lunes, 4 de noviembre de 2013

Céfalo y Procris

Céfalo y Procris en el campo, por Philipe de Champaigne (1630)

CÉFALO Y PROCRIS

Un cazador estaba una vez en ese bosque recostado
esquivando el brillante ojo del mediodía,
a menudo él cortejaba al viento vago
para su frente enviar con un suspiro.
Mientras que incluso el zumbido de la salvaje enmudecía,
el viento no podía ni conmover el temblón álamo,
todavía él cantaba: "¡Oh, dulce viento, ven!"
Mientras que Eco constataba: "¡Ven, dulce viento!"

Pero, ¡escucha! ¡Qué sonidos del matorral vienen!
¿Qué significaba ese crujido de ramitas?
"Es la blanca liebre", el cazador grita,
"¡qué yo he buscado desde el romper del día!"
Apresuradamente con el alegre sol él salta,
la flecha vuela de su sonoro arco;
"¡Hilliho - Hilliho!, él alegremente canta
mientras que Eco "¡Hilliho!" suspira.

He aquí que no era la blanca liebre
lo que él oyó en el susurro del bosque,
sino el velo  nupcial, tan puro como la nieve,
de su propia amada.
Y, ¡ah!, muy segura esa flecha voló
pálida ya ante sus pies la ve caer.
"¡Muero, muero!", fue lo único que dijo.
Mientras que Eco repetía: "¡Muero, muero!".

Por Thomas Moore

Fuente: A. R. Hope Moncrieff. Mitología Clásica
M. E. Editores, Madrid, 1995

Céfalo y Procris, por Jean-Honoré Fragonard (1755)

Sir Thomas Moore (Santo Tomás Moro) no concluye esta fatal historia de celos. La pobre Procris estaba espiando a  su marido, creyendo que sus celos estaban justificados por la participación de un ser invisible, y que este ser le había dado el dardo fatal por el que ella moría, un veneno otorgado a ella por Artemisa. Céfalo, loco de amor y transido de dolor, se lanza al mar, donde perece. Ya ella le había sido infiel en el pasado, al traicionarlo con Pteleón y luego al ser descubierta por su marido, huye a Creta, donde fue amante de Minos. El hecho sucede luego de la reconciliación. Los celos matan.

Procris (a quien algunas fuentes la llaman Pocris) era hija de Erecteo, rey y fundador de Atenas, y de su esposa Praxitea. Céfalo lo era de Deyoneo, rey de Fócide y de Diomede. Ambos se habían jurado eterna fidelidad. Las historia es más complicada que lo que nos cuenta Moore en su poema. La contaremos en otra ocasión.

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