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jueves, 19 de junio de 2014

Los secretos del bollo pelón marabino

Bollo pelón marabino
En varias regiones de Venezuela se preparan los bollos pelones. Hace unos días conversaba con mi amigo Alberto, de familia caraqueña, sobre esta preparación de la cual había visto una receta que llevaba masa de maíz blanco y amarillo. Como me crié comiendo la versión marabina que es de una simpleza espartana, me extrañaba esta combinación de maíces. Alberto me decía que llevaba las dos masas.

Son famosos los bollos pelones de San Felipe, estado Yaracuy, que se rellenan con un guiso de carne y cerdo, se fríen y luego se terminan de cocinar en una salsa de tomate. Mi hermano me contaba que hace un tiempo fue a una cena (menú de degustación) en el Caracas Country Club. Para su sorpresa, los bollos pelones tenían la masa cruda y tuvo que dejarlos. Recordaba con añoranza los que comíamos en casa.

Los bollos pelones zulianos son muy sencillos. Un envoltorio de masa muy indígena, relleno de un guiso con sabores hispano-barrocos, cocidos en agua hirviendo y servidos bañados en una salsa de tomate criolla. Los comí en casa la semana pasada y me quedaron bien. Los hice porque tenía bastante carne molida guisada y tenía el antojo de comerlos. Buscando entre los recetarios en casa encontré la que nos da Rosita Regalado en su libro Delicias zulianas (Libros de El Nacional, Caracas, 2008), que es bastante aceptable. Voy a basarme en esta receta para describir el proceso:

BOLLOS PELONES
25 unidades

Primer secreto: la masa
Es una masa de maíz blanco muy bien amasada con la adición de un poco de aceite, de tal manera que sea más elástica que la de arepas y no se resquebraje cuando se la manipule. Las proporciones de Rosita Regalado son las siguientes:

Ingredientes:

  • 1 paquete de harina de maíz
  • 3 cucharadas de harina de trigo
  • 2 tazas de agua
  • 2 cucharadas de aceite.


Preparación

  1. Para preparar la masa mezcle los ingredientes en un bol grande hasta que todos se unan. La masa debe tener una consistencia más suave que la masa de arepas. Si a ver vamos, dos tazas de agua no son suficientes para humedecer un kilogramo de harina de maíz. Mejor seguir las instrucciones del fabricante, agregar el aceite y sal y amasar muy bien para que la masa esté suave. En mi casa no le ponían, ni ponen harina de trigo.


Segundo secreto: el guiso
El guiso de carne molida (de res o de res y cerdo) debe quedar gustoso y jugoso. Nada más desagradable que al abrir un bollo salga un burusero de carne sin jugo alguno. Rosita regalado da las proporciones para un kilo de carne:

Ingredientes:

  • 1 kilo de carne molida
  • 1/4 de kilo de tomates maduros, pelados y cortados en cubos
  • 1/4 de kilo de ají dulce, despepitado y cortado finamente
  • 1/4 de kilo de papa cortada en cubitos
  • 1 pimentón rojiverde, cortado en cuadros
  • 1 cebolla, cortada en cubos
  • 4 dientes de ajo machacados
  • 2 hojas de laurel
  • 6 cucharadas de salsa inglesa (lo veo como demasiado. Mejor una cucharada)
  • 1 cucharada de vinagre
  • 1 cucharada de mostaza
  • La parte blanca de un ajoporro, cortada finamente
  • sal y pimienta al gusto
  • agua


Hay diferencias en este guiso al que preparan en mi casa. Por ejemplo, nosotros le agregamos uvas pasas, alcaparras y aceitunas rellenas cortadas en rueditas. No le agregamos vinagre sino encurtidos en vinagre, picados menudo.

Preparación (según mi método)

  1. En una paila lo suficientemente amplia se vierten tres cucharadas de aceite. Cuando comienza a calentar, se agregan las aliáceas (ajo, cebolla, ajo porro, y cebollín, si se usa. Cuando estén transparentes y marchitos, comenzamos a adicionar las solanáceas, comenzando por el ají dulce y el pimentón. Se cocinan hasta que marchiten
  2. Luego agregamos la carne molida, la cual trabajaremos con una cuchara de madera para deshacer cualquier grumo. Debe quedar suelta.
  3. Seguimos con otras solanáceas (tomate y papas), Se revuelve bien
  4. Se condimenta con salsa inglesa, mostaza, encurtidos y laurel. Se le puede adicionar un bouquet con perejil y cilantro, pero eso es optativo.
  5. Se agrega agua que apenas lo cubra y se cocina destapado para que los tomates se deshagan y formen una salsa. No debe quedar ni seca, ni acuosa.
  6. Salpimentamos al final, teniendo en consideración que la masa de maíz blanco es bastante insípida.

Tercer secreto: ensamblaje de los bollos y su cocción.
A Rosita Regalado le gustan los bollitos pelones más bien pequeños. Yo los hago del tamaño de una naranja. 
Preparación:
En una olla grande ponga a hervir suficiente agua (abundante). Cuando llegue a un hervor, se agrega sal.
Prepare las bolas de masa, el tamaño usted lo decide (yo las hago del tamaño de una mandarina)
Sostenga cada bolita de masa en una mano y con el dedo índice de la otra mano haga un hoyo sin que se rompan las paredes del bollito (las pareces, me parece, no deben quedar muy delgadas, habida cuenta que hervirán libremente y crecen).
Rellenar con el guiso y cierre cada bollito con delicadeza para que no se revienten. Para un bollo pelón del tamaño de una naranja, coloco tres buenas cucharadas de guiso. El cierre de los bollos es importante, pues de él depende el éxito del plato. Un bollo pelón explotado en el agua es incomible.
Cocine los bollitos en el aguar hirviendo. Cuando suban a la superficie (o floten), entonces estarán listo. Sáquelos inmediatamente con un espumadera para evitar que se rompan.
Coloque los bollitos en una bandeja o en platos individuales y báñelos con la salsa de tomate criolla que tendrá lista.
Se sirven acompañados de maduro horneado y ensalada de ruedas (o piragüera)

Cuarto secreto: recalentado
Seguro que con las proporciones de Rosita van a sobrar bollos, a menos que se hagan para una amplia reunión familiar. Siempre es mejor que no sobre.

  1. Los bollos sobrantes se dejan enfriar. Luego se guardan, tapados, en la nevera.
  2. Para recalentarlos, se sacan de la nevera con anticipación hasta que estén a temperatura ambiente. Se colocan en una rejilla sobre agua hirviendo (que no los toque), y se calientan, tapados, al vapor. En unos 10 a 15 minutos estarán listos para comer.

martes, 22 de abril de 2014

La cigarra de San Francisco

San Francisco de Asís con animales, por Lambert de Hondt el Viejo (siglo XVII)

LA CIGARRA DE SAN FRANCISCO

San Francisco de Asís en las horas de siesta
iba a gozar del grato frescor de la floresta.

Los árboles su sombra regalaban al santo,
las fuentes su murmullo, los pájaros su canto.

Él al Señor las gracias daba en frases sencillas
por tan emocionantes y hermosas maravillas.

Y el viento, complacido, unía en flébil aria
al ritmo de las hojas la bíblica plegaria.

San Francisco de Asís, por artes milagrosas,
sabía los lenguajes de seres y de cosas.

Hablaba con los astros y con los ruiseñores,
lloraba con las fuentes, reía con las flores...

A veces en los prados para oír sus sermones
en torno de Francisco bajaban los gorriones.

(Y por morar tan lejos, tal vez, no quedan huellas
de que a escuchar al santo bajaran las estrellas.)

Una tarde el asceta el florestal contorno
recorría, al abrigo del cálido bochorno,

cuando una cigarra en las hojas lucientes
echó a volar sus límpidas músicas estridentes.

Del armoniosos hemíptero la nítida sonata
hizo vibrar las hojas cual láminas de plata.

Oyendo el vivo canto reír del sol al beso,
se quedó San Francisco en plácido embeleso.

Y extendiendo la mano a la cantora ufana,
con voz dulce y gozosa, le dijo: "¿Ven, hermana!"

La vibrante cigarra, del milagroso hermano
se posó blandamente sobre la abierta mano...

Y allí se estuvo dando sus ritmos estivales
como un temblor melódico de luces y cristales.

Y su trémulo canto abría al sol su timbre
como un plumaje de oro entre la verde urdimbre.

Así, cuando el bochorno las frondas achicharra,
el santo por el canto iba de la cigarra;

y nemoroso insecto del asceta al oído
estallaba en el chorro de luz su chirrido.

Olvidando los múltiples cuidados de su aprisco,
hablar con el hemíptero solía San Francisco.

Una vez la cigarra con si vívido canto
así hablaba en la mano milagrosa del santo:

"Tú me llamas hermana, ¡oh Francisco! ¿Tú sabes
por qué son tus hermanas las bestias y las aves?

Las bestias y las aves, las piedras y las plantas
son, amoroso hermano, como tú mismo, santas.

Cuando la muerte fría te dé sus blancos besos,
pelados, como piedras, se quedarán tus huesos;

de tu carne podrida nacerán mariposas
y matas que los mayos coronarán de rosas

y en cuyos frescos ramos, en los meses de estío,
una alegre cigarra cantará el canto mío...

¿Sabes por qué, Francisco, somos todos hermanos:
hombres, árboles, piedras, pájaros y gusanos?

Porque todos vivimos bajo la misma norma;
porque es el mismo barro el que a todos nos forma,

porque es un mismo enigma el que nosotros yerra
y todos retornamos al seno de la tierra.

Por eso, como dices, somos todos hermanos;
hombres, plantas, insectos, pájaros y gusanos..."

San Francisco escuchaba la lírica doctrina
de la resplandeciente cigarra cristalina.

Y cuando ya alcanzaba la clave del misterio,
presa de un santo escrúpulo, se fue poniendo serio...

Mirando el talle erguido de la cigarra ufana,
con voz llena de asombro, le dijo: "¡Vete, hermana!..."

Y el vibrador insecto, pulsando su cordaje,
con su risa de luces se perdió en el frondaje...

Jesús Enrique Lossada
(1892-1948)
Hoy, Día de la Tierra, me pareció oportuno transcribir el poema La cigarra de San Francisco, obra del intelectual marabino Jesús Enrique Lossada. Lo tomé del tomo correspondiente a Venezuela de la Antología de la poesía hispanoamericana (Biblioteca Nueva, Madrid, 1958).

FELIZ DÍA DE LA TIERRA


lunes, 27 de enero de 2014

El pescador




EL PESCADOR

BARCAROLA

La vida pasa
Dulce, sencilla, 
En su barquilla
Cruzando el mar;
Libre de penas,
La vela al viento,
Halla contento
Yendo á pescar.

Tiende sus redes
En la laguna,
Cuando la luna
Brillando está,
Y en ellas saca
Peces brillantes,
Que palpitantes
Mueren de afan.

Cuando en Oriente
Brilla la aurora,
Vuelve la prora,
Saluda al sol
Y allá en las selvas
Oye las aves
Con notas suaves
Rogando á Dios.

Une sus voces
Á los cantares
Y hácia sus lares
Vuelve la faz
Y al cielo pide,
Derrame en ellos
Sus dones bellos,
Ventura y paz.

Feliz mil veces
Con su barquilla
Llega a la orilla
Do está su amor,
Nice divina,
Prenda adorada,
Mujer amada
Del pescador.

Por Diego Jugo Ramírez


Fuente: Biblioteca de escritores venezolanos contemporáneos.
Jouby et Roger Editeurs, París, 1877.
Edición facsimilar del Concejo Municipal del DF, Caracas, 1977

Para cerrar nuestro pequeño homenaje a la Semana de la Zulianidad, hemos escogido un cuadro del destacado pintor zuliano Julio Árraga Morales. La pintura, cuyo título desconozco, representa a una muchacha sentada (creo que la modelo fue su hija Violeta Árraga Zuleta) a orillas del lago de Maracaibo contemplando una escena marina. Está fechada en 1917, once años antes del sentido fallecimiento del artista. Me resolví acompañarlo de un poema de otro distinguido marabino: Diego Jugo Ramírez (1836-1903), de quien comentaremos otro día.
Julio Árraga Morales
(1872-1928)
Julio Árraga nació en en Maracaibo en 1872 y desde muy joven se notó su aplicación a las artes plásticas. Se formó primero en la escuela Normal de Dibujo de su ciudad natal (1882-1886) y luego en la Academia de Bellas Artes de Florencia, Italia,  (1896-1898). De regreso en Maracaibo se dedicó a la pintura histórica y el retrato y a la docencia. Posteriormente se dedicó al tema que lo hizo famoso: Maracaibo, su paisaje y su gente, casi todas ellas pintadas al aire libre con un cambio en la técnica y la expresión, influenciado por el impresionismo europeo. Murió en su taller de Maracaibo en 1928. Sus restos reposan en el Panteón Regional del Zulia. La Gobernación de Estado tiene en su sitio web un artículo sobre don Julio, que se puede leer por aquí.
La familia Árraga Zuleta y sus descendientes son cercanos a los afectos de mi familia. Su hijo Tito casó con mi prima Laura Acosta Matheus, madre de una grata descendencia que mantiene la proximidad y el calor familiar con sus parientes lejanos en Caracas.


La media noche

La Noche, por William-Adolphe Bouguerau (1883)

LA MEDIA NOCHE

A LA CLARIDAD DE LA LUNA

AL DOCTOR CECILIO ACOSTA

...en ninguna parte de la Naturaleza nos penetra más
de un sentimiento que su grandeza: en ninguna parte
ella nos habla más y más fuertemente, que bajo el cielo
de la América.
Dr. Felipe Larrazábal


Opacos horizontes
Y rumor de airecillos y cantáres,
Y sombras en los montes,
Y soledad dulcísima
En la tierra infeliz de los palmares;
Y allá léjos la luna que se encumbra
Y un cielo azul de porcelana alumbra.

Y en el lago sin brumas
La onda medio caliente entumecida,
Coronada de espumas
Sonando melancólica:
Y como tregua ó sueño de la vida
En el hogar del hombre; y como inerte
La creacion, y el sueño como muerte.

La gran Naturaleza
Ó vacila ó se asombra, y muda y grave,
Pálida de tristeza,
Ve sus astros inmóviles...
Suspension de la vida, que no sabe,
Maravillada el alma, si le asusta, 
Ó le aplace por quieta ó por augusta.

Tal es, sobre su coche
Que silencioso por el orbe rueda, 
La estraña media noche
De las regiones índicas:
Así, al tañer de la campana, queda,
Su voz oyendo por el aire vago,
La ciudad de las palmas en el lago.

Aquí empieza el imperio
De esas visiones sin color ni nombre
Que en inmortal misterio
Guardan las noches tórridas.
Aquí no alcanza a comprender el hombre
La cifra ó la razon de cuanto mira,
Ó si despierto está, sueña ó delira.

Tanta trémula estrella
Que de rubíes el espacio alfombra,
Tanta roja centella
Que con la luna pálida
Penetra y brilla en la nocturna sombra,
Causa son de terror, causa de duelo
Si ya la media noche sube al cielo.

¿Quién sabe por qué crece
Entónces el penacho de esa palma,
Y el viento la remece
Y la despierta súbito,
Y á su voz el concierto y dulce calma
De la noche se rompe, cual si fuera
Hablando una palmera á otra palmera?

¿Quién sabe por qué luego
Se vuelven las conchuelas con la luna
Margaritas de fuego,
Y cuando boga rápido,
Sonriendo de sus espléndida fortuna,
Nauta feliz que ansía por cojerlas,
Ni conchas halla ni radiantes perlas?

¿Quién sabe, quién alcanza
Por qué se cierne la nocturna nube
Con monstruosa semblanza,
Y envuelta en sombras tétricas
Desciende al llano, á la colina sube
Para mostrar despues, como un tesoro
El plateado cendal con fimbria de oro?

Mentira! bajo el peso
De tanta maravilla, grita el mundo.
Acaso será eso...
Pueda que los fantásticos
Prestigios de la luz, tras el profundo
Rumor que alzan los vientos que campean,
Finjan visiones y mentiras sean;

Pero algo está escondido
Que bulle y vive y lúgubre se extiende
Al solemne tañido
De ese cristiano símbolo.
Algun prodigio el hombre no comprende
En esas altas horas: algo existe
De indefinible, pavoroso y triste.

No es que la noche ayude
Los Génios á salir de sus recintos;
No la mar se sacude,
Ni murmuran los céfiros,
Ni el santuario los dorados plintos
Caen sonando, ni la sobra pasa,
Ni el trueno zumba, ni la luz abrasa;

Mas con todo, á tal hora
Brota, se desvanece, canta, gime,
Brilla, se descolora,
Azota  el aire trémulo,
Empaña el éter, la materia oprime
Una sombra, una luz, un sér ¡quién sabe!
Que llena el orbe y que en la chispa cabe.

Entre el hombre que piensa
Y los astros que alumbran se descorre
Como una cosa inmensa,
Impalpable, magnífica;
Y cuando la parduzca y vieja torre
Su postrimera campanada vibra,
De eso como infinito ¿quién se libra?

Salve augusto misterio
Que encierras tan hondísimos arcanos;
En tu silente imperio
De sonidos insólitos,
Y de pálidas luces, y de vanos
Pavorosos fantasmas, todo es triste
Y se transforma todo cuanto existe.

Mas la razon del hombre,
Al impulso inmortal de su sentimiento
Instintivo y sin nombre,
Penetrará recóndito,
Ó explicarse querrá con noble aliento,
Ese mundo invisible que reposa
Oculto entre la noche silenciosa.

Soledad del desierto
Y rumor de airecillo en los fragantes
limonares del huerto:
Y en el azul vivísimo
Rubias estrellas, fuegos vacilantes
Y claridad de la luna que se encumbra
Y hasta el sombrío limonar alumbra.

Tal es, como su coche
Que silencioso por el orbe rueda,
La extraña media noche
De las regiones índicas:
Así, al tañer de la campana, queda,
Su voz oyendo por el aire vago,
La ciudad de las palmas en el lago.



Hace poco más que un año colocamos en esta bitácora un poema del poeta romántico venezolano, José Ramón Yepes, quien destaca sobre otros de su generación por la calidad de su lenguaje. Se trata de Himno epitalámico, que acompañamos de comentarios salidos de la pluma de Luis Correa, ensayista, autor de Terra Patrum, el cual se puede leer por aquí.

Para el poema de colocamos hoy, transcribimos un breve artículo de presentación publicado por el Marqués de Rojas en su Biblioteca de escritores venezolanos contemporáneos, publicada en París en 1875. Lo copio textual del la edición facsimilar del Concejo Municipal del Distrito Federal (Caracas, 1975):
José Ramón Yepes
1822-1881
José Ramón Yépes nació en Maracaibo, ciudad occidental de Venezuela, el 9 de Diciembre de 1823. Gravemente enfermo en su infancia, comenzó tarde sus estudios, y no progresando en los de matemáticas, que habia preferido, los abandonó, dedicándose á la marina. Fué esta una fortuna para Yépes, porque en su nueva carrera ha ganado dos especies de laureles; - los que le ha dado su patria en recompensa de sus constantes y heróicos servicios; y los que ha brindado á su númen la Musa de las Letras, pues debe saberse que fue en la vida solitaria del marino, llena de tempestades y peligros, que su carácter, indomable y desaplicado ántes, volvióse melancólico y reflexivo, y que despertó en su ánimo el deseo de recuperar eñ tiempo perdido, consagrándose día y noche al estudio y en especial á la lectura de los clásicos españoles.
Además de los empleos que Yépes  ha desempeñado en el ejercicio de su profesion, como Capitán de Puerto, comandante de Apostadero, Catedrático de Náutica y Gefe de Escuadra en campaña, hasta merecer los más altos grados, ha sido diputado a la Legislatura nacional y miembro del Senado de la República. En la actualidad es Director de Marina en el Ministerio de este nombre.
Yépes es uno de los poetas más notables de Venezuela y á esta circunstancia auna dos que le hacen brillar mas todavía, - la modestia sin afectación y un franco y honrado carácter. 
En 1881, el Almirante Yepes murió ahogado en el Lago de Maracaibo en un accidente mientras cumplía con su deber.


jueves, 23 de enero de 2014

Al lago Coquibacoa

Acción del castillo de Maracaibo (Batalla Naval del lago de Maracaibo)

AL LAGO COQUIBACOA

Si aquella gloria que en Lepanto brilla
dió ocaso á la sangrienta Media-luna,
en tus cristales, oh gentil laguna,
se hundieron los blasones de Castilla.

¡Salve, inmortal presea de Padilla!
¡timbre de Mara! ¡de la Patria cuna!...
¿Cuándo fué más risueña la fortuna
que al obrar el valor tal maravilla?

La Libertad, por índicos arreos,
tis palmas ciñe, al resplandor que baña
las cimas de cien montes giganteos;

Y ante el prestigio de tan noble azaña,
¡cetro y corona rinde por trofeos
el desgarrado pabellón de España!

Dr. Ildefonso Vásquez


No he encontrado datos relevantes sobre el médico y poeta autor de este soneto. El texto lo tomé de El Zulia Ilustrado, N° 34 y 35, de agosto y septiembre de 1891, volumen dedicado a la Batalla Naval de Maracaibo, en julio de 1823.


Danza guajira

Chichamaya. o Yonna
Foto de Jairo Castilla Bedoya (www.flicker.com)

DANZA GUAJIRA

A Federico Uhrbach

Pára en la hacienda el tráfago del día;
i al entregar la tribu sus labores,
con chumbes i refajos de colores,
a su modo salvaje, se atavía.

Después, en la cercana ranchería,
resuenan papayeros i tambores,
semejando los ecos vibradores
un iracundo mar bajo la umbría.

La tribu forma cerco; i al instante,
suelta pareja, en danza extravagante,
se estrecha, huye, retrocede, gira...

I no cesa la danza bulliciosa
hasta que el indio, a quien su dama acosa,
rueda a los pies de la gentil guajira


Udón Pérez
Ánfora Criolla.

Udón Pérez

martes, 21 de enero de 2014

Tierra del sol amada

Cepillaos bajo el amante sol de Maracaibo
Foto tomada de www.siemprefeliz.com

En esta semana, hasta el 28 de enero, se celebra la Semana de la Zulianidad y, en consecuencia, compartiremos en esta bitácora algunos artículos conmemorativos. Ya hay algunos que hemos colocado en el curso del tiempo bajo la Etiquela Zulianidad (por aquí). Hoy subiremos un poema del más ilustre de los maracaiberos: Rafael Maía Baralt.

ADIÓS A LA PATRIA

Tierra del sol amada,
donde inundado de su faz fecunda,
en hora malhadada
y con la faz airada
me vio el lago nacer que te circunda.

Campo alegre y ameno,
de mi primer amor fácil testigo,
cuando virgen, sereno,
de traiciones ajeno,
era mi amor de la esperanza amigo,

adiós, adiós te queda.
Ya tu mar no veré cuando amorosa
mansa te ciñe y leda,
como joyante seda
talle opulento de mujer hermosa.

Ni tu cielo esplendente
de purísimo azul y oro vestido,
do sospecha la mente
si en mar de luz candente
la gran mole del sol se ha convertido.

Ni tus campos herbosos,
do en perfumado ambiente me embriagaba,
en juegos amorosos,
de nardos olorosos
la frente de mi madre coronaba.

Ni la altiva palmera,
cuando en tus apartados horizontes
con majestad severa
sacude su cimera,
gigante de las selvas y los montes.

Ni tus montes erguidos
que en impío reto hasta los cielos subes,
en vano combatidos
de rayo, y circuidos
de canas nieves y sulfúreas nubes.

Adiós. El dulce acento
de tus hijas hermosas: la armonía
y suave concento
de la mar y el viento,
que el eco de tus bosques repetía;

de la fuente el ruido,
del hilo de agua el plácido murmullo,
mucho más grato a mi oído
que en su cuna mecido
es grato al niño el maternal arrullo;

y el mugido horroroso
del huracán, cuando a los pies postrado
del Ande poderoso,
se detiene sañoso
y a la mar de Colón revuelve airado;

y del cóndor el vuelo,
cuando desde las nubes señorea
tu frutecido suelo,
y en el campo del cielo
con los rayos del sol se colorea;

y de mi dulce hermano,
y de mi tierna hermana las caricias,
y las que vuestra mano
en el albor temprano
de mi vida sembró, gratas delicias,

¡oh, madre, oh, padre mío!
Y aquella en que pedísteis, mansión santa
con alborozo pío
el celestial rocío
para mí, débil niño, frágil planta;

y tantos, ¡aymé!, tantos
caros objetos que en mi triste historia
de miserias y llantos,
marcan a mis quebrantos
breve tregua tal vez en su memoria;

presentes a la mía
en el vasto palacio o la cabaña,
hasta el postrero día
serán mi compañía
consuelo y solo amor en tierra extraña.

Puedas grande y dichosa
subir, ¡oh, patria, del saber al templo,
y en carrera gloriosa
al orbe, majestosa,
dar de valor y de virtud ejemplo.

Yo a los cielos en tanto
mi oración llevaré por ti devota,
como eleva su llanto
el esclavo, y su canto,
por la patria perdida, en triste nota.

Duélete de mi suerte;
no maldigas mi nombre, no me olvides;
que aun cercano a la muerte
pediré con voz fuerte
victoria a Dios en tus fatales lides.

¡Dichoso yo si un día
a ti me vuelve compasivo el cielo;
dulce muerte me envía,
y me da, patria mía,
digno sepulcro en tu sagrado suelo!



Rafael Martía Baralt
(1810-1860)
En su Antología de la poesía venezolana (Panapo, Caracas, 1997), Rafael Arráiz Lucca dice de Adiós a la patria de Baralt:
Su poema más recordado, y con razón, es Adiós a la patria. Allí nuestro hombre público rememora el escenario lacustre de su nacimiento y reconstruye en sí mismo la formación de su amor patrio. Esta urgencia por reafirmar lo nacional quizás tenga asidero en el hecho de haber transcurrido su infancia en Santo Domingo, la tierra de su madre ¿No será su obra toda una reafirmación de la nacionalidad venezolana? En cualquier caso, Baralt encarnó el modelo del hombre de acción y el estudioso. El campo de batalla y la biblioteca fueron suyos, así como la errancia característica de los hombres de su época, comprometidos con la revolución.
Destacan otras obras de Baralt, entre otros un excelente diccionario de galicismos y el Resumen de Historia de Venezuela José Antonio Rámos Sucre lo ponía como un buen ejemplo de prosa.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Huevos chimbos

Huevo chimbo y una generosa ración de Mousse au Chocolat
Este fin de semana nos reunimos en casa de mi hermano para celebrar el día de la Chinita. Con mi cuñada Elia cuadramos el menú maracucho: macarronada de pollo, ensalada piragüera y plátanos al caramelo. Le dije que le llevaría unos huevos chimbos hechos en casa para complementar la zulianidad.

El huevo chimbo, uno de los postres emblemáticos de Maracaibo, probablemente tiene sus orígenes en el Siglo de Oro español. No es, pues, una creación puramente venezolana, ya que se le consigue bajo diversos nombres en varios países de América Latina, tales como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Guatemala, México y Paraguay. Consiste básicamente en yemas de huevo batidas, cocinas al vapor y terminadas en un almíbar ligero.

Originalmente se hacían usando como molde las cáscaras vacías de huevo, que luego se colocaban sobre paja u hojas de mazorca de maíz para cocinarlas al vapor. Luego surgió la "chimbera", que es una olla provista de una placa perforada donde van colocados unos moldes y una tapa. Yo los hago en una olla al vapor con unos moldes de acero inoxidable -o unas tazas pequeñas de porcelana-,y el resultado es muy satisfactorio. Seguiremos la receta que nos da Armano Scannone en Mi Cocina a la manera de Caracas (libro rojo)

HUEVOS CHIMBOS
20 a 24 unidades, dependiendo del tamaño de los huevos

Ingredientes:

  • 12 yemas de huevo
  • Mantequilla para engrasar los moldes
  • 3 tazas de agua
  • 2 tazas de azúcar
  • 1/4 de cucharadita de esencia de vainilla
  • 3 cucharadas de ron blanco o coñac


Preparación:

  1. Se ponen los amarillos de huevo en el recipiente de una batidora eléctrica y se baten a alta velocidad por 12 minutos hasta que formen una crema de color amarillo claro.
  2. Con una brocha de cocina se untan los moldecitos con mantequilla
  3. Se llenan los moldes hasta la mitad con huevo batido
  4. Se ponen a cocinar al vapor con el agua ya hirviendo. Se cocinan (tapados) por 10 minutos a fuego fuerte hasta que al introducirle una aguja, ésta salga seca. Se sacan de los moldes con la ayuda de un cuchillo y se ponen aparte.
  5. Por otra parte, en una olla se prepara un almíbar poniendo a cocinar el agua con el azúcar. Se lleva a un hervor y se cocina a fuego fuerte por unos 15 a 17 minutos. Se pone a fuego mediano, se agregan los huevos y se cocina todo por 5 minutos más para que penetre el almíbar. Se colocan en una dulcera.
  6. Al final se mezclan la esencia de vainilla y el coñac o ron a una parte del almíbar. Se devuelve la nezcla al envase que contiene los huevos chimbos.
  7. Se dejan enfriar y se meten en la nevera.


Nota:

  • Mientras se hacía el almíbar, adicioné una raja de canela, que retiré antes de agregar los huevos. Les da un aroma interesante. En vez de ron o coñac, le puse un buen brandy español.
  • Generalmente se comen solos o con manjar blanco. Elia tenía preparada una exquisita Mousse au Chocolat  que sabía a gloria. Otro día le pido la receta.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Efebos de provincia

Alcaraván



EFEBOS DE PROVINCIA


Pasan por la avenida, con intento
i dengue mujeril: cínico gaje.
Sus cabellos, en forma de plumaje,
brillan con lustre de oloroso ungüento.

En la garganta, i a merced del viento,
pañuelo lucen de bordado encaje;
i, cual plumón de alcaraván, el traje,
pintas brunas en fondo ceniciento.

Tal la pareja, con chapines blancos,
la redondez activa en sus flancos;
de sus maneras de mujer se engríe.

I como sueña lujuriosos planes,
camina como un par de alcaravanes
i como un par de alcaravanes ríe.



Fuente: Udón Pérez. Ánfora criolla
Gobernación del Estado Zulia, Maracaibo, 1951


miércoles, 30 de octubre de 2013

Edipo en Maracaibo

Panteón de Jesús Enrique Lossada en el cementerio Cuadrado de Maracaibo.
Allí también yacen los restos de su idolatrada madre, María Luis Lossada
Foto tomada de www.equilibrioinformativo.com

Hace casi dos años se propuso el traslado de los restos del intelectual zuliano Jesús Enrique Lossada del Cementerio Cuadrado de Maracaibo, donde reposan, al Panteón Regional del Estado Zulia. Según me contó una viejita maracucha, los familiares de Lossada se habrían opuesto, por cuanto en las disposiciones testamentarias de Jesús Enrique hay una disposición en la que exige permanecer sepultado junto a su madre María Luisa. Si esa fue su última voluntad, ella se debe respetar, creo yo.

En estos días, conversando con Jesús el Librero sobre este caso, y lo que desde niño supe del Dr. Lossada, me pidió que escribiera algo sobre el tema. Me pone en un compromiso porque nuestra conversación incluyó una larga cita del libro El príncipe negro de Norberto José Olivar, que ya reseñamos hace un tiempo (aquí), novela que sigo recomendando ampliamente por la riqueza de su contenido. La cita fue la siguiente:
Ismael E. Urdaneta (1885-1928) con uniforme
de Legionario. Obtuvo varias condecoraciones:
Cordón de Honor al Mérito de la Legión Extranjera;
Medalla Interaliada;  Medalla de Verdún,
y Distintivo de Herida.
- La obligación del decadente es el suicidio -dijo el poeta Ismael Urdaneta a su hermano, Arístides, minutos antes de pegarse un tiro en la cabeza con su arma reglamentaria de la Legión Extranjera.
-¿De dónde sacas esa tontería, Ismael? -replicó el otro por el fatal anuncio.
Arístides  trató de reconfortar a su hermano, pero sabía que era inútil. Ismael estaba enloquecido por la sífilis. Por eso salió de la habitación con el peso del luto sobre sus hombros, seguro de que el revólver estaba a mano, dispuesto y la decisión tomada bajo la "guía espiritual" del poeta Anatole France, quien sirvió de "psicopompo", el rol que desempeña Ixtab para guiar a los suicidas al paraíso.
El poeta Ismael Urdaneta se mató el 29 de septiembre de 1928. Un mes antes, pero pasados veinte años, el poeta y rector de la Universidad del Zulia, Jesús Enrique Lossada, se suicidaba a la misma hora.
Jesús Enrique Lossada
(1892-1948)
Lossada tenía por poeta de cabecera al mismísimo France y era admirador de Urdaneta por haber muerto a mano propia. Al lado del cadáver de Lossada, ¿casualidad?, se encontró un ejemplar de Poemas áureos.
El poeta y rector había quedado aturdido con la muerte de su madre María Luisa. Siempre se ha dicho que padecía el complejo de Edipo. Y por razones que desconozco, suelo imaginar a Lossada vestido con las ropas de su madre fallecida mirándose, extraviado, en un espejo de cuerpo entero, tratando de invocar su espíritu.
Tras mis indagaciones y sospechas, pensando en la forma tan misteriosa y repentina en que enfermó -dizque por extenuación, cosa absurda considerando que la universidad de aquellos días era más pequeña que un liceo de los de ahora-, y el hermético cerco que sus discípulos desplegaron durante su agonía, tengo la certeza de que el poeta-rector decidió envenenarse al estilo de Madame Bovary. Pero no se piense que fue una decisión repentina. El atormentado poeta-rector venía acariciando la idea de la autoliquidación desde hacía tiempo y lo anunció en su poemario Madréporas:
Una vez que pasaste por mi ruta
a compás de tus prédicas macabras
me ofreciste la copa de cicuta.

Y yo la apuré toda, fui tu amigo,
y el alma me enfermé con tu palabras
de una letal dolencia que maldigo.
Llegado a este punto, voy a proponer la creación de una nueva categoría de autores, denominada "escritores psicopompos": aquellos que han trabajado la idea de la muerte, en todas sus formas, y servido de facilitadores a otros para morir a mano propia. Son una especie de palabreros funerarios, un servicio de eutanasia literaria de vieja data.
Licencias literarias aparte, a Jesús le gustó la cita y lo que me contaban mi abuela y tías sobre Jesús Enrique y doña María Luisa. Difícil debió ser la vida de esta pequeña familia en una sociedad conservadora como la marabina de finales del siglo XIX. El muchacho era hijo de María Luisa, joven de buena familia, y el presbítero José Tomás Urdaneta; amor prohibido y sin esperanzas.

Plaza Baralt y Botica Nueva, Maracaibo
Todo Maracaibo sabía la historia y las malas lenguas decían que la muchacha sonsacó al cura del confesionario (y otras agregaban que ella misma se dedicó a contarla) ¿Le habrá puesto una pistola en la cabeza?. El padre Urdaneta bien ha podido respetar sus votos de celibato. El niño Jesús Enrique seguro fue víctima de la crueldad de sus compañeros de escuela. Su madre lo llevaba a misa celebrada por su padre, y él se resistía al rito. Las adversidades de la vida y la dedicación de su madre lo llevaron a ser uno de los intelectuales mejor formados de Venezuela: académico, escritor, abogado, docente, parlamentario y en todas sus actividades mostraba firmes principios éticos y morales. A él se debe el renacer universitario del Zulia, al haber luchado por la reapertura de la LUZ, de la cual fue el primer rector.

Me contaba la abuela, haciéndose la señal de la Cruz, que, ya adulto, Jesús Enrique luego de la firma agregaba como un lema: "Enemigo personal de Jesucristo" -Ave María purísima-. ¿Será cierto?  Luego de 121 años las cosas se ven diferentes.

Dejo aquí un soneto escrito por Jesús Enrique Lossada en recuerdo de su madre difunta. Espero que sea del agrado.

MARIA LUISA LOSSADA


Traspusiste el umbral del reino obscuro,
Y es vano que hacia ti los brazos tienda…
¡Como expresar esta aflicción tremenda,
Oh madre mía del amor más puro!


Tal vez bordada en flores, tras el muro
Negro del Más Allá, se abre tu senda,
Y suave aurora su fanal encienda
Sobre el inmenso piélago inseguro…

Pero si todo es polvo, y humo, y viento,
Si te perdí cual lumbre fugitiva,
Dentro de mi dolor te hallo y te siento.

¡Que, de mi amor filial dulce cautiva,
Alumbras sin cesar mis pensamientos
Y estás en mi recuerdo rediviva.



Para leer un poema del bardo vanguardista Ismael Urdaneta ingresar por aquí.

Interior del Panteón Regional del Estado Zulia, Maracaibo

martes, 13 de agosto de 2013

Maracaibo, de una antigua revista

Vista antigua del puerto de Maracaibo
Colección Kurt Nagel von Jess

MARACAIBO

a Eduardo López Rivas

Cómo olvidarte, sirena ardiente
si fue en tu seno la vez primera
que, al sol ardiente,
de frescos nardos y enredadera
bella corona lució mi frente!

Cómo olvidarte con mi cariño,
si fue en tu seno y en tu regazo
que, alegre niño,
bajo mis blancos sueños de armiño,
de tierna madre sentí el abrazo!

Cómo olvidarte mi pensamiento,
cómo no hablarte la poesía
del sentimiento,
hoy que semeja la vida mía
la parda nube que lleva el viento!

Reina del lago! la musulmana
virgen risueña de aquesta zona
de luz y grana,
no el brillo empañes de tu corona
ni tu cimera de noble indiana!

Viste tu regia gasa de oro,
ciñe tu casco de índicas plumas,
multicoloro,
tú que, cual Venus, de las espumas,
surjiste de entre lago sonoro.

Campo de rosas, enhiesta palma,
desde estas playas donde te canto
te llora el alma;
llora, si lloras por tu quebranto;
llora si pierdes tu dulce calma.

Perla entre conchas, lumbre del prado,
desde estas playas donde perdido
tanto he llorado, 
sabrás, oh Patria! que no te olvido,
pobre viandante de ti alejado.

Sabrás que al soplo de tu memoria,
mientras serena brilla la luna,
para tu historia
pido una vida sin sombra alguna,
pido a la fama su luz de gloria.

Reina del lago! bebe en la fuente
donde tus héroes amor bebieron,
y del nitente
laurel egregio que te tejieron,
alza ceñuda la pura frente!

Por Manuel María Bermúdez Ávila

Plaza Baralt. En primer plano el tranvía Maracaibo-Los Haticos
Tomada de www.panorama.com.ve

Esta mañana, luego de darlo definitivamente por perdido, reapareció mi copia de El Zulia Ilustrado, de donde extraje el poema de Manuel María Bermúdez Ávila que acabamos de leer, respetando como acostumbro la ortografía y puntuación del original. El poema está dedicado a Eduardo López Rivas, quien fue el editor y promotor de esta aventura editorial.
Fue ésta una revista mensual que circuló entre octubre de 1888 y noviembre de 1891, en la que aparecían interesantes artículos de historia, biografías, literatura, ciencia y tecnología, como una muestra del progreso experimentado por el Zulia en los diversos aspectos. Las mejores plumas zulianas y venezolanas vieron insertas en sus páginas los más ilustrativos artículos, acompañados por grabados y viñetas de exquisito gusto, que hace de ella una buena muestra del progreso de las artes gráficas en Maracaibo, conocida entonces como la Atenas de Venezuela.
Lamentablemente, el ejemplar que poseo -y que hoy he recuperado-, no es un original, sino que corresponde a una edición fascimilar editada en 1980 por la Fundación Belloso (del Banco de Maracaibo, hoy desaparecido), para conmemorar "el sesquicentenario de haber ocupado el General Urdaneta la Presidencia de Colombia, la grande". Sin embargo, el tomo conserva el mismo sabor y encanto que la revista de finales del siglo XIX. Ya volveremos a él.
Tomada de www.skyscrapercity.com