viernes, 30 de mayo de 2014

Ajuar funerario


Debo confesar que fue luego de leer Inquisiciones peruanas (aquí), de Fernando Iwasaki, cuando me decidí a explorar Ajuar funerario (Páginas de Espuma, Madrid, 2012), a pesar de que Jesús el Librero me la recomendaba con énfasis. El Ajuar funerario es una colección de relatos brevísimos, algunos de sólo unas pocas líneas, que al mismo tiempo deleitan e inquietan al lector. En la contraportada:
Ajuar funerario es un homenaje a la literatura de terror y a la micronarrativa, porque Fernando Iwasaki ha logrado concentrar en diez o doce líneas todo el escalofrío, la náusea y el desasosiego del género. ¿Es posible que los fantasmas, las pesadillas, los ritos y las supersticiones nos puedan seguir asustando en pleno siglo XXI? Si se tiene hijos, insomnios o hipotecas, mejor no lea Ajuar funerario.
No es tan grave y preocupante la cosa cuando el lector disfruta de este tipo de literatura, como es mi caso. Los leí de noche, cuando todo estaba en silencio. A pesar de su brevedad, las narraciones no pierden un ápice del terror o la desesperación que intentó el autor. Es buena literatura, sin duda.

En el Epílogo a la quinta edición, Iwasaki nos ilustra sobre su origen e influencias:
Desde que publiqué Ajuar funerario, los lectores han querido saber cuánto de Poe, Lovecraft o Hoffmann crepita en aquellas historias, pero yo trato en vano de hacerles ver que fueron las historias de la casa de mi abuela las que me prepararon para leer a Poe, Lovecraft y Hoffmann...
(...) En Ajuar funerario resuenan los ecos de Borges, Maupassant y Henry James; pero también pululan por ahí el corredor de los cuartos de los tíos muertos, el fantasma irascible de la bisabuela, la risa hweladora de Guillermina, el crucifijo sangriento de la cómoda de mi abuela y aquel Salón de los Muertos donde pasé una noche siniestra en 1970...

Fernando Iwasaki

jueves, 29 de mayo de 2014

La sucesión bizantina

Justiniano el Grande (482-565). Fragmento de mosaico de la basílica de San Vital, Rávena
Los bizantinos, que eran un pueblo piadoso, tenían un concepto del poder vinculado a la religión. Nada de particular en eso porque en Occidente, hasta la Revolución Francesa, se consideraba que los monarcas absolutos lo eran por derecho divino y que tanto era pecado insurgir en su contra.

Santo Tomás de Aquino (1224-1274)
Sobre el tema, conversaba yo un día con un viejo amigo que ha hecho estudios profundos sobre Santo Tomás de Aquino y su obra y acoté que el santo tenía una opinión clara sobre la tiranía y cómo salir de ella. En su Gobierno de Príncipes, indica que el tirano es quien desprecia el bien común y busca el bien privado y que "se ha de proceder contra la maldad por autoridad pública", pues el tirano no sólo afecta el bienestar temporal de sus súbditos, sino que ante todo impide las cosas espirituales. "Y no es raro, pues el hombre despojado de la razón; se deja arrastrar por el instinto, como la bestia cuando gobierna".

Opina el Doctor Angélico que aún en caso de tiranía ésta debería tolerarse para evitar males mayores, argumentado que cada tirano que se pretenda eliminar por otro personaje, o por un grupo, acabarán terminando en otra tiranía, por el vicioso génesis de la llegada al trono, cometiéndose  en demasía arbitrariedades que serían más dañosas que la misma tiranía; y además, que "cuando la tiranía es en exceso intolerable, algunos piensan que es virtud de fortaleza matar al tirano". Disentía de San Pedro en lo que respecta a la sumisión al poder, incluso si éste es tiránico. En suma, Santo Tomás considera la sedición como un pecado mortal, mas la resistencia justificada  no consistía, a su juicio, sedición, pues el poder está justificado cuando sirve al bien común.

Los bizantinos eran más radicales que Tomás de Aquino. Su sistema político, sin una constitución que aclarase el aspecto  de la sucesión ni el cambio de gobierno, se prestó a todo tipo de intrigas y violencias. Ayer mientras expurgaba en mi biblioteca encontré el volumen Bizancio, de la colección Las grandes épocas de la humanidad editada por Time-Life International en 1967. Allí leemos:
Pantocrator. Mosaico bizantino (1261)
Santa Sofía, Estambul
...los emperadores de Bizancio se identificaban con su Dios: eran su manifestación visible. la actividad invisible de Dios, como todo el mundo sabía, consistía en reunir a todos los principados celestes en una armonía ordenada bajo su gobierno absoluto y de la mano de su infinita y todopoderosa bondad. Su actividad visibles, llevada a cabo por el emperador, consistía en guiar a toda la humanidad a una armonía ordenada dentro de un estado universal, bajo el gobierno absoluto de la monarquía. Así la sociedad humana imitaría a la sociedad divina. Como Dios, creador del universo, que lo rige con su providencia, era el ordenador del orden cósmico, centro inmutable alrededor del cual todo giraba, así el emperador, su proyección humana, debe ser el regulador del cual giran todos los asuntos humanos.
De ahí se deduce que todas las acciones del emperador, así como su cargo, tenían un carácter sagrado y simbólico.
(...) la idea misma de que un emperador era elegido por la gracia divina significaba que en esta cuestión no podía haber regla constitucional definitiva. La única manera cierta de conocer la voluntad divina, era ver quién era el que efectivamente ocupaba el trono. En otras palabras, todas la maneras de llegar a emperador eran legítimas -siempre que tuviesen éxito. Por otra parte, un intento fracasado de alcanzar el trono, por no haberlo conseguido llevarlo a buen término, era imperdonable y desastroso para el presunto gobernante.
Además, lo que Dios había otorgado, podía también quitarlo. El trono de un emperador podía serle arrebatado de la misma manera repentina e imposible de predecir como la que se le había conferido antes -y generalmente las consecuencias eran para él tan terribles, su posición era tan delicada y como sobre un volcán, como si hubiese intentado hacerse con el poder, y hubiese fracasado.
El libro nos da una larga lista de emperadores envenenados, mutilados, apuñalados y estrangulados. De los 88 emperadores que reinaron desde Constantino I (324) a Constantino XI (1453), 29 murieron violentamente y otros 13 terminaron recluidos en un monasterio. Como ejemplo de una transmisión de mando accidentada, los autores nos presentan dos casos: Nicéforo Focas (969) y Andrónico Commeno. Transcribiré lo que le sucedió a este último:
Muerte de Andrónico I Commeno.
Edición del siglo XV de la Historia de Guillermo de Tiro.

La más repugnante de todas las muertes imperiales fue probablemente la de Andrónuico I Commeno en 1185. Fue encadenado a una picota durante días, y apaleado brutalmente; le rompieron los dientes con martillos y le cortaron una mano. Luego fue atado al dorso de un camello enfermo y paseado por las calles de Constantinopla. Finalmente, después de haber vertido agua hirviendo sobre su cara, y de haberle arrancado un ojo, fue llevado al Hipódromo para continuar la tortura. Una y otra vez repetía: "Señor, ten piedad de mi. ¿Por qué golpeas una caña rota?" Como corolario, fue liberado de sus tormentos al hundirle una espada en sus entrañas.




  • IUSTITIA EST CONSTANS ET PERPETUA VOLUNTAS IUS SUUM CUIQUE TRIBUENS
  • Justicia  es la perpetua y constante voluntad de dar a cada uno su derecho
  • INIURIA EST OMNE QUOD NON IURE FIT
  • Injusticia es todo  lo que se hace en contra del derecho

Institutas, compilación de Justiniano

miércoles, 28 de mayo de 2014

Una familia taurina

Mito de Pasífae y el toro.  Maestro de Cassoni.
Museo del Petit Palais d'Avignon

Un buen número de mitos helenos, luego adoptados por los romanos, se vinculan con Creta y el período minóico. Quizá la más conocida sea la de el Minotauro y su muerte a manos de Teseo; o tal vez la de Europa, raptada en Sidón por Zeus, en la forma de un bello y manso toro blanco. ¿Quién no conoce la historia del laberinto construido por Dédalo? La dinastía reinante en esa feliz época era una familia de gustos taurinos. Veamos qué nos dice Higinio en Fábulas mitológicas (Alianza Editorial, Madrid, 2009). Comencemos por la abuela Europa:
Europa y el toro. Anteriormente en el Museo Getty, hoy en Italia
Europa, hija de Argíope y Agénor, era de Sidón. Júpiter se transformó en toro, la llevó desde Sidón a Creta y engendró en ella a Minos, Sarpedón y Radamante.
Su padre Agénor envió a sus hijos con la orden de que trajeran a su hermana de vuelta o, encaso contrario, que no regresaran ante su presencia.
Fénix marchó a África y allí se quedó. Por eso los africanos son llamados púnicos. Cílix dio su nombre a Cilicia.
Cadmo, mientras andaba errante, llegó hasta Delfos. Allí el oráculo le respondió que comprara a unos pastores un buey con una marca en forma de luna en el costado y que lo hiciera avanzar delante de él: allí donde se acostara estaba destinado que él fundara una ciudad y la gobernara,
Tras oír el oráculo, Cadmo cumplió las órdenes y, buscando agua, llegó a las fuente Castalia, que custodiaba un dragón, hijo de Marte. El dragón mató a los compañeros de Cadmo, pero Cadmo lo mató con una piedra. Minerva le indicó que levantara surcos y sembrara sus dientes; y de ellos nacieron los Espartos.
Estos lucharon entre sí y sobrevivieron cinco de ellos (...) Por otro lado, el buey que había seguido Cadmo dio nombre a Beocia.
Apolodoro, que es más exacto que Higinio, dice que Fénix se estableció en Fenicia, que toma su nombre. Pero volvamos a la familia de Europa: su hijo Minos y la nuera Pasífae:
Pasífae y el toro blanco. Pablo Picasso
Pasífae, hija del Sol, esposa de Minos, no había hecho sacrificios en honor de la diosa Venus duranbte unos cuantos años: por ese motivo Venus infundió en ella una pasión abominable, para que ella amara, bajo otra forma, al toro del que estaba enamorada.
Entretanto llegó Dédalo desterrado pidiendo ayuda. Construyó para ella una vaca de madera y la recubrió con la piel de una vaca auténtica, dentro de la cual copuló con el toro. De esta unión parió al Minotauro, un ser con cabeza de toro y cuerpo humano.
Entonces Dédalo construyó para el Minotauro un laberinto sin salida, en donde fue encerrado.
Minos, al enterarse, encarceló a Dédalo, pero Pasífae lo liberó de las cadenas. Así pues, Dédalo fabricó unas alas para él y para su hijo Ícaro, las ajustó y huyeron volando de allí. Ícaro voló muy alto, elñ sol calentó la cera y cayó al mar, que fue llamado mar de Icario por él. Dédalo voló hasta los dominios del rey Cócalo, en la isla de Sicilia.
Otros dicen que cuando Teseo dio muerte al Minotauro, condujo a Dédalo de nuevo a Atenas, su patria.
Y el hijo de Europa y el toro, ahora corneado por su mujer con otro toro blanco... Veamos qué hace:
Teseo mata al Minotauro
Cuando Minos, hijo de Júpiter y Europa, luchó contra los atenienses, su hijo Androgeo resultó muerto en la batalla. Después de haberlos vencido, los atenienses comenzaron a ser tributarios de Minos. Pero también determinó que cada año enviaran a siete hijos como pasto del Minotauro.
El resto de esta historia es bastante conocido. Teseo llega desde Trecén y al oír de las desgracias de Atenas, se ofrece voluntariamente para ir a Creta. Allí mata al Minotauro, se lleva a Aridna, la abandona en Naxos y luego casa con Fedra, herma de Aridna. ¿Cómo conclue la historia de Dédalo, ahora en Sicilia?
Minos, puesto que le habían ocurrido muchas desgracias por culpa de Dédalo, lo persiguió hasta Sicilia y solicitó al rey Cócalo que se lo entregara. Cócalo se lo prometió, pero Dédalo se enteró y pidió ayuda a las hijas del rey. Ellas asesinaron a Minos.
Cuando se visita el palacio de Cnosos, en Creta, uno se siente transportado a una era antiquísima y los recuerdos de esta familia disfuncional se agolpan en la memoria.  Allí está, en nuestra imaginación, el laberinto de Dédalo; escuchan los rugidos del hijo de Pasífae que trata de comerse a los jóvenes atenienses destinados al sacrificio y la lucha de Teseo que mata a esta fiera fruto de la zoofilia, que se queja, muge y chilla... Es algo único que no se experimenta ni en Atenas ni en Roma. Bien vale la pena el esfuerzo.


martes, 27 de mayo de 2014

Cuentos del vampiro


Me gustan los cuentos orientales, pues están llenos de sabiduría y enseñanzas. Hace unos días encontré en una librería, a un precio irrisorio, un ejemplar de Cuentos del vampiro (Paidos Orientalia, Barcelona, 1980), una colección de historias indias de autor anónimo, titulada en sánscrito Vetālapañcavimshatikā. ¿En qué consisten?
Originados en el primer milenio de nuestra Era, estos relatos se cuentan entre los más famosos de la antigua India y se hallan ampliamente difundidos por traducciones o adaptaciones en la mayor parte de las lenguas vernáculas de ese país.
Su narrador es un vetāla (un vampiro, según la traducción consagrada aunque no del todo exacta del término), una especie de fantasma alojado en un cadáver, ser malicioso pero no necesariamente cruel, capaz de engañar a los hombres pero que también puede ser servicial como se observará en esta colección de relatos, en la que en última instancia dará un consejo precioso a su interlocutor, el rey Trivikramasena, cuyo valor admira.
Son historias ligeras, teñidas de una imperceptible ironía, que pintan situaciones precisas, personajes de perfiles nítidos, y en las que le da apariencias de verosimilitud. Testimonio de las costumbres y creencias de la India clásica, la destreza narrativa que en ellas se pone de manifiesto contribuye a estimular la curiosidad y a hacer placentera su lectura.

He pasado largas horas entretenido con las veinticinco historias que este espíritu indio o Baital le contaba al curioso rey mientras éste lo lleva sobre sus hombros, luego de descolgarlo de un árbol. La edición corresponde a una traducción del francés por Alberto Luis Bixio, que contiene muchas notas explicativas que le confieren un valor agregado. Buena adquisición, sin duda.

Los condones de Winston Churchill

Winston Churchill
(1874-1965)
Winston Churchill, Primer Ministro británico para momentos difíciles, tenía un fino sentido del humor y sabía también enviar mensajes claros a amigos y enemigos por igual. En estos días encontré una anécdota suya  en el libro 2500 años de historia al desnudo (Ediciones Martínez Roca, Madrid, 2010), por Tony Perrottet, que no deja de sacarnos una sonrisa. El cuento es el siguiente:
...En la Segunda Guerra Mundial, según un dato apócrifo, el líder soviético Josef Stalin pidió al primer ministro británico Winston Churchill que le echara una mano para resolver la grave escasez de profilácticos que aquejaba al ejército soviético. Churchill ordenó que se fabricara una partida especial de condones de tamaño doble del normal, y después los envió a Rusia con las etiqueta "Made in Britain - Medium".
Si esta historia no es cierta, es ben trovata; describe la actitud de Churchill frente a lo que veía venir una vez finalizada la guerra y le mostraba a estos aliados ocasionales que los británicos eran indomables. Me imagino la cara de los jerarcas soviéticos cuando abrieron unos condones tamaño Rasputín.

Josef Stalin
(1878-1953)