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martes, 15 de julio de 2014

Bienvenida



BIENVENIDA

Para el alto poeta Andrés Eloy Blanco

Un poeta, que casi no existe,
de los que han quedado, como ayer dijiste,
aquí con sus llagas, que no olvida Dios,
perfumadas siempre de flor de poesía
un tierno e ingenuo saludo te envía
que por ser tan triste parece un adiós.

Desde mi sombrío y eterno retiro
esta tarde, el buque donde viajas, miro,
y sufro mirándote ante mí pasar,
pues quiero y no logro dar unas palmadas
con mis dolorosas manos mutiladas
que ya ni la pluma pueden empuñar.

No sé por qué, viendo tu buque, he pensado
en el barco en donde me vine abrumado
de la misma pena que debe sufrir
el que para siempre se ha despedido
de todas las cosas que más ha querido
con una infinita ansia de morir.

No creerás que, en tanto tu buque al golfo entra
acá en la ribera norte se encuentra
un bardo que mucho lamenta no estar
con el noble pueblo que hoy va a saludarte, 
para con el pueblo también aclamarte
con la voz que nunca habrás de escuchar.

Mientras que sus versos mi musa te canta
la queja que a veces sufre mi garganta
con una sonrisa logro contener;
y el corazón mío palpita más duro,
que a mí me da miedo, porque me figuro
que dentro del pecho se me va a romper.

Yo hubiera querido, hoy en mi ensimismamiento,
hacer, olvidando la pena que siento,
lo que en su clausura hace el ruiseñor,
que a pesar de su ansia de espacio y follaje
trina tan alegre como en el ramaje
que oyó sus primeras canciones de amor.

Llegas a tu cuna cuando muere el día
y nace la hora de la poesía.
Cuando más nos pesa del duelo la cruz,
y finge el lucero triste de la tarde,
en el cielo, un cirio fúnebre que arde,
y al sol que agoniza envía su luz.

¡Cómo evoco ahora tu gran "Canto a España"
que tanta belleza poética entraña!
Yo siento, evocándolo, el goce interior
que se siente ante una risueña pradera
donde hay mariposas, y por dondequiera
un pájaro vuela y se abre una flor.

En él las estrofas parecen diamantes
y fingen los versos hermosos cambiantes,
y todo el poema semeja un joyel.
No tienen las perlas más ricos fulgores,
ni pinta el paisaje con más bellas flores,
la luz que en el lienzo derrama el pincel.

Poeta: eterna será tu memoria.
Más grandes laureles reserva la gloria
para coronarte. Vé de ellos en pos,
mientras yo me quedo aquí con el alma
ya sin ilusiones y una sola palma
la que da a los mártires la mano de Dios.

Fuente:
Cruz Salmerón Acosta. 
La canción recóndita (Fundarte, Caracas, 2011)

Cuando Cruz Salmerón (1892-1929) compuso Bienvenida, Andrés Eloy Blanco regresaba a Venezuela laureado por su Canto a España. Eso sucedía en 1923. Quedaban pocos años de vida al poeta de Manicuare y, en efecto, la predicción de Cruz a Andrés Eloy se hizo realidad.

Poeta: eterna será tu memoria.
Más grandes laureles reserva la gloria
para coronarte. Vé de ellos en pos,
mientras yo me quedo aquí con el alma
ya sin ilusiones y una sola palma
la que da a los mártires la mano de Dios.

Para leer el Canto a España ingresar por aquí.

Habitación de Cruz Salmerón Acosta en Manicuare, estado Sucre.

viernes, 16 de mayo de 2014

A Jacinto Convit



En estos días murió, a los 100 años de edad, uno de los venezolanos más insignes. El Dr. Jacinto Convit García (1913-2014) fue un científico brillante y dedicado a su trabajo, que lo llevó a descubrir las vacunas contra la lepra o mal de Hansen, y contra la Leishmaniasis. Además realizó importantes desarrollos en materia de oncocercosis y micosis profundas. Postulado al Premio Nobel de Medicina en 1988 Recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1987 y la Legión de Honor de la República Francesa en 2011.

En recuerdo a su larga lucha contra la lepra, transcribo a continuación un poema de Cruz Salmerón Acosta, poeta sucrense, víctima del Mal de Hansen.


Chocho, el perro de la noche estrellada, por Francisco Munguía,
basado en un cuadro de Vincent van Gogh


EL PERRO


A Dionisio López Orihuela


Cuando me vine para mi destierro
un can vino conmigo,
y siempre para mí fue un buen amigo
y un compañero fiel, el pobre perro.

Él, que calles alegres recorría
a mi lado, en mis días de ventura,
vino también a hacerme compañía
en la tan prolongada y tan sombría
calle de mi amargura.

Largas horas pasó junto a mi puerta
echado sobre el suelo
en perenne desvelo
y hasta al más leve ruido, siempre alerta.

Otras veces, después de vana espera
el perro se dormía
como si por instinto comprendiera
que ninguno vendría
a consolar mi vida prisionera.

Y en las noches tan claras como el día,
a la luna lanzaba sus aullidos,
mientras yo prorrumpía
en versos a sollozos parecidos.

Hoy lo he visto morir, y no he llorado
por su viaje sin vuelta, ni siquiera
una lágrima, y he sufrido
pensando cuánto no habría aullado,
por un viaje cualquiera
que yo hubiese emprendido.

Me parece mirarlo todavía
fijando en mí con gran melancolía,
cual queriendo decirme que sentía
más dejarme en este mundo,
que la vida azarosa que él perdía.

¡Ah! Yo habría querido
pobre y noble animal,
en mis brazos tomarte
y cerrarte los ojos tan humanos
y cavarte una fosa con mis manos
y yo mismo enterrarte.

Y enterrándote echar sobre tu frío
cuerpo, puñados de tierra, perro mío,
con besos y con lágrimas mojados,
cual solemos hacer con los despojos
de esos humanos seres adorados
que enterramos con llanto en nuestros ojos.

Mas, como nada de eso he logrado
hacerte, sobre el lecho donde herido
estoy, muy triste un rato me he quedado
viendo la playa donde te has hundido.

Duerme por siempre junto al mar sombrío
que para mí tanta poesía encierra,
en tu lecho de tierra
por el cual con placer cambiaría el mío.


Cruz Salmerón Acosta (1892-1929)


lunes, 14 de enero de 2013

Poema de la espera de la muerte

El beso de la Muerte, por  Jaume Barba
Foto de Ángeles Céspedes, Barcelona.

Poema de la espera de la muerte

Cuando a mi lecho por la vez primera
la triste muerte se acercó enlutada,
con suplicante voz le dije:¡espera!
me ha prometido un beso mi adorada.

Deja, importuna, que amanezca el día,
irme no quiero con la noche obscura.
Espera unos instantes todavía,
que un beso nada más tampoco dura.

Y la enlutada, pálida y hermosa
por mi súplica amante, conmovida,
se alejó de mis labios y piadosa,
como esperanza me dejó la vida.

No quiero lauros, nada más un beso.
Ni prendas, ni tesoro codiciado,
quiero sentirme entre tus brazos preso
y más tarde yo diré, adiós, estoy pagado.

Todas las flores tienen un rocío,
todos los años tienen primavera,
déjame a solas con el sueño mío,
¡Oh, muerte!, buena amiga, espera.

Pasan los meses tristes y pausados. 
El dulce beso a mi cariño, niega;
y pensando en los labios dorados
le pregunto a la muerte, ¡cuándo llega!



Este poema de Cruz Salmerón Acosta no llevaba título. Su familia decidió nombrarlo Poema de la espera de la muerte, y como tal se le conoce. Refleja muy bien su sentido de lo efímero y su vida aislada y atormentada, mas plena de amor.

Cruz Salmerón Acosta
1892-1929
Texto tomado de la antología La canción recóndita (Fundarte, Caracas, 2011)


miércoles, 15 de agosto de 2012

Soneto




PALOMA BÉLICA

En remotas edades, sobre el mar de bonanza,
en la hoja de oliva de luciente verdor,
con la paz condujiste la divina esperanza
perfumando la brisa con fragancia de flor,

otro tiempo en el mundo tu alba imagen alcanza,
por los campos floridos a anunciar el Señor,
y más tarde tu vuelo en el céfiro avanza
consuciendo azucenas en misivas de amor.

Hoy, odioso destino te han confiado en la tierra,
pues con vuelo sonoro los mensajes de guerra,
entre nubes de humo, sólo sueles portar;

mas yo sueño, ave tierna de las alas sedosas,
que en el pico le llevas a mi amada las rosas
que a sus plantas mis manos no le pueden llevar.



Del poemario LA CANCIÓN RECÓNDITA, de Cruz Salmerón Acosta.
Las ilustraciones son de Pablo Picasso



domingo, 5 de agosto de 2012

El dulce milagro


 EL DULCE MILAGRO

Llega Jesús y junto al mar murmura
Jairo, y dice: "Señor, mi hija adorada
está expirando, pon tu mano pura
sobre su cuerpo y me será salvada".

El Maestro a salvar a la hermosura
se encamina, en mitad de la jornada
una enferma rozó su vestidura
¡y de repente se sintió curada!

Jesús halla la niña ya sin vida,
mas dice: "No está muerta, está dormida",
y al tocar con sus manos a la muerta,

la gélida hermosura adolescente,
entreabriendo los ojos, dulcemente,
como de un simple sueño se despierta.

Cruz Salmerón Acosta
1892-1929
Hoy en la feria del libro organizada por la Alcaldía de Libertador, entre muchos cardos y espinares propagandísticos, conseguí algunos lirios. Uno de ellos es el poemario La canción recóndita (Fondo Editorial Fundarte, Caracas, 2011), de Cruz Salmerón Acosta. Comparto ahora este soneto en recuerdo del gran poeta sucrense. Creo que fue la mejor adquisición de la jornada. Más adelante volveremos a esta colección de poemas que tocan el corazón.

jueves, 14 de junio de 2012

Del alma adolorida de Cruz Salmerón

AZUL


Azul de aquella cumbre tan lejana
Hacia la cual mi pensamiento vuela,
Bajo la paz azul de la mañana,
¡Color que tantas cosas me revela!

Azul que del azul del cielo emana,
Y azul de este gran mar que me consuela,
Mientras diviso en él la ilusión vana

De la visión del ala de una vela.

Azul de los paisajes abrileños,
Triste azul de los líricos ensueños,
Que no calman los íntimos hastíos.

Sólo me angustias cuando sufro antojos
De besar el azul de aquellos ojos

Que nunca más contemplarán los míos.


Costa de Cumaná vista desde Manicuare
CIELO Y MAR

En este panorama que diseño,
Para tormento de mis horas malas,
El cielo dice de ilusión y galas,
El mar discurre de esperanza y sueño.

La libélula errante de mi ensueño
Abre la transparencia de sus alas,
Con el beso de miel que me regalas
A la caricia de tu amor risueño.

Al extinguirse el último celaje,
Copio en mi alma el alma del paisaje
Azul de ensueño y verde de añoranza;

Y pienso con oscuro pesimismo 
Que mi ilusión está sobre un abismo
Y cerca de otro abismo mi esperanza.


Cielo y mar
ADVENIMIENTO

Vierte entre las florestas silenciosas
Un resplandor su aparición estrella,
Y acariciando va todas las cosas
Su mirada que la hace ser más bella.

A su paso deshójanse las rosas,
La luz del sol baja a besar su huella
Y hasta las rosas menos olorosas
Quedan por algún tiempo oliendo a ella.

Yo la miro perderse entre las flores,
Y con la voz de todos los amores
Voy a llamarla, pero me da miedo

Verla venir hacia la angustia mía
Porque yo la adoro todavía
Quiero amarla como antes y no puedo.



Cruz Salmerón Acosta
1892-1929

En su obra Poetas sucrenses, el padre Barnola nos dice del poeta:
Cardo florecido junto al mar, diríamos que fue Cruz Salmerón Acosta (1892-1929). Con admirada emoción escribimos el nombre de este bien recordado poeta, símbolo del infortunio resignado. "Poeta del dolor" le ha llamado uno de sus biógrafos, a causa del mal incurable de su tiempo, que luego de azotarlo por muchos años, agotó la existencia de quien apenas contaba 37 años de edad. Bajo el azul cielo de Manicuare, su cuna y su tumba, floreció entre espinas de dolor aquel delicado poemario que su autor tituló Fuente de amargura.

Nos agrega Rafael Arráiz Lucca, en su Antología de la poesía venezolana (Panapo, Caracas, 1997), en las notas correspondientes a Cruz Salmerón:
El pueblo de Manicuare en la península de Araya, frente a Cumaná, lo tiene como un santo. Padeció de lepra y su vida no pudo ser otra que un calvario. Murió a los treinta y ocho años después de agotar sus días circunscrito a su pueblo y preguntándole a Dios por la infelicidad de su destino. Su obra es brevísima y, prácticamente, le bastó un soneto para inmortalizarse: Azul se titula y aquí puede leerse. Con motivo del centenario de su nacimiento, Osvaldo Larrazábal Henríquez publicó un estudio sobre su vida y su obra. Quien vaya a la casa de sus padecimientos podrá ver la cima de la cumbre que desde su lecho cantara el poeta.
Casa natal de Cruz Salmerón Acosta en Manicuare
Cruz era una joven promesa venezolana. Me gusta imaginar cómo habría sido la obra de su madurez, si la atormentada muestra juvenil es tan buena. Cuando leo y releo sus poemas "se me agua el guarapo", consciente como estoy de su sufrimiento del mal de Hansen. La lepra le fue diagnosticada, a los 20 años de edad, por el Dr. Felipe Guevara Rojas, Rector de la Universidad Central de Venezuela, quien le recomendó recluirse antes de que su condición fuera del conocimiento del Estado; quería evitarle caer en un denigrante leprocomio. Llevó su cruz con dignidad y murió apreciado por la comunidad de Manicuare, en el Municipio que hoy lleva su nombre. Es fama que para la fecha de su deceso fuerte sequía asolaba la región y que el día del entierro, el 30 de julio de 1929, llovió torrencialmente, como si quisiera dar un regalo de despedida.

El amigo Luis Barragán publicó en su blog un interesante artículo que se puede leer aquí, donde se identifica la destinataria de tan hermosos poemas. El amor entre ambos, a pesar de la tragedia y la distancia, fue correspondido. Después de conocer la historia, se leen con otros ojos.

Su casa se conserva y es lugar de peregrinación para los amantes de la buena literatura. De hecho un viaje a Cumaná puede extenderse hasta Manicuare y visitar el sitio -sólo hay que cruzar el golfo. No sería mala idea aprovechar la ocasión para también adquirir alfarería en el pueblo, que es de las más interesantes de Venezuela, y visitar la zona de manos del Barón de Humboldt, que estuvo por allí en 1799.