martes, 5 de agosto de 2014

La bruja taxista


Hay pocas mujeres taxistas en Caracas. Recuerdo una en especial que, toda enjoyada ella, conversaba conmigo mientras me hacía la carrera de Carmelitas hasta Colinas de Bello Monte y me tocaba el tópico de la Ilíada y la mitología griega. La señora se veía educada y hablaba con propiedad. Otra, en cambio, me confesaba que era analfabeta por desuso y agregaba que si bien entendía las palabras escritas, no podía leer un párrafo. Me dió lástima y le aconsejé que comenzara leyendo cosas ligeras hasta que se sintiese segura; que seguro le cogería el gusto.

La tercera fue una carrera que tomé el viernes en Chacao, bajo la canícula de las 13:00hrs caraqueñas. El sol esta que parte piedras y tomé el taxi sin reparar que la taxista era del sexo femenino. Pensando que era una persona sensata como los dos casos de párrafo anterior, le digo que tomando diuréticos y con ese calor con sol de playa tropical no provocaba caminar ni una cuadra. Con cortesía me preguntó cuál era mi mal y yo le respondí que retención de líquidos, pero que ya estaba mejor. Eso bastó para que la señora me dijera: "Seguro que le hicieron un daño ¿Ya fue a leerse el tabaco? En Los Teques hay alguien que sabe hacerlo y lo cura rapidito.... Mire que hay gente mala. A ese consultorio va mucho chino y los chinos saben.... También van ministros, militares y hasta curas..."

Luego de un minuto ya me tenía mal y a punto de bajarme y seguir a pie. Mas de solo pensar en el calor me limité a decir: "Yo creo en la Ciencia". Perno no le bastó. Volvió al ataque y agregó que ella creía en Dios y que José Gregorio Hernández la operó una vez detrás de la puerta de su cuarto y que una vez tenía una neuralgia tan intensa que quedó dormida en su cama y la picó un bicho que la curó para siempre. Allí no aguanté más y le repliqué que el Primer Mandamiento de la Ley de Dios prohíbe el trato con brujos y hechiceros, pues cuando esto sucedía le estábamos diciendo a Dios: Tú no puedes, el otro sí.

No bastó con mi respuesta y siguió con su perorata que pasó de la lectura del tabaco y la azotaina con ramas a su vida íntima: Que la habían casado a los 15 con un viejo de 60; que si el tipo la abandonó y cayó en las manos de una colombiana que le quitó todo (lo dejó pelao, fue la expresión); que todas las colombianas son unas dañeras, y que ellas acostumbran robarle a los hombres para dárselo todo a sus queridos... Y yo deseando llegar a casa.

Al final me cobra su cara tarifa y me pregunta:
-¿Usted juega lotería?
-No, porque el que juega por necesidad pierde por obligación...
-Pues yo si he ganado. Es que le vi un recibo allí (de una compra en una librería) y podría jugar los números.

Se lo regalé gustoso porque ya estaba en casa. ¿Será posible tamaña superchería?
DE QUE VUELAN, VUELAN.

Bruja de Los Caprichos por Francisco de Goya y Lucientes

2 comentarios:

  1. Jajajajaja mi estimado y como siempre te tenía que tocar a ti montarte en ese taxi...

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