domingo, 19 de mayo de 2013

En el Teocalli de Cholula


EN EL TEOCALLI DE CHOLULA

¡Cuánto es bella la tierra que habitaban
los aztecas valientes! En su seno
en una estrecha zona concentrados,
con asombro se ven todos los climas
que hay desde el Polo al Ecuador. Sus llanos
cubren a par de las doradas mieses
las cañas deliciosas. El naranjo
y la piña y el plátano sonante, 
hijos del suelo equinoccial, se mezclan
y de Minerva el árbol majestuoso.
Nieve eternal corona las cabezas
de Iztaccihual purísimo, Orizaba
a la frondosa vid, al pino agreste
y Popocatepetl, sin que el invierno,
toque jamás con destructora mano
los campos fertilísimos, do ledo 
los mira el indio en púrpura ligera
y oro teñirse, reflejando el brillo
del sol en occidente, que sereno
en yelo eterno y perennal verdura
a torrentes vertió su luz dorada,
y vio a Naturaleza conmovida
con su dulce calor hervir de vida.

Era la tarde; una ligera brisa
las alas en silencio ya plegaba
y entre la hierba y árboles dormía
mientras el ancho sol su disco hundía
detrás de Iztaccihual. La nieve eterna,
cual disuelta en mar de oro, semejaba
temblar en torno de él; un arco inmenso
que del empíreo en el cenit finaba,
como espléndido pórtico del cielo,
de luz vestido y centellante gloria,
de sus últimos rayos recibía
los colores riquísimos. Su brillo
desfalleciendo fue; la blanca luna
y de Venus la estrella solitaria
en el cielo desierto se veían.
¡Crepúsculo feliz! Hora más bella
que el alma noche o el brillante día,
¡cuánto es dulce tu paz al alma mía!

Hallábame sentado en la famosa
Cholulteca pirámide. Tendido
el llano inmenso que ante mi yacía,
los ojos a espaciarse convidaba.
¡Qué silencio! ¡Qué paz! ¡Oh! ¿Quién diría
que en esos bellos campos reina alzada
la bárbara opresión, y que esta tierra
brota mieses tan ricas, abonada
con sangre de hombres, en que fue inundada
por la superstición y por la guerra...?

Bajó la noche en tanto. De la esfera
el leve azul, oscuro y más oscuro
se fue tornando, la movible sombra
de las nubes serenas, que volaban
por el espacio en alas de la brisa,
era visible en el tendido llano.
Iztaccihual purísimo volvía
del argentado rayo de la luna
el plácido fulgor, y en el oriente,
bien como puntos de oro centelleaban
mil estrellas y mil... ¡Oh! ¡Yo os saludo,
fuentes de luz, que de la noche umbría
ilumináis el velo
y sois del firmamento poesía!

Al paso de la luna declinaba,
y al ocaso fulgente descendía,
con lentitud la sombra se extendía
del Popocatepetl, y semejaba
fantasma colosal. El arco oscuro
a mí llegó, cubrióme, y su grandeza
fue mayor y mayor, hasta que al cabo
en sombra universal veló la tierra.

Volví los ojos al volcán sublime,
que, velado en vapores transparentes,
sus inmensos contornos dibujaba
de occidente en el cielo.
¡Gigante del Anáhuac! ¿Cómo el vuelo
de las edades rápidas no imprime
alguna huella en tu nevada frente?
Corre el tiempo veloz, arrebatando
años y siglos, como el norte fiero
precipita ante sí la muchedumbre
de las olas del mar. Pueblos y reyes
viste hervir a tus pies, que combatían
cual ora combatimos, y llamaban
eternas sus ciudades, y creían
fatigar a la tierra con su gloria.
Fueron: de ellos no resta ni memoria.
¿Y tú eterno serás? Tal vez un día
de tus profundas bases desquiciado
caerás; abrumará tu gran ruïna
al yermo Anáhuac; alzaránse en ella
nuevas generaciones, y orgullosas,
que fuiste negarán...

Todo perece
por ley natural. Aun este mundo
tan bello y tan brillante que habitamos,
es el cadáver pálido y deforme
de otro mundo que fue...

En tal contemplación embebido
sorpredióme el sopor. Un largo sueño,
de glorias engolfadas y perdidas
en la profunda noche de los tiempos,
descendió sobre mí. La agreste pompa
de los reyes aztecas desplegóse
ante mis ojos atónitos. Veía
entre la muchedumbre silenciosa
de emplumados caudillos levantarse
el déspota salvaje en rico trono,
de oro, perlas y plumas recamado;
y al son de caracoles belicosos
ir lentamente caminando al templo
la vasta procesión, do la aguardaban
sacerdotes horribles, salpicados
con sangre humana rostros y vestidos.
Con profundo estupor el pueblo esclavo
las bajas frentes en el polvo hundía,
y ni mirar a su señor osaba,
de cuyos ojos férvidos brotaba
la saña del poder.

Tales ya fueron
tus monarcas, Anáhuac, y su orgullo,
su vil superstición y tiranía
en el abismo del no ser se hundieron.
Sí, que la muerte, universal señora,
hiriendo a par a déspota y esclavo,
escribe la igualdad sobre la tumba.
Con su manto benéfico el olvido
tu insensatez oculta y tus furores
a la raza presente y a la futura.
Esta inmensa estructura
vio a la superstición más inhumana
en ella entronizarse. Oyó los gritos
de agonizantes víctimas, en tanto
que el sacerdote, sin piedad ni espanto,
les arrancaba el corazón sangriento;
miró el vapor espeso de la sangre
subir caliente al ofendido cielo,
y tender en el sol fúnebre velo,
y escuchó los horrendos alaridos
con que los sacerdotes sofocaban
los gritos de dolor.

Muda y desierta
ahora te ves, pirámide. ¡Más vale
que semanas de siglos yazcas yerma,
y la superstición a quien serviste
en el abismo del infierno duerma!
A nuestro nietos últimos, empero,
selección saludable; y hoy al hombre
que ciego en su saber fútil y vano
al cielo, cual Titán, tuena orgulloso,
sé ejemplo ignominioso
de la demencia y del furor humano.


José María Heredia y Heredia
1803-1839
Recuerdo haber leído y escuchado este poema cuando cursaba la asignatura Literatura Latinoamericana el último año de bachillerato. El padre Garmendia que dictaba la materia parecía disfrutar las imágenes presentadas por José María Heredia, y con lengua y ojos de europeo aclimatado al trópico, acometía a la crítica de la obra para el disfrute de sus atentos alumnos.  Hace un par de semanas, en la Feria de Lectura Chacao compré por una cifra irrisoria (Bf. 6,90) un ejemplar de Poesía de la Independencia (Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1979). Allí está Heredia, junto con Bello y Olmedo, acompañados de una generación de poetas que asumieron plenamente su compromiso histórico. Al hojearlo y leer En el Teocalli de Cholula, los lejanos recuerdos del bachillerato con los jesuitas se agolparon y resolví transcribirlo en esta bitácora. A la distancia que marca el tiempo transcurrido, coincido con el P. Garmendia en sus apreciaciones sobre este gran poeta que murió en la flor de la edad.

Hoy, al revisar la biografía que incluye el tomo me encontré con un dato interesante. José María, nacido en Cuba, fue hijo de José Francisco Heredia, natural de Santo Domingo, que fue miembro de la Real Audiencia de Caracas en los días aciagos que siguieron a la caída de la Primera República... Es el famoso regente Heredia, el funcionario de "la piedad heroica". Leamos un poco:
...Con motivo de los diversos cargos de su padre, el magistrado José Francisco Heredia, José María realizó estudios en Caracas, México y La Habana. Aquí, en 1821, se recibió de bachiller en leyes, y, en 1823, de abogado en la ciudad de Santa María de Puerto Príncipe. Poco después, acusado de conspiración, como miembro de los "Caballeros racionales", abandonó Cuba.
Se dirigió a los Estados Unidos, y en el norte vivió en Boston, en Nueva York, y en el estado de New Haven. En 1825, como sufría horriblemente el frío de los Estados Unidos, se dirigió a México. Allí fue bien acogido por el Presidente Guadalupe Victoria e inició una serie de cargos públicos que sólo cesaron con su muerte. En México dirigió una serie de periódicos...

viernes, 17 de mayo de 2013

Sardanápalo y el fin del Imperio Asirio

La muerte de Sardanápalo, por Eugene de la Croix

Hace unos días compré un ejemplar de la Biblioteca Histórica (Gredos, Madrid, 2001), de Diódoro de Sicilia, traducido y anotado por Francisco Parreu Alasá. Es un texto que no se circunscribe al mundo grecorromano, sino que nos lleva a la historia y mitología del Próximo Oriente, Egipto, África y Magreb y, considero, es un tesoro de saberes perdidos aunque no todo es verdad. Al fin y al cabo Diódoro mezcla la historia y el mito para ilustración de sus lectores. Revisando esta tarde, me encontré con el Imperio Asirio, Nino (fundador de Nínive), Semíramis y un descendiente de ellos cuya imagen libertina me persigue desde hace 50 años. Lo enseñaban en las escuelas venezolanas hasta finales de los años sesenta, tal vez con un fin moralizante, como corresponde a la educación clásica.

Me refiero a Sardanápalo (Asurbanipal 668-626 a C), cuyo nombre evoca corrupción, decadencia, molicie y muchos otros vicios que en mi tierna infancia causaban desazón. El cuadro de Eugéne de la Croix que ilustra este artículo, plasma el momento de la trágica muerte del gobernante asirio, último descendiente de una ilustre raza iniciada por Nino y Semíramis y que treinta generaciones más tarde produciría este personaje que es ejemplo de corrupción. Sin duda los dioses confunden a quienes quieren perder. Sin embargo, el cuadro no se ajusta exactamente a la descripción que nos hace Diódoro Sículo, veamos cómo era este personaje ninivita:
Asurbanipal y leones. Nínive.
Sardanápalo, que era el trigésimo desde Nino, el fundador del imperio, y fue el último rey de los asirios, superó a todos los anteriores a él en lujuria e indolencia. Aparte de no ser visto por nadie del exterior, llevó una vida de mujer y, residiendo con las concubinas e hilando púrpura y las lanas más suaves, se ponía un vestido femenino y, con afeites y todas de más prácticas de cortesanas, había conseguido tener la cara y todo el cuerpo más suave que toda mujer de lujo. Se dedicaba también a tener la voz afeminada y, en sus bacanales, no sólo a disfrutar continuamente de las bebidas y comidas más aptas para proporcionar placer, sino también a perseguir los goces afrodisíacos de hombre y, a la vez, de mujer: practicaba las uniones con ambos libremente, sin preocuparse nada en absoluto de la vergüenza de sus acciones. A tanto llegó en lujuria y en más vergonzoso placer e incontinencia que se hizo un canto fúnebre a indicó a sus sucesores en el gobierno que, después de su fin, inscribieran sobre su tumba lo escrito por él en lengua extranjera y traducido después por cierto griego:
Sabiendo bien que naciste mortal, levanta tu ánimo
gozando de las fiestas; muerto, ya no habrá ningún disfrute.
También yo soy polvo, aunque he reinado en la gran Nínive.
Tengo cuanto comí y me ufané y goces de amor
experimenté, pero aquellas muchas y felices cosas están pasadas.
Siendo de tal manera su carácter, no sólo terminó vergonzosa su vida él, sino que también arruinó de arriba abajo el imperio de los asirios, que había sido el más duradero de los que se recuerdan.
Los dos protagonistas del fin de Sardanápalo fueron Árbaces y Bélesis, que se pueden identificar con Ciaxares de Media y Nabopolasar de Babilonia (aquel era un general medo "de destacada valentía y nobleza de ánimo" y éste "el más insigne de los sacerdotes que los babilonios llaman caldeos"). Ambos se dedicaron a la tarea de coligar esfuerzos entre los pueblos sometidos al imperio, comenzando con babilonios, persas y árabes, para revelarse. Al final hasta los refuerzos enviados desde Bactriana se unieron a los rebeldes. Por un tiempo Sardanápalo pudo enfrentarlos exitosamente y sofocar la revuelta, más el fin de acercaba:
Imperio asirio. Tomado de http://classic.scriptures.lds.org
...Cuando todas las tropas estaban celebrando un banquete, Árbaces y los suyos, enterados por unos desertores de la indolencia y borrachera del campamento de los enemigos, hicieron inesperadamente el ataque de noche. Precipitándose ordenados contra desordenados, preparados contra desprevenidos, se apoderaron del campamento y, después de matar a muchos soldados, persiguieron a los otros hasta la ciudad; y los rebeldes. Después de esto, el rey, que había nombrado general a Galémenes, el hermano de su mujer, se ocupaba en persona del cuidado de las cosas de la ciudad; y los rebeldes, desplegados en la llanura delante de la ciudad, vencieron a los asirios en dos batallas y eliminaron a Galémenes y, de sus contrarios, a los unos, los degollaron en la huida y, a los otros, con la entrada de la ciudad imposibilitada y obligados a lanzarse al río Eufrates, los eliminaron a todos, excepto a unos pocos. Tal era la cantidad de muertos que la corriente que discurría cambió de color, mezclada con sangre, durante un trecho considerable. Después, cercado el rey, se unieron al asedio muchos pueblos, desertando cada uno hacia la libertad.
Y Sardanápalo, viendo que todo su reino estaba en el mayor peligro, envió, con muchas riquezas, a sus hijos, que eran tres, y a sus dos hijas a Paflagonia, junto al gobernador Cotas, que era el más leal de sus súbditos (...) Había sobre él profecía recibida de sus antepasados de que nadie tomaría Nínive por la fuerza si primero el río no se volvía enemigo de la ciudad. Suponiendo, pues, que eso nunca sería, se mantenía en sus esperanzas, imaginando que resistiría el asedio y que recibiría los ejércitos que iban a ser enviados por sus gobernadores.
Nínive, según la figuración de un artista.
Los rebeldes, enardecidos por sus éxitos, insistían en el asedio pero, a causa de la fortificación de las murallas, no podían hacer daño en absoluto a los de la ciudad: las catapultas de piedras o las protecciones de tortuga o los arietes ingeniados para la destrucción aún no estaban inventados por aquella época. Los de la ciudad tenían mucha abunfdancia de todas las provisiones, habiéndose preocupado antes el rey de esa cuestión. Por tanto, alargándose el asedio, insistieron dos años, haciendo ataques a los muros e impidiendo a los de la ciudad la salida hacia el territorio; pero al tercer año, después de caer continuamente grandes lluvias, resultó que el Eufrates, al hacerse más grande, inundó parte de la ciudad y derrumbó la muralla a lo largo de veinte estadios. Entonces el rey, pensando que se había cumplido el oráculo y que el río se había convertido claramente en enemigo de la ciudad, desesperó de la salvación. Y para no ser cautivo de los enemigos, construyó una pira muy grande en el palacio real y amontonó sobre ella todo el oro y la plata y, además de eso, toda la vestimenta real y, habiendo encerrado a las concubinas y a los eunucos en el habitáculo construido en medio de la pira, se quemó él y el palacio real junto con todo esto. Los rebeldes, informados de la destrucción de Sardanápalo, se apoderaron de la ciudad precipitándose a través de la parte derruida de la muralla. Tras poner a Árbaces la túnica real, lo nombraron rey y le confiaron el poder universal.
Esta visión de Sadanápalo que se popularizó a través de la educación clásica no es históricamente exacta. Al parecer, la imagen de este rey asirio está construida con retazos de varios reyes: "la muerte de Asurbanipal no se produjo de modo tan melodramático -nos dice el comentarista de la obra de Diódoro-; quien fue quemado así el año 648, voluntariamente o por accidente en Babilonia asediada durante tres años, es su hermano Samashsumuquin, que se había rebelado contra Asurbanipal". Tampoco fue ese el fin de Nínive, que definitivamente se perdió de manos de sus hijos del 614 al 606 a C. El imperio de Ciaxares (Árbaces) y su hijo Astiages es de poca duración, pues su vasallos persas se rebelan y los someten en 550 a C. por obra de Ciro II El Grande. También el reino neobabilónico/caldeo de Nabopolasar (Bélesis), su hijo Nabucodonosor y algún otro sucesor, fue conquistado por Ciro en 539 a C.

Boceto para el mismo cuadro por Eugene de la Croix


lunes, 13 de mayo de 2013

El cachito de jamón y el costo de vida

Cachito de jamón y café con leche... Un desayuno caraqueño.

Desde hace días deseaba revisar en esta bitácora un desayuno de día laboral que gusta a los caraqueños, pero que cada vez está más lejos del alcance del bolsillo. Se me ocurre que, en vez de la receta, se pueden hacer algunas reflexiones sobre la economía, la inflación y el ingreso del trabajador a partir de este panecillo que se elabora en casi todas las panaderías del país.

La masa es suave, fina y perfumada, rellena de jamón picado. Generalmente se le consume acompañado de un café con leche o jugo. Hay quienes les gusta el relleno de jamón de pechuga de pavo o de jamón y queso. Siempre es sabroso. Estas son cosas que rara vez se hacen en casa. El costo por unidad gira en torno a los Bf. 20,00; es decir, 20.000,00 bolívares de los viejos. Aquí entramos entonces a las consideraciones de política económica a través de la experiencia propia.

Cuando ingresé a la Administración Pública Nacional, en el lejano año de 1977, mi sueldo era de Bs. 2.875,00, como correspondía a un profesional universitario recién graduado, sin cargo directivo. Era un sueldo digamos que básico, pero que te reconocía el derecho a la calidad de vida. Para ese momento un cachito de jamón costaba en las panaderías Bs. 0,50 y una taza de café con leche grande otro tanto. Lo que quiere decir que por Bs. 1,00 se desayunaba completo y sabroso; y que con mi sueldo podría comerme 2.875 desayunos. ¿Correcto? Hacia 1987 el precio unitario había subido a Bs. 7,00 y los rellenaban con mortadela de mala calidad.

Hoy, luego de más de 30 años de deterioro económico, político y social, un cachito cuesta, como ya dije, Bf. 20,00 y el café con leche alrededor de Bf 18,00. ¿Cuánto es el salario mensual de un profesional universitario recién egresado, sin cargo directivo? Supongamos que son Bf. 2.875,00... ¿Cuántos desayunos se podrá comprar al mes? CASI 76 DESAYUNOS ¿Cuánto cuesta un almuerzo en un comedero del centro de Caracas? ¡Ajá! Este funcionario prácticamente trabaja para comer. Para tener el mismo poder adquisitivo de 1977, debería devengar un sueldo mensual equivalente a Bf. 109.250,00... ¿Qué tal?

Me preguntarán ¿Qué sucedió? La inflación seguro, responderá la mayoría... Eso no lo explica todo.  Los ingresos y precios de los años 70 respondían al concepto de bienestar socialdemócrata. Luego del Viernes Negro de febrero 1983, los controles de cambio (¿recuerdan al dólar libre y al controlado? ¿RECADI? ¿CADIVI?) y tantas medidas más que han ido empobreciendo al venezolano, nos encontramos no sólo con la inflación (el impuesto a la pobreza), sino con la estanflación (inflación más estancamiento económico) y también la depreciación del trabajo (eso nadie lo menciona). Es lo que los marxistas llaman "la explotación del hombre por el hombre" y yo le agregaría la "explotación del hombre por el Estado", pues la gran mayoría de los venezolanos son empleados públicos.

¿De quién es la culpa? Creo que es una responsabilidad compartida. De allí surge la antipolítica (tan dañina ella), el mesianismo (peor aún), el populismo, etc. El daño está en el bolsillo del trabajador y no en el de quienes planifican la economía. Si hubiera una sanción penal y administrativa por los daños causados, otro gallo cantaría. Lo que olvidan quienes toman decisiones es que hay un momento en que se tranca el serrucho, como sucedió en febrero de 1989, o que las masas que fueron fieles se volteen (voto castigo).

Me propongo como tarea revisar los conceptos que he puesto en negrillas para ver si estoy equivocado.

Los cachitos se pueden hacer en casa.  El chef Laslo Gyomrey nos explica cómo.


¡Buen provecho!

jueves, 9 de mayo de 2013

Los carnavales del Obispo (o la oración de cuartilla y media)

Nuestra Señora de la Luz, que se venera en León, Guanajuato, México.
Circa 1722
Arístides Rojas, curioso de las antigüedades criollas, dedica más de un texto a la obra de don Diego Antonio Diez Madroñero Obispo de Caracas y Venezuela (aquí y aquí), quien con celo apostólico trató de reformar las costumbres díscolas de sus ovejas con decisiones que marcaron por mucho tiempo el espíritu y costumbres del obispado. Diez Madroñero, devoto de Nuestra Señora de la Luz, la invocaba con frecuencia y desplegó grandes esfuerzos en inculcar esta devoción entre los feligreses. En la Catedral de Caracas se conserva un cuadro de esta advocación que procede de la época de este ilustre prelado. La figura de Leviatán (esquina inferior izquierda) fue censurada desde 1760 por la Iglesia Católica y fue sustituida por unas llamas que aludían al Purgatorio, o unas nubes oscuras simbolizando el pecado. El cuadro de la Catedral muestra las nubes oscuras.

Uno de los artículos de don Arístides se refiere las medidas tomadas por el Prelado para frenar los excesos del carnaval. De allí extraigo el mensaje del buen Obispo que debe ser, a mi juicio, la oración más larga jamás escrita en la historia de Venezuela (todo un interminable párrafo); es casi una página con muchas comas y un sólo punto. Propongo como ejercicio, leerlo a viva voz a ver cuánto se aguanta. El texto está tomado de Crónica de Caracas (Ministerio de Educación, Caracas, 1988).
Nos, Don Diego Antonio Diez Madroñero, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Caracas y Venezuela, del Consejo de su Majestad.
Entre los muchos y singulares efectos que como favor especialísimo celebramos haber causado en los piadosos ánimos de sus devotos súbditos, la Madre Santísima de la Eterna Luz, Divina Pastora de esta ciudad y obispado, son muy notables y maravillosos (si maravilla es, que a los dulces silbos y armoniosas voces de María hasta los efectos, obediente se sujetan a la razón y a la razón de Dios) cuantos admiramos, particularmente en las carnestolendas del año próximo pasado, las semanas precedentes a ellas, y en el siguiente santo tiempo de Cuaresma, en que convidados por la Santa Iglesia a penitencia, a una devota tristeza y al ejercicio de las virtudes, cuando el mundo ostentando escenas en sus teatros como lícita, las más vivas y artificiosas expresiones de libertad en juegos, justas, bailes, contradanzas y lazos de ambos sexos, contactos de manos y acciones descompuestas e inhonestas y cuando honestas indiferentes, siempre peligrosas, llamaba a los deleites corporales aquellos nuestros súbditos, fieles siervos de Nuestra Señora, combatiendo y despreciando constantemente hasta hasta los atractivos halagüeños de semejantes diversiones profanas, admitieron gustosos aquel convite espiritual, prefiriendo entre sí mismos con santa emulación por participar de las delicias celestiales preparadas en los sagrados banquetes y espectáculos representados, ya en las iglesias, donde estuvo expuesta su Majestad Sacramentada, ya en las procesiones de Semana Santa, ya en los rosarios convocatorios, ya en los demás ejercicios piadosos repetidos en los días de Cuaresma, habiendo asistido todos dando recíprocos ejemplos con su más fervorosa devoción y compostura, sin excepción de los niños y párvulos que abstenidos de las travesuras pueriles de que el enemigo común solía valerse y retraer de las iglesias a los devotos, no fueron los que menos edificaron, advertidos, sin duda, de sus párrocos, maestros prudentes y devotos, padres de familia de cuido, celo y eficacia en el cumplimiento de sus muchas y gravísimas obligaciones, pende muy principalmente la universal santificación de este pueblo y Obispado, a que esperamos nos ayuden unos y otros cooperando en cuanto les sea respectivo, perseverantes en la soberana protección necesaria, y en los medios y ejercicios santos practicados el año precedente que haremos notorio, se les facilitaron repitiéndolos, y que nuevamente les invitamos, satisfechos en la constancia de sus santas resoluciones y buenos propósitos, con que desterrados perpetuamente el carnaval, los abusos, juguetes feroces y diversiones opuestas a nuestro fin, se radiquen más y más las virtudes y buenas costumbres, aumenten en los piadosos estilos e introduzcan firmemente como loable el de continuar la custodia de esta ciudad para que, fortalecida con el número inexpugnable de la devoción de María, Señora Nuestra, y quitado embarazo el domingo, lunes y martes de carnestolendas, permanezca defendida y concurran los fieles habitadores de María, sin estorbo a adorar a su Divina Majestad Sacramentada, en las iglesias, donde se expondrá a la veneración de todos, convocados por sus Santos Rosarios que salgan de las respectivas, donde se hallan situados a las cuatro según ordenamos a todas las cofradías, congregaciones o hermandades y personas a cuyo cargo están; dispongan y saquen en las tres tardes en el inmediato carnaval dirigiendo cada cual el suyo por las cuadras que circundan las iglesias de sus establecimiento, sin juntarse con otro, volviendo y concluyendo en la misma forma con la plática mensual en que, confiamos del fervor y facilidad de los predicadores, tocarán algún asunto conducente a desviar a los fieles de las obras de la carne y atraerlos a la del espíritu con que les templen la ira de Dios irritadas por las culpas de las carnestolendas y Semana Santa. En testimonio de lo cual damos las presentes, firmadas, sellas y refrendadas en forma en nuestro Palacio Episcopal de Caracas, en catorce de febrero de mil setecientos cincuenta y nueve. DIEGO ANTONIO, Obispo de Caracas.
Por mandato de su Señoría Illma., mi Señor. Don José de Mejorada. Secretario. Letras congratulatorias, invitatorias y exhortatorias por las que ordena su Señoría Illma. la repetición de rosarios en los tres días del carnaval confiando no se manifestarán menos devotos en este año. sus muy amados y piadosos súbditos, que lo ejecutaron en el pasado, hasta los niños. 
Caracas en 1775 "exato mapa". Se pueden apreciar las calles, plazas e iglesias existentes.
Dudo que exista alguna oración completa tan larga como esta en la historia de la escritura en Venezuela; a no ser que algún vanguardista reciente se haya animado a competir con el Obispo Diego Antonio Diez Madroñero, de feliz memoria.

Chistes aparte, este ilustre obispo dejó huellas en Caracas, en las costumbres de sus ciudadanos y en la nomenclatura de algunas esquinas del centro de la ciudad. No logró inculcar la devoción por Nuestra Señora de la Luz, pero si amainar en algo la vulgaridad y el desorden del carnaval caraqueño.


miércoles, 8 de mayo de 2013

En el día de la madre

La joven madre, por Arturo Michelena (París, 1889)

RECUERDOS DE MI MADRE
Dedicados á mis hermanos

Ah! ¿Cuántas veces me senté, abstraido,
Apurando el inquieto pensamiento,
Buscando la espresion á un sentimiento,
Huella indeleble que dejó el pesar!
Pesar que llevo con placer, que el hombre,
Si el bien más caro de la vida pierde,
Cuando se halle sin él, que lo recuerde,
Alivio dulce encontrará en llorar.

¡Con cuánto ahinco perseguí una frase
En lo más hondo del humano afecto,
Do de la pena al poderoso efecto
Halla arranques sublimes el dolor!
Porque he deseado que las tristes hojas,
Á las que yo mis pensamientos fio,
Siquiera tengan, cual tributo mio,
Una palabra de maternal amor;

Porque despues del que, infinito, emana
Del seno augusto del Eterno Padre,
No hai otro amor, como el amor de madre,
En la espinosa senda del vivir;
Y hai una tumba, cuyo estrecho espacio,
De mis recuerdos el recuerdo encierra,
El bien mas grande que encontré en la tierra
Y un ser humano pudo recibir.

Ella conserva en silenciosa nada
Mis goces inocentes, cuando niño,
Y entre el helado maternal cariño
Guarda el primer fervor de mi oración. 
En ella está lo que del vaso queda
Do fundió mi alma del Señor la mano;
En ese polvo de un despojo humano
Hai fibras de mi propio corazon.

Bajo esa losa acumulados yacen
Lo que voi dando al porvenir, mi historia,
Los pobres lauros de mi humilde gloria,
Los caros restos de mi Madre en fin.
¡Ah! si el oido con que escucha el ángel,
No fuese al alma del mortal vedado
Y, para verla, si me fuese dado
La mirada tener del querubin!

¡Con cuánta dicha su lenguaje oyera
Y el noble aspecto de su ser mirara
Y los consejos otra vez hallara
Que solo el labio maternal vertió!
Mas duerme en paz, querida Madre, duerme!
Que luce el faro que enseñaste á tu hijo;
En él, constante, la mirada fijo,
Que arrostro ahora la borrasca yo.

Mas ruega, si,que en mi camino lleve
Tu buen ejemplo, que á mi vista tuve,
Y que jamás inesperada nube
Pueda ocultarme el faro de la fe;
Que, cuando oprima tu recuerdo mi alma
Ó que á mis puertas la desdicha llame
Ó me torture el desengaño infame.
Á orar al borde de tu losa iré.

Iré, sí, cuenta, que mi ser te debo,
Y ser me huelgo de tu ser nacido,
Y fuí tambien con el sudor nutrido,
Que derramaste en incesante afan.
Deuda eterna! Tu anhelo por armarme
De la maldad contra el amargo fuerte...
Cuando luchaste con la adversa suerte
Y de la boca te quitaste el pan!

¿Pues qué hijo paga la deuda
Que con una madre tiene?
¿Qué importa su fosa llene
Con lágrimas de dolor?
Pudiera... si el débil hombre
Fuese Dios y no su hechura
Y, para estar á su altura
Guardase un cielo á su amor;

Porque el cariño de madre
Para el mortal en el suelo
Es un pedazo de cielo,
Don de la Suma Bondad;
Es un legado precioso
Que pagar nadie ha podido;
De mano en mano ha servido
De escudo á la humanidad.

Mis hijos,... vé, son renuevos
Que á cultivar principiaste;
El que tanto y tanto amaste,
Ya sabe nombra á Dios;
Ya sabe tambien nombrarte,
Y cuando tenga más tino,
Yo le enseñaré el camino
É iremos á orar los dos.

Mas ruega a la Virgen Madre
Que no les falte en el suelo
Ese pedazo de cielo
Que, al espirar tú, perdí,
Y que ellos de las virtudes
Por el sendero escarpado
Transmitan ese legado
Que tú me dejaste á mí!

Y en paz descansa en la mansion eterna,
Donde el Supremo Ser premiado te haya,
Y ruega siempre que mi rumbo vaya
Fija mi vista en el faro de la fe;
Que el paso alumbre de tus otros hijos,
Hasta que Dios á todos nos reclame!
Y yo, entretanto que su voz nos llame,
Á orar con ellos á tu losa iré.



Juan Vicente Mendible, autor del poema,  nació en Caracas el 6 de mayo de 1830, hijo de Luciano Mendible y Josefa María Torres. El marqués de Rojas (José María de Rojas) en la Biblioteca de escritores venezolanos contemporáneos, editada en Madrid en 1877, nos da algunas noticias sobre el poeta:
De doce años de edad comenzó sus estudios en la Universidad Central y, despues de haberlos seguido con aprovechamiento y perseverancia, recibió de aquella ilustre Institucion el grado de Doctor e Medicina, á la edad de 25 años.
Sus escritos literarios comenzaron a aparecer en 1847, y desde entónces hasta la fecha ha dedicado una parte de su tiempo á las bellas letras y publicado muchos escritos de diversos géneros.
Ha desempeñado tambien cargos públicos de carácter honorífico y por espacio de seis años ha sido catedrático de Gramática castellana en la Universidad de Carácas.
No tengo más datos sobre este médico-poeta. Como de costumbre, he respetado la ortografía del original de 1877.

Este es un pequeño homenaje a todas las madres en su día, en especial a las que ya no están con nosotros.