domingo, 26 de febrero de 2012

El cruel, sanguinario y despiadado pastel de morrocoy

Morrocoy (Chelonoidis carbonaria)
En algunas regiones de Venezuela se acostumbra a comer en Cuaresma y Semana Santa el famoso Pastel o Carapacho de morrocoy. Mal hábito, a mi juicio, porque la especie, Chelonoidis carbonaria, está en peligro de extinción a causa de la captura indiscriminada y la pérdida de hábitat. El plato en sí no es gran cosa, ni amerita el esfuerzo de matar al quelonio de una manera tan bárbara y despiadada. Claro, los que tienen la costumbre de consumirlo, saldrán en su defensa diciendo que también quienes nos oponemos a esta mala acción comemos pollo y carne de res y que esta es una tradición criolla. Siempre existirán justificaciones, pero esto es peor que una corrida de toros.

Empecemos la descripción del plato por donde comienzan a prepararlo: beneficiando al animal ¡Vaya beneficio que le hacen a esta pobre tortuga!

1.- Se agarra al animal y se le pone de costado;
2.- Con un hacha, o con motosierra, se abre el caparazón, que sangra profusamente por los lados;
3.- Se arranca el animalito del resto del caparazón, provocando aún mayor sangramiento;
4.- El amasijo, de donde salen 4 paticas negras que se agitan y una boca que se abre constantemente, se lanza en una olla de agua hirviente;
5.- El animal intentara nadar inútilmente durante los primeros 30 minutos (increíblemente el morrocoy no muere hasta ese momento, pero como no tiene cuerdas vocales para chillar la gente lo interpreta como ausencia de dolor);
6.- Una vez que el animal no patalea más, se deja por varias horas en cocción y se procede a elaborar el pastel. En este punto en donde empiezan las recetas como esta. Se come esta "delicia", acompañada de una gran cantidad de ron o cerveza, ingerida durante la espera. Con el paladar cansado de tanto alcohol, no se dan cuenta del mal que han hecho.

El morrocoy es uno de los animales silvestres que mejor se adapta a vivir como mascota. Tiene un carácter dulce, larga vida y requiere pocos cuidos. Tuve uno que me regalaron cuando yo tenía unos 7 años y me dió muchos ratos de felicidad. Mi abuela me prevenía sobre el mordisco que podía darme si le metía el dedo en la boca. Al parecer, una vez que cierra la boca no la abre hasta que corta el trozo que va a comer (vegetales, frutas, hierbas); si muerde un dedo hay que cortarle la cabeza. Lo regalé a unas parientes que tenían un patio lleno de frutales porque quería que viviera mejor que en mi casa. Es una tortuga de tierra con el caparazón en forma de domo que puede llegar a los 35 cm de largo. Por su carácter, mucha gente los tiene como mascota en su casa y no se los comen, sino que los miman.

Hay una receta ecológica que imita al Carapacho tradicional y que se puede ver aquí.

Cuidemos nuestros recursos naturales

4 comentarios:

  1. Que horror lo que le hacen al pobre animal.
    Saludos...

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    Respuestas
    1. Los llaneros no son gente sensible y les sabe a casabe la ecología. No dudo que matar a un animal de esa manera es pecado mortal. De paso el plato no es gran cosa.

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  2. A que sabrá ese pastel?...

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  3. que terrible...pobres animales...claro q sienten...por q tienen sistema nervioso

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