lunes, 30 de junio de 2014

Un recuerdo para Ramón Jota

Ramón J. Velásquez (1916-2014), por Rayma

La Parca nos ha privado de Ramón J. Velásquez (1916-2014), abogado, periodista, historiador y político, testigo excepcional de la historia del siglo XX de Venezuela. Ciudadano integral, dedicado a la promoción de la democracia y a la investigación histórica, escribió hasta el último día de su vida.

Algunos de sus libros, como La caída del liberalismo amarillo; tiempo y drama de Antonio Paredes y Confidencias imaginarias con Juan Vicente Gómez, son ya clásicos en la historiografía venezolana. En su obra como historiador busca rescatar la historia política de Venezuela con numerosos títulos de diversos temas. Así mismo, desde el Archivo Histórico de Miraflores y la Biblioteca de autores y temas tachirenses, propició la edición de páginas desconocidas u olvidadas.

Llegó a ser Presidente interino de la República en 1993-1994, en una gestión que aún es controvertida. Él asumió la designación como un deber cívico para mantener la democracia en un momento en que la sociedad venezolana, como los lemmings se dedicaba a destruirla y a buscar un Mesías que les resolviera sis problemas. Buscando hoy entre mis libros, me topé con El Doctor Velásquez, una historia nunca contada (Proculta, San Cristóbal, 2012), por Luis Hernández Contreras. Allí encontré que Ramón Jota le había comentadio a un vecino:
Como Venezuela es un circo de atracción muy viejo, han escogido al más viejo de los maromeros para que camine en la cuerda floja, pero le han quitado el telón que impedirá que al caerse se mate. Pero a mi no me va a pasar nada.

PAZ A SU ALMA 

jueves, 26 de junio de 2014

La Ratatouille y la Greixonera

La ratatouille hecha en casa según la receta de Saveurs

Desde hace unos meses debía una receta de ratatouille a mi amigo Pedro, médico y ávido lector quien me inició en la obra de Jorge Luis Borges. El retraso no se debió a la pereza ni a la dificultad de conseguir los ingredientes, sino, por el contrario, a la abundancia de recetas para la preparación de este guiso de vegetales de decisivo gusto provenzal.

En efecto, casi cada libro de cocina francesa tiene su propia versión, así me revisé hasta que encontré una que fuera auténtica y sabrosa. La encontré en Saveurs Cook Authentic French (Chronicle Books, San Francisco, 1999), producido por los editores de la afamada revista culinaria Saveurs. Esta receta sigue la tradición nizarda que requiere una larga preparación; pasos que no deben ser saltados si se desea un buen resultado. Conviene, dicen los provenzales, preparar más ratatouille de lo que se necesita, pues se puede comer luego frío o caliente. Acompaña bien pescados, aves y carnes a la brasa. LO que sobra se puede disfrutar sobre alguna rueda de pan rústico. Espero que Pedro lo prepare pronto y que le guste.

RATATOUILLE
8 porciones

Ingredientes: 

  • 3 berenjenas medianas cortadas en cubos de 5 cm
  • 4 calabacines medianos, cortados en cuartos a lo largo y luego en trozos de 5 cm
  • Sal gruesa o Kosher
  • 1/2 taza de aceite de oliva extra-virgen
  • 6 cebollas medianas, peladas y cortadas en ruedas finas
  • 4 pimentones (medianos) rojos o verdes, descorazonados, despepitados y cortados en tiras de 2.5 x 5 cm
  • 6 tomates pequeños, pelados, despepitados y cortados en cuartos
  • 8 dientes de ajo, pelados y cortados menudo
  • 20 hojas de albahaca fresca
  • 1 ramillete de perejil fresco, sin los tallos
  • 8 ramitas de tomillo fresco
  • Pimienta negra recién molida


Preparación:

  1. Ponga las berenjenas y los calabacines en dos coladores separados y mezcle cada uno con una cucharada de sal gruesa. Deje drenar por 30 minutos. Seque con toallas de papel absorbente.
  2. Caliente 2 cucharadas de aceite de oliva a fuego medio-bajo en una sartén amplia. Agregue las cebollas y saltee hasta que estén transparentes, aproximadamente 15 minutos; entonces transferirlas a un bowl y se dejan de lado. Agregue 2 cucharadas de aceite a la misma sartén, incremente el fuego a medio-alto, agregue la berenjena y saltee hasta que esté dorada, aproximadamente 20 minutos. Transferir la berenjena a una olla grande y pesada y cubrir con una capa ligera de las cebollas reservadas. Agregue 2 cucharadas e aceite a la sartén, agregue los calabacines y saltee hasta que doren, aproximadamente 10 minutos. Transfiera a la olla y cubra con una ligera capa de cebolla. Agregue una cucharada de aceite a la sartén, agregue los pimentones y saltee hasta que las orillas tomen un color marrón, aproximadamente 15 minutos. Transfiera a la olla y cubra con una ligera capa de cebolla.
  3. Agregue la última cucharada de aceite a la sartén, entonces adiciones los tomates, ajo y albahaca, apretando ligeramente con la parte trasera de un tenedor (o una espátula de madera) y cocine hasta que espese ligeramente, aproximadamente 15 minutos. Transfiera a la olla, agregue las cebollas restantes, perejil y tomillo. Sazone con sal y pimenta al gusto.
  4. Cocine a fuego muy suave (el término es mijoter), parcialmente cubierto, revolviendo ocasionalmente, por 1 hora y media. Ajuste la sazón y cocine por 30 minutos más.

Es importante procurar que los calabacines sean medianos, pues muy pequeños se desharían y demasiado grandes quedan duros. Vale la pena no saltar los pasos porque el resultado es excelente.

Greixonera d'albergines, con pescado a la plancha

Los mallorquines tienen dios platos parecidos a la ratatouille: El Tumbet y la Greixonera de albergines. A fin de ilustrar sobre esta especialidad balear recurriremos a Entrar en la cocina de Mallorca, Menorca, Ibiza y Fromentera, por Caty Juan de Corral. La receta es simple y se prepara en una pieza de barro vidriado que se llama precisamente Greixonera. Veamos:

GREIXONERA D'ALBERGINES


Ingredientes:
  • 4 berenjenas tiernas
  • 2 pimientos rojos gruesos
  • 4 papas medianas
  • 750 gr. de tomates maduros
  • 5 dientes de ajo
  • 2 tazas de aceite de oliva
  • sal

 Preparación:

  1. Las berenjenas se lavan, se cortan en ruedas de 5mm de grosor. Se salan y se les deja que lloren su amargura por unos 30 minutos. Las papas se pelan, se cortan en ruedas y se remojan en agua fría. Los tomates se pelan, despepitan y cortan en trocitos. El ajo se pela y se corta menudito. Asamos los pimentones en el horno por media hora. Eliminamos la piel y las semillas. Con las manos se cortan en tiras.
  2. Con un poco de aceite de oliva (como ½ taza, me pareció mucho 2 tazas) se van friendo las ruedas de papa, que se han secado con papel de cocina. Cuando comienzan a dorar se van pasando a un plato con papel de cocina para que escurran.
  3. Lavamos y escurrimos bien las ruedas de berenjena. Hay que exprimirlas bien, pero con cuidado. Se van friendo las ruedas de berenjena. Cuando comienzan a dorar se trasladan a un plato con papel de cocina para que drenen. Es asombroso, pero con este método las berenjenas casi no absorben aceite.
  4. En el mismo aceite, sofreímos la mitad del ajo picado. Agregamos el tomate y sal y lo hacemos reducir a fuego suave, hasta confitar. En la greixonera, colocamos una cucharada del tomate confitado. Encima colocamos las papas fritas y otro poco de tomate. Luego las berenjenas y un poco más del tomate. Por último, las tiras de pimentón asado, el resto de la salsa y el ajo picado que habíamos reservado.
  5. Llevarla al horno por unos 30 minutos. Depende de la temperatura del horno. Lo importante es que todo se confite en sus propios jugos. Se deja refrescar un poco para que se los jugos se reduzcan



miércoles, 25 de junio de 2014

El hijo de la panadera


Una vez más, Inés Quintero regala al público lector y amante de la historia con un muevo libro. Me refiero a El hijo de la panadera (Editorial Alfa, Caracas, 2014), que no es otra cosa que la biografía, muy bien documentada por cierto, de Francisco de Miranda. Personaje tan biografiado que resulta muy escribir sobre él.

Tuve el acierto de acercarme a una presentación que hizo la autora junto con Edgardo Mondolfi Gudat en la Librería Alejandría del Paseo Las Mercedes, y disfrutar de una actividad ilustrativa. De antemano ya había resuelto adquirir un ejemplar que reservé en otra librería. Me lo leí de punta a punta, pues Miranda tuvo una vida apasionante llena de aventuras y de amor por la libertad de su patria. En esta oportunidad, la historiadora recurre no sólo al archivo del Precursor, sino que hace sabio uso de su diario.

Veamos lo que nos dice la contraportada:
La autora asume el desafío de ofrecer una nueva lectura de la vida y vicisitudes de Francisco de Miranda, desde el momento en que abandona Venezuela, con apenas 20 años, hasta el triste desenlace que representó para su vida el fin de la Primera República, su entrega a las autoridades españolas, la prisión y su posterior fallecimiento en La Carraca.
El libro comienza con el acontecimiento del cual deriva su título: un incómodo y escandaloso incidente promovido por los criollos principales de la capital contra su padre, Sebastián Miranda, tenido como individuo de inferior condición y -para mayor escarnio- casado con una panadera.
En sus páginas se busca trascender, sin soslayar, la biografía política para prestar atención a los detalles de la vida cotidiana del Generalísimo: sus sentimientos, dolencias y caprichos; su vida amorosa, su vastísima cultura, sus viajes, su inagotable curiosidad, sus prisiones, persecuciones y fracasos y muchos otros aspectos que formaron parte de su agitada existencia. "Todos ellos y seguramente muchos otros, son y seguirán siendo fuente fecunda de relatos, aproximaciones y acuciosos estudios sobre este personaje singular, cuya mayor cuialidad fue, sin lugar a dudas, su constancia y empecinamiento en propiciar , aun a costa de su propia vida, la independencia de todo un continente. No lo logró en vida, pero murió a causa de ella".
Una breve entrevista con la autora, se puede leer por aquí.

Inés Quintero

jueves, 19 de junio de 2014

Los secretos del bollo pelón marabino

Bollo pelón marabino
En varias regiones de Venezuela se preparan los bollos pelones. Hace unos días conversaba con mi amigo Alberto, de familia caraqueña, sobre esta preparación de la cual había visto una receta que llevaba masa de maíz blanco y amarillo. Como me crié comiendo la versión marabina que es de una simpleza espartana, me extrañaba esta combinación de maíces. Alberto me decía que llevaba las dos masas.

Son famosos los bollos pelones de San Felipe, estado Yaracuy, que se rellenan con un guiso de carne y cerdo, se fríen y luego se terminan de cocinar en una salsa de tomate. Mi hermano me contaba que hace un tiempo fue a una cena (menú de degustación) en el Caracas Country Club. Para su sorpresa, los bollos pelones tenían la masa cruda y tuvo que dejarlos. Recordaba con añoranza los que comíamos en casa.

Los bollos pelones zulianos son muy sencillos. Un envoltorio de masa muy indígena, relleno de un guiso con sabores hispano-barrocos, cocidos en agua hirviendo y servidos bañados en una salsa de tomate criolla. Los comí en casa la semana pasada y me quedaron bien. Los hice porque tenía bastante carne molida guisada y tenía el antojo de comerlos. Buscando entre los recetarios en casa encontré la que nos da Rosita Regalado en su libro Delicias zulianas (Libros de El Nacional, Caracas, 2008), que es bastante aceptable. Voy a basarme en esta receta para describir el proceso:

BOLLOS PELONES
25 unidades

Primer secreto: la masa
Es una masa de maíz blanco muy bien amasada con la adición de un poco de aceite, de tal manera que sea más elástica que la de arepas y no se resquebraje cuando se la manipule. Las proporciones de Rosita Regalado son las siguientes:

Ingredientes:

  • 1 paquete de harina de maíz
  • 3 cucharadas de harina de trigo
  • 2 tazas de agua
  • 2 cucharadas de aceite.


Preparación

  1. Para preparar la masa mezcle los ingredientes en un bol grande hasta que todos se unan. La masa debe tener una consistencia más suave que la masa de arepas. Si a ver vamos, dos tazas de agua no son suficientes para humedecer un kilogramo de harina de maíz. Mejor seguir las instrucciones del fabricante, agregar el aceite y sal y amasar muy bien para que la masa esté suave. En mi casa no le ponían, ni ponen harina de trigo.


Segundo secreto: el guiso
El guiso de carne molida (de res o de res y cerdo) debe quedar gustoso y jugoso. Nada más desagradable que al abrir un bollo salga un burusero de carne sin jugo alguno. Rosita regalado da las proporciones para un kilo de carne:

Ingredientes:

  • 1 kilo de carne molida
  • 1/4 de kilo de tomates maduros, pelados y cortados en cubos
  • 1/4 de kilo de ají dulce, despepitado y cortado finamente
  • 1/4 de kilo de papa cortada en cubitos
  • 1 pimentón rojiverde, cortado en cuadros
  • 1 cebolla, cortada en cubos
  • 4 dientes de ajo machacados
  • 2 hojas de laurel
  • 6 cucharadas de salsa inglesa (lo veo como demasiado. Mejor una cucharada)
  • 1 cucharada de vinagre
  • 1 cucharada de mostaza
  • La parte blanca de un ajoporro, cortada finamente
  • sal y pimienta al gusto
  • agua


Hay diferencias en este guiso al que preparan en mi casa. Por ejemplo, nosotros le agregamos uvas pasas, alcaparras y aceitunas rellenas cortadas en rueditas. No le agregamos vinagre sino encurtidos en vinagre, picados menudo.

Preparación (según mi método)

  1. En una paila lo suficientemente amplia se vierten tres cucharadas de aceite. Cuando comienza a calentar, se agregan las aliáceas (ajo, cebolla, ajo porro, y cebollín, si se usa. Cuando estén transparentes y marchitos, comenzamos a adicionar las solanáceas, comenzando por el ají dulce y el pimentón. Se cocinan hasta que marchiten
  2. Luego agregamos la carne molida, la cual trabajaremos con una cuchara de madera para deshacer cualquier grumo. Debe quedar suelta.
  3. Seguimos con otras solanáceas (tomate y papas), Se revuelve bien
  4. Se condimenta con salsa inglesa, mostaza, encurtidos y laurel. Se le puede adicionar un bouquet con perejil y cilantro, pero eso es optativo.
  5. Se agrega agua que apenas lo cubra y se cocina destapado para que los tomates se deshagan y formen una salsa. No debe quedar ni seca, ni acuosa.
  6. Salpimentamos al final, teniendo en consideración que la masa de maíz blanco es bastante insípida.

Tercer secreto: ensamblaje de los bollos y su cocción.
A Rosita Regalado le gustan los bollitos pelones más bien pequeños. Yo los hago del tamaño de una naranja. 
Preparación:
En una olla grande ponga a hervir suficiente agua (abundante). Cuando llegue a un hervor, se agrega sal.
Prepare las bolas de masa, el tamaño usted lo decide (yo las hago del tamaño de una mandarina)
Sostenga cada bolita de masa en una mano y con el dedo índice de la otra mano haga un hoyo sin que se rompan las paredes del bollito (las pareces, me parece, no deben quedar muy delgadas, habida cuenta que hervirán libremente y crecen).
Rellenar con el guiso y cierre cada bollito con delicadeza para que no se revienten. Para un bollo pelón del tamaño de una naranja, coloco tres buenas cucharadas de guiso. El cierre de los bollos es importante, pues de él depende el éxito del plato. Un bollo pelón explotado en el agua es incomible.
Cocine los bollitos en el aguar hirviendo. Cuando suban a la superficie (o floten), entonces estarán listo. Sáquelos inmediatamente con un espumadera para evitar que se rompan.
Coloque los bollitos en una bandeja o en platos individuales y báñelos con la salsa de tomate criolla que tendrá lista.
Se sirven acompañados de maduro horneado y ensalada de ruedas (o piragüera)

Cuarto secreto: recalentado
Seguro que con las proporciones de Rosita van a sobrar bollos, a menos que se hagan para una amplia reunión familiar. Siempre es mejor que no sobre.

  1. Los bollos sobrantes se dejan enfriar. Luego se guardan, tapados, en la nevera.
  2. Para recalentarlos, se sacan de la nevera con anticipación hasta que estén a temperatura ambiente. Se colocan en una rejilla sobre agua hirviendo (que no los toque), y se calientan, tapados, al vapor. En unos 10 a 15 minutos estarán listos para comer.

martes, 17 de junio de 2014

Miranda en La Carraca

Miranda en La Carraca, por Arturo Michelena

MIRANDA EN LA CARRACA

Hay en este lienzo un drama
de rasgos tan sorprendentes,
que se ven dos continentes
enlazados en su fama.
Honra universal proclama,
y si su numen comparte
entre las musas y Marte,
en el genio que revela
hace reina a Venezuela
en las regiones del arte.

¡Si parece que está vivo!
que el pincel vertió con gloria,
toda la hiel de su historia
en el rostro pensativo.

Vive allí el noble cautivo
en trágica eternidad,
tanto, que mueve en verdad
a pedirle a Michelena
que rompa la vil cadena
y lo ponga en libertad.



Por Tomás Ignacio Potentini

Fuente: Cien + 20 poetas orientales
Fondo Editorial del Caribe, Barcelona, 2010


Tomás Ignacio Potentini
(1859-1908)
Los poemas de Tomás Ignacio Potentini (1859-1908) han caído en desuso en las escuelas venezolanas. Nació en Píritu y falleció en Puerto La Cruz, estado Anzoátegui. Una de sus obras más populares fue su Canto a Bolívar que se recitaba en todas las escuelas:

Cuentan que tuvo en su faz
lo que salva y lo que aterra,
rayo de muerte en la guerra
y arco-iris en la paz.
... ... ...

Inmerecido olvido, pues Potentini destacaba sobre muchos poetas venezolanos de su época y tiene páginas de delicioso encanto. Ciudadano ejemplar, hombre correcto y honesto que no se dejaba amilanar por las presiones del poder, sacrificó su propia libertad  por el bien de la patria. Tuvo una vida azarosa, pasó cárceles y exilio. Murió joven, enfermo, pobre y abandonado.