En esta bitácora encontrarás de todo un poco: libros, textos literarios, gastronomía, historia, música, y otras cosas que pueden ser de tu interés. Tómalo como una visita a mi biblioteca, de donde sale casi toda la información. Paséate por los artículos y, si lo deseas, deja un comentario.
Quesos de Auverne, entre ellos el famoso Cantal y el Bleu d'Auvergne
Hoy, que no tengo muchas ganas de transcribir textos, voy a presentar unas piezas del autor francés Joseph Canteloube de Malaret (1850-1957). Son pequeñas joyas musicales que guardan todo el espíritu campesino de Auvergne, cantadas en el dialecto local. Las descubrí durante mis paseos por las diversas discotiendas de Ottawa, Canadá, y desde entonces me atraen. Espero sea del agrado de los fieles lectores de esta bitácora.
La primera grabación está a cargo de la soprano española María Bayo, acompañada de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Presenta una de las canciones más apreciadas y populares: Baïlèro.
La misma pieza, esta vez en interpretación de la soprano francesa Madeleine Gray, en una grabación de 1930 y otra más de gusto celta (Parte I). A pesar de su edad, esta grabación continúa siendo atractiva.
Y la serie completa, interpretada por Vèronique Gents 1
y 2
¡Qué rico sería pasarse una tarde escuchando estas canciones auvergnattes mientras nos deleitamos con especialidades regionales!
Aquí les dejo una receta para ver si se animan... La traduje con cariño.
PATÉ AU POMMES DE TERRE (Pastel de papas)
Se corta tocino o jamón en lardons de 3 mm de espesor. Se les blanquea en agua en ebullición.
Se extiende la pasta o masa (se trata de la pâte brisée) con la ayuda de un rodillo y tapizar un molde para pasteles (tourtiére) de unos 18 a 20 cm de diámetro, dejando un exceso de 2 cm de masa por los bordes.
Se pelan las papas, se lavan y secan bien y se cortan en láminas finas.
Se coloca una capa de papas sobre la masa y se sazona con sal, pimienta, nuez moscada, un poco de cebolla picadita y lardons. Se repiten las capas en número de 3 o 4, hasta que se acabe el relleno..
Se extiende la otra mitad de la masa y se coloca como tapa, dejando también que sobre de los bordes. Se coloca, mojando ligeramente las orillas, mientras se hace un repulgue (torsade) hacia el centro del molde, se pincha estye repulgue con la ayuda de unas tijeras para decorarla, y si se desea, se cortan con un cuchillo formas que se colocarán sobre la pasta.
Se pinta con una yema de huevo. Se abre un hueco en el centro de la tapa para permitir la evaporación.
Llevar al horno suave por unas dos horas; cubrir con papel de aluminio si la tapa dora demasiado.
Una vez cocido, se corta la tapa y se la retira para espolvorearlo con finas hierbas y crema fresca. Se vuelve a colocar la tapa y se recalienta al horno por unos 15 minutos.
Clitemnestra y Agamenón, por Pierre Narcisse Guerin
Desde la antigüedad, la cultura occidental distingue a Penélope, esposa de Ulises, como una mujer virtuosa, y presenta varios ejemplos de mujeres malas o corrompidas. Entre las malas está Medea, la bárbara hechicera y filicida, y Clitemnestra, la espartana que, con furia asesina, le cae a hachazos al su marido al salir del baño, o durante un sacrificio. ¿Sería en verdad tan mala Clitemnestra? ¿O sería más bien un instrumento de los dioses? Tal vez sea simplemente una esposa vengativa cansada de ofensas.
Veamos el caso revisando lo que nos dice Higinio en sus Fábulas mitológicas (Alianza Editorial, Madrid, 2009):
Júpiter, transformado en cisne, se unió a Leda junto al río Eurotas y de él engendró a Pólux y a Helena; de Tindáreo engendró a Cástor y a Clitemnestra.
... (Tindáreo) entregó a Clitemnestra por esposa a Agamenón, hijo de Atreo. Llegados desde las ciudades, muchos pretendientes pedían en matrimonio a Helena por su espléndida belleza.
Helena, por Dante Gabriel Rossetti
Tindáreo recelaba que Agamenón repudiara a su hija Clitemnestra y temía que, por ese motivo, surgiera alguna discordia. Aconsejado por Ulises, se obligó por medio de un juramento y dejó a Helena la decisión de poner una corona a aquel con quien quisiera casarse.
Ella la puso sobre Menelao, Tindáreo se la dio por esposa y, a su muerte, entregó el trono a Menelao.
A simple vista, parece un buen arreglo matrimonial; Agamenón era rey hegemón de la poderosa Micenas, y Helena, siempre coqueta, escogió un marido a su gusto. Lo que no sabían Leda y Tindáreo es que con el arreglo matrimonial llegaba un vicio oculto. Los Pelópidas eran mal vistos de los dioses por crímenes tales como canibalismo, violación e incesto y llevaban una maldición a cuestas. Pero al principio todo fue felicidad. Clitemnestra, mujer de carácter fuerte, congeniaba bien con Agamenón, mientras que el suave Menelao disfrutaba de una esposa bella y sin mucho talento, pero que le dio el trono de Esparta. Todo bien hasta que Alejandro Paris llega a Esparta en misión oficial desde la lejana Troya y se lleva a la casquivana Helena.
Menelao, desolado, recurre a su hermano Agamenón para hacer cumplir a los aqueos el juramento de asistencia mutua que se acordó a intancias de Ulises el día del compromiso y comienza la guerra de Troya. Las guerras nunca resultan tan fáciles como desean los beligerantes y esta no fue excepción. Una torpeza de Agamenón causó la ira de Diana:
Agamenón y Menelao, en compañía de caudillos escogidos de Acaya, marchaban a Troya en busca de Helena, la esposa de Menelao, a la que Alejandro Paris se había llevado; pero una tempestad, desatada por la cólera de Diana, los retenía en Áulide, porque Agamenón había alcanzado a una de sus ciervas en una cacería y había hablado con mucha arrogancia contra Diana.
Ifigenia en Áulide, fresco romano. La joven es llevada al sacrificio, su madre,
Clitemnestra gime en un rincón, y desde los cielos baja Diana con una cierva para
el intercambio.
Tras convocar a los arúspices, Calcante respondió que la única de aplacar a la diosa era sacrificar a Ifigenia, la hija de Agamenón. Ésta, al oírlo, al principio se negó.
Entonces Ulises con sus consejos lo convenció para llevar a cabo un espléndido plan. El propio Ulises fue enviado con Diomedes para llevar a Ifigenia. Cuando llegaron en presencia de Clitemnestra, Ulises fingió que la iban a entregar a Aquiles en matrimonio.
Cuando la condujo a Áulide y su padre estaba a punto de sacrificarla, Diana se apiadó de la doncella, los envolvió en una oscuridad y puso una cierva en su lugar, la llevó por las nubes a la tierra Táurica y allí la hizo sacerdotisa de su templo.
La tierra Táurica es Crimea, donde los nativos acostumbraban sacrificar extranjeros a sus dioses. Más adelante a la sacerdotisa Ifigenia le tocará la difícil tarea de sacrificar a su hermano Orestes, mas lo reconoce y lo salva. Otro día trataremos el tema. Bástenos con saber que Clitemnestra jamás perdonó a su marido este cruel engaño. Tal vez no era tan mala ¿No?
Termina la guerra con la destrucción de Troya. Los Aqueos regresan a la patria, pero los dioses, disgustados por las atrocidades cometidas, les deparan sorpresas. Cada uno tuvo su justo castigo y al final llegan los dorios con armas de hierro que causan el fin de la edad de bronce. La sorpresa para Agamenón fue brutal. Su mujer había tomado como amante al primo Egisto y juntos se preparan para recibir al héroe triunfante:
Clitemnestra mata a Casandra, hija de Príamo de Troya
Clitemnestra, hija de Tindáreo y esposa de Agamenón, oyó decir a Éax, hermano de Palamedes, que Agamenón llevaba a Casandra como concubina, una mentira con la que pretendía vengar las injurias de su hermano. Entonces Clitemnestra, en compañía de Egisto, hijo de Tiestes, concibió el plan de asesinar a Agamenón y a Casandra. Lo asesinaron con un hacha mientras realizaba un sacrificio con Casandra.
Egisto, hijo de Tiestes y criado por una cabra (de allí su nombre) era primo hermano de Agamenón, por cuando su padre era hermano de Atreo. Era de la casta maldita de los Pelópidas. El cuento es largo y próximamente hablaremos de ellos con su torva historia de canibalismo, violación e incesto. POr ahora, sirva esta breve reseña para presentar la ópera Elektra Op. 58, de Richard Strauss, en ella vemos a la familia de Agamenón y Clitemnestra después del asesinato. No deja de ser interesante y terrífica. La duracióin es de 103 minutos de buena música postromántica
Faetonte cae fulminado al río Po, por Hendrick Goltzius
Hoy visitaremos a un personaje casi totalmente olvidado, a pesar de sus hechos y aparatosa caída. Me refiero a Faetonte, o Faetón, nieto del Sol y que tuvo una aventura insólita y breve. Lo haremos de la mano de Higinio en su obra Fábulas mitológicas (Alianza Editorial, Madrid, 2009):
Caída de Faetonte. Al pie, sus hermanas, las
Helíades, se convierten en álamos.
Faetonte, hijo de Clímeno, hijo del Sol, y de la ninfa Mérope -a quien consideramos una Oceánide-, al haberle revelado su padre que su abuelo era el Sol, le pidió su carro, pero hizo mal uso de él.
Pues, al conducirlo muy cerca de la tierra, todo se incendió con el fuego cercano y, golpeado con un rayo, cayó al río Po. Este río, que Ferecides fue el primero en nombrar, es llamado Erídano por los griegos.
A su vez, los indios, como su sangre adoptó un color oscuro con el calor del fuego cercano, se convirtieron en negros. Las hermanas de Faetonte, mientras estaban llorando la muerte de su hermano, se transformaron en álamos.
Sus lágrimas, como indica Hesíodo, se solidificaron en ámbar; y son llamadas Helíades. Son Mérope, Helia, Egle, Lampetia, Febe, Eteria y Dioxipe.
Cicno, rey de Liguria, que era pariente de Faetonte, mientras lo lloraba, se convirtió en cisne. Este, al morir, también canta de modo lastimero (154, 1-5).
La historia figura entre las Metamorfosis de Ovidio y fue objeto de una Sinfonía en Do Mayor (La caída de Faeton) de Carl Ditters von Dittersdorf (1739-1799), de la cual escucharemos un fragmento a continuación:
La caída de Faetonte, por Hans von Aachen
En el cuadro vemos a la cuádriga del Sol despeñándose, a las hermanas convirtiéndose en álamos
y al rey de Liguria convertirse en cisne.
Ayer supe la noticia que le ha sido otorgando un premio Grammy a don Juan Vicente Torrealba, quien ya cuenta con 97 años de edad, mente lúcida y en buenas condiciones físicas. Anuncia que asistirá a la premiación a finales de años si la salud se lo permite, puesta ya tiene xcasi 100 años y a esa edad la saqlud no es la misma, que cuando su público llegue a esas edad, sabrá lo que quiere decir.
Es premio es más que merecido. Torrealba fue uno de los primeros en rescatar la música venezolana y revalorizarla, enriqueciendo su repertorio con numerosas composiciones que dieron la vuelta al mundo.
Para celebrar, escuchemos Concierto en la llanura, quizá una de sus composiciones más conocidas:
Cadmo, hijo de Agénor y de Argíope, tuvo de Harmonía, hija de Marte y Venus, cuatro hijas, Sémele, Ino, Ágave, Autónoe, y un hijo Polidoro.
Júpiter quería acostarse con Sémele y, cuando Juno se enteró, adoptó la apariencia de la nodriza Béroe, se presentó ante ella y la persuadió para pedir a Júpiter que se presentase ante ella del mismo modo que ante Juno, "para que sepas", dijo, "qué placer es yacer con un dios".
Por tanto, Sémele pidió a Jupiter que acudiera a ella de ese modo. Para complacerla, Júpiter llegó con rayos y truenos, y Sémele se abrasó. De su vientre nació Líber, a quien Mercurio sacó del fuego y se lo entregó a Niso para que lo criara. En griego fue llamado Dioniso.
Para esta semana escucharemos, de la ópera Sémele, de Georg Friedrihc Händel, dos arias relacionadas con el breve relato de Higinio. Sémele, siguiendo los consejos de Hera (recibidos a través de Iris), se dispone a pedir a Zeus que se presente en toda su gloria y esplendor. La primera de ellas, "Endless pleasure, endless love" (Infinito placer, infinito amor), son las aspiraciones de la ambiciosa Sémele que ya se ve disfrutando en grande. La otra, "Myself I shall adore" (Me adoraré a mí misma), une la vanidad a la ambición. Ambas arias a cargo de la soprano Kathleen Battle.
La primera, Endless pleasure, endless love, con la English Chamber Orchestra, bajo la dirección de John Nelson.
La segunda, Myself I shall adore, corresponde la la famosa presentación de la ópera handeliana en el Carnegie Hall, en 1985.
Hace días que no subo a esta bitácora algo de mi música favorita. Hoy quiero compartir una pieza de Carlo Gesualdo da Venosa (1566-1613), noble renacentista italiano, intérprete del laúd y compositor de música sacra y madrigales de primera línea. Si el azar no lo hubiera llevado a cometer un asesinato, estuviéramos privados de su música. Lo conocí en Canadá a través de un álbum titulado Tenebrae y luego me puse a explorar su repertorio: cinco libros de madrigales a capella; uno de madricales a seis voces, otro de Sacrae Cantiones, Oficio de Tinieblas para Semana Santa y cuatro motetes a María. Hay incluso interpretaciones modernas que no le quedan nada mal.
El perdón de Gesualdo, por Giovanni Balducci (fragmento)
Es un cuadro sobre el Juicio final comisionado por el príncipe
para la Capilla de Santa Maria delle Grazie
Cuando leí que la causa de su retiro de la vida mundana había sido el asesinato doble de su esposa y del amante de ésta encontrados in flagrante delicto fragante, me lo imaginaba clavándolos al tálamo mancillado como un entomólogo lo hubiera hecho con unas mariposas o unas cucarachas. La cosa fue más sanguinaria.
Carlo no era cualquier noble era sobrino de los cardenales (San) Carlos Borromeo y Alfonso Gesualdo (arzobispo de Nápoles), así como sobrino nieto del Papa Pío IV. Al morir su hermano, queda con el mayorazgo, títulos y derechos familiares. En 1586 contrajo nupcias con su prima María de Ávalos, hija del duque de Pescara, cuatro años mayor que el novio. María pronto se enamora del Duque de Andria y Conde de Ruvo, Fabrizio Carafa, también casado. Como buen napolitano, Carlo sospecha algo y decide montarles una trampa. Le dice a la prima María que iría de caza por dos días, pero en vez de lanzarse a la cinegética, se quedó en casa y esperó hasta que los encontró en plena faena. Carlo mató a la feliz pareja y luego descuartizó lo cadáveres. Esto sucedió el 17 de octubre de 1590.
El mismo Carlo se presenta ante el Virrey de Nápoles, Juan de Zúñiga Avellaneda y Bazán y le refiere lo sucedido. De acuerdo a la ley y la costumbre, este crimen de honor no era punible. Sin embargo el Virrey le aconseja que, para evitar la vedetta de los familiares de las víctimas. Toma nota Carlo de este sano consejo y se retira a su castillo de Gesualdo y con eso se cierra el caso.
Tres años después contrae nupcias con Leonor D'Este, hija del Duque de Ferrara. Las infidelidades de Carlo hicieropn fracasar este segundo matrimonio. Tuvo dos hijos uno de los cuales murió asfixiado (se rumoraba que él era responsable) y luego se dedicó a sacarse el diablo del cuerpo a través de la flagelación con muchachos. Luego de una de estas sesiones, se le encontró muerto y desnudo, tal vez asesinado por alguno de estos muchachos.
Escogí para mostrar algo de su música, el Miserere mei Deus, a cinco voces, en interpretación de la Oxford Camerata, bajo la dirección de Jeremy Summerly. Espero sea del agrado.
LETRA
Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam.
Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam.
Amplius lava me ab iniquitate mea: et a peccato meo munda me.
Quoniam iniquitatem meam ego cognosco: et peccatum meum contra me est semper.
Tibi soli peccavi, et malum coram te feci: ut justificeris in sermonibus tuis, et vincas cum judicaris.
Ecce enim in iniquitatibus conceptus sum: et in peccatis concepit me mater mea.
Ecce enim veritatem dilexisti: incerta et occulta sapientiae tuae manifestasti mihi.
Asperges me hysopo, et mundabor: lavabis me, et super nivem dealbabor.
Auditui meo dabis gaudium et laetitiam: et exsultabunt ossa humiliata.
Averte faciem tuam a peccatis meis: et omnes iniquitates meas dele.
Cor mundum crea in me, Deus: et spiritum rectum innova in visceribus meis.
Ne proiicias me a facie tua: et spiritum sanctum tuum ne auferas a me.
Redde mihi laetitiam salutaris tui: et spiritu principali confirma me.
Docebo iniquos vias tuas: et impii ad te convertentur.
Libera me de sanguinibus, Deus, Deus salutis meae: et exsultabit lingua mea justitiam tuam.
Domine, labia mea aperies: et os meum annuntiabit laudem tuam.
Quoniam si voluisses sacrificium, dedissem utique: holocaustis non delectaberis.
Sacrificium Deo spiritus contribulatus: cor contritum, et humiliatum, Deus, non despicies.
Benigne fac, Domine, in bona voluntate tua Sion: ut aedificentur muri Ierusalem.
Tunc acceptabis sacrificium justitiae, oblationes, et holocausta: tunc imponent super altare tuum vitulos.
TRADUCCIÓN
Ten piedad de mí, oh Dios, por tu gran bondad
De acuerdo con la multitud de tus piedades, elimina todas mis ofensas.
Lávame más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: que seas reconocido justo en tu palabra, y claro cuando sea juzgado.
He aquí, yo nací en iniquidad, y en el pecado de mi madre fui concebido.
Pero he aquí, que requieres la verdad en lo íntimo, y me haces entender la sabiduría secretamente.
Tú purifícame con hisopo, y seré limpio: Tú lávame y quedaré más blanco que la nieve.
Tú me haces oir hablar de gozo y alegría: como los huesos que han abatido mi regocijo.
No vuelvas tu rostro hacia mis pecados, y saca todas mis maldades.
Házme de un corazón limpio, oh Dios, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me alejes de tu presencia, y no tomes tu Espíritu Santo de mí.
O dame la alegría de tu ayuda nuevamente: Y afírmame con tu espíritu libre.
Entonces voy a enseñar tus caminos a los malos, y los pecadores se convertirán a ti.
Líbrame del pecado sanguíneo, oh Dios, Tú que eres el Dios de mi bienestar: Y cantará mi lengua tu justicia.
Tú me abrirás los labios, oh Señor, y mi boca mostrará tu alabanza.
Pues si hubiérais querido un sacrificio, yo os lo hubiera dado: pero no os deleitéis en los holocaustos.
El sacrificio de Dios es un espíritu quebrantado: un corazón contrito y roto, oh Dios, no lo desprecies.
Que seas favorable y benigno para con Sion: para que se edifiquen los muros de Jerusalén.
Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, con los holocaustos y oblaciones: entonces se ofrecen becerros sobre tu altar.
Hace unos días, Olmar, asidua lectora de esta bitácora me comentaba, a propósito de una leyenda caraqueña, un mensaje que había compartido con una amiga suya sobre el diablo suelto en Carora:
... entre los católicos existe una muy difundida creencia que cuando se acerque el final del mundo durante siete años no nacerá ningún niño, para evitar que sean juzgadas criaturas inocentes. Bien, en una región de Venezuela, Carora (si tienes curiosidad, está en el estado Lara) se dice que el diablo está amarrado a un árbol. Cuando por ahí pasa algún viajero el diablo le pregunta ai las mujeres aún paren. Y, ante la respuesta afirmativa, se enfurece, maldice y grita: "y seguirán pariendo" que repite una y otra vez, mientras el viajero huye al darse cuenta de quién es aquel al que ha encontrado...
Le prometí a Olmar escribir algo sobre la base histórica de esta leyenda. Esta mañana, mientras ponía un poco de orden en la biblioteca me encontré el el libro que se refiere al tema. Se trata de El diablo suelto en Carora; memoria de un crimen (Academia Nacional de la Historias, Caracas, 2007), trabajo de investigación del historiador Juan Carlos Reyes. Creo que lo compré hace unos años en la librería de la Academia, situada de San Francisco a Bolsa. Veamos lo que nos dice la contraportada:
En el año 1736 la ciudad de Carora se vio estremecida por un hecho sin precedentes. Los Alcaldes de la ciudad deciden apresar a algunos de los representantes de la Compañía Guipuzcoana que perseguían el contrabando en el llano venezolano y más en la ciudad de Carora que era su ruta de entrada -de allí su debe nombre El Portillo de Carora-; los representes de la compañía decidieron, en audaz acción nocturna, liberar a los detenidos; al mismo tiempo los Alcaldes reunieron cantidad de hombres para hacerles frente por lo que decidieron ampararse bajo el asilo de la Iglesia en la ciudad. El Obispo y los curas de la Iglesia niegan el acceso de los hombres de los alcaldes al recinto y estos hacen caso omiso por lo que son excomulgados; simultáneamente los hombres de los Alcaldes hacen entrada forzada a la Iglesia y sacan a los acusados y son fusilados delante de multitud de personas. Al Obispo no le quedó más remedio que afirmar que ese día se soltó el Diablo en Carora.
Redacción un poco extraña la que le da la ANH, pero nos hace ver el origen de la expresión. El Obispo al que se refiere no tenía sede en Carora, sino en Caracas. Su nombre era José Félix Valverde, Obispo de Caracas y Venezuela entre 1728 y 1741. El caso fue grave pues, además de los delitos de contrabando y agavillamiento, se agrega la profanación del convento franciscano de la ciudad. El término de "diablo suelto" calló primero en boca de los arrieros que lo incluyeron en sus coplas y poco a poco en el habla popular.
Hay un valse criollo de Heraclio Fernández, compositor nacido en Maracaibo en 1851 y muerto en La Guaira en 1886, titulado El Diablo Suelto, que escucharemos en interpretación a la guitarra por John Williams (!941- ), quien fue alumno del caroreño Alirio Díaz. Es un guitarrista clásico que siempre incluye en su repertorio alguna pieza venezolana. Entre su discografía se cuenta un álbum titulado El Diablo suelto, dedicado completamente a la música venezolana.
Lucrecia y Tarquino, por Victor Meirelles (1832-1903)
Cuando publicamos en esta bitácora el artículo Los Idus de Marzo (aquí), presentamos un personaje que, por su relevancia, marcó la historia de la Roma republicana y no desapareció con el Imperio. Se trata de Junio Bruto, que echo del trono a los reyes de Roma, instauró la República, de la cual fue su primer cónsul, y un régimen de libertades que perduró en el tiempo y aún es ejemplo de virtudes republicanas. Hoy contaremos sus historia y la de la honorable matrona Lucrecia, ultrajada por uno de los Tarquinos y, además, escucharemos la cantata La Lucrezia (HWV 145) de Georg Frideric Handel, en la voz de Dame Janet Baker, acompañada de la English Chaber Orchestra, bajo la dirección de Raymond Leppard.
La historia de Roma, en particular en sus principios, está llena de historias moralizantes, en la que se desdibujan los personajes reales y adquieren virtudes o vicios de proporciones mitológicas. El fin de ello no era otro que formar ciudadanos virtuosos. Nos dice Tito Livio Patavino: ...Lo principal y más saludable en el conocimiento de la historia es poner ante la vista, en luminoso monumento, enseñanzas de todo género que parecen decirnos: "esto debes evitar porque es vergonzoso pensarlo, y mucho más vergonzoso el hacerlo". Seguiremos a Tito Livio en nuestra historia, tal y como la presenta en Las Décadas (Historiadores latinos. EDAF, Madrid, 1970). Comenzaremos por Junio Bruto, un personaje que, como Claudio, se hizo el tonto para sobrevivir en un ambiente de perfidia.
Tarquino el Soberbio, que tiranizaba a todo el mundo y era ya una carga pesada para el pueblo se da aq la conquista de tierras y a construir obras suntuarias que dejaron en mal estado el erario público. Como en muchas historias de Roma, ésta incluye un prodigio:
Junio Bruto, fundador de la República romana
... una serpiente saliendo de una columna de madera, sembró el espanto en todos los habitantes de palacio, obligándoles a huir. No demasiado asustado, Tarquino al principio, sin embargo, abrigó serias preocupaciones para el futuro. Era costumbre consultar a los adivinos etruscos acerca de los presagios cuando éstos se manifestaban en público; pero como éste precisamente parecía amenazar a su familia, el rey decidió consultar al oráculo de Delfos, que era el más célebre del mundo. Como no conocía cuál sería la respuesta del dios, no se atrevió a dejar el cuidado de ir a recibirla a personas extrañas, y, en su consecuencia, envió a Grecia a dos hijos suyos, atravesando comarcas desconocidas entonces, y mares todavía más desconocidos. Aruncio y Tito partieron acompañados del hijo de Tarquinia, hermana del rey, llamado Junio Bruto, cuyo carácter era muy diferente del que aparentaba mostrar en público. Conocedor por los principales del Estado de que su tío, entre otros, había sucumbido víctima de la crueldad de Tarquino, este joven decidió desde aquel momento no revelar en su carácter ni en su fortuna absolutamente nada que pudiera disgustar al tirano y excitar su avidez; en una palabra, que se propuso buscar en el desprecio una seguridad que no había podido encontrar en la justicia. Fingió estar loco, entregando su persona a los caprichos y risa del rey, abandonando en él todos los bienes y hasta aceptando el injurioso calificativo de Bruto. Amparado en este nombre esperaba el libertador de Roma la realización de sus proyectos.
Los jóvenes cumplen su cometido y se presentan en Delfos y Junio Bruto "ofrece al dios un báculo de oro encerrado dentro de otro de cuerno hueco, emblema misterioso de su carácter". Pero los primos, que eran ambiciosos no se contentaron con saber lo que auguraba el oráculo y quisieron saber otra cosa:
... quisieron saber a cuál de ellos vendría a parar el reino romano; y se cuenta que desde el fondo del santuario contestó una voz: "Obtendrá el supremo mando de Roma aquel de vosotros, oh jóvenes, que sea el primero en dar un beso a su madre". Los Tarquinos exigieron absoluto silencio en lo referente a la respuesta del oráculo, para que su hermano Sexto, que había quedado en Roma, no se enterase de ella, y su ignorancia le hiciese perder las esperanzas de reinar; y en cuanto a ellos, dejaron que la fortuna decidiese cuál de los dos besaría el primero a su madre cuando regresasen. Pero Bruto había interpretado de diferente manera la voz de la pitonisa, y fingiendo caer al suelo, besó la tierra, madre común de todos los hombres...
De regreso a Roma, Tarquino había declarado la guerra a las rútulos, cuya capital era Ardea. Buscaba el rey apoderarse de las riquezas de este pueblo y reponer así el exhausto erario romano y de paso hacer algo de política interna. Los ardeatinos no fueron la conquista fácil que esperaba el rey de Roma y hubo de recurrirse a un largo asedio. Es en este contexto, cuando se produce la tragedia de Lucrecia y el fin de la monarquía. En una noche de tragos (festines y orgías, dice Tito Livio, era en entretenimiento de los Tarquinos), se ponen a comparar esposas. La bebida es mala consejera:
Lucrecia, por Lucas Cranach el Viejo (1472-1553)
(...) Un día en que estaban cenando en casa de >sexto Tarquino con Colatino, hijo de Egerio, recayó la conversación sobre las esposas, elogiando cada cual la suya. La discusión se prolongó y llegó a hacerse bastante agria; Colatino manifestó que no eran necesarias tantas palabras y que en pocas horas podrían convencerse de la superioridad de su esposa Lucrecia sobre todas las demás. "Somo jóvenes y vigorosos -añadió- montemos a caballo y marchemos a cerciorarnos por nosotros mismos acerca de los méritos de nuestras respectivas esposas. Como no nos esperan, las juzgaremos por las ocupaciones en que las sorprendamos". El vino les tenía excitados los ánimos, y todos los jóvenes exclamaron: "Partamos". Y salieron corriendo hacia Roma, a donde llegaron al oscurecer. De allí marcharon a Colacia, donde encontraron a las nueras del rey y a sus compañeras entregadas a las delicias de suntuosa cena; Lucrecia, por el contrario, se encontraba en lo más retirado del palacio hilando lana y velando con sus criadas hasta muy entrada la noche. Ésta, pues,, que obtuvo los honores de la disputa, recibió bondadosamente a los dos Tarquinos y a sus esposo, quien contento con su victoria, invitó a los príncipes a que permanecieran con él. Entonces Sexto Tarquino concibió el odioso deseo de poseer a Lucrecia, aunque tuviera que emplear el infame infame violencia para conseguirla, sintiendo excitada su vanidad, no solamente por la belleza de aquella mujer, sino también por su acrisolada virtud...
Pocos días después volvía Sexto a Colasia, ocultándose de Colatino y acompañado de un hombre solo. Como nadie podía suponer sus propósitos, le recibieron con suma benevolencia, y le llevaron después para que cenase en su habitación. Allí, quemado por los deseos y juzgando por el silencio reinante que todos dormían dentro del palacio, empuñó la espada y marchó hasta el lecho de Lucrecia, que ya estaba dormida; apoyando una mano en el pecho de aquella mujer, le dijo: "Silencio, Lucrecia, soy Sexto; llevo en mi mano la espada; si gritas, te mato". Despertó Lucrecia sobresaltada y muda de espanto, y encontrándose indefensa, vio la muerte que la amenazaba; Tarquino le declaró su amor, insistía, amenazaba y rogaba a la vez , sin omitir detalle alguno de los que pueden quebrantar el corazón de una mujer. Pero encontrándola firme en su resistencia, y que no se dejaba doblegar ni por el temor de la muerte, intentó asustarla con la pérdida de su reputación, diciéndole que después de matarla colocaría a su lado el cuerpo de un esclavo degollado, para simular que había recibido la muerte en el momento de consumar el más repugnante de los adulterios. Vencida la inflexible castidad de Lucrecia ante aquel temor, cedió a la lujuria del joven, alejándose éste enseguida,orgulloso con su triunfo sobre el honor de aquella mujer. Oprimida Lucrecia por el dolor, envió mensajeros a Roma y Ardea, diciendo a su padre y a su marido que se apresurasen a venir, acompañado cada uno por un amigo fiel; porque un acontecimiento espantoso exigía su presencia.
Sp. Lucrecio llegó acompañado de P. Valerio, hijo de Voleso, y Colatino, acompañado por Bruto (...) hallador (a Lucrecia) sentada en su habitación y sumida en profundo dolor. Al ver a los suyos, rompió en llanto, y al preguntarle su esposio si todo estaba a salvo, contestó: "No: ¿Qué bien puede quedar a la mujer que ha perdido su castidad? Colatino: huellas de un varón extraño manchan todavía tu lecho. Pero solamente mi cuerpo ha sido deshonrado: mi alma permanece pura y mi muerte lo demostrará. Juradme que no ha de quedar impune el adúltero: es Sexto Tarquino, que ocultando un enemigo bajo su exterior de huésped, vino la última noche con las armas en la mano, para robar un placer que debe costarle tanto como a mí, si es que sois hombres." Los dos le prometieron lo que deseaba, y procuraron endulzar su dolor, achacando toda la culpa al autor de la violencia; la animaban diciendo que el cuerpo no es culpable cuando el alma queda inocente, y que no existe la falta donde no aparece la intención. Entonces ella les dijo: "Vosotros decidiréis sobre la suerte de Tarquino; por mi parte yo, si bien me considero libre de culpa, no me perdono la pena, para que en lo sucesivo ninguna mujer que sobreviva a su deshonra no pueda invocar el ejemplo de Lucrecia". Después que hubo pronunciado estas palabras, se clavó en el corazón un cuchillo que llevaba oculto bajo el manto, y cayó muerta en el acto. El padre y su esposo lanzaron gritos de espanto.
Mientras se entregaban al dolor, Bruto arrancó de la herida el cuchillo ensangrentado , y, levantándolo en alto, exclamó: "por esta sangre tan pura antes de recibir el ultraje del odioso hijo de los reyes, juro y os tomo por testigos a vosotros, ¡oh, dioses!, que perseguiré a Lucio Tarquino el Soberbio, a su malvada esposa y a todos sus hijos, por el hierro, por el fuego y por cuantos medios encuentre a mi alcance, y que no he de consentir que ni ellos ni otros reinen jamás en Roma". Enseguida entregó el cuchillo a Colatino, y después a Lucrecio y a Valerio, que estaban asombrados ante aquel prodigioso cambio en un hombre que consideraban insensato. Repitieron el juramento que les dictó, y pasando repentinamente del dolor al deseo de venganza, siguieron a Bruto, que les llamaba a la destrucción de la monarquía...
Lo demás es historia: se expulsaron a los Tarquinos y a "la malvada esposa", quien no era otra que la famosa Tulia, sobre quien escribiremos otro día. Se instauró la República y un régimen de libertades que se mantuvo por muchos años, a pesar de los altibajos de la historia romana. La cosa no fue fácil, pero se logró.
Una de mis plantas de Flor de Mayo (Cattleya mossiae) con profusa floración...
¡LLEGÓ LA PRIMAVERA!
Llegó la primavera boreal, que en Venezuela se traduce en la floración de apamates, bucares, araguaneyes, caobos, orquídeas y otras especies que nos anuncian que se acerca el fin de la temporada seca. Esta mañana tarareaba para mi una bella canción primaveral venezolana: El campo está florido, de Telésforo Jaimes. La escucharemos en las voces del Colegio Fátima, de Maracaibo.
LETRA
El campo está brindando
aromas y colores;
los pájaros felices
se cuentan sus amores.
En el rocío del bosque
el cielo se retrata,
y el murmullo del río
se nos mete en el alma.
Llegó la primavera
con su gran armonía,
las aves son un himno
de dulzura y alegría.
El sol, que duerme
en los rosales,
entre los cafetales
despierta una ilusión.
Mil recuerdos que vagan sin cesar
cual paisajes en flor,
primaveras de luz
dentro de mi canción,
…cuántas veces si triste es el vivir
me regalan su amor fiel
y cuánta fe dan a mi corazón.
Aromas de primavera
Para escuchar la versión de Morella Muñoz, Marina Auristela Guanche, Jesús Sevillano, Rafael Suárez y Domingo mendoza, ingresar por aquí.
Orfeo. Mosaico romano, colección del Museo Regional de Palermo
El mosaico que encabeza este artículo representa a Orfeo, el citarista, encantando a las bestias con su suave música. Vemos allí animales europeos, africanos y asiáticos, pero eso es lo de menos si conocemos su historia que incluye un viaje al Hades para rescatar a su amada, la ninfa Eurídice, y otro a la Cólquide como uno de los argonautas que acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro. Que nos narre su historia Apolodoro en su Biblioteca mitológica (Alianza Editorial, Madrid, 2004):
De Calíope y Eagro, o de Apolo, según otra versión, proceden Lino, a quien dio muerte Heracles, y Orfeo, cultivador del canto al son de la cítara, con que conmovía a las rocas y a los árboles. Cuandom murió su esposa Eurídice, víctima de la modedura de una serpiente, descendió al Hades con la intención de hacerla volver, y logró persuadir a Plutón de que la enviara arriba. Éste se comprometió a hacerlo a condición de que Orfeo durante el camino no volviera la cabeza hasta que estuviera en su casa. Pero él, por desconfianza, se volvió y contempló a su esposa que de nuevo tuvo que volver abajo. También fundó Orfeo los misterios de Dioniso y está enterrado en Pieria, tras haber sido descuartizado por las Ménades. (Libro I, 2)
El mito de Orfeo ha sido objeto de la ópera desde el período Manierista. Una de las versiones más bellas es la de Christoph Willibald Gluck (1714-1787). Escuchemos el Aria Che faró senza Euridice, en la voz de Marilyn Horne. Orfeo llora desconsolado por la pérdida y sin saber que hará sin ella
LETRA
Che farò senza Euridice? Dove andrò senza il mio ben? Euridice, o Dio, rispondi! Io son pure il tuo fedele. Euridice! Ah, non m´avanza più soccorso, più speranza ne dal mondo, ne dal ciel.
Orfeo y Eurídice a las orillas de la Estigia, por John Roddam Spencer Stanhope (1878)
En estos día de agitación política y despertar ciudadano, abunda algo que dan por llamar "guarinbas", que no es otra cosa que unas barricadas improvisadas donde se amontonan basuras y escombros para impedir el tráfico de vehículos, acompañada de cacerolazos, pitos y consignas, es una forma de protesta política. Hoy Caracas se llenó de guarimbas y el tráfico era más escaso que un domingo en la tarde.
En el sentido clásico, según el Diccionario de venezolanismos (UCV-Academia Venezolana de la Lengua, Caracas, 1993) Guarimba tiene dos acepciones:
1. En el juego de gárgaro, lugar elegido para librarse de la persecución. 2 fig. Refugio, lugar para ponerse a salvo.
Desde mi apartamento he visto algunas de esa barricadas misteriosas que impiden el tráfico, incluso luego de la retirada de los manifestantes. Recuerdo una madrugada en que unos vehículos trataron de cruzar y tuvieron que devolverse a riesgo de sus vidas ¿Qué hubiera sucedido si los perseguían unos maleantes? Hoy a las 5 a.m. me despertó la batahola de los cacerolazos, la vuvuzelas, pitos y gritos de algunos parroquianos "guarimberos". En la tarde vi cómo una ambulancia de rescate coronario tuvo que regresarse al serle imposible llegar a su destino. ¿Qué habrá sucedido con el infartado?
Para calmarnos un poco los ánimos escuchemos Les Barricades Mystérieuses, de Francois Couperin (1668-1733), interpretada al clavecín por Scott Ross, lamentablemente fallecido en su mejor momento profesional.
En medio de tantas cosas y tanta agitación, nos deja para siempre, luego de larga y penosa enfermedad, don Simón Díaz, uno de los grandes de la música venezolana. En su memoria escuchemos algunos de sus éxitos.
Como hace tiempo no coloco en esta bitácora nada de mi música favorita, voy a compartir un álbum muy completo de Lieder de Gustav Mahler (1860-1911), interpretado por Dame Janet Baker, Hallé Orchestra, New Philharmonia Orchestra, bajo la dirección de Sir John Barbirolli. Es una de las grandes grabaciones del repertorio mahleriano que espero disfruten.
El contenido es el siguiente:
Kindertotenlieder (según Poemas de Friedrich Rückert) Grabado en 1967
Nun will die Sonn'so hell aufgehn (5'54")
Nun seh'ich wohl, warum so dunkle Flammen (5'08")
Wenn dein Mütterlein tritt zur Tür herein (5'17")
Oft denk'ich, sie sind nur ausgegangen (3'05")
In diesem Wtter, in diesem Braus (7'33")
5 Rückertlieder (según Poemas de Friedrich Rückert) Grabado en 1969
Blicke mir nicht in die Lieder (1'30")
Ich atmet'einen linden Duft (2'37")
Um Mitternacht (5'50")
Liebst du um Schönheit (2'22")
Ich bin der Welt abhanden gekommen (6'43")
Lieder eines fahrenden Gesellen (letra de Gustav Mahler) Grabado en 1967
Wenn mein Schatz Hochzeit macht (4'13")
Ging heut morgen ¨bers Feld (4'40")
Ich hab'ein glühend Messer (3'28")
Die zwei blauen Augen von meinen Schatz (5'02")
Dame Janet Baker, nacida en 1933.
Una de mis cantantes líricas favoritas
Me gusta escuchar a Mahler después de la medianoche, cuando todo está en clama, en especial el cancionero Lieder eines fahrenden Gesellen, que nos recuerda a la sinfonía N°1 de este compositor post-romántico vienés.
When flowers return, por Sir Lawrence Alma-Tadema (1911)
Hace un par de semanas me paseé por una librería que hacía tiempo no visitaba. U[na de las libreras, al verme, salió a saludarme con cariño y a conversar sobre libros. Los precios no estaban mal y el establecimiento es de aquellos que son amistosos con el cliente y puedes revisar con calma y sin presiones. Pues bien, entre las adquisiciones de ese día me encontré con un poemario que jamás pensé encontrar. Se trata de la edición íntegra de Las canciones de Bilitiis (Edicomunicación, Barcelona, 1999) del poeta belga Pierre Louys (1870-1925), traducido y prologado por Fracesc LL. Cardona. Le comenté a la amable librera que esos poemas habían inspirado algunas piezas notables de Claude Debussy y me decidí a comprarlo. Ya en casa comencé a leerlo y, mientras revisaba la historia de la ficticia Bilitis, se me ocurrió colocar algo de ella en esta bitácora.
Friné ante el Areópago, por Jean-Leon Gérome (1861)
Leamos algunos párrafos relacionados con la vida de Bilitis en palabras del bardo Pierre Louys:
Cuando ella sintió que nada la retenía en Mitilene, sino los recuerdos dolorosos, Bilitis hizo un segundo viaje; se instaló en Chipre, isla griega y fenicia como la misma Panfilia y que frecuentemente le recordaba el aspecto de su país natal.
Allí fue donde Bilitis volvió a empezar por tercera vez su vida, y de una forma que me será más difícil de admitir sin evocar hasta qué punto el amor era una cosa santa entre los pueblos antiguos. Las cortesanas de Amatonta no eran como las nuestras, criaturas decadentes exiliadas de toda sociedad mundana; eran jóvenes salidas de las mejores familias de la ciudad.. Afrodita les había concedido la hermosura y ellas se lo agradecían a la diosa consagrando al servicio de su culto su belleza reconocida. Todas las ciudades que poseían como las de Chipre un templo rico en cortesanas, tenían a la atención de estas mujeres los mismos cuidados respetuosos.
Afrodita Cnidia. Copia romana de la obra de Praxíteles, denominada Altemps o Ludovisi. Roma.
La incomparable historia de Friné, tal como Atenea nos la ha transmitido, dará alguna idea de aquella veneración. No es verdad que Hipérides tuviera necesidad de colocarla desnuda para doblegar el Areópago y no obstante el crimen fuera grande: pues había asesinado. El orador no desgarró más que la parte alta de su túnica y descubrió solamente los senos. Y él suplicó a los jueces "no condenar a la muerte a la sacerdotisa y la inspirada de Afrodita". Al contrario de otras cortesanas que salían vestidas con telas transparentes a través de las cuales aparecían todos los detalles de su cuerpo, Friné tenía la costumbre de recogerse incluso los cabellos en uno de estos grandes vestidos plisados de los que las figuritas de Tanagra nos han conservado e recuerdo.Nadie que no fueran sus amigos había visto sus brazos, ni sus espaldas, y jamás apareció en la piscina de los baños públicos.Pero un día sucedió una cosa extraordinaria. Era el día de las fiestas de Eleusis; veinte mil personas, llegadas de todos los países de Grecia, estaban reunidas sobre la playa cuando Friné se adelantó junto a las olas; se quitó su vestido, deshizo su cinturón y se quitó la túnica interior, "extendió su cabellera al aire y entró en el mar". Y en esa multitud estaba Praxíteles que, inspirado en esta diosa viviente, diseñó la Afrodita de Cnido y Apeles que entrevió la forma de su Anadyomena. ¡Admirable pueblo al que la Belleza desnuda podía aparecer sin excitar la risa ni la falsa vergüenza!
Las canciones de Bilitis, "pequeño libro de amor antiguo está dedicado respetuosamente a las jóvenes de la sociedad futura", es una colección de poemas creados por Pierre Louys y presentados como obra de Bilitis, una joven poeta de Panfilia, radicada primero en Lesbos y luego en Chipre. Relatan una serie de sentimientos del gusto del impresionismo francés: sentimientos íntimos, nostalgia por la ausencia del ser amado y la belleza perdida. En 1901 Pierre Louys quiso presentar un recital de doce se sus poemas y su amigo Claude Debussy compuso la música apropiada para la ocasión. Ésta tiene un carácter bucólico que no desentona con la obra literaria. Escuchemos Musique por accompagner la récitation de douze Chansons de Bilitis (1901), mientras leemos uno de los poemas:
LA MUERTE VERDADERA
Afrodita! Diosa despiadada, tú has querido que sobre mí también la juventud feliz con los bellos cabellos se desvanezca en algunos días ¡Ya estoy muerta de hecho! Me he mirado en mi espejo: no tengo más ni sonrisa ni lágrimas. El dulce rostro que amaba Mnasidika, ¡no puedo creer que aquél fuera el mío! Se puede decir que todo se ha acabado. ¡yo no he vivido cinco veces ocho años y me parece que nací ayer y ya he aquí lo que me falta decir: Nadie me amará más! Toda mi cabellera cortada, la he trenzado con mi cinturón y te la ofrezco, Chipriota eterna. No cesaré de adorarte. Éste es el último verso de la piadosa Bilitis.