sábado, 13 de abril de 2013

Ante un retrato de Vicente Emparan

Don Vicente de Emparan y Orbe
1747-1820
Para el momento en que Antonio Carnicero lo pintó,  1777,
Emparan detentaba el grado de Teniente de Navío.
Copia, colección de la Academia Nacional de la Historia
Se acerca el 19 de abril. Se me ocurre, para conmemorar los hechos de 1810, presentar a uno de los protagonistas que ha sido maltratado en la historia oficial venezolana. Me refiero al Capitán General depuesto: Don Vicente de Emparan y Orbe. El retrato que encabeza este artículo fue donado a la Academia Nacional de la Historia por sus parientes venezolanos, descendientes de su hermano Pedro María Antonio de Emparan y Orbe, establecido en Venezuela cuando Vicente era gobernador de Cumaná. Esta rama está entroncada con las familias del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, y del General José Tadeo Monagas, héroe de la independencia y dos veces presidente de la República. No era raro que los funcionarios coloniales y sus familias decidieran incorporarse a la vida indiana.

El primer personaje relacionado con Venezuela que menciona con nombres y apellidos el Barón de Humboldt en su relación  Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente (Traducción de Lisandro Alvarado. Monte Ávila, Caracas, 1991), es a Vicente de Emparan, al momento gobernador de Cumaná. Eso fue el 16 de julio de 1799, al llegar a la perla del Manzanares. Veamos qué nos dice:

Alexander von Humboldt
Fuimos conducidos por el capitán del Pizarro a casa del gobernador de la provincia, Don Vicente Emparan, para presentarle los pasaportes que nos había dado la primera Secretaría de Estado. Recibiónos con la franqueza y noble sencillez que han caracterizado la nación vascongada. Antes de haber sido nombrado gobernador de Portobello y de Cumaná, habíase distinguido como capitán de navío de la marina real. Recuerda su nombre uno de los acontecimientos más extraordinarios y pesarosos que presenta la historia de las guerras marítimas. Cuando el último rompimiento entre España e Inglaterra dos hermanos del Sr. Emparan se atacaron, durante la noche, a la vista del puerto de Cádiz, tomando el uno el buque del otro como embarcación enemiga. Tan terrible fue el combate, que los dos navíos se fueron a pique casi a un mismo tiempo. Fue salvada una parte muy reducida de las tripulaciones, y los dos hermanos tuvieron la desdicha de reconocerse poco antes de su muerte.
El gobernador de Cumaná nos manifestó su mucha satisfacción con motivo de la resolución que habíamos tomado de permanecer algún tiempo en la Nueva Andalucía, cuyo nombre, en aquella época, era cuasi desconocido en Europa, y que encierra un gran número de objetos dignos de merecer la atención de los naturalistas en sus montañas y a la orilla de sus numerosos ríos. El Sr. de Emparan nos mostró algodones teñidos con platas indígenas, y hermosos muebles en que se habían empleado exclusivamente maderas del país. Se interesó vivamente en todo lo que se relacionaba con la física, y preguntó, con gran admiración nuestra, si pensábamos que bajo el hermoso cielo de los trópicos contenía la atmósfera menos nitrógeno (azótico) que en España, o si la rapidez con que se oxida el hierro en estos climas era únicamente efecto de la mayor humedad indicada por el higrómetro de cabello. El nombre de la patria, pronunciado en una lejana costa, no hubiera sido más agradable al oído de un viajero que lo fueron para nosotros las palabras nitrógeno, óxido de hierro, e higrómetro. Sabíamos que, a pesar de las órdenes de la Corte y las recomendaciones de un ministro poderoso, nuestra permanencia en las colonias españolas nos expondría a innumerables desagrados, si no lográbamos inspirar un interés particular a los que gobiernan esas vastas comarcas. Demasiado amaba las ciencias el Sr. de Emparan para que encontrase extraño que de tan lejos viniésemos a recoger plantas y a determinar la posición de algunos lugares por medios astronómicos. No atribuyó otros motivos a nuestro viaje que los que estaban enunciados en nuestros pasaportes, y las públicas señales de consideración que nos dio durante una larga estada en su gobernación contribuyeron mucho a procurarnos una acogida favorable en todos los territorios de la América meridional.
Balcón donde se produjo la consulta popular del 19 de abril de 1810.
Casa Amarilla, Caracas
Tomada de www.analítica.com
Ayudó también a Humboldt adelantándole el dinero necesario para realizar su expedición, mientras se hacían efectivos los pagarés. No era un improvisado en cuestiones venezolanas. Ya había sido comandante del apostadero de Puerto Cabello y Gobernador de Cumaná, donde su gestión fue progresista y liberal.

Recuerdo que cuando cursaba educación primaria, le decían a uno que Emparan era un pusilánime... ¿Por qué?, me preguntaba. Antes de comenzar a elucubrar la respuesta. Llegaba la voz del maestro de Historia patria con la escena de la consulta popular desde el balcón del Ayuntamiento y el dedo del padre Madariaga haciéndole señas a la gavilla de pardos (siempre tan volubles y manejables) manipulados por los mantuanos:

-¿Me queréis por Gobernador?
-¡No, No!
-Pues yo tampoco quiero mando...

Los sucesos de aquel 19 de abril fueron más complejos, pero algo así le decían a uno. Ahora, ya más viejo, me pregunto si consultar al pueblo y acatar la decisión de éste es un acto de pusilanimidad. El viejo Emparan, tenía 63 años de edad, era liberal y actuaba como tal. ¿Cuántos políticos actuales se someterían a un escrutinio semejante? ¿Reconocerían el resultado sin chistar? Lo dudo... siempre buscarán la vuelta.

De cualquier manera, los conjurados eran mantuanos, de aquellas familias leales a la corona, dueñas de tierras y esclavos y sin una pizca de sensibilidad social. ¿No fueron ellos quienes a la llegada del "monstruo" Miranda habían puesto sus vidas y haciendas a la orden del Rey y compartían mesa y saraos con el Capitán General Guevara y Vasconcelos, el gobernante gourmet y fiestero? De improviso, descubren la igualdad y la libertad y, sobre sus pelucas empolvadas, se colocan el gorro frigio, pero no liberan a sus esclavos ni casan a sus niñas con las "turba promiscua"... tampoco lo desean.

Emparan era más moderno y avanzado que sus gobernados, por eso también lo acusaron de "afrancesado" (aún lo repiten algunos historiadores)... Pero, ¿no eran los afrancesados los que sostenían los principios de libertad, igualdad y fraternidad? ¿Y los derechos del hombre y del ciudadano, no eran también un invento francés? Afrancesado era también Francisco de Miranda y lo traicionaron en 1812.

Busto de joven con gorro frigio, copia romana
de un original griego del siglo IV aC.
Colección del Fitzwilliam Museum, Cambridge
Tomado de www.britannica.com

viernes, 12 de abril de 2013

Depons y Humboldt de visita en Barcelona.

Catedral de Barcelona

Francisco Depons, emisario francés que estuvo en Venezuela en 1800, dice que Nueva Barcelona:
...Tiene catorce mil habitantes, una iglesia parroquial y un hospicio para los franciscanos encargados de las misiones de esta región. Su construcción no es hermosa ni grata. Sus calles, faltas de pavimento, son barrizales en invierno, y en verano se cubren de polvo que vuela al menor viento. Los muchos cerdos que allí se crían, mantienen en la ciudad cloacas infectas que corrompen el aire y engendran frecuentes enfermedades. El Cabildo, a cuyo cargo corre principalmente velar por la salubridad del público, lo deja expuesto a aquellos mismas pestilentes y comparte con él sus peligros. 
Alejandro de Humboldt, que visitó la ciudad en la misma época que Depons, se expresa mejor:
Santa Eulalia y San Cristóbal , patronos de la ciudad. Estuvieron en el retablo mayor de la Iglesia Parroquial, hoy Catedral. Colección Museo de Anzoátegui
Esta pequeña ciudad que tenía en 1799 apenas 10.000 habitantes, en 1800 más de 16.000 fue fundada por un conquistador catalán, Juan Urpín, en 1637. Se ensayó entonces, pero inútilmente, dar a la provincia entera el nombre de Nueva Cataluña. Como sobre nuestros mapas se indican a menudo dos ciudades -Barcelona y Cumanagoto- en vez de una, o se miran estos nombres como sinónimos, será útil aclarar la causa de este error. Había antiguamente en la desembocadura del río Neverí, una villa india, construida en 1588 por Lucas Faxardo, con el nombre de San Cristóbal de los Cumanagotos. Esta villa no estaba habitada por indígenas llegados de las salinas de Apaicuare. En 1637, Urpín fundó, dos leguas hacia el interior, con algunos habitantes de Cumanagoto y muchos catalanes, la villa española de Nueva Barcelona. Durante treinta y cuatro años, las dos poblaciones vecinas se crearon querellas que renacían sin cesar hasta que, en 1671, el gobernador Angulo logró persuadirlas de que debían reunirse en un tercer lugar, que es el que hoy ocupa la ciudad de Barcelona...
La disputas, lo sabemos por otra fuente, fue por el uso de los ejidos. Al fusionar a  Santa Eulalia de Nueva Barcelona con San Cristóbal de los Cumanagotos, cesaron los motivos de la querella. Allí comienza a consolidarse esta población cuya prosperidad relativa se debió a la ganadería y la exportación de reses y cueros a las Antillas. Cuando Humboldt visitó la zona, ya había comenzado el bandolerismo que asoló Venezuela en los años que precedieron la independencia.Este aspecto lo mencionan tanto el sabio alemán, como el agente francés. Nos dice Depons:

Interior de la Catedral de Barcelona. El retablo mayor es el único que sobrevive de la decoración
original del templo.
Los excelentes pastos que cubren las llanuras dependientes de Barcelona, animaron a los habitantes a dedicarse a la cría, la cual no defraudó las esperanzas que en ella pusieron. Además para el ganado de consumo local y del que se exportaba, se sacrificaban infinidad de reses, cuya carne salada se vendía siempre en La habana e islas vecinas, con un ciento por ciento de beneficio (...) Hoy se encuentran muy disminuidos tales recursos. Los cuatreros que desde 1801 vienen asolando los hatos, han dejado estas provincias en tal escasez de ganado, que a duras penas obtiene el necesario para sus mataderos.
Recordemos al bandido Guardajumo y su encuentro con dos jóvenes y aguerridos comerciantes: José Tomás Boves y Jacinto Lara (aquí).
(...)  El clima de Barcelona es menos cálido que el de Cumaná, pero más húmedo y un poco malsano en la época de las lluvias....-agrega Humboldt.
Capillas laterales de la Catedral de Barcelona. La más cercana es la de San Celestino
 ....Permanecimos cerca de un mes en Barcelona gozando de todos los cuidados de la amistad más provisora. Encontramos de nuevo allí al excelente religioso fray Juan González quien había recorrido el Alto Orinoco antes que nosotros. Se lamentaba y con razón del poco tiempo que habíamos empleado en visitar este país desconocido....
Casa natal de Pedro María Freites
La primera impresión que se tiene al pasear con las calles de Barcelona, es de decadencia y abandono. Vienen a la mente, no las expresiones gratas de Humboldt, sino las de Depons. Muchas casas antiguas están convertidas en locales comerciales o simplemente clausuradas y las calles lucen sucias y abandonadas. Esta es la capital de un estado petrolero con buenos niveles de vida, pero esto no se refleja en el aspecto de la ciudad. Tiene, sin embargo, algo que recuerda a Humboldt: la hospitalidad y amabilidad de sus pobladores. A mi juicio, no todo está perdido, pero se requiere la decisión y voluntad política para su rescate. Quedan restos del antiguo esplendor.

Casa antigua frente a la Plaza Boyacá, dañada en un incendio.
La foto fue tomada hace 2 años ¿la habrán restaurado?
Bien vale la pena tomarse una mañana para pasearse por las calles llenas de historia y de casas antiguas. Quedan restos de su antiguo esplendor y, en particular del progreso que experimentó durante el siglo XIX, ya consolidada la independencia. La ciudad tiene mucho que ver y apreciar. Citemos en primer lugar la Catedral que tiene un historia interesante, aunque no lo parezca. Allí está el cuerpo incorrupto de San Celestino, mártir, y la imagen de Nuestra Señora del Socorro, conocida también como la Virgen del Totumo. Fue lugar de peregrinación hasta bien entrado el siglo XX. Ya hablaremos, en otro artículo, sobre la Catedral y la milagrosa imagen.

Toda visita a una ciudad venezolana debe comenzar por la Plaza Bolívar, ubicada generalmente en el sitio de la Plaza Mayor o de Armas, alrededor de la cual, de acuerdo a las Leyes de Indias, crecería la ciudad. En la Plaza Mayor de Barcelona, en cambio, está la Plaza Boyacá en la que destaca una estatua pedestre del héroe epónimo del estado, General José Antonio Anzoáteguí. La Plaza Bolívar queda a dos cuadras de allí, frente a la Gobernación del estado (un edificio anodino de los años 30) y del principal monumento de la ciudad: las ruinas Casa Fuerte de Barcelona, lugar de peregrinaje cívico. La estatua ecuestre del Libertador fue erigida en ese lugar en 1930, en ocasión del centenario de su fallecimiento. Tiene cierto valor artístico. Recientemente le cambiaron el escudo nacional y la placa conmemorativa por otros de calidad inferior a la original, que se aprecia en el escudo del estado Anzoátegui, que sigue siendo el original.

Estatua ecuestre de Simón Bolívar, frente a la Casa Fuerte, Barcelona

Ya hemos visitado las ruinas de la Casa Fuerte (aquí). En 1746 se inicia la construcción del Convento de San Francisco, que serviría además de hospicio y hospital a los misioneros franciscanos observantes. Allí se alojó el fraile amigo de Humboldt, quien luego murió en un naufragio con parte de las colecciones del sabio alemán. Este convento fue la base para la evangelización y asentamento de la población de los llanos de Barcelona. No pasaría de ser una edificación religiosa cualquiera si no hubiera sido porque en 1817, ante la amenaza de las fuerzas realistas, Simón Bolívar ordena la fortificación del convento para ser usado como Casa Fuerte, capaz de resistir el ataque, alojar los pertrechos de la República y, en caso de emergencia, dar cobijo a la población civil.

Patio del Museo de Anzoátegui.

Si volvemos nuestros pasos hacia la Catedral y la Playa Boyacá nos vamos a encontrar con buenas muestras de arquitectura colonial barcelonesa, con sus dinteles lobulados y sus patios rodeados de columnas. La mejor conservada y de fácil acceso al público es la del Museo de Anzoátegui, pero también en la misma calle están las casas donde nacieron Pedro María Freites y Juan Bautista Urbaneja. Si seguimos descendiendo por esa calle en dirección al río Neverí veremos la Ermita del Carmen, construida a finales del siglo XIX por el General Nicolás Rolando sobre las bases de una iglesia colonial inconclusa. Es una joya europea en el trópico. Mejor visitarla de tarde.

Ermita del Carmen, Barcelona. Toda pintada a pincel con trompe l'oeil y faux marbre.
Los pisos son de mármol de Carrara, como los de la Casa Blanca en Washington.

Aspecto de las ruinas de San Felipe Neri. Se aprecia el abandono y la suciedad
Si seguimos bajando  y cruzamos el puente sobre el Neverí nos vamos a encontrar con las ruinas del templo de San Felipe Neri. Estaba en construcción cuando estalla la guerra de independencia y nunca fue concluido. Presenta un feo estado de abandono y tiene mal aspecto. Regresemos a la Ermita del Carmen. Diagonal, frente a la plaza, está el Teatro Cagigal, pequeña joya del siglo XIX. Está recién restaurado. Entré a ver las obras y me gustó el espacio  interno; sobrio e íntimo. Mejor aventurarse (con cuidado y cautela) por las viejas calles y descubrir rincones. Si nos toca la hora del almuerzo, luego del ajetreo, el calor y la humedad, podremos refrescarnos a la sombra de los árboles de la Plaza Boyacá y luego acercarnos al mercado cerca de la Aduana Vieja, para comer y degustar la sazón criolla oriental.

Debería volver. Tengo bueno amigos por allá y el lugar es agradable.

Teatro Cagigal en restauración 

Trabajos de restauración en el interior del Teatro Cagigal
Fachada de la Ermita del Carmen, Barcelona
Claro, si no nos gustan las cosas antiguas, podremos quedarnos tomando sol en Puerto La Cruz

miércoles, 10 de abril de 2013

Quinta de San Pedro Alejandrino

Bolívar yacente. Escultura basada en la mascarilla mortuoria tomada por el Dr. Reverend.
Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta, Colombia

QUINTA DE SAN PEDRO ALEJANDRINO

El que sirve una revolución ara en el mar (...)
todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia, 
y, ¡desgraciados de los pueblos! y ¡desgraciados de los gobiernos!
SIMÓN BOLÍVAR


Reducido a ti mismo eres arcilla dolida de ser hombre.
En el exilio es donde tú, extranjero que interrogaste al sueño,
descubres que eres apenas un
error.

Apremiado por las lluvias y el zumbido gris
de la amargura, te
socava la sangre y su rumor oscuro.
La soledad te quema, te
destruye con su llama tristísima.
Tus días son ceniza frente al mar.
En ti se agotan las tormentas
y abatido
caminas por los últimos relámpagos.

Nunca estarás
a salvo del ultraje.
Nunca.


De Caducidad del fuego (1975),
por Pedro Schimose (Bolivia, 1940)


Esta tarde, al revisar los anaqueles de una librería cerca de casa, encontré un ejemplar de Exilios, poesía latinoamericana del siglo XX (Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, Caracas, 2012), que "propone un viaje singular por las habitaciones del exilio a través de la poesía latinoamericana desarrollada a partir de la primera mitad del siglo XX" y un ensayo de la compiladora, Marina Gasparini Lagrange.

Al tomar del anaquel el libro, éste se abrió en la página 82 y.... ¡puaffff!... surgió el poema transcrito en este artículo. De inmediato se vinieron a mi mente los ultrajes propinados al Libertador por tantos que se han colgado de él para explotar su imagen y utilizarlo como muleta para abusar de la credulidad del pueblo y perpetuarse en el poder.

El libro promete, da gusto hojearlo y leerlo. Buena panorámica de la poesía latinoamericana en un área de la que ninguno de nuestros pueblos es ajena: el extrañamiento del lar nativo. Por eso lo compré.


martes, 9 de abril de 2013

Miranda y la música

Francisco de Miranda (1750-1816), por George Rouget c 1793
Museo Nacional de Versalles
En marzo de 1750, nació en Caracas el más universal de los venezolanos; el que se codeó con lo más granado de la era de la Ilustración, se culturizó como ningún otro de sus coterráneos -al extremo de formar una fabulosa biblioteca-, y vivió la vida. De todo dejó constancia en su diario; desde sus gestiones, esfuerzos y desvelos por darnos libertad, pasando por sus aventuras y devaneos, hasta el caviar que degustó en la corte rusa. Francisco de Miranda, el hijo de la panadera, el hombre del trágico destino, fue además un incansable hombre de mundo de personalidad avasalladora. No se podía ser indiferente ante él. Tal vez sus enemigos y detractores en Venezuela lo que tenían, además del prejuicio social, era pura y simple envidia.

Miranda, su flauta y la música
carátula del álbum
En 1999, salió al público el álbum Miranda, su flauta y la música, con un interesante repertorio interpretado por Luis Julio Toro (flauta traversa barroca), María Esther Jiménez (flauta dulce), Rubén Guzmán (clavecín) y Carlos Guzmán (cello). El disco es una verdadera joya: buena selección de las piezas, interpretación impecable, y una buena documentación que complementa e ilustra al oyente (La flauta de Miranda por Luis Julio Toro y Miranda y la música, por el historiador Edgardo Mondolfi Gudat). Tuve la suerte de asistir a algunas sesiones de grabación en el Colegio Emil Friedman, gracias a la gentil invitación del amigo Edgardo, quien luego me regaló una copia que atesoro.

Del texto  Miranda y la música, voy a entresacar un encuentro del caraqueño con Franz Joseph Haydn, patriarca de la música neoclásica. Estamos en 1785. Miranda, que ya había desertado del ejército español, vivía en Londres y decide viajar. Convence a un amigo, el coronel estadounidense William Smith (quien se desempeñaba como secretario de su suegro, el Ministro en Londres y futuro Presidente de los Estados Unidos, John Adams) para hacer el "gran tour" de Europa. Smith lo acompaña hasta Viena, donde se separan. Mondolfi nos guía:
El venezolano dirigió entonces sus pasos hacia Ensitel y el Palacio de Estherháza, donde tuvo lugar el momento estelar de su viaje por Europa en cuanto a música se refiere. Allí, en ese lugar, trascurría precisamente sin sacudidas ni trastornos la vida del compositor austríaco Franz Joseph Haydn. Vida a tal punto desprovista de incidentes personales y de perturbaciones procedentes del mundo exterior -al decir de un crítico- que, de no haber sido un genio artístico de primer orden, más que probable que ese mundo exterior no se hubiese enterado siquiera de su existencia.
Franz Joseph Haydn
1732-1809
En efecto, Haydn se desempeñaba como director musical en el aislado dominio de Esterháza bajo la figura benévola y autoritaria a la vez de su protector, el Príncipe Nicolás. La visita de Miranda fue tan singular -señala el musicólogo Robert Stevenson- que se convirtió en el primer contacto de Haydn con el mundo latinoamericano. Por su parte el biógrafo más importante que ha tenido Haydn en el siglo XX, el inglés H. C. Robbins Landon, no duda en estimar el privilegio que representó para el compositor esta visita.
(...) Según un pasaje de su Diario, Miranda acudió provisto de cartas de presentación para el compositor, quien inmediatamente dispuso de un recorrido para que el viajero conociese la arquitectura rococó del palacio y sus inmediaciones. Dejemos que sea el propio Miranda quien narre los pormenores del encuentro:
"El famoso Haydn, para quien traje cartas, me acompañó inmediatamente e hizo ver todo el Palacio, Librería, Galería de Pinturas, Cascadas, Teatro, etc. El teatro, que representa todo el año, le cuesta (al príncipe Nicolás Esterhazy) 30.000 florines anuales y los sueldos son vitalicios. Por la noche asistí a la ópera, vi allí al Príncipe, su sobrina y su metress (sic), mujer vulgar; él tendrá cerca de 70 años. La representación fría. La orquesta, 24 instrumentos. Haydn tocaba el clave".
Palacio de Esterháza, donde se encontraron Haydn y Miranda
Al día siguiente, en compañía del famoso compositor, Miranda pasea de un lado al otro por los espaciosos jardines, con sus grutas, invernaderos, ermitas y templos, en un coche que pusiera a su orden el propio Príncipe Nicolás en persona. Y agrega con mayor naturalidad: Hablé mucho de música con Haydn y convino conmigo en el mérito que tiene (Luigi) Boccherini.
Edgardo Mondolfi Gudat, historiador.
La amistad con Edgardo Mondolfi Gudat me abrió una nueva visión de Francisco de Miranda, fuera de esa idea acartonada de la historia venezolana. Ayer, en un encuentro casual, le comenté sobre este artículo y le dije que extraería lo relativo al encuentro Miranda-Haydn y coincidimos en que podría estar acompañado de alguna pieza de Luigi Boccherini, compositor de mérito. Edgardo es un investigador serio y talentoso. Todos sus libros parecen una obra de Mozart (ni una letra más, ni una menos). Pronto revisaremos algunas de sus obras.

Luigi Boccherini
1743-1805
Difícil escoger del repertorio de Boccherini, pero se me ocurre que dado el carácter de Francisco de Miranda, La musica notturna delle strade di Madrid Op. 30 N° 6 (Quintettino para dos violines, viola y dos cellos en si mayor G 324), sería una buena presentación. Aquí lo tenemos interpretado por Le Concert des Nations, dirigida por Jordi Savall:


La otra pieza es el Fandango del Quinteto en do mayor G 448. Interpretado por José Moreno a la guitarra de doble cuerda; La Real Cámara: Emilio Moreno (violín), Enrico Gatti (violín), Wim Ten Have (viola), Wouter Möller (cello), Eligio Quintero (guitarra tiple), Luz Martín León Tello (castañuelas):


lunes, 8 de abril de 2013

Histoires naturelles Ravel-Renard

Maurice Ravel (1875-1937), al piano

Hace un par de días, cuando me referí al libro de Jules Renard, Historias naturales, ofrecí compartir la obra que compuso Maurice Ravel  inspirado en el texto. Nunca la había escuchado hasta anoche (o tal vez sí, pero la memoria me puede fallar), cuando me propuse buscarla para compartirla en esta bitácora.

Histoires naturelles, para voz y piano, es una pieza intimista de un género muy cultivado por los autores franceses: la Mélodie. Pues bien esta es una serie de mélodies con textos de Jules Renard. Aquí está, interpretada por el barítono canadiense Bruno Laplante, en una grabación de 1974. Lamentablemente, desconozco el nombre del pianista. Ravel era todo un personaje y lo rodean varias anécdotas, la mayor parte relativas a su carácter difícil.

Las partes tomadas por Ravel del libro de Renard son:
0:00 Le paon (el pavo real)
4:48 Le grillon (el grillo)
8:16 Le cygne (el cisne)
11:34 Le Martin-pêcheur (el martín pescador)
14:16 La pintade (la pintada o faraona)