martes, 22 de julio de 2014

La Odisea

Ulises y las sirenas
En lengua castellana cuando alguien se refiere a una proeza de logro difícil y laborioso, se le denomina odisea. Se dice entonces: "Fulano realizó una verdadera odisea". El nombre procede de una de las piezas literarias más antiguas y venerables de la civilización occidental, La Odisea, obra del gran bardo Homero, autor también de la famosa Ilíada.

La Odisea corresponde al ciclo del regreso de los aqueos a su tierra luego de la destrucción de Troya. Fueron tantos los horrores cometidos que, indignados, los dioses dificultaron el viaje llevando a muchos héroes al fondo del mar, de aguas color de vino. Otros fueron asesinados, como Agamenón, rey de Micenas, por esposas infieles y vengativas.

El protagonista, Odiseo/Ulises, fue uno de esos héroes pues fue él quien, con su astucia logró penetrar en la ciudad dentro del famoso caballo de su invención. Su regreso a su patria Ítaca tomo unos diez años en los que enfrentó innúmeras dificultades y trabajos, mientras su fiel esposa, Penélope, tejía y destejía un sudario para la mortaja de su suegro Laertes, asediada por una banda de pretendientes que dilapidaban la herencia del heredero Telémaco. Penélope es sinónimo de mujer virtuosa, en contraposición a su prima lejana Clitemnestra, asesina de Agamenón.

Las aventuras de Ulises/Odiseo lo llevaron por toda la cuenca del Mediterráneo, cuya sección occidental era poco conocida para los helenos. Se ha tratado de identificar algunos de esos lugares: la ninfa Calipso retuvo al héroe en la islas Perejil entre España y Marruecos; las vacas del sol estaban en Sicilia; el cíclope Polifemo en el sur de Italia; Scila y Caribdis es el paso entre Sicilia y tierra firme en el canal de Mesina con sus fuertes remolinos; Circe que residía en la isla Eea es de más difícil ubicación, pues hay una tradición romana que ubica el Circeo en las costas de Campania, cerca de Cumas, una de las entradas al Hades, otros dicen que quedaba frente a Istria al norte del mar Adriático, o hasta que quedaba frente a las costas del Levante; el país de los feacios, su última parada, quedaba en la actual Corfú, cerca de Ítaca. Pero es inútil buscarle un sentido geográfico a los lugares, cuando el mensaje es otro.

Ulises parece estar buscando las dificultades al desafiar a los dioses y enemistarse con Poseidón/Neptuno al cegar sin piedad a Polifemo, su hijo. Alberto Bernabé, en el estudio preliminar a la edición que tengo de La Odisea (Biblioteca Edaf, Madrid, 2007), nos dice:
Como contrapunto a las increíbles y variadísimas aventuras que corre, algunas a causa de su insaciable curiosidad, otras provocadas por su desafiante orgullo, hay siempre en él un constante deseo de recuperar las cosas sencillas. Frente a la búsqueda de la inmortalidad de un Gilgamés, en tantas cosas similar a Ulises, lo que el héroe de la Odisea trata de hallar es algo mucho más simple: el humo del hogar, la esposa lejana o el trabajo del campo en el que, pese a su rango real, es tan hábil como cualquier labriego. Esa continua tensión entre la aventura presente y la paz añorada, entre la nostalgia del hogar y el peregrinar por tierras extrañas es el contrapunto constante de nuestro héroe. No es extraño que se vea auxiliado por Atenea, especie de correlato divino de Ulises por su elocuencia y sagacidad, diosa artesana e inteligente que prefiere, como él, el uso de la astucia antes que el de la fuerza. En un poema como este, narración de un regreso erizado de riesgos por los países más extraordinarios, Ulises, con su curiosidad inagotable y su variada astucia, con su enorme capacidad de sufrimiento y de lucha, y su constante deseo de hallar la paz al final del camino, constituye el protagonista ideal.
Ulises es, pues, un humano como cualquiera, con deseos muy normales. Nada de gloria e inmortalidad, sino llegar al calor de su hogar, comer de su propio pan, abrazar a su familia, disfrutar del esfuerzo del trabajo. He allí el por qué su figura siempre ha sido atractiva.

Ahora, existen múltiples ediciones de la Odisea, unas más felices que otras. Desde las versiones infantiles, mutiladas y censuradas, hasta las malas traducciones que se consiguen por todos lados. Recomendaría buscar una buena edición, precedida de un buen estudio preliminar. En cuanto a libros de la antigüedad helena y latina, las mejores editoriales son Gredos, Cátedra y Alianza Editorial, seguidos de muy lejos por otros de menos prestigio. Debe leerse con detenimiento, no como una novelita de aventuras, y nos explicaremos en parte el por qué ha sobrevivido desde que fue compuesta en el siglo VIII aC, cuando Grecia salía de su edad oscura, luego de la desaparición de la cultura cretense-micénica y la llegada de los dorios que portaban armas de hierro. Allí hasta se les olvidó cómo escribir.

Ulises y las sirenas. Mosaico romano.

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