María hasta los efectos, obediente se sujetan a la razón y a la razón de Dios) cuantos admiramos, particularmente en las carnestolendas del año próximo pasado, las semanas precedentes a ellas, y en el siguiente santo tiempo de Cuaresma, en que convidados por la Santa Iglesia a penitencia, a una devota tristeza y al ejercicio de las virtudes, cuando el mundo ostentando escenas en sus teatros como lícita, las más vivas y artificiosas expresiones de libertad en juegos, justas, bailes, contradanzas y lazos de ambos sexos, contactos de manos y acciones descompuestas e inhonestas y cuando honestas indiferentes, siempre peligrosas, llamaba a los deleites corporales aquellos nuestros súbditos, fieles siervos de Nuestra Señora, combatiendo y despreciando constantemente hasta hasta los atractivos halagüeños de semejantes diversiones profanas, admitieron gustosos aquel convite espiritual, prefiriendo entre sí mismos con santa emulación por participar de las delicias celestiales preparadas en los sagrados banquetes y espectáculos representados, ya en las iglesias, donde estuvo expuesta su Majestad Sacramentada, ya en las procesiones de Semana Santa, ya en los rosarios convocatorios, ya en los demás ejercicios piadosos repetidos en los días de Cuaresma, habiendo asistido todos dando recíprocos ejemplos con su más fervorosa devoción y compostura, sin excepción de los niños y párvulos que abstenidos de las travesuras pueriles de que el enemigo común solía valerse y retraer de las iglesias a los devotos, no fueron los que menos edificaron, advertidos, sin duda, de sus párrocos, maestros prudentes y devotos, padres de familia de cuido, celo y eficacia en el cumplimiento de sus muchas y gravísimas obligaciones, pende muy principalmente la universal santificación de este pueblo y Obispado, a que esperamos nos ayuden unos y otros cooperando en cuanto les sea respectivo, perseverantes en la soberana protección necesaria, y en los medios y ejercicios santos practicados el año precedente que haremos notorio, se les facilitaron repitiéndolos, y que nuevamente les invitamos, satisfechos en la constancia de sus santas resoluciones y buenos propósitos, con que desterrados perpetuamente el carnaval, los abusos, juguetes feroces y diversiones opuestas a nuestro fin, se radiquen más y más las virtudes y buenas costumbres, aumenten en los piadosos estilos e introduzcan firmemente como loable el de continuar la custodia de esta ciudad para que, fortalecida con el número inexpugnable de la devoción de María, Señora Nuestra, y quitado embarazo el domingo, lunes y martes de carnestolendas, permanezca defendida y concurran los fieles habitadores de María, sin estorbo a adorar a su Divina Majestad Sacramentada, en las iglesias, donde se expondrá a la veneración de todos, convocados por sus Santos Rosarios que salgan de las respectivas, donde se hallan situados a las cuatro según ordenamos a todas las cofradías, congregaciones o hermandades y personas a cuyo cargo están; dispongan y saquen en las tres tardes en el inmediato carnaval dirigiendo cada cual el suyo por las cuadras que circundan las iglesias de sus establecimiento, sin juntarse con otro, volviendo y concluyendo en la misma forma con la plática mensual en que, confiamos del fervor y facilidad de los predicadores, tocarán algún asunto conducente a desviar a los fieles de las obras de la carne y atraerlos a la del espíritu con que les templen la ira de Dios irritadas por las culpas de las carnestolendas y Semana Santa. En testimonio de lo cual damos las presentes, firmadas, sellas y refrendadas en forma en nuestro Palacio Episcopal de Caracas, en catorce de febrero de mil setecientos cincuenta y nueve. DIEGO ANTONIO, Obispo de Caracas.
Por mandato de su Señoría Illma., mi Señor. Don José de Mejorada. Secretario. Letras congratulatorias, invitatorias y exhortatorias por las que ordena su Señoría Illma. la repetición de rosarios en los tres días del carnaval confiando no se manifestarán menos devotos en este año. sus muy amados y piadosos súbditos, que lo ejecutaron en el pasado, hasta los niños. 
Caracas en 1775 "exato mapa". Se pueden apreciar las calles, plazas e iglesias existentes.
Dudo que exista alguna oración completa tan larga como esta en la historia de la escritura en Venezuela; a no ser que algún vanguardista reciente se haya animado a competir con el Obispo Diego Antonio Diez Madroñero, de feliz memoria.

Chistes aparte, este ilustre obispo dejó huellas en Caracas, en las costumbres de sus ciudadanos y en la nomenclatura de algunas esquinas del centro de la ciudad. No logró inculcar la devoción por Nuestra Señora de la Luz, pero si amainar en algo la vulgaridad y el desorden del carnaval caraqueño.


lunes, 30 de julio de 2012

Las disciplinas de Santa Rosalía

Santa Rosalía de Palermo
Abogada contra las pestes
A pesar de su desorden al narrar, siempre da gusto hojear los papeles de Arístides Rojas, que nos ayudan a desentrañar el turbulento y misterioso pasado de Caracas. Cuando traté el tema de los santos patronos de Caracas, mencioné a las disciplinas de Santa Rosalía de Palermo y prometí tratar el tema más adelante. Hoy cumplo
Vamos a relatar -nos dice don Arístides-, los diversos incidentes de una epidemia física que trajo una epidemia moral.
Iglesia parroquial de Santa Rosalía
Santa Rosalía a Candilito
El actual templo de Santa Rosalía, con su graciosa plazuela, no es el primer templo de ese nombre fundado en 1696, a consecuencia de la primera epidemia de fiebre amarilla de que fue víctima una porción de la ciudad, en la época indicada. El pequeño templo pajizo levantado a la abogada de la peste, por ambos cabildos, con obligación de fiesta solemne anual como agradecimiento de la protección dispensada a Caracas, estuvo cerca de cien varas al Sud del actual, al comenzar la siguiente manzana. Destruido por la incuria del tiempo, los moradores de la capital quisieron levantar un templo más al Norte, y escogieron el sitio actual. Comienza la obre, y surgía el modesto edificio, cuando de repente se despierta el deseo de levantar contiguo al templo un pequeño convento de Carmelitas Descalzas, pensamiento que patrocinaba desde 1724 monseñor (Juan Joseph de) Escalona y Calatayud. Aislado se presentaba el edificio en el sitio indicado, pues en aquellos días la actual parroquia de Santa Rosalía era casi un erial, con población diseminada, llena de arbustos y de árboles frutales, y a distancia del centro de Caracas. Ésta no había podido extenderse sino un poco en la dirección Sud.
Obispo José Félix Valverde
Desde el momento en que se pensó crear un convento de Carmelitas Descalzas, anexo al templo de Santa Rosalía, la fábrica tomó creces, animóla el entusiasmo público, y todo llegaba a su término, cuando en 1728 dejó a Caracas el Obispo Escalona y Calatayud. Muerto éste en 1729, sucedióle Monseñor (José Félix) Valverde, que de Méjico salió para su obispado, trayendo consigo tres monjas para el beaterio de las Carmelitas. Instaladas en la obispalía, aguardaron en ésta que la fábrica del beaterio estuviese en disposición de recibirlas, hasta que a poco fueron conducidas, con gran pompa al nuevo convento de Caracas. El permiso real que abre la historia de este monasterio, tiene fecha de 1725. En 1727 se pone la primera piedra en la fábrica de Santa Rosalía, el día de San Miguel, el 29 de septiembre, día en que según superstición popular, está suelto el diablo. Valverde llegó en 1728, y el beaterio fue instalado el 19 de marzo de 1732.
Pero el Obispo Valverde, como todo mortal, tenía sus émulos que a la sordina le minaban su reputación, y no perdían ocasión de hacerle el mal que deseaban; porque entre los mortales el deseo del mal ahoga el sentimiento del bien, y más se satisfacen ciertos corazones dando rienda suelta a sus pasiones feroces, que ejerciendo el apostolado de la caridad.
Santa Teresa y sus carmelitas reformadas
Sucedió lo que era de esperarse y lo que la práctica enseña donde quiera que se instalen comunidades. Recluidas aquellas buenas madres, por una parte, en un lugar solitario y húmedo, lejano de la población; y por la otra, teniendo constitución anémica y carácter timorato, comenzaron a ser víctimas de multitud de dichos maléficos inventados por el objeto premeditado de alucinarlas. Ya se decía que las madres monjas eran todas las noches amenazadas de hombres de poblada barba que llevaban cuernos en la cabeza y abrían las puertas de las celdas; ya que espíritus malignos en forma de jovencitos llenos de gracia, llamaban  a las madres con palabras y frases suplicantes. Con invenciones de éste género que tomaban creces, en cada hora, y llegaban al convento de una manera sigilosa y alarmante, todas estas vulgares invenciones de los enemigos del Obispo, exaltaron el ánimo timorato de las buenas señoras. Al instante  se presenta la polémica entre las madres que desean abandonar el convento y regresar a Méjico, y el Obispo que trata de disuadirlas de semejante propósito. Al fin vencen las monjas, y nada pudieron las súplicas del prelado y de muchas familias. Al mes de estar en Santa Rosalía, salen del sitio... 


Escudo de la Orden de las
Carmelitas Descalzas
Y se trasladan a una casa cerca de Catedral, a la espera de un navío que las regresase a Veracruz. Sólo una de ellas se quedó, sin contagiarse con la histeria de las otras dos. Fue la primera abadesa del segundo Convento de Carmelitas. Decía que se quedaba porque Dios le ordenaba permanecer en Caracas. Seguro que tenía una verdadera vocación religiosa y no se dejaba intimidar. También ¿A quién se le ocurre enviar tres mujeres solas a ese chirivital? Creo que corrieron con suerte. El nuevo convento quedó instalado en 1736, en casas que pertenecieron a la viuda de don José de Ponte y Aguirre, que bondadosamente las cedió para tal fin. Allí permanecieron hasta que Guzmán Blanco las echó a la calle como criminales y convirtió el Convento en sede del Ministerio de Hacienda.

A este bicho lo encontré
mirando feo al Colegio
El Pilar, pero las monjas
de la Caridad de Santa Ana
no son unas "escuinclas" y
saben espantar.
Sigamos con nuestra historia, que no todo queda en un final relativamente feliz. La memoria de los escasos y supersticiosos vecinos de la Sabaneta del Viento y sus alrededores no olvidaron no echaron al olvido las visiones de las monjas, al hacerse de noche -me imagino la oscuridad en ese monte-, las imaginaciones calenturientas, y las torcidas también, empezaron a rememorar los eventos y a darles más sustancia. La cosa se ponía peor cuando veían el cascarón vacío del convento  desocupado; allí cobraba vida el espectro del mismo Mandinga, lascivo y barbado, merodeando por el lugar (no hablemos de esquinas, que esa zona era casi rural). El tiempo pasa, pero las costumbres en la Caracas de entonces no pasaba, Llega el año de 1752y con él don Felipe Ricardos, el nuevo Gobernador y Capitán General  de la Provincia, quien trae consigo 200 veteranos peninsulares.... Ahora la cosa se pone buena; pero volvamos a don Arístides:
...Lleno de mala intensión, y más celoso de los intereses mercantiles de la Compañía Guipuzcoana que de la grandeza de España, (Felipe Ricardos) da comienzo a su obra de persecuciones premeditadas.
Al instalarse, Ricardos dispone que los doscientos veteranos que habían llegado con él, y los demás que estaban en Caracas, fuesen acuarteladas en los solitarios claustros de Santa Rosalía; y como era natural, los soldados no se preocuparon con el hecho de que allí habían estado unas monjas, menos aún pensaron en Santa Rosalía, la abogada de la peste. corrían los años unos tras otros y nada indicaba temores en el cuartel, cuando por los años de 1756-1757, prende en la tropa una epidemia de fiebre amarilla con intensidad alarmante, tan alarmante que hubo soldados que desaparecieron  en cortas horas.. Al momento, cunde el espanto en los vecinos y a poco toda la población, que recordaba los días calamitosos de 1696, cuando por primera vez en Caracas se presentó la fiebre amarilla. Notóse que sólo los soldados españoles sucumbían, mientras que no era atacado por la epidemia ninguno de los hijos de Caracas.
Soldados españoles del siglo XVIII
en una pulpería de El Silencio
Al haberse desarrollado la epidemia solamente en los antiguos claustros abandonados hacía años, y el no ser víctimas de ella sino los soldados de Ricardos, fueron suficientes razones para que los moradores de Caracas vieran en el hecho un castigo de Santa Rosalía contra aquellos pobres infelices, que en nada eran culpables de estar acuartelados junto a la casa sagrada de Rosalía de Palermo...
El Gobernador, preocupado por la moral de sus tropas, manda retirar de la edificación a la mitad del personal, pero apenas éste primer grupo se retira, se agrava la situación y aumenta el número de víctimas, y la mente creativa de los caraqueños se agita.
Disciplinas de fuego
...Decíase y repetíase por todo el mundo, que Santa Rosalía, cansada de sufrir las vejaciones de la soldadesca había resuelto castigarla; que la santa, armada de disciplinas de fuego, fustigaba sin piedad a los soldados, los que corrían por los claustros, pidiendo misericordia. A poco todo el mundo veía esto, durante la noche, y oía igualmente los gritos de los soldados, y los ayes de los moribundos, lo que motivó el que las familias del vecindario, en constante oración, pidieron a la Santa de Palermo que tuviera piedad de tantos desgraciados.
Plano de la zona hacia 1775.
El espacio al centro con la plazoleta,
es el lugar de los hechos. Era una zona
casi despoblada.
Ricardos era un señor serio y decidido. Tenía un problema en manos y debía resolverlo de manera expedita antes de que degenerase. Necesitaba calmar los ánimos de los enfermos del convento, convertido ahora en un hospital, y a los vecinos supersticiosos que lo estaban volviendo loco. Decide enviar al capitán Rosales, quien, por lo que se ve era tan timorato como las monjitas mexicanas. Una noche, luego del toque de ánimas envía a Rosales al cuartel-hospital para tener información válida y poder tomar la decisión más oportuna. El oficial parte hacia Santa Rosalía en la noche solitaria -recuérdese que era una zona casi despoblada-, y en el camino se encuentra con un vecino que le aconseja no seguir y le narra lo que sucede. En lugar de cumplir con su deber, se sube a un árbol y observa. Contagiado de pánico, regresa en una carrera donde el Gobernador, quien está a la espera y le pregunta sobre el resultado de su gestión (lo que sigue debería leerse con acento guipuzcoano):
-¿Que hay, Capitán Rosales? -pregunta Ricardos, con altivez.
- Mi General, mi General, contesta Rosales, algo trémulo.... Quiso hablar y no pudo.
-Habla, estúpido; ¿por qué tiemblas?
- Mi General, la vi.... vi a Santa Rosalía con las disciplinas de fuego.
- Alma de Lucifer -grita el Gobernador en medio de la concurrencia que lo rodeaba. Voto al diablo, ya éste miserable está contagiado. Y llamando dos sargentos, les dice:
-Inmediatamente, pongan este oficial en el cepo.
Ricardos se dirige al instante al Capitán Capella, joven arrogante y pundonoroso.
-Siga usted, Capitán Capella, al cuartel de Santa Rosalía para que se informe del estado sanitario de los soldados y oficiales. Le advierto - agrega Ricardos, ya encolerizado-, que si usted al desempeñar su encargo, me habla de Santa Rosalía y de las disciplinas de fuego, le hago pasar inmediatamente por las armas.
El pobre Capella, a pesar de su valor e inteligencia, no llegó a completar su misión. Su muerte será producto de un accidente que se produjo a su ingreso al cuartel. El suceso es extraño. Un soldado está moribundo y lo asiste su sobrino, mientras tres soldados esperan el triste desenlace. Capella, al tratar de ingresar al edificio tiene que forzar la puerta y se desprenden sobre él grandes trozos de la pared, que lo matan al instante. Al mismo tiempo, al moribundo se lo lleva la Pelona y el sobrino grita: "Ya murió... Ya murió". Cuando los presentes fijan su mirada en un bulto en el suelo. Al voltearlo reconocen al valiente Capella, exánime. Van de inmediato donde Ricardos; ya era de madrugada:
-¿Qué hay señores? ¿Qué traen ustedes? ¿Dónde está el Capitán Capella?
- Dos desgracias, General, nos traen a estas horas delante de V. E. : la muerte de nuestro compañero que como sabe V. E. estaba moribundo desde ayer, y la muerte violenta del Capitán Capella al empujar la puerta del cuartel.
Le relatan la historia y, sin pérdida de tiempo, esa misma madrugada manda evacuar el cuartel y trasladar los enfermos a Catia, fuera de la ciudad. Así resolvió Felipe Ricardos un serio problema y pudo dedicarse a los intereses de la Compañía Guipuzcoana y al gobierno de la Provincia (en ese orden).

Plano actual de la zona
La iglesia sigue en el mismo lugar, pero el convento-cuartel desapareció hace tiempo. La Iglesia es Monumento Nacional desde 1960. En ella fueron bautizados Luisa Cáceres de Arismendi, Rómulo Gallegos, Armando Reverón y el Cardenal Jorge Urosa Savino y contrajo nupcias el expresidente Ramón J. Velásquez. Concepción Palacios, madre del Libertador la frecuentaba y hasta le bordó un manto a la imagen de la Dolorosa.

Cerca del lugar se encuentra la famosa Cuadra Bolívar (Piedras a Bárcenas), uno de los lugares favoritos de Concepción Palacios. Está abierto al público desde 1967, cuando fue restaurada. Cerrado los lunes.

Un paseo por la zona puede ser gratificante. Cerca de allí en la esquina de Isleños se encuentra la Iglesia de San Agustín, obra del arquitecto Alejandro Chataing. También  podremos aprovechar para pasear por el Mercado de Quinta Crespo (esq. de Quinta Crespo). Si nos detenemos en la esquina El Carmen veremos adosada a la pared de un edificio de los años 30 una imagen muy antigua de la Virgen del Carmen que fue objeto de devoción por mucho tiempo. Tal vez nos provoque visitar la Panadería Torbes (Glorieta a Maderero, subiendo desde el mercado por la Av. Baralt, a una cuadra de la Lecuna), que tiene 50 años produciendo panes tradicionales andinos en el mismo lugar; y luego acercarnos a la Capilla de las Siervas del Santísimo (de Hospital a Glorieta), en estilo neogótico; o tal vez prefiramos almorzar en la esquina de Muerto. Para una visita a la Iglesia parroquial y algunas fotos de la Cuadra Bolívar ingresar por aquí.

Panadería Torbes
Tablitas a Sordo
Casas republicanas










domingo, 22 de julio de 2012

Los santos del cielo de Caracas

Santiago Apóstol, presentado como
Santiago Matamoros
Como todas las ciudades hispanas en América, Caracas tiene sus santos patronos protectores, a los que la población ha recurrido en busca de ayuda en momentos de crisis y emergencia.  No me refiero a Santiago el Mayor, por quien la ciudad recibió el nombre de Santiago de León de Caracas, sino otros muchos que, con el curso del tiempo se fueron agregando.

Seguiremos la crónica de Arístides Rojas titulada Los antiguos patrones de Caracas, que es bastante completa:
San Sebastián, soldado mártir
Antes de ser fundada -nos dice don Arístides-,  y desde que se pensó en conquistar a la belicosa nación indígena de los Caracas, ya en la mente del conquistador (Diego de) Losada bullía la idea de ofrecer una ermita a San Sebastián, si le libraba de las flechas envenenadas en la empresa que iba a cometer. Y así sucedió en efecto, pues en 1567 se fundó a Santiago de León de Caracas y se colocó la primera piedra de (la ermita de) San Sebastián  en el lugar que hoy ocupa Santa Capilla. Pero al mismo tiempo que se levantaba esta ermita, se daba comienzo al templo que debía servir más tarde de Catedral, nombrado por patrón al Apóstol Santiago. ¿Y qué patrón más noble podía ambicionarse, invocado siempre por el pueblo español, que le reconoció como mensajero de Dios en todos sus aprietos, conquistas y batallas? Desde las orillas del mar hasta las cimas nevadas, jamás santo alguno llegó a alcanzar culto más grande ni proporcionó frutos más copiosos al hombre. La primera fiesta dedicada al patrón de Caracas fue celebrada el 25 de julio de 1568, poco antes de perder Losada la conquista adquirida (La perdió por intrigas de algunos de sus compañeros de conquista, la mar de gamberros, digo yo).  
San Mauricio mártir,
Comandante de la Legión Tebana
Los conquistadores continuaban con feliz éxito, y vencidas eran las tribus enemigas, cuando en 1574 visitó la langosta los primeros campos cultivados en la triste ciudad. Nueva ermita es entonces construida al Norte de la de San Sebastián, dedicada a San Mauricio, nombrado al efecto abogado de la langosta. Ésta desaparece, pero el pajizo templo es a poco devorado por las llamas, logrando el patrón salvarse del incendio y encontrar refugio en la ermita de San Sebastián.

Tras de Santiago, Sebastián y Mauricio, viene Pablo el Ermitaño, como abogado contra la peste de viruela que azota a Caracas en 1580. El Ayuntamiento de la ciudad dispone levantarle un templo, y antes de que éste comenzara, se ordena que el nuevo patrón fuera festejado con fiesta anual en la Iglesia Mayor (hoy Catedral), con asistencia de los dos Cabildos. A pesar de esto las viruelas volvieron, y en el cementerio que se construyó en San Pablo fueron enterradas las numerosas víctimas. san Pablo ha dejado su puesto a Talía.
Tras de San Pablo debía asomarse la primera Virgen de origen indiano; la Copacabana,... de la cual ya hablamos y se puede leer por aquí.
San Pablo, Primer ermitaño
No debía rematar el siglo décimo sexto sin que Caracas enriqueciera con un santo más la lista de sus patrones. Tristes y llorosos andaban los habitantes de la ciudad por los robos que en las costas hacían los piratas, cuando de repente las sementeras de trigo aparecen, en cierta mañana,  cubiertas de gusanos que en pocas horas devoran las espigas y despojan a los árboles de sus hojas. Al verse arruinados aquellos pobres moradores, elevan sus oraciones a Dios, y le piden con lágrimas y promesas les salve de aquel ataque destructor. Reúnese el Ayuntamiento, y resuelve que, antes de abrirse la siguiente sesión, escuchen los pobladores una misa dedicada al Espíritu Santo, de quien esperaban les inspirase la manera de salir de tan comprometido trance. En efecto,  el Ayuntamiento abre la sesión después de rezada la misa y dispone que se inscriban en tarjetas los nombres de cien santos, y que el favorecido por la suerte sea el patriarca y abogado de las sementeras de trigo. Sale el nombre de San Jorge, y el Ayuntamiento decreta al instante que la fiesta anual de este santo pertenezca exclusivamente a dicho Cuerpo, no pudiendo ingerirse en ella ni el Gobernador ni el prelado. Desde entonces San Jorge fue celebrado anualmente en la Capilla Metropolitana que lleva su nombre.
San Jorge y el dragón. Eliminó los gusanos que asolaban
el valle de Caracas.
Al comenzar el siglo décimo séptimo, aparecen en Caracas dos santos varones de mérito relevante: San Francisco de Asís y San Jacinto; y en 1636 la Virgen de la Concepción. Eran tres templos más, con sus comunidades que venían a aumentar el cortejo religioso de la ciudad de Losada. Y no contenta todavía la población con tres templos, levanta otro en 1656 que dedica a la Virgen de Altagracia, y recibe una santa americana, Santa Rosa de Lima, que se pone a la cabeza del primer instituto de educación que tenía la ciudad: el Seminario Tridentino, en 1673 (hoy Universidad Central de Venezuela). 
Santa Rosa de Lima, patrona del
Seminario Tridentino de Caracas.
En otra ocasión, por los años 1636 a 1637, los agricultores de cacao vieron desaparecer sus arboledas, devoradas por un parásito llamado entonces candelilla, el cual destruía la corteza de los árboles. Deseosos los caraqueños de tener una patrona que protegiera las hermosas siembras del rico fruto en la costa y valles cercanos a la capital, fijan sus miradas en la Virgen de las Mercedes, a la cual levantan un templo en 1638 y le ofrecen una fiesta anual. Rumbosa era ésta y con constancia celebrábase todos los años a la Virgen protectora del cacao, al mismo tiempo nombrada abogada de Caracas, y más tarde en 1766 abogada de los terremotos (Dedicaremos a la Virgen de las Mercedes un capítulo aparte. Sus fiestas siguen siendo concurridas aún en días laborables).

Santa Rosalía de Palermo, todavía tiene sus
fieles seguidores
Al rematar aquel siglo, en 1696, Caracas era víctima de la fiebre amarilla, que llega a diezmar la población. En medio de la más triste orfandad, una inspiración se apodera de los pocos que había dejado la epidemia. Piensan en Rosalía de Palermo, a la cual llaman con súplicas y esperanzas. La santa acude a la llamada de los desgraciados, y éstos le levantan un templo. Era una nueva patrona que venía a sentarse en la asamblea caraqueña, donde figuraban Santiago, Santa Ana, Mauricio, Pablo el Ermitaño, Jorge, Jacinto, Francisco, varias vírgenes y Santa Rosa de Lima, que aceptaba la capital donde era venerada su compatriota, la Virgencita de Copacabana.
Hay que aclarar que don Arístides Rojas incluye entre los patronos y abogados de Caracas a los santos Francisco de Asís, Jacinto, Rosa de Lima, Ana, madre de María, la Inmaculada Concepción y a la Virgen de Altagracia, cuando simplemente son titulares de templos caraqueños, a excepción de la santa limeña, patrona del Seminario Tridentino. Santa Ana es patrona del Obispado de Venezuela desde que se estableció en Coro y luego la sede mudada a Caracas en el siglo XVII.


Nuestra Señora de Caracas.
En este cuadro se pueden apreciar A la derecha de María a
Santiago y Santa Ana. A su izquierda Santa Rosalía y
Santa Rosa de Lima.
Ahora la criminalidad y la violencia son los flagelos que azotan la ciudad. Santa Rosalía ya no saldrá con sus "disciplinas" a fustigar a unos cuantos, como lo hizo con unos soldados desvergonzados en el siglo XVIII (para leer sobre este caso, ingresar por aquí). Tal vez deberíamos invocar a San Marcos de León que amansa hidra, draga, dragón, toros bravos, tigres, leones, hombres y mujeres, que ofenden cara a cara o a traición, y los ponen mansitos como ovejas.... pero eso es harina de otro costal.

San Marcos Evangelista
La religiosidad popular le atribuye
el poder de amansar las fieras.

viernes, 13 de julio de 2012

El Quijote de la Libertad

Francisco de Miranda
1750-1816
Con motivo del 14 de julio, día de la Toma de La Bastilla y aniversario del fallecimiento del Precursor Francisco de Miranda en la cárcel de Cádiz, extraigo de Leyendas históricas de Venezuela (OCI, Caracas, 1972) de don Arístides Rojas, una muestra del amor y devoción de este gran caraqueño a la causa de la libertad.


Napoleón Bonaparte calificó a Francisco de Miranda como Quijote de la Libertad.

¿Cuándo fue que Napoleón pudo sondear el alma ardiente y republicana de Miranda para colocarlo a la altura que el historiador Macauly (se refiere a Thomas Babbington Macaulay, 1800-1859, historiador británico, I Barón Macaulay) ha puesto a San Ignacio de Loyola?
Napoleón Bonaparte,
Primer Cónsul
Napoleón y Miranda no llegaron a conocerse sino después del 9 thermidor, cuando desaparecieron los días del terror, y la revolución francesa dejó la vía dolorosa para continuar con sus triunfos y conquistas; y aunque Napoleón tenía 15 años menos que Miranda, podemos considerarlos como contemporáneos. Miranda vivía entonces en la calle de Monte Blanco, en el hotel Mirabeau, donde se holgaba a sus anchas y con todas las comodidades de un soberano. No amaba Miranda el lujo exterior, siempre chocante, que tiene su séquito de aduladores y también en envidiosos y malquerientes, sino el lujo interior donde el hombre es más libre y menos codiciado. En sus salas, lujosamente amuebladas, sobresalían muchos objetos de arte, regalos unos de potentados y hombres célebres de la época, y otros de cuanto Miranda había podido adquirir en sus variados viajes por Europa. Contemplado por lo más notable de la sociedad de París, no había sala, tertulia o círculo donde la simpática figura del ilustre y célebre girondino no representara importante papel. Bonaparte, (lugarteniente de Barras) no gozaba entonces de nombre, y sólo se le conocía por la defensa de Tolón. En cierta noche, ambos militares tropezaron por primera vez, en la calzada de Antin, en la casa de una célebre cortesana, Julia Segur, mujer del conocido trágico Talma, condiscípulo y amigo de Bonaparte. Al saber éste que Miranda era el célebre general americano de quien había oído hablar, se hizo presentar a él y comenzaron a departir amigablemente acerca de multitud de temas de interés que entusiasmaron a Miranda, pero sin pasar nunca los límites de la etiqueta. Prolongada la tertulia después de la comida, ambos concluyeron por ofrecerse sus relaciones al despedirse de los esposos Talma.

En aquellos días, Miranda estaba lleno de desencantos. "Le parecían unos traidores todos aquellos que por cálculo o por temor, habían abandonado las banderas de Francia, causa ésta que lo hizo afiliarse en el círculo de los patriotas más definidos; mas entre éstos, nuevas decepciones preocupaban su espíritu. Pero cuál fue la sorpresa del ilustre gorondino, cuando tropieza, después del 9 thermidor, con hombres tenidos hasta entonces por probos, que abandonaban sus opiniones por temor a una muerte trágica que los hubiera hecho dignos de las antiguas épocas! Juzgando al vencedor en Tolón partidario, como lo era él mismo, de medidas enérgicas, únicas que podían salvar la Convención, y habiéndole visto por segunda vez y escuchado sus frases de odio contra Inglaterra, Miranda le invita a una comida en su vivienda del hotel Mirabeau. "El día en que Bonaparte, refiere Miranda, vino a comer conmigo, noté que se había impresionado al ver el lujo de mis salas. Para esta comida había reunido algunos de los caracteres más enérgicos, entre los restos de la Montaña, los cuales nos expresamos como hombres de convicciones y de idénticos pareceres. Con sorpresa observé que Bonaparte receloso, pensativo, movía la cabeza y pronunciaba monosílabos contra las opiniones que todos habíamos emitido acerca de la necesidad de desplegar cierta energía suprema".
Era que para Napoleón estos heraldos de la libertad no eran sino idealistas soñadores que solicitaban resultados en armonía con la severidad de su doctrina: solicitaban libertad en el Gobierno, en el pueblo, mientras que él acariciaba, no como deidad, sino como medio que debía poner en juego para alcanzar la corona de los Césares. En hombres del temple de Napoleón, el movimiento de cabeza y los monosílabos, como única contestación al raciocinio, revelan en la mayoría de los casos, grandes planes en gestación para madurar, más de táctica, de disimulo y de previsión, que de los arranques de pasión y de la elocuencia, virtudes de los espíritus esclarecidos que buscan la felicidad de los pueblos.
Napoleón I,
Emperador de los Franceses
Poco después de la comida, Bonaparte se despidió, y más tarde supo Miranda que de él había dicho: Miranda no es un republicano sino un demagogo.
Cuando Napoleón con el transcurso del tiempo llegó a definirse, no como protector de la libertad de un gran pueblo, sino como conquistador de Europa, no pudiendo ya contar con Miranda como uno de los conductores de su carro triunfal, emitió los siguientes conceptos acerca del girondino: "Este criollo ardoroso e inquebrantable es un Don Quijote que corre tras la quimera de la libertad universal, y en cuya alma arde inextinguiblemente un fuego sagrado". Al copiar estas frases un distinguido escritor chileno (se refiere a Manuel Luis Amunátegui, 1828-1888), agrega: "Aquel proscrito formidable personificaba en sí la Revolución hispanoamericana".
Y cuando veinte y cinco años después de la muerte del mártir en la Carracas, un célebre historiador francés, Michelet (Jules Michelet 1798-1874), se encarga de defender a Miranda de los falsos cargos que le habían hecho Jomine y sus continuadores, ignorantes de la rica documentación en honra de Miranda, la cual nunca conocieron, apellida a éste el noble Don Quijote de la libertad.
He aquí este noble Quijote de la libertad, tan consecuente consigo mismo, tan recto en sus procedimientos. Cuando, después de la muerte de Robespierre, el Gobierno francés le ofrece el mando del ejército, Miranda contesta con arrogancia: "He combatido de todo corazón por la causa de la libertad; pero me repugna ir pelear para hacer conquistas". ... ...



Amour sacré de la Patrie,
Conduis, soutiens nos bras vengeurs !
Liberté, Liberté chérie,
Combats avec tes défenseurs ! (bis)
Sous nos drapeaux, que la victoire
Accoure à tes mâles accents !
Que tes ennemis expirants
Voient ton triomphe et notre gloire !



Miranda en La Carraca, por Arturo Michelena

viernes, 6 de julio de 2012

La vejez llega, mejor ser previsores

Desván del anticuario. Arturo Michelena
En él vemos a Arístides Rojas con su colección de antigüedades

A mi amigo el señor Doctor Arístides Rojas


Pues que á escribir me convida
Tu amistad, es porque ignoras
Que el afanar de la vida
Tiene sus noches y auroras.

Porque olvidas que los años
Secan del alma las flores,
Y se van sembrando engaños
Para cosechar dolores.

Porque tú, feliz acaso,
Avaro de fe y de calma,
Llevaste la vida al paso
Y no diste rienda al alma.

Y como sabio lo hiciste,
Y filósofo te creo;
Pues hoy eres lo que fuiste,
Y como te vi te veo.

Mas, yo que regué impaciente
Tesoros de amor doquiera,
Sin recordar inocente
Que hay otoño y primavera;

Hoy encerrado en mí mismo
Miro como rueda el mundo,
Sin amor, sin egoísmo,
Y con un desdén profundo.

Y no pienses que hago alarde
De desengaño ó necio;
Pues no me quejo cobarde,
Y ni burlo, ni desprecio.

Si es ó no para mí carga
La existencia ¿á quién importa?
Si á mí me parece larga,
Otros la juzgan muy corta!

Y yo no daré fallo
Por el sentimiento mío:
Si la oigo alabar me callo,
Si la maldicen me río.

Pues bien, ¿cómo podré ahora,
Aunque complacerte quiera,
Trocar la noche en aurora
Y el otoño en primavera?

¿Cómo en tal indiferencia
Dulce trova ensayaría,
Si vive la gaya ciencia
De entusiasmo y poesía?

Bien recuerdo: á los destellos
De mi razón vi en el mundo,
Tántos horizontes bellos!
Tán ancho campo fecundo!

Que como ave ligera,
Que, al alba el nido dejando,
Va de pradera en pradera
Y á Dios bendice cantando;

Así yo, gozoso y niño,
De la vida entré en los mares,
Y en alas de mi cariño
A todo levanté altares.

Creí la virtud premiada,
Dí fijeza al sentimiento,
La patria me finjí amada,
Y glorias soñé al talento!

Entonces, en rica vena,
Confié al aire el sueño mío;
Mas desperté, el alma llena
De desencanto y hastío!

Por eso en vez de alegrías
Ves tristezas; que has traído
A mi memoria otros días,
Que, por mi mal, ya se han ido!

Deja, deja á la corriente
Del tiempo su cause siga;
Cuando el sol baja á Occidente
Dobla su frente la espiga!

Y piensa que en giro eterno
Bate la vida sus alas,
Y al árbol triste en invierno
Abril le vuelve sus galas.


Heraclio Martín de la Guardia
1866


Heraclio M. de la Guardia
Autor
1830-1907
Para la fecha en que don Heraclio compuso este poema quejoso a su amigo Arístides Rojas, tenía sólo 36 años y la vida por delante; pero no la supo vivir. Siempre creyó que el Estado venezolano estaba obligado para con él en razón de su filiación política liberal. Arístides Rojas prosperaba porque no le tenía miedo al trabajo y junto con su hermano estableció una buena editorial caraqueña: Rojas Hermanos.

De la Guardia siempre tuvo razones de queja, en particular contra el General Joaquín Crespo porque no le dio el monopolio de las corridas de toros, ni le publicó sus versos por cuenta del gobierno nacional. Aún en 1905, seguía quejándose y hasta se arrastró ante Cipriano Castro, a quien dedica sus Obras Literarias (Tipografía J. M. Herrera Irigoyen, Caracas, 1905). Una verdadera lástima, porque no sólo era un buen poeta, sino persona generosa y amable.

viernes, 18 de mayo de 2012

La primera taza de café con don Arístides

Arístides Rojas
1826-1894
Desde que publiqué en este blog una ensoñación de Andrés Bello ante una taza de café, he querido transcribir algo del texto de don Arístides Rojas, titulado LA PRIMERA TAZA DE CAFÉ EN EL VALLE DE CARACAS; un clásico del género de crónica histórica en la literatura venezolana, que ha sido lectura obligatoria en educación básica por muchas generaciones.

No voy a transcribir completa las historia que nos presenta Arístides Rojas (es muy larga y lo más probable es que esté digitalizada), mas voy a tomar algunas citas para entretenernos hoy. El autor fue anticuario e historiador con un estilo particular. Anticuario no porque vendiera "chécheres" viejos, sino porque coleccionaba hechos y objetos antiguos. En el Museo de la Fundación John Boulton, en Caracas, se exhibe una colección que lleva su nombre, presidida por "El desván del anticuario", obra del pintor valenciano Arturo Michelena.

Pero no sólo era coleccionista de antigüedades y de hechos históricos, sino que (cito)
...fue uno de los primeros escritores venezolanos que se ocupan seriamente del estudio de la culturas aborígenes y del folklore. Además nos dejó trabajos extensos acerca de algunos aspectos de la historia de Venezuela. Fue quizás el primer historiador venezolano que propuso un tratamiento crítico de los materiales suministrados por la investigación documental: "hemos llegado ya -dice- a la época en que deben aglomerarse todos los datos, aclararse los puntos dudosos, rechazarse las fábulas, estudiarse los pormenores a la luz de la filosofía, cotejarse, restablecerse las épocas y descubrir el verdadero carácter, tendencia, influjo de cada uno".
Tal vez pueda alegarse que no se sujetó a su propia recomendación, pues la mayor parte se su obra se aparta del rigor que él pide para el análisis de los documentos. También podrá decirse que fue uno de los que más han contribuido a hacer de la Historia de Venezuela un género fundamentalmente literario...(del prólogo a Leyendas Históricas de Venezuela, OCI, Caracas, 1972).
El estilo de Arístides Rojas es muy particular. Supo hacer su trabajo. Ha sido imitado, pero nunca igualado. En sus textos mezcla la buena escritura con la leyenda, la historia y mucho de pasión. Tiene su atractivo decimonónico. No puede creerse todo lo que dice, pero a la vez todo es verdad vista con ojos románticos, sentida con un corazón apasionado y pensada con un cerebro cultivado. Ahora, que conocemos a don Aristides, que nos cuente algo sobre el café caraqueño.
En la época en que el Conde de Segur visitó esta ciudad, el vecino y pintoresco pueblo de Chacao, en la región oriental de la Silla del Ávila, era sitio de recreo de algunas familias de la capital, que, dueñas de estancias frutales y de fértiles terrenos cultivados, pasaban en el campo cierta temporada del año. Podemos llamar a tal época, época primaveral, porque fue durante ella, cuando se despertó el amor a la agricultura y al comercio, visitaron la capital los herborizadores alemanes que debían preceder a Humboldt, y se ejecutaron bajo las arboledas, al pie del Avila, los primeros cuartetos de música clásica que iban a dar ensanche al arte musical a la ciudad de Lozada.
Más adelante agrega algo de historia:

... el monte sombreado por los bucares revestido
La introducción y cultivo del árbol del café en el valle de Caracas, remonta a los años 1783 a 1784. En las estancias de Chacao, llamadas "Blandín", "San Felipe" y "La Floresta", que pertenecieron a Don Bartolomé Blandín y a los Presbíteros Sojo y Mohedano, cura este último del pueblo de Chacao, crecía el célebre arbusto, más como planta de adorno exótica que como planta productiva. Los granos y arbustos recibidos de las Antillas francesas, habían sido distribuidos entre estos agricultores, quienes se apresuraron a cuidarlos. Pero andando el tiempo, el padre Mohedano concibe en 1784 el proyecto de fundar un establecimiento formal, recoge los pies que puede, de las diversas huertas de Chacao, planta seis mil arbolillos, los cuales sucumben casi en totalidad. Reunidos entonces los tres agricultores mencionados, forman semilleros, según el método practicado en las Antillas, y lograron cincuenta mil arbustos, que rindieron copiosa cosecha.
En el siguiente párrafo hay prosa literaria. Veamos:

... es la diosa Flora, que tiende sobre los cafetales
encajes de armiño, nuncios de buena cosecha
Al hablar de la introducción del café en el valle de Caracas, viene a la memoria la del arte musical, durante una época en la cual los señores Blandín y Sojo desempeñaban importante papel en la filarmonía de la capital. Los recuerdos del arte musical y del cultivo del café son para el campo de Chacao, lo que para los viejos castillos feudales las leyendas de los trovadores cada boscaje, cada roca, la choza derruida, el árbol secular, por dondequiera, la memoria evoca recuerdos placenteros de generaciones que desaparecieron...
Pero más adelante se hace más poético:
...El europeo que por la primera vez contempla una arboleda de café en flor, recibe una impresión que le acompaña para siempre. le parece que sobre todos los árboles ha caído prolongada nevada, aunque el ambiente que lo rodea es tibio y agradable. Al instante, siente el aroma de las flores que lo invita a penetrar en el boscaje, tocar con sus manos los jazmines, llevarlos al olfato, para enseguida contemplarlos con emoción.
...como macetitas de corales rojos que tachonan
el monte sombreado
No es nevada, no es escarcha: es la diosa Flora, que tiende sobre los cafetales encajes de armiño, nuncios de la buena cosecha que va a dar vida a los campos y pan a la familia. Pero todavía es más profunda la emoción, cuando al caer las flores, asoman los frutos, que al madurarse aparecen como macetitas de corales rojos que tachonan el monte sombreado por los bucares revestidos.
 También don Arístides nos cuenta la fiesta campestre ofrecida por los tres presbíteros, a finales de 1786, para celebrar la primera cosecha del producto que le dio sustento a Venezuela hasta el establecimiento de la industria petrolera... damas elegantes, distinguidos caballeros, fogozos corceles, calezas, carretas de bueyes, porcelanas europeas, chinas y japonesas y música. Sí, se hicieron acompañar por Mozart y Beethoven (en partitura, por supuesto). Eso sucedió, pero no es lo más importante.  Cada uno de los sacerdotes agricultores, a la hora de servir el café dijo unas palabras pertinentes a la concurrencia. En mi humilde opinión esto es lo importante de la historia.


Padre Mohedano
1741-1804
El primero en hablar fue el padre Mohedano. Su nombre completo era José Antonio García Mohedano, quien en unos años sería obispo de Guayana, con sede en Angostura. Aún es recordado con agradecimiento por los venezolanos:
Bendiga Dios al hombre de los campos sostenido por la constancia y por la fe. Bendiga Dios el fruto fecundo, don de la sabia Naturaleza a los hombres de buena voluntad. Dice San agustín que cuando el agricultor, al conducir el arado, confía la semilla al campo, no teme ni la lluvia que cae, ni el cierzo que sopla, porque los rigores de la estación desaparecen ante loas esperanzas de la cosecha. Así nosotros, a pesar del invierno de esta vida mortal, debemos sembrar, acompañada de lágrimas la semilla que Dios ama: la de nuestra voluntad y de nuestras obras, y pensar en las dichas que nos proporcionará abundante cosecha.
Padre Sojo
1739-1799
Seguidamente habló el padre Sojo (ese era su nombre de guerra) fundador del Oratorio de San Felipe Neri y tío abuelo de Simón Bolívar, hermano de Feliciano Palacios. Su verdadero nombre era Pedro Ramón Palacios Gil Arratia y era conocido también como Pedro Palacios y Sojo. Un señor de la más rancia aristocracia criolla que podía darse el lujo de usar cualquiera de sus múltiples apellidos. Se le considera el padre de la música clásica en Venezuela... Un mecenas, pues.
Bendiga Dios el arte, rico don de la Providencia, siempre generosa y propicia al amor de los seres, cuando está sostenido por la fe, embellecido por la esperanza y fortalecido por la caridad.... (nos dice don Arístides que en las frases pronunciadas por el Padre Sojo falta el último párrafo "que no hemos podido descifrar en el apagado manuscrito con que fuimos favorecidos...")
El Avila desde Blandín
Manuel Cabré
El padre Domingo Blandín dijo:
Bendiga Dios la familia que sabe conducir a sus hijos por las vías del deber y del amor a lo grande y a lo justo. Es así como el noble ejemplo se transmite de padres a hijos y continúa como legado inagotable. Bendiga Dios esta concurrencia que ha venido a festejar con las armonías del arte musical y las gracias y virtudes del hogar, esta fiesta campestre, comienzo de una época que se inaugura bajos los auspicios de la fraternidad social.
De los tres sacerdotes, sólo Domingo Blandín llegó a ver la independencia y desde el principio adoptó la causa republicana. Las palabras de los tres anfitriones, de generaciones diferentes, están llenas de fe cristiana y virtudes republicanas. Creo que es un llamado a establecer la Ciudad de Dios.