miércoles, 31 de octubre de 2012

Un sacrificio de amor.


La última ópera del gran maestro italiano Giacomo Puccini es Turandot; una fantasía oriental en forma de ópera, llena de buena música. Su autor no la concluyó pues murió de cáncer en la garganta y se comisionó a Franco Alfano para hacerlo, basado en los esbozos del autor. El estreno estuvo dirigido por Arturo Toscanini, quien al llegar la mitad del tercer acto, detuvo la orquesta, se volteó y se dirigió al público diciendo: "Hasta aquí llegó el Maestro".
Giacomo Puccini
1858-1924
compositor
La trama es simple, basada en un cuento persa: Turandot, una princesa china, se ofrece en matrimonio a quien sea de sangre real y resuelva tres enigmas que ella propone; si el candidato falla, se le entregará al verdugo. El Príncipe de Persia  acaba de perder y comienza la acción en Pequín. Timur, destronado rey de Mongolia vaga ciego por la plaza guiado por su fiel esclava Liú, quien mendiga para él. Su hijo Calaf lo encuentra y, con sigilo, conversan mientras se lleva al cadalso al príncipe persa. En ese momento ve a Turandot y de inmediato queda prendado de ella. No hay manera de disuadirlo. Toca el gong como señal de estar dispuesto a enfrentar la prueba.Luego se nos presenta la corte del Emperador chino Altoum, donde responde los tres enigmas: esperanza, sangre y Turandot. La princesa es mala perdedora, ella tiene sus razones para despreciar a los hombres, y se resiste a cumplir. El pretendiente, entonces le propone un solo acertijo: él se dará por vencido si ella averigua su nombre antes del alba. Esa noche nadie duerme en Pequín; los esbirros van casa por casa torturando y amenazando. Nadie lo conoce. Al final los servicios de inteligencia descubren a Timur y a Liú. Maltratan y vejan a Timur, torturan a Liú... Turandot, impresionada por la actitud de la mísera esclava, le pregunta qué la mueve.... Aquí siguen estas dos escenas:
Liú, sometida al maltrato, e interrogada por la Princesa de hielo, da sus razones para guardar silencio... Hay un amor secreto que la consume y no es correspondido. Con su sacrificio ella logrará que Turandot sea para el objeto de su amor...


Se despide del mundo, sabe que no amanecerá, pero se lleva el secreto con ella. Entonces, la valiente esclava, toma una daga de uno de los guardias y se lo clava. Los chinos quieren que hable antes de morir... Calaf está horrorizado... Timur indignado con los pequineses... Turandot queda impresionada. Lloré cuando la vi por vez primera.


 
Es el clímax de la ópera. La primera vez que lo vi fue precisamente en esta grabación de la Ópera Metroplitana de Nueva York, bajo la batuta James Levine y la dirección artística de Franco Zefirelli; Turandot (Eva Marton); Calaf (Plácido Domingo) Liú (Leona Mitchell) Timur (Paul Plishka). Hasta aquí todo es obra de Puccini, el final, como ya indiqué es de Alfano; se nota el cambio de mano y la música pierde cierta consistencia.

martes, 30 de octubre de 2012

Fe de Vida

Imelda y Daniel celebrando en grande los 34 años de jubilación
Foto de Daniel Quintero

Hoy fui al Ministerio y me presenté a los fines de la Fe de Vida, para continuar cobrando la jubilación durante el Ejercicio Fiscal 2013. El trámite dura unos pocos minutos y el paseo me sirvió para reencontrarme con amigos. Recordé a mi tía Imelda que hace unos días cumplió 34 años de jubilada, luego de 34 años de servicio en la Administración Pública Nacional. Muy cercana a los 90 años de edad, Imelda no tiene una cana, muy pocas arrugas, y se mantiene activa y sin achaques. Así me gustaría estar cuando tenga su edad, si llego. Así se lo comenté a la funcionaria que me atendió esta mañana, quien quedó impresionada.

lunes, 29 de octubre de 2012

El príncipe negro

El príncipe negro
Portada
Hace un par de semanas, uno de mis libreros favoritos me recomendó la lectura de El príncipe negro (Lugar Común, Caracas, 2011) del escritor marabino Norberto José Olivar, licenciado en Historia y profesor universitario. Pocas veces uno encuentra en los anaqueles de las librerías una obra como esta que, si bien se puede leer de una sentada, provoca leerla con detenimiento y hasta marcar y subrayar su contenido para una lectura posterior. Lo malo es que no es mi estilo subrayar o marcar libros y debo guardar en la memoria los pasajes que me llaman particularmente la atención, así que me he visto obligado a colocar marcadores adhesivos.

En la contraportada tenemos un resumen de la trama:
Enrique Vila-Matas, reconocido escritor catalán que ha dedicado numerosas páginas al tema del suicidio, se ha lanzado desde un sexto piso. esto, al menos, es lo que escribe Ángel Santander en una de sus "Notas de un hombre lobo". Santander, sin embargo, no es de fiar. Sufre de intoxicación literaria, mejor conocida como literatosis. En su caso, específicamente, de una sobredosis de la obra de Vila-Matas. Tan es así, que Ángel Santander se ha propuesto transformarse en su ídolo literario.
A partir de esta decisión extravagante, Norberto José Olivar construye una trama reflexiva sobre los riesgos de la literatura. El suicidio como idea fija permite a su protagonista hilvanar un laberinto de referencias librescas, de diversos autores y obras que son el testimonio de una idéntica preocupación humana, que ha producido grandes obras maestras y que ha consumido a cuantiosos genios creadores.
Con esta novela, Norberto José Olivar confirma su fascinación por los arquetipos de la literatura gótica, desde una perspectiva que congenia las consideraciones metafísicas con el humor.
Es la "literatosis", a mi juicio, el principal atractivo de esta novela breve. La cantidad de datos y referencias literarias es impresionante, con gran dominio del tema. Da gusto leerlo y siempre surge el deseo de comprobar los datos suministrados; tal vez como una invitación a aproximarse a esos autores; lo que pienso hacer.

El bono extra son las ilustraciones de Enrique Bravo y un Posprólogo de Enrique Vila-Matas. ¿Qué más podemos pedir? Muy bueno el libro, bien estructurado e impecablemente escrito.


Norberto J. Olivar
1964-
autor

Norberto José Olivar (Maracaibo, 1964) es autor de numerosas obras entre las que destacan: Los guerreros, El misterioso caso de Agustín Baralt, El hombre de la Atlántida, La ciudad y los herejes, La conserva negra, Morirse en una fiesta, El fantasma de la Caballero, Un cuento de piratas, Un vampiro en Maracaibo, Cadáver exquisito. Ha ganado varios premios nacionales e internacionales.



Helado de sarrapia

Habas de sarrapia
Mi amiga de toda la vida, Mayte Navarro, asidua lectora de este blog, escribió para El Universal un artículo muy interesante sobre la sarrapia y sus usos en la cocina, la bombonería, y en la elaboración de licores y perfumes. La sarrapia tiene, además de un gusto avainillado, la propiedad de fijar aromas. Sin embargo, por su contenido de cumarina no debe abusarse de ella.
El artículo, publicado el sábado 27 de octubre, se titula El tesoro amazónico llamado sarrapia. Recomiendo su lectura porque es sumamente ilustrativo sobre esta materia prima de las selvas venezolanas.

HELADO DE SARRAPIA

Ingredientes.
1 y 3/4 de tazas de leche entera.
1 y 3/4 de tazas de crema doble.
1 haba de sarrapia (2 habas si se desea más aroma).
4 yemas grandes de huevo.
3/4 de taza de azúcar granulada.

Preparación.
Se combinan la leche y la crema doble en una olla mediana con fondo grueso y se le coloca el haba de sarrapia, la que se puede previamente presionar un poco con la hoja del cuchillo para que abra. Llevar la preparación a un hervor a fuego lento. Dejarla por 30 minutos a fuego muy bajo, revolviendo constantemente.

En otro bowl mezclar las yemas con el azúcar. Usar la batidora por unos dos minutos hasta que los huevos tomen un color amarillo pálido.

Retirar la sarrapia que se encuentra en la mezcla de la leche (si se desea conservar para otro uso, lavarla y colocarla en un frasco de vidrio con azúcar). A la mezcla de las yemas verter una taza de leche caliente en un chorrito constante y mezclar con la batidora a velocidad baja hasta que esté totalmente unida. Agregarle el resto de la mezcla de leche y crema. Cocinar a fuego muy bajo hasta que espese lo suficiente.

Transferir la mezcla a un bowl y colocar éste en otro que contenga hielo. Revolver constantemente para que se enfríe y no se forme nata. Se lleva a la nevera por 8 horas. Sacarla de la nevera y colocar la mezcla en la máquina de hacer helados y procesar de 20 a 30 minutos, según las instrucciones del fabricante. Regresarla al congelador hasta el momento de servirla. Es bueno sacar este helado unos minutos antes de llevarlo a la mesa para que esté más cremoso.


domingo, 28 de octubre de 2012

Canto a España

Andrés Eloy Blanco
1896-1955
Autor

En 1923, Andrés Eloy Blanco obtuvo el primer premio en la Juegos Florales de Santander (Cantabria, España) por su poema Canto a España. El poeta venezolano viajó a la Madre Patria a recibir el premio otorgado por la Real Academia y permaneció allá por un año, que le sirvió para familiarizarse con la vanguardia del movimiento literario español.

A su regreso a Venezuela, su amigo y coterráneo Cruz Salmerón Acosta, desde su confinamiento de leproso, le dedica un bello poema (Bienvenida), del cual extraigo unos versos:

En él las estrofas parecen diamantes
y fingen los versos hermosos cambiantes
y todo el poema semeja un joyel.
No tienen las perlas más ricos fulgores,
ni pinta paisajes con más bellas flores,
la luz que en el lienzo derrama el pincel.
CANTO A ESPAÑA
I
Yo me hundí hasta los hombros en el mar de Occidente,
yo me hundí hasta los hombros en el mar de Colón,
frente al Sol las pupilas, contra el viento la frente
y en la arena sin mancha sepultado el talón.
Trajo hasta mí la brisa su cascabel de plata,
me acribilló los nervios la descarga solar,
mis pulmones cobraron un aliento pirata
y corrió por mis venas toda el agua del mar.
Alcé los brazos húmedos a la celeste flama,
y cuando cayó en ellos el tropical fulgor
cada brazo creció, como una rama,
cada mano se abrió como una flor.
Súbitamente el agua gibóse en un profundo
desbordamiento de maternidad...
Me sentí grande, inmenso, sin cabida en el mundo,
infinito y molécula, multitud y unidad.
Volví los ojos hacia mí: yo mismo
me oí sonoro, como el caracol,
¡y el ave de mi grito voló sobre el abismo,
bebiendo espuma y respirando sol!
Sentí crecer raíces en los pies, y por ellos
una savia ascendente renovaba mi ser;
hubo un afán de brote del torso a los cabellos,
cual si toda la carne me fuera a florecer.
Sombrado allí, bajo la azul rotonda,
integre la metáfora ancestral:
árbol en cuyo tronco se parte en dos la onda
y en cuya copa se hace trizas el vendaval...
¡Noble encina española de los Conquistadores,
que en mitad del Océano perfumas el ciclón,
bajo el mar las raíces, junto al cielo las flores
y perdida a los cuatro vientos la ramazón!
¡Cuando yo florecía, con los brazos tendidos,
eras tú quien estaba floreciéndome así,
y fui sonoro porque tuve nidos
cuando tus ruiseñores anidaron en mí!
¡Árbol del Romancero, Tronco de la Conquista,
Raza donde Dios puso su parte más artista.
Follaje donde vino la paloma a empollar!
Surja a tu sombra el canto que incendie la ribera,
mientras te cubre con su enredadera
la reverberación crepuscular.


II
No son para la Lira manos que odian la calma;
¡para cantarte me he pulsado el alma!
Con un temblor de novia que se inicia,
con un azoramiento de novicia,
el candor de las páginas, rebaño de gacelas,
aguarda ante mis ojos la llegada del Cántico,
virgen como la espuma del Atlántico
antes del paso de las carabelas.


III
¡La Partida! Cacique, alza la frente
y cuéntame de nuevo lo que has visto;
tres naves que llegaron del Oriente,
como los Reyes Magos al pesebre de Cristo.
Desprendida del texto, sobre la mar caía
de Balaam la vieja profecía.
Con un fulgor total de luna llena,
marcando el derrotero,
parecía colgada de una antena
la mirada de Dios en el lucero.
¡Estrella que defines sobre la frágil onda
la ruta del bajel,
en ti sintetizaron su mirada más honda
los ojos de Isabel.
Tú recuerdas al nauta en su camino
que es Dios quien fija el rumbo y da el destino
y el marino es apenas la expresión de un anhelo,
pues para andar sobre el azul marino
hay que mirar hacia el azul del cielo!
Melchor, Gaspar y Baltasar de España,
siempre en el aire inédito al bauprés,
¡y tú, Mar de los Indios, a su paso te abrías
como el Jordán herido por el manto de Elías
y el mar de los milagros al grito de Moisés!
Traen los Reyes el oro de las joyas reales,
la mirra de la luz
y el incienso que luego subirá en espirales
del alma de los indios al árbol de la Cruz.
¡Qué sorpresa oceánica, que abismal armonía
la de aquellas auroras sin tormenta ni bruma,
mientras en los costados de la «Santa María»
derribaban las olas sus jinetes de espuma!
¡Qué prodigio de azul!
Las carabelas
tienen azul arriba y abajo y adelante.
Sólo un blanco: las velas:
Y un verdor de esperanza: el Almirante.
¡Quiero volver a España! -clamó la algarabía-,
porque no presentía en esa hora
que estando atrás España, su barca dirigía
hacia España la proa.
Y cuando al fin la Anunciación de Triana
fue de grímpola en grímpola, de mesana en mesana,
y en pleno mar la Isla irguió su flor,
para los Reyes Magos que buscaban su nido,
aquel mundo, del mar recién nacido,
fue como el de Belén, el Salvador.


IV

Y el Cacique de carne, desde el vecino cerro,
vio salir de las aguas unos hombres de hierro...
Mis caciques son ágiles, escalan las montañas
y sus pies son pezuñas y sus uñas guadañas.
La sierpe del Origen
cubrió los rudimentos de la casta aborigen;
de ella sacó el abuelo su astucia recogida
y en las Evas indianas multiplicó su vida.
Fue su cuna un nidal; la hoja de parra
no llega hasta el secreto de su sapiencia suma;
ave fue, porque sólo del huevo, luz y bruma
que las carnes desgarra,
se engendra al mismo tiempo el pie de garra
y el arco iris de la sien de pluma.
Marcan la eternidad de sus dolores
en piedra de Epopeya diez Cuzcos, diez Tlaxcalas;
abajo las cenizas de los Emperadores,
y arriba, el cuerno errante, que es el dolor con alas.
No piden a su Dios la buena suerte,
ni vana holganza, ni alegría estrecha;
dejan a lo divino lo que sigue a la muerte,
y el resto lo confían al tino de su flecha.
Y es su Pascua, La Pascua Matutina,
más clara que la Pascua jovial de Palestina,
porque si en los católicos rebaños
el Pastor galileo nace todos los años,
cada aurora del Indio florece epifanías
porque el Sol, Dios supremo, nace todos los días...


Esa era América. ¡Nadie te dio nada!
De ti lo esperó todo, tú fuiste el Dios y el Hada;
su palma estaba sola bajo el celeste azul,
su luz no era reflejo, sino lumbre de estrella;
presintiendo tus cruces, ya había visto Ella
cien calvarios sangrando bajo la Cruz del Sur.
Y hubo sangre en mis montes y no en mis llanos,
y tú fuiste hacia el Mundo con un mundo en las manos.
América, desnuda, dormía frente al mar,
y la tomaste en brazos y la enseñaste a hablar.
Y toda la excelencia
de tu sagrada estirpe -valor, trabajo, ciencia-
floreció por los siglos en el hombre injertado;
indio, cerebro virgen, español, alma en vuelo...
así en el campo nuevo, cuando pasa el arado,
la primera cosecha no deja ver el cielo.


V
Para cantar a España, traigan a nuestro coro
unos, su voz de bronce, y otros su voz de oro.
Poeta, labrador, soldado, todos,
en diversos altares y por distintos modos.
¡Poetas, por el numen vital del optimismo!
¡Canten sus églogas los labradores,
entone el jardinero su madrigal de flores
y agite el navegante su poema de abismo!
Y canten por la España de siempre, por la vieja
y por la nueva: por la de Pelayo
y por la que suspira tras la reja,
por la de Uclés y la del dos de Mayo;
por la del mar y por la de Pavía
y por la del torero... ¡España mía!,
pues siendo personal eres más grande;
¡por la de Goya y por la de Berceo
por el Pirineo,
que ansiando más azul subió hasta el Ande!
Por toda España, torreón de piedra
con un Cristo tallado, bajo talar de yedra.
Por la que da una mano del Quijote en Lepanto
y en Calderón descifra, como Daniel, la Vida,
y por la que saluda y tira el manto
cuando la cigarrera va a la corrida...
Por Gerona sin Francia, por Numancia sin Roma,
por Galicia emigrante, por Valencia huertana;
por la que se sonroja cuando asoma
el estilete de Villamediana;
por un Alfonso diez, que hace las leyes;
por un Alfonso trece, que es la ley de los Reyes,
por la que, mientras ruge Gonzalo en Ceriñola,
toma una espina al huerto de Loyola,
toma una flor al huerto de Teresa;
por Aragón, donde la Pilarica
dijo que no quería ser francesa...
por León y Asturias, Aventino de España;
por Guipúzcoa, dormida en la montaña;
por los tres lotos de las Baleares.
y por Andalucía que va a Sierra Morena
y Andalucía de la Macarena
y Andalucía de los olivares.
Por Canarias del Teide, que es un fanal y un grito
-canario de Canarias-. ¡Oh, dulce Don Benito!...
por Cataluña, cuerno de abundancia;
por Navarra, que dijo: -¡Mala la hubiste, Francia!
Por las lanzas de Diego velando una Menina;
por la tierra que ríos de maravilla riegan
y por Castilla, a cuyos pies doblegan
Saúl la espada y Débora la encina.
Castilla, hembra de acero de forja toledana,
cuyo canto en la vía requebró Santillana,
Castilla, que en las armas de Santander gobierna
su nave con las velas hinchadas de galerna;
Castilla del Imperio y de Padilla,
Castilla, que en sus Reinos es la Madre Castilla
para los goces y los desamparos,
desde Isabel, que forma la Escuadrilla,
hasta Victoria de los ojos claros...
Y canten por la España ultramarina,
la que dirá a los siglos con su voz colombina
que el Imperio Español, no tiene fin,
¡porque aquí, Madre mía, son barro de tu barro,
lobeznos de Bolívar, cachorros de Pizarro,
nietos de Moctezuma, hijos de San Martín!


... Y una vez que refleje la exaltación suprema,
por el prodigio vasco sintetice el Poema;
¡por el prodigio vasco! Tierra de Rentería,
donde el primer Bolívar, mirando al mar un día
pudo decir: -¡También Vizcaya es ancha!
¡Por ti, cántabra piedra, que me diste la gloria
de Aquel que va gritando por Historia,
caballero al galope de un rocín de la Mancha!


VI
¡Madre! Europa está toda florecida de espinos...
Ven... Aquí verás musgo en los senderos,
porque para tus lanzas no tenemos molinos
y para tus escudos no tenemos cabreros.
-¡Madre mía!- te digo, y se diría
que mi voz va creciendo si dice «¡Madre mía»!...
Ven, que por ti somos mercado y jubileo,
ven con la cruz y con el caduceo,
con tu enseña de sangre, donde flota una espiga;
¡sé tú, Ximena y Carmen, laurel entre claveles;
sé la España que tiene los ojos de Cibeles
y la España que lleva la navaja en la liga!...
De ese huerto en que fundes barros americanos,
América florida se te dará en olor;
así Dios, aquel día, tomó el barro en sus manos,
y el barro tuvo lágrimas y floreció de amor...


¡Hazte a la mar, España! Eres su dueño,
porque tus carabelas le arrancaron al Sueño,
y desde que, angustiado de trinos españoles,
el turpial de «Goyescas» se abatió en las arenas,
hay más gemidos en los caracoles
y son más armoniosas las sirenas.
¡Hazte a la mar, Quijote! Nave de la Esperanza,
una adarga la vela y el bauprés una lanza;
cierra contra el rebaño que en las olas bloquea,
cobra al futuro el secular reposo,
que hay en estas riberas del Toboso
lecho de palmas para Dulcinea.
¡Todo el mar de Occidente rebota de murmullos!;
¡el Árbol de la lengua se arrebuje en capullos!;
haya en España mimos y en América arrullos;
¡el mismo vuelo tiendan al porvenir las dos,
y el Mundo, estupefacto, verá las maravillas
de una Raza que tiene por pedestal tres quillas
y crece como un árbol, hacia el Cielo, hacia Dios!...




sábado, 27 de octubre de 2012

Aforismos de Anthelme Brillat-Savarin

Fisiología del gusto de Brillat-Savarin
Desde que comencé a alimentar este blog, he tenido el deseo de colocar los Aforismos con los que inicia Jean-Anthelme Brillat-Savarin su tratado La Fisiología del gusto (Cupsa Editorial, Madrid, 1978). Tal vez he debido comenzar por allí, pero nunca es tarde... La sección se llama Aforismos del profesor que sirven de prolegómeno a su trabajo y de base eterna para la ciencia. Son en verdad 20 máximas surgidas de la observación de este gastrónomo y del afán de sus contemporáneos de clasificarlo todo.

Honoré de  Balzac, que era gran admirador de Brillat-Savarin,  subraya que "esas máximas están tan bien formuladas que la mayoría se han convertido en refranes para los gourmets". En cambio Charles Baudelaire las califica de "charla de máximas simples y pedantes". Leámoslas with a pinch of salt; ellas son producto de una época, y el género humano también evoluciona en sus hábitos y modas. Unas cuantas mantienen su validez.


I. El universo no vale nada si no tiene vida, y todo cuanto vive se alimenta.
II. Los animales se sustentan; el hombre come; el hombre de ingenio es el único que sabe comer.
III. El destino de las naciones depende la forma en que se alimentan.
IV. Dime lo que comes y te diré quien eres.
V. El Creador, al obligar al hombre a comer para vivir, le invita a hacerlo por medio del apetito, y le recompensa por medio del placer.
VI. La gourmandise es un acto de nuestro juicio, por el que damos preferencia a las cosas que agradan al gusto antes que a las que no poseen esa cualidad.
VII. El placer de la mesa se da en todas las épocas, en todas las condiciones, en todos los países y todos los días; puede asociarse con los demás placeres, y es el último que nos queda para consolarnos de la pérdida de los demás.
VIII. La mesa es el único lugar donde uno no se aburre jamás durante la primera hora.
IX. El descubrimiento de un manjar nuevo contribuye más a la felicidad del género humano que el descubrimiento de una estrella.
X. Aquellos que se indigestan o se emborrachan no saben ni beber ni comer.
XI. El orden de los comestibles va de los más sustanciosos a los más ligeros.
XII. El orden de las bebidas va de las más ligeras a las más embriagadoras y con más aroma.
XIII. Prentender que no hay que cambiar de vinos es una herejía; la lengua se satura; y después de la tercera copa, el mejor vino sólo despierta una sensación obtusa.
XIV. Un postre sin queso es como una bella dama a quien le faltara un ojo.
XV. El cocinero se hace; pero un buen asador nace.
XVI. La cualidad más imprescindible para un cocinero es la exactitud: también debe ser la del comensal.
XVII. Esperar mucho a un comensal que llega tarde es una falta de consideración para los que están presentes.
XVIII. Quien recibe a sus amigos y no presta ninguna atención personal a la comida que ha preparado para ellos no es digno de tener amigos.
XIX. La dueña de la casa debe cuidar siempre de que el café sea excelente; y el dueño, de que los licores sean de primera calidad.
XX. Convidar a alguien es cuidar de su felicidad el tiempo que se encuentre bajo nuestro techo.
 


El cocinero de mayor importancia en la época de Brillat Savarin era
Antonin Carême, cocinero de reyes y rey de los cocineros.
Ilustración tomada de http://janeaustensworld.wordpress.com/2008/07/22/a-feast-for-a-prince/

viernes, 26 de octubre de 2012

En honor a Yolanda Moreno




Mi amigo Manuel Rodríguez Moreno me hizo partícipe de una grata noticia:
Hoy, mamá, Yolanda Moreno, le fue conferida por la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado, de Barquisimeto, Lara, Doctorado "Honoris Causa" en reconocimiento a su labor de difusión de la cultura venezolana, a través de su técnica danzaria única en el mundo, en el ámbito nacional e internacional. Igualmente, se trata de la primera mujer que en los 50 años de la universidad recibe esa distinción. Es para mí un momento de alegría y orgullo este reconocimiento que quiero compartir con todos ustedes.
¡Bravo por doña Yolanda, la bailarina del pueblo venezolano!

Quienes la admiramos y respetamos su labor estamos de pláceme. A ella, y a su distinguida familia, mis más efusivas felicitaciones.



jueves, 25 de octubre de 2012

La muerte de Aníbal

Me gusta leer la historia antigua cuando viene unida a leyendas moralizantes que no fueron reales, pero le dan valor agregado a un cuento que puede ser árido. Cuando se fijaron esas historias se buscaba, además, formar a la juventud (generación de relevo) en la virtudes ciudadanas, el amor a la patria y la honestidad. Sin estas "anécdotas" nos perderíamos una parte importante del mundo clásico. De nada sirven los nombres de los individuos, que siempre se repitieron, y de lugares que ahora no existen, si no se saca alguna enseñanza para la actualidad.

De Armagedón a la caída de Roma
Carátula
Desde hace días, cuando publiqué en este espacio Los higos de Catón, he querido compartir uno de los hechos más interesantes de la historia de Roma; la empatía que entre Publio Cornelio Escipión Africano y Aníbal Barca, el enemigo Número Uno de Roma. Recurriremos a un libro que compré en Namibia hace unos años titulado From Armageddon to the Fall of Rome; How the Myth Makers Changed the World (Hodder & Stoughton, Londres, 2002), obra de Erik Durschmied. Lamentablemente, no lo he visto en castellano. Traduciré algunos párrafos del capítulo In Death, There is No Difference (En la muerte, no hay diferencias) sólo para entretenernos.

Luego de la batalla de Zama, que marca el fin de la segunda guerra púnica con la derrota de Cartago, el pueblo elige a Aníbal como su nuevo gobernante, con la oposición del clan Hanno, que controlaba el Senado. En su administración trató, con la seguridad del que sabe obrar honestamente, combatir la corrupción y la injusticia que azotaban su patria, reorganizó las finanzas públicas y pagó las compensaciones de guerra impuestas por Roma luego de la derrota en Zama. Lo que no contraba era con la perfidia de sus conciudadanos:
Prusias I, Rey de Bitinia
Los suyos traicionaron a Aníbal. ¡Pérfida Cartago! Su Senado colaboró con Roma para entregarlo, pensando que ésto les salvaría el cuello. Para escapar de tal indignidad, Aníbal huyó a bordo de un barco. Los romanos le dieron caza por todo el Medio Oriente hasta Anatolia, donde había obtenido protección del rey Prusias de Bitinia. Esta no vino de gratis; Bitinia estaba en guerra contra su vecina Pérgamo. Estaba en juego el control de los estrechos del Mar Negro al Mediterráneo. Aníbal jugó un papel importante en la victoria naval de Bitinia cuando llenó con serpientes ánforas de barro, las cuales fueron lanzadas a las naves enemigas.
Tiempo después, en 192 a C., durante la guerra de Roma contra Antíoco III, rey de Siria Seléucida, Aníbal y Escipión se encuentran de nuevo en Éfeso. Allí se produce un interesante diálogo que ha llegado hasta nosotros.
Escipión Africano: ¿A quién consideras el más grande genio militar?
Aníbal: Alejandro de Macedonia
¿Y segundo lugar?
Pirro, el Epirota.
Entonces, ¿A quién pondrías en tercer lugar?
Sin pensarlo, Aníbal respondió: ¡Yo mismo! Era ya un muchacho cuando conquisté Iberia. Después de Hércules fui el primero en cruzar los Alpes. Entonces pasé a Italia y ninguno de vosotros tuvo el coraje de enfrentarme mientras yo incendiaba 400 de vuestras ciudades, e incluso amenacé a la misma Roma - y todo esto sin la menor ayuda de Cartago.
Publio Cornelio Escipión Africano
Escipión pensó sobre esto: ¿Pero cuál posición te asignarías si yo no te hubiera derrotado en Zama?
Bueno, en ese caso, me colocaría por encima de Alejandro.
Escipión regresó a Roma donde él y su hermano Lucio fueron acusados de peculado por el Senado, manejado por Catón (el de los higos). Enfermo y caído en desgracia, se retiró a la vida campestre. Todos los vestigios suyos, incluyendo su victoria sobre los cartagineses en Zama, fueron borrados. Envidias, falsedades y mezquindades de los políticos, que recayeron sobre la memoria del perpetrador y no sobre la víctima, de cuya sangre saldrán los hermanos Tiberio y Cayo Graco, sus nietos. Esta noticia llegó rápido a Bitinia. Prusias lo comenta con su huésped:
Escipión ha caído ¿Te alegra esto? Preguntó el rey Prusias a Aníbal sobre el hombre que lo había derrotado en batalla.
¿Por qué habría de alegrarme? Él era el único romano por quien guardaba respeto.
¡Qué extraño eres, Aníbal! Pareciera que se te debe derrotar para ganar tu respeto.
En 183 a C. Roma alcanzó por fin a Aníbal. En un torcido arreglo político, el Cónsul romano Flaminio prometió al rey Prusias asistencia militar romana a Bitinia en su guerra contra Pérgamo. El precio no era otro que la entrega de Aníbal.
Él es mi huésped, y la vida del huésped es sagrada, replicó Prusias.
¿Y  la asistencia que solicitaste?
¡A lo que hemos llegado! Yo, poderoso entre los reyes, tener que pedir un favor de alguien del común.
Flaminio se mostró enojado. Yo no soy del común. Soy un Cónsul de Roma.
El torcido Prusias se retractó rápidamente. Así sea, entonces. Yo impediré que Aníbal cruce las fronteras de mi reino.
Rey, tú otorgas algo que Roma ya adquirió por la fuerza de sus armas. No, el Senado espera de ti que le des una prueba de que tienes en mente algo más que tu beneficio. Ellos exigen a Aníbal.
¿Y qué precio está dispuesta Roma a pagar por ello? Mi pueblo ama a Aníbal. Si lo traiciono, ellos me traicionarán.
El día que se me entregue Aníbal, Roma pagará su deuda.
Aníbal Barca
Bueno, eso es realpolitik: Roma traiciona a Pérgamo, que era su aliada, y Prusias al huésped, que tenía para los romanos un valor especial, en particular desde la caída en desgracia de Escipión y sus aliados políticos. Roma no podía perdonarle los años de guerra en la Península Itálica y las derrotas humillantes. Prusias cumple su parte y una mañana la casa donde vivía el anciano Aníbal es rodeada por soldados listos para entregarlo a Flaminio.
Pero en sus momentos finales había algo de magnífico en este hombre que había desafiado por tantos años a la superpotencia de la antigüedad. El gran Aníbal parecía tanto levantarse de su tumba como descender a ella. El vio los fantasmas esperándole - su padre ahogado en la inundación, sus hermanos yendo a la muerte en batalla. Morir violentamente era el destino de los Barca. Su turno había llegado.
¡Dioses de venganza! Yo os pongo por testigos por la muerte de un huésped invitado y para castigar la muerte de un hombre indefenso. Maldito sea el rey de Bitinia que traicionó al huésped. Y que llueva destrucción sobre Roma.
El joven centurión romano que le había sido enviado, estaba admirado por la presencia del más grande de los enemigos que su país haya enfrentado: Gran Aníbal, no te vayas con una maldición en tus labios. Ve en paz.
Paz, hijo, nunca he conocido. No puedo; mientras yo respire vive en mi un juramento que hice cuando niño. Pero todo esto parece una cosa del pasado. La hierba crece ya en nuestros campos de batalla, Pronto todo será olvidado. nuestros nombres llegarán a ser el polvo que el viento dispersa. No podría estar más errado. En los siglos por venir, el nombre de Aníbal estará vinculado con grandeza, el eterno símbolo de coraje y genio.
Nunca hubo nada más expresivo que su temple, nunca nada más desafiante que el aspecto de su cara el momento de levantar la copa de veneno a sus labios y tomarlo. Su muerte voluntaria fue el último acto de desprecio en la adversidad, el último gesto de veracidad ante él y la historia.
Cuando vinieron a decirle a Escipión Africano, éste miró al cielo: Lloro por el hombre, no por el cartaginés...

Escipión muere en 183 a C, pocos meses después que su rival; 33 años después de la batalla de Cannas y 19 de la de Zama.

Otros textos históricos, menos dramáticos, nos dan las últimas palabras de Aníbal (Indro Montanelli. Historia de Roma):
(Tito) Livio cuenta que, al llevarse el veneno a la boca, dijo irónicamente: Devolvamos la tranquilidad a los romanos que no tienen paciencia para aguardar el fin de un viejo como yo. Tenía seseta y siete años...
Aníbal cruza los Alpes. Segunda Guerra Púnica


miércoles, 24 de octubre de 2012

Lamento de Ariadna

Claudio Monteverdi
1567-1643

Mi primera aproximación a la obra de Claudio Monteverdi fue a través de una grabación de Vespro della Beata Vergine (1610) y la Missa "in illo Tempore", bajo la dirección de Hanns Martin Schneid, en 1975. Los coros de voces blancas de la Catedral de Ratisbona, estaban dirigidos por Mons. Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI.


Con el tiempo llegué a conocer mejor la obra de de este hijo de Cremona: misas, madrigales, óperas, etc. Entre mis piezas favoritas está el Lamento d'Arianna (Lasciatemi morire), de la que hay numerosas versiones. Es lo que sobrevive de una ópera. Ariadna huye de Creta con Teseo, luego de que éste matara al Minotauro ayudado por ella. Teseo la abandona en Naxos y al despertar, ella se lamenta en su abandono...


Ariadna, abandonada en Naxos, se lamenta...

Aquí lo tenemos en una interpretación de Dominique Gens (soprano). Le Concert d'Astrée, dirigido por Emmanuelle Haim



Letra:
 
Lasciatemi morire!
Lasciatemi morire!
E che volete voi che mi conforte
in così dura sorte,
in così gran martire?
Lasciatemi morire!

O Teseo, o Teseo mio,
sì che mio ti vo' dir, che mio pur sei,
benché t'involi, ahi crudo! a gli occhi miei.
Volgiti, Teseo mio,
volgiti, Teseo,
o Dio!
Volgiti indietro a rimirar colei
che lasciato ha per te la patria e il regno,
e in queste arene ancora,
cibo di fere dispietate e crude,
lascierà lossa ignude.
O Teseo, o Teseo mio,
se tu sapessi, o Dio!
Se tu sapessi, oimè!, come s'affanna
la povera Arianna, forse, forse pentito
rivolgeresti ancor la prora al lito:
Ma, con l'aure serene
tu te ne vai felice et io qui piango.
A te prepara Atene
liete pompe superbe,
et io rimango
cibo di fere in solitarie arene.
Te l'uno e l'altro tuo vecchio parente
stringeran lieti ed io più non vedrovi,
o Madre, o Padre mio!

Dove, dov'è la fede,
che tanto mi giuravi?
Così ne l'alta sede
tu mi ripon de gli Avi?
Son queste le corone
onde m'adorn'il crime?
Questi gli scettri sono,
queste le gemme e gl'ori?
Lasciarmi in abbandono
a fera che mi strazi e mi divori?
Ah Teseo, ah Teseo mio,
lascierai tu morire,
in van piangendo, in van gridando aita,
la misera Arianna
ch'a te fidossi e ti diè gloria e vita?
Ahi, che non pur rispondi!
Ahi, che più d'aspe è sordo a miei lamenti!
O nembi, o turbi, o venti,
sommergetelo voi dentr'a quell'onde!
Correte, orche e balene,
e delle membra immonde
empiete le voragini profonde
Che parlo, ahi! Che vaneggio?
Misera, oimè! Che chieggio?
O Teseo, o Teseo mio,
non son, non son quell'io,
non son quell'io che i feri detti sciolse:
Parlò l'affanno mio, parlò il dolore;
Parlò la lingua sì, ma non già il core.

Al final, un dios se apiada de la muchacha: Dionisio, que regresa de la India
Triunfo de Baco y Ariadna, Palacio Farnesio, Roma


El Prof. José Antonio Calcaño, en su libro La ciudad y su música (Tipografía Vargas, Caracas, 1958) nos cuenta la primera experiencia de los caraqueños con Claudio Monteverdi:
En 1822 llegaron a Caracas algunos artistas italianos, probablemente restos de una disuelta compañía, que dieron conciertos en los que figuraban algunos trozos de óperas. Cantaron, entre otras cosas, algo del Fausto de Spohr, y trozos del Orfeo de Monteverdi, lo que dio origen, al decir de un festivo escritor nuestro, a confusiones entre el público, porque algunos creyeron que el tal Monteverdi era el conocido jefe español.
¿Será verdad? ¡Qué público tan poco ilustrado! Ojalá Domingo Monteverde hubiera tenido el talentro musical de Claudio Monteverdi, por lo menos se hubieran evitado muchos sinsabores. Otro día pondremos algo de L'Orfeo.

 
 

martes, 23 de octubre de 2012

Del palo y la rasca II


Concluiremos hoy el estudio de nuestro léxico etílico, como lo prometí ayer (para leer el artículo ingresar por aquí). A tal efecto, volvemos a don Ángel Rosenblat y su obra Buenas y malas palabras. En el tomo III, páginas 135 a 140, aparece el artículo Tratado general de la rasca, que nos ayudará a enriquecer el vocabulario en cuando a cultura etílica criolla se refiere.

...(la) rasca no es privativa de Venezuela. Como todas nuestras buenas tradiciones, es común en gran parte de Hispanoamérica. Nuestra vecina Colombia comparte los honores. Y también las Antillas (al menos Puerto Rico). Y casi toda Centroamérica (Pamaná, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua). Y Chile, Bolivia y el interior de Argentina (se encuentra en coplas de la Rioja, Tucumán y Cuyo). Y se usó seguramente en el Perú (...) Tenemos noticias de que se conoce también en Canarias, en Galicia y en Asturias (Camilo José Cela dicen que rasca y rascarse se oyen también en España), pero es muy probable que allá lo hayan llevado los indianos, que siempre regresan con algo a la Península.
¿Y cómo se explica? ¿Qué relación hay entre la inocente afición de rascarse la piel y la aún más inocente de emborracharse? La relación parece enigmática. Pero no lo es si partimos de un equivalente de rascarse que tiene más extensión hispánica y que es sin duda el uso primitivo: picarse. En España se dice a veces del que está achispado, sin llegar a borrachera: "Está algo picado". También en Méjico, Puerto Rico, Nicaragua. Según Santamaría, se da el uso mejicano, picado es el calamocano, el que está algo chispo:"Dícese del que está en el primer grado de excitación por efecto del alcohol". En el Perú, picado es intermedio entre sarazón y mamado. En Guatemala se dice que uno se pica cuando, después de una abstinencia prolongada, empieza a jugar  o a beber: "Con un trago que tome, ya se pica" (se le abre la tripa cañera). En gran parte de América Central, en el Ecuador, Chile, Argentina y Uruguay, picarse es emborracharse y estar picado es estar borracho. En Chile registran picarse como equivalente a rascarse, mamarse, curarse, apuntarse, tiznarse o alegrarse.
(...) El paso de picarse a rascarse es muy fácil de explicar, por sustitución: ¿no son concomitantes? En nuestra habla popular, piquiña es un equivalente a rasquiña... Picazón y rascazón son sinónimos de comezón. En Colombia se llega a más: "Me rasca todo el cuerpo".
Nos dice don Ángel que en Venezuela hay toda una gradación y nos la muestra.
En primer lugar, se puede decir de alguien que está alegre o alegrón, achispado o chispo, alumbrado (Está  alumbrado como un cocuyo), encendido, encandilado, sabrosito o sabrosón, atarantado, emparrandado, tragueado, templado (Viene templado del botiquín), a media máquina, medio pelado, entre gallos y medianoche, más de allá que de acá, medio cachicorneto, zarataco (o medio zarataco), zorocho (o medio zorocho o zorochón), a medio palo, a medio jebe, a medio ganchete, entre palos (Venía entre palos),entre Guarenas y Guatire, canchancho (o medio canchancho). O se puede decir que tiene tragos encima o que tiene su tufito, o que está como perolito de reverbero (o jediondo a perolito de reverbero) Es el esta intermedio, incompleto o imperfecto.
Y ahora para un estado más avanzado, incluyendo, claro está, las voces de la lengua general: borracho (o emborrachado, borrachín, borrachito), ebrio, beodo, embriagado, alcoholizado, tomado, ajumado o jumo, aguardientoso, michoso, mareado, atulampado o atilampado, trancado, (o tranquilo o tranquilino), jalado, paloteado (o palitroqueado o trancado de palos), turulato, tuturuto, turiego, trompa, trompeado, pelado (está más pelado que una yuca), guarapeado, pinto (o pintón o pintoneado), caneco, grogui, drogui (me quedé drogui... esta ha desaparecido y se aplica sólo al consumo de estupefacientes y psicotrópicos), ataparado, trancómetro, o tranca eterna, dentro del litro o dentro de la botella, hecho papelillo, en copas, cañista o cañita o cañero, pelajayaca (en Apure), tragueado, chungo, meneado, peo (expresión muy grosera), chaborro o de mandoca o de mandoquita (en el Zulia; también está hecho leña, está hecho golilla, está hecho molleja, está de mollejón), pisco, prendido, quemado, cipoteado o jebeado (en Lara), giro, jumo o ajumao (en Boconó), taranto, mocho, rascado. O se dice de alguien que tiene violín o anda con nísperos. O bien que es una pipa, que no puede con su alma, que se le pasó la mano, que no bebe en manare, que no está para firmar, que se está cayendo, que trabaja el vidrio o le da al vidrio, que no ve el sol, que le gusta el frasco, que tiene una cañamentazón horrible, que le gusta el miche o tiene una michera, que viene atajando pollos, que tiene más palos que una caja de fósforos, que no da pa el timón (en Margarita), o, irónicamente, que no se ha echado ni un palito. O que es un trapiche o un trapichito y, consiguientemente, se puede decir que muele estupendamente.
La lista parece infinita. Recordemos que el libro de Ángel Rosenblat fue escrito en los años sesenta y, si bien algunas palabras pueden  haber caído en desuso, deben haber surgido otras. Espero que con esta lección enriquezcamos nuestro léxico etílico. ¡Salud!



lunes, 22 de octubre de 2012

Del palo y la rasca I

Ángel Rosenblat
La prima Margarita, que desea enriquecer el vocabulario de sus amigos en las Islas Baleares, me pide desde Palma que le aclare el significado y etimología de la palabra "palo" usada en Venezuela como sinónimo de trago o bebida. Casi le digo que proviene de la caña de azúcar, que parece un palo. Pero por el bien del intercambio cultural y de la precisión, recurrí al filólogo Ángel Rosenblat y su trabajo Buenas y malas palabras (EDIME, Caracas, 1982) Allí está todo. Haremos uso de dos de sus artículos para satisfacer la sed de conocimiento de los mallorquines, si es que la tienen; la prima dice que se resisten a aprender palabras nuevas.

El primer artículo se titula Vamos a pegarnos unos palos (Tomo II, pág.112-118):
Estamos ante uno de los temas de mayor seducción, desde el punto de vista filológico. El palo es el trago alcohólico o la copa de licor: "Chico, vamos a pegarnos unos palos", "Se echaron unos palos y se rascaron enseguida". Este uso tiene por lo menos un siglo...
Pegarse un palo parece lo más antiguo, aunque ahora es más frecuente echarse un palo o tomarse un palo...
Un palo
Para el bebedor, copa y trago suelen ser una sola y misma cosa. Por eso palo designa una cantidad habitual que se sirve en una copa: "Sírvame un palo de brandy". Y se llama "palo de músico" (por el que se acostumbra a brindar a los músicos en fiestas y reuniones, para estimularlos), el "palo abundante", un whisky con mucho whisky, una copa bien llena (en la época de Lisandro Alvarado eran diez centímetros cúbicos de ron). Y se dice: "Se está echando un palo de músico". O bien: un "palo de cochero", "un palo de pantalón largo". Y es tan general ese valor de palo, que los ingredientes o tapas que acompañan a la bebida se llaman pasapalos, hasta en las recepciones de la Casa Amarilla.
¿De dónde viene ese uso de palo por trago o copa? Creemos haber resuelto el problema. Esta expresión se siente hoy en Venezuela como derivada del valor venezolano de palo. Pero es al revés. Estar a medio palo por estar medio bebido. Por lo menos tiene, como hemos visto una extensión geográfica mucho mayor (Colombia, Guatemala, El Salvador, Yucatán, las Antillas, el habla de los marinos españoles y hasta Portugal). Y hemos visto también que es la transformación, producida en el habla marítima, de otra del castellano general: estar a medios pelos.


Muchos palos
Estar a medio palo ha sido una expresión productiva. De ella ha surgido estar "a palo entero", "estar a palo seco", y en Lara "estar a medio jebe". En Canarias se bebe a palo seco cuando el tanganazo o el trancazo es grande y no se le pone su armadero, que es nuestro pasapalo. En España se puede decir del semiborracho: "Tiene media copa". De estar a medio palo ha salido sin duda palo con el valor de copa o trago. Pero el paso se ha producido a favor de una vieja equivalencia entre trago de alcohol y golpe. Una equivalencia que encontramos en una serie impresionante de expresiones venezolanas... (Don Ángel nos cita las expresiones tarrayazo, trancazo y lepe, y unas quince más).
La asociación entre trago, golpe, latigazo, garrotazo, se siente muy viva, y no es puro juego verbal. Palo, dentro de ese conjunto, tiene la ventaja, y eso explica sin duda su fijación y su fecundidad, de significar a la vez recibir el garrote y el garrotazo: "tener un palo", "recibir palos", dar palos. Cuando uno bebe un trago fuerte y "lo acusa", es frecuente que diga: "Me pegó el palo", "Me castigó el palo", "Me regañó el palo", "Me golpeó", "Me pegó duro". De ahí simplemente pegarse, cuyo valor específico lo dan las circunstancias o el contexto. (...)
Palazón en potencia
Resumanos, pues. Estar a medios pelos del castellano dio en el habla marítima estar a medio palo, en que palo es el mástil del barco. Ése es el punto de partida. Al extenderse la expresión en tierra firme, salió de ella, probablemente en Venezuela, porque es donde tiene más vitalidad, el uso de palo con el valor de trago o copa, porque se encontró con una serie de equivalentes: trancazo, guamazo, lepe, tarrayazo, chinchorrazo, tequichazo, lamparazo, etc.Ésta es la amplia estación de llegada. Y el uso pudo fijarse y extenderse, sobre todo, porque los efectos del alcohol no suelen ser los de una suave caricia femenina. Del que se encuentra bajo los efectos de los palos, se dice habitualmente que está golpeado, pelado, apaleado o paloteado, o que ha recibido una tremenda paliza. La culpa -ha dicho alguien- es de Colón, que para descubrir América salió del Puerto de Palos.
 
Mañana seguiremos con el léxico y espero que le sea útil a la prima y sirva para enriquecer la lengua balear. Continuar por aquí.






domingo, 21 de octubre de 2012

Himno epitalámico

Nacimiento de Venus, por William-Adolphe Bouguerau (1879)

HIMNO EPITALÁMICO




No en esa estancia penetréis divina:
Sobre el ara de aromas,
Pálida de pasión, llevó Ericina
Sus risueñas palomas.

¡Atrás! ¿No veis que hasta el dorado plinto
Cae el flotante velo?
La diosa ha descendido a ese recinto
En un rayo del cielo.

Velad tanto esplendor, oculte Apolo
La luz de sus mañanas:
Que a la estancia nupcial penetren sólo
Las flores por galanas.

La madre del amor desciñe estrecho
El ceñidor de oro.
Roja la boca y palpitante el pecho
Del oculto tesoro

Suelte temblando, al seductor desvío
La crencha perfumada…
¡Cuán divina estarás, rosa de Chío,
Así, medio velada!

Fortunado amador, la diosa esbelta
Yá besa al dulce niño;
Mirad como el rapaz sonriendo suelta
Su túnica de armiño.

¡Silencio! Ni un suspiro en el imperio
De los castos amores.
No temáis que una flor rompa el misterio.
Que mudas son las flores.


El autor de este Himno Epitalámico es José Ramón Yepes (con S, no con Z), uno de los más destacados poetas románticos venezolanos, nacido en Maracaibo en 1822. De él nos dice Luis Correa en un artículo escrito en diciembre de 1922 y publicado en Terra Patrum (Biblioteca Popular Venezolana, Caracas, 1961):
...educado en el peligro, fuerte de ánimo y robusto de complexión, caldeado en su niñez por los hálitos de la epopeya emancipadora y en contacto con muchos de sus héroes, en el pecho de Yépez ardía la llama de las supremas resoluciones.
El amor, en hombre de tal reciedumbre debía ser, no pasión momentánea ni deseo escurridizo, sino compromiso de honor, apretada sensación de belleza, empeño sostenido, lumbrarada perenne. Sus versos amatorios llevan casi todos el nombre de la compañera de su vida.
Su cultura literaria, los buenos estudios que hizo bajo la dirección de maestros inolvidables, y un sentido permanente de las reglas, paralelo al recto concepto del deber que cimentó su vida ciudadana, lo libraron de las manifestaciones de mal gusto, de las caídas dolorosas y de los desbordamientos de la inspiración en que abundan los poetas de su época. Fue comedido y señoril en la espera de la amada, y dio así a sus versos cierto sesgo elegante, cierta gracia inconfundible en el cancionero de amor venezolano.
Tardas, La Ramilletera, la Elegía a la niña María Luisa Álvarez y su Canto Epitalámico en las bodas de Ignacio de la Plaza, figuran en las antologías como obras de un arte exquisito, suave y consolador. Adornado con ellas, como con un ramo de rosas pálidas, su nombre ha traspasado los lindes inciertos de la posteridad.
En efecto, cuando se revisa la poesía del siglo XIX venezolano hay mucha hojarasca sensiblera, palabrería patriotera, o halagos al caudillo de turno; la obra de Yepes destaca. Nuestro poeta, quien fue también Almirante, murió ahogado en el Lago de Maracaibo de un accidente, en el cumplimiento del deber. Sucedió en 1881.