viernes, 13 de diciembre de 2013

La pérdida de El Dorado

Sir Thomas Picton, por Martin Archer Shee
(1758-1815)
Buscando una ilustración para esta bitácora me encontré con el retrato de Sir Thomas Picton que encabeza este artículo. El cuadro en cuestión está colocado en un tribunal en Carthmarten,  Gales, Reino Unido, y ha habido un movimiento dirigido a retirarlo por su actuación como primer gobernador británico de Trinidad, donde se distinguió por el abuso de poder, torturas, mutilaciones, maltratos, expulsiones y exacciones en lo que él dio en llamar Spanish Law, que no tenía nada que ver con las Leyes de Indias sino con la crueldad, estupidez y deshonestidad de los terratenientes esclavistas franceses introducidos en la isla por los españoles poco antes de 1797.

Tortura de Luisa Calderón
Picton fue juzgado en Londres por numerosos cargos que no se pudieron sostener, a excepción de uno, por falta de pruebas. El único que se mantuvo fue el de la tortura a Luisa Calderón, una muchacha de 14 años, mas al final resultó en el sobreseimiento de la causa por cuando muchas de las pruebas estaban falseadas y el desconocimiento de la legislación española en las cortes británicas. Así, Sir Thomas quedó impune y pudo participar en las guerras napoleónicas, destacándose en la toma de Badajoz (1811-1812), ciudad a la que luego de liberar sometió al saqueo, y en la batalla de Waterloo, donde murió de un balazo en la cabeza.

Tendría yo 27 años cuando era Tercer Secretario en la Embajada de Venezuela en Guayana y un amigo me recomendó un libro que me podría interesar pues trataba de un capítulo, o varios, de la historia de Venezuela con una visión diferente. Anoté el nombre y el autor y, sin muchas esperanzas, me dispuse a buscarlo en las muy desprovistas librerías del Georgetown socialista-cooperativista-burnhamista. Para mi sorpresa, al primer intento lo encontré entre los pocos libros que vendía Guyana Stores, escondido entre propaganda socialista y libros acríticos. Se trataba de The Loss of El Dorado, a History (Penguin Books, Londres, 1978), del escritor británico de origen trinitobaguense V. S. Naipaul (Premio Nobel de Literatura 2001). El precio del ejemplar era G$ 10,00, lo compré, lo guardé y no lo leí hasta hoy. Su título en castellano es La pérdida de El Dorado y, luego de leerlo con gusto, lo recomiendo ampliamente.

La contraportada no es muy explícita y podría tener una redacción más adecuada al contenido del libro:

V. S. Naipaul se ocupa de la isla en la cual creció, Trinidad, "la colilla del mundo", que ha seducido por igual al conquistador español y a Sir Walter Raleigh. Para ellos era la puerta de entra al El Dorado. ...una tierra donde el oro era más común que la tela... Estas grandiosas ilusiones produjeron sólo una realidad sórdida - un fragmento improductivo y difícil de manejar del imperio español donde los indios fueron invariablemente exterminados y remplazados por negros africanos... El grueso del libro de Naipaul  trata de Trinidad después de 1797, cuando los británicos la ocuparon para usarla como puente para la revolución en América del Sur, que les abriría amplias oportunidades para el comercio - otra fantasía de la avaricia... Esta terrible crueldad y sus complejas consecuencias para el esclavista y el esclavo, para el reaccionario y el radical, para el revolucionario y el renegado, es el corazón del libro de Naipaul.
El libro también tiene otra lectura y es la que el amigo guyanés quiso mostrar. Es la historia compartida por Trinidad y Venezuela en un período revolucionario, la actuación de los diversos agentes y la frustración británica de no poder convertir a la isla en el puerto de entrada para el libre comercio entre el Reino Unido y las naciones suramericanas que se independizarían de España. En un principio Picton, a quien el Almirante Abercromby designó como gobernador de la isla recién capturada, comprendió el valor estratégico y la misión asignada, mas poco a poco cambia de actitud y comienzan a surgir los problemas.

Sir Ralph J. Woodford, por M Houghton
Surgen en las páginas importantes personajes de la independencia de Venezuela y su interacción con las autoridades británicas en Trinidad, como son los personajes más destacados Francisco de Miranda y sus agentes (Caro, Vargas y otros), Santiago Mariño, José María España y Manuel Gual, en principio bien acogidos por Picton, Gual mas terminó envenenado en San José de Oruña (según las fuentes consultadas por Naipaul, con la anuencia o complicidad del inefable gobernador británico). En la búsqueda de la aplicación de la legislación española en Trinidad y ante la falta de abogados capacitados, la Corona británica trata de establecer una Audiencia que fracasa hasta el restablecimiento de las relaciones con España. Es entonces cuando surgen los nombres de otros tres venezolanos de figuración: Pedro Gual, Miguel Peña y Andrés Level de Goda, enviados desde Caracas por la Capitanía General a Solicitud de las autoridades de la isla. Ya hemos pasado entonces el gobierno interino de Sir Thomas Hyslop y la designación de Sir Ralph James Woodford, quien al final, con decisión, supo cumplir con su deber. A partir de entonces las cosas cambiarían; Venezuela estaría en una feroz guerra de independencia y los intereses británicos se desplazan hacia África y el Oriente.

Cuando llegué a trabajar como Tercer Secretario en Trinidad, viví por unos meses en un apartamento 10 Coblentz Av, St. Ann's, zona que fuera a finales del período español una plantación donde se producían casos de envenenamiento de esclavos (una pérdida para los amos) y luego me mudé a Picton St., Newtown. Cuando leí la relación que hace el viajero francés Jean Joseph Dauxion Lavaysse (Voyage aux iles de Trinidad, de Tabago, de la Marguerite, et dans diverses parties de Vénézuéla, dans l'Amerique Méridionale) supe quién era el héroe epónimo de la calle Picton y las arbitrariedades que cometía.

Naipaul utilizó para su libro  diversas fuentes venezolanas, británicas y españolas que agregan veracidad a una prosa fluida y agradable. No recuerdo el nombre del amigo guyanés que me lo recomendó, pero le estoy agradecido.

Mapa de Trinidad en 1802

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